LITERATURA LATINOAMERICANA E HISPANOAMERICANA. POR GERMAN HERRERA J.

LITERATURA LATINOAMERICANA E HISPANOAMERICANA. POR GERMAN HERRERA J.
Literatura hispanoamericana

La literatura hispanoamericana es la literatura de los pueblos de habla hispana de Norteamérica, Sudamérica, Centroamérica y el Caribe, escrita en lengua española, sobre todo la publicada desde los años posteriores a la segunda mitad del siglo XIX hasta la actualidad.
Contenido

* 1. ORIGENES.
* 2 . DEFINICION DE LITERATURA LATINOAMERICANA.
o 2.1 Los estudios literarios coloniales
* 3 . LITERATURA ARGENTINA
o 3.1 La literatura argentina desde el período de entre guerras
* 4 . LITERATURA BOLIVIANA
o 4.1 La narrativa de Bolivia
* 5 . LITERATURA COLOMBIANA
* 6. LITERATURA GUATEMALTECA
* 7 . LITERATURA NICARAGUENSE
* 8 . LITERATURA SALVADOREÑA
* 9 . LITERATURA DOMINICANA
* 10. LITERATURA HONDUREÑA
* 11 . LITERATURA CHILENA
o 11.1 Del vanguardismo a la novelística de José Donoso
o 11.2 Siglo XXI
* 12. LITERATURA CUBANA
* 13 . LITERATURA ECUATORIANA
o 13.1 La literatura de Ecuador en el siglo XX
* 14 . LITERATURA MEXICANA
o 14.1 Del período postrevolucionario a Carlos Fuentes
* 15 . LITERATURA PARAGUAYA
o 15.1 La literatura de Paraguay del siglo XX
* 16. LITERATURA PERUANA
o 16.1 Del indigenismo a Mario Vargas Llosa
* 17 . LITERATURA PUERTORRIQUEÑA
* 18 . LITERATURA URUGUAYA
o 18.1 Onetti o la literatura de Uruguay
* 19 . LITERATURA VENEZOLANA
o 19.1 La literatura de Venezuela después de doña Bárbara
* 20. CRONOLOGIA
* 21 . BIBLIOGRAFIA
* 22 . ENLACES EXTERNOS
* 23 . VEASE TAMBIEN

 Orígenes

Surge con la llegada a finales del siglo XIX, del modernismo de José Martí, Rubén Darío, José Asunción Silva, apartándose de un canon literario específicamente europeo, encuentra ya sus señas de identidad en el periodo colonial y en el Romanticismo cuando a principios del siglo XIX se liberaron las distintas repúblicas hispanoamericanas, proceso que termina finalmente en 1898 con la pérdida por parte de España de sus colonias insulares de Cuba y Puerto Rico en América, y Filipinas en el Asia.

Es habitual considerar que el momento de mayor auge de la literatura hispanoamericana surge con el denominado boom a partir de 1940 y que se corresponde con la denominada literatura del realismo mágico o real-maravillosa. Al respecto José Donoso ofrece una clara explicación del fenómeno en su obra autobiográfica Historia personal del Boom.

Entre los escritores fundamentales de la primera etapa de este movimiento se encuentran, fuera de los ya mencionados, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Horacio Quiroga, Manuel Puig, Juan Carlos Onetti, Pablo Neruda, César Vallejo, Ciro Alegría, José Carlos Mariátegui, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, José Vasconcelos Calderón, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Augusto Roa Bastos, Miguel Ángel Asturias y Juan Rulfo

Definición de literatura hispanoamericana

Cualquier reflexión sobre la literatura hispanoamericana establece de inmediato una doble característica aparentemente contradictoria: la unidad y la diversidad; la unidad de las letras hispanoamericanas viene dictada por la comunidad del idioma, por el hecho radical de compartir el español como lengua común. En cuanto a la diversidad, puede decirse que es una de las consecuencias históricas de la formación de las nacionalidades en América. De ahí que en el contexto latinoamericano la clasificación literaria por grupos nacionales pierda de vista las afinidades entre movimientos, la confluencia de estilos, la idéntica preocupación por una temática, la unidad, en suma, de un hecho literario que se expresa en una misma lengua con una portentosa gama de peculiaridades regionales

La exposición, sin embargo, obliga a mantener un orden, pero éste, por su mismo carácter convencional, no implica, al menos en este caso, jerarquización alguna.

Cabe anotar que la denominación de literatura hispanoamericana se concentra en la literatura producida en lengua española, a diferencia de la iberoamericana que, además de incluir la producción europea, reconoce el aporte peninsular (portugués y español) en la conformación de estas literaturas.

Los estudios literarios coloniales

En la búsqueda de nuevas formas de afrontar el referente literario, se plantearon nuevas formas de abordaje a través de estudios de varias disciplinas afines. Un caso que ilustra este problema son los estudios literarios coloniales. Walter Mignolo plantea esa problemática en su artículo La lengua, la letra, el territorio (o la crisis de los estudios literarios coloniales). Parte de la problemática de configurar un corpus de obras de estudio y de definir los parámetros que se usarían para hacer la selección. Tal problema se inicia con la perspectiva de críticos anteriores, como Enrique Anderson Imbert, que afirma que la literatura en América sólo la conforman aquellos textos que hacen “uso expresivo de la lengua española en América”. Descarta las producciones en lenguas indígenas, los escritores hispanoamericanos que escribieron en latín como Rafael Landívar, en francés como Jules Supervielle o César Moro, o en inglés como Guillermo Enrique Hudson.

Por el contrario, la complejidad idiomática de las colonias y las confrontaciones de culturas basadas en la oralidad y en la escritura hacen del período colonial un contexto ideal para estudiar tanto las culturas y variables idiomáticas como el espectro de interacciones discursivas. La crisis aludida en el título se entiende como el reconocimiento, por parte de los investigadores, “de que la relevancia de la circulación de discursos en el Nuevo Mundo y entre el Nuevo Mundo y Europa para la comprensión del periodo va más allá de lo escrito (puesto que importan las tradiciones orales y las escrituras no alfabéticas) y de lo escrito en castellano por hispanos” (Mignolo, 4). En esta revisión de los estudios coloniales se ven cuatro proyecciones que contribuyen a examinar la imagen heredada de la literatura colonial. La primera comienza antes de 1980. Se refiere a los estudios de neolatín y los estudios de la literatura náhuatl, en la época del México colonial. La segunda proyección es un esfuerzo por justificar la atribución de propiedades estéticas o culturales a un conjunto de textos, que nos resulta hoy obvia, aunque no sus rasgos literarios. A la vez es un esfuerzo por ahondar en el origen de la literatura latinoamericana en el siglo XVI, con estudios como el de Enrique Pupo-Walker, que se esfuerza por encontrar las propiedades literarias en los escritos del Inca Garcilaso de la Vega y conjugar lo imaginario y lo retórico con lo literario en el pensamiento histórico, estudiando el uso de técnicas narrativas en discursos historiográficos. También hay que mencionar los trabajos de Noé Jitrik sobre Colón y de Beatriz Pastor en sus estudios del discurso narrativo. Estas investigaciones tienen dos elementos en común, que son el crear un espacio crítico sobre la naturaleza de lo literario y lo hispanoamericano, y proyectar las técnicas del análisis literario hacia el análisis de discursos no-literarios.

La tercera proyección u orientación a que se refiere Mignolo(6)es el interés en buscar las constantes más que la especificidad de un discurso, y por otro lado las normas retóricas que regían la producción literaria y la lectura de discursos entre los siglos XVI y XVII. Finalmente, la cuarta orientación se centra en la interacción entre las fronteras idiomáticas y el discurso hegemónico. Tanto la descripción como la puesta en escena del discurso requieren un “contexto de descripción” cuya configuración no la elabora la Historia, sino que la postula el investigador.

Estos ejemplos nos muestran el desplazamiento del área de estudios de la literatura hispanoamericana hacia el discurso de la colonia. También nos invitan a examinar los límites de la noción de literatura hispanoamericana, y nos exigen una revisión de la noción de “literatura” y de lo “hispanoamericano”.
Literatura argentina
Artículo principal: Literatura de Argentina.
La literatura argentina desde el período de entre guerras

Jorge Luis Borges (1899), que alcanzó la fama internacional con el “boom” de los años sesenta, es un escritor que estuvo ligado, ya en los años 20, a los movimientos vanguardistas del momento. Su reconocido magisterio entre tantos escritores latinoamericanos contemporáneos no debe hacer olvidar su obra anterior a la Segunda Guerra Mundial, aunque en parte se haya revalorizado tras el “boom” , ni el medio literario del que surge. Borges se inicia como poeta con Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929) y se revela al mismo tiempo como extraordinario ensayista en Inquisiciones (1925) y Evaristo Carriego (1930) Posteriormente se convierte en uno de los grandes escritores latinoamericanos con Historia universal de la infamia (1935), El jardín de senderos que se bifurcan (1941), Ficciones (1944), El Aleph (1952), El hacedor (1960) y El informe de Brodie (1970), a los que hay que sumar los volúmenes de ensayos Historia de la eternidad (1936) y Otras inquisiciones (1952).

Con respecto al medio en que aparece Borges es importante consignar los nombres de Macedonio Fernández (1874-1952), Museo de la novela de la Eterna (1967), Leopoldo Marechal (1900–1970), de la misma generación que Borges, Adán Buenosayres (1948), novela y Oliverio Girondo (1891–1967), Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922). Junto a otros escritores agrupados en la revista Martín Fierro y que integraron el Grupo Florida, hay que mencionar a Leónidas Barletta como uno de los principales exponentes del Grupo Boedo, con una estética menos vanguardista y más ligada a las cuestiones sociales. Un caso aparte es Ricardo Güiraldes (1886–1927), que con Don Segundo Sombra (1926) corona la novela de la tierra en Argentina.

Un escritor de importancia en el periodo de entreguerras, y que recoge con fidelidad el ambiente crítico y desesperado de la época, es Roberto Arlt (1900–1942), autor de novelas como El juguete rabioso (1927), Los siete locos (1929) y Los lanzallamas (1931), en las que el habla porteña adquiere una categoría expresiva novedosa y literariamente original. Enrique Amorim (1900–1960), uruguayo integrado en la literatura argentina, se caracteriza por sus obras de tema rural, El paisano Aguilar (1934), El caballo y su sombra (1941). Nicolás Olivari (1900-1966), poeta tremendista y atormentado, aporta en este período los volúmenes de poesía La musa de la mala pata (1936), Diez poemas sin poesía (1938), Poemas rezagados (1946) y los libros de relatos La mosca verde (1933) y El hombre de la navaja y de la puñalada (1933). Mientras que Raúl González Tuñón (1905–1974), que combina tanto la estética de Boedo como la de Florida, se destaca como poeta en El violín del diablo (1926), La calle del agujero en la media (1930), La rosa blindada (1936) y La muerte en Madrid (1939). El poeta Fernando Guibert (1912-1983), llamado “acosador del lenguaje”, logra romper con las fórmulas de la lengua abriendo nuevos niveles de percepción poética con Poeta al pie de Buenos Aires (1953) y su poema cosmogónico Ahora Vamos (1983).

La tradición fantástica que inaugura Borges tiene especial influencia en narradores como Adolfo Bioy Casares (1914) y Silvina Ocampo (1905). Tras la novela La invención de Morel (1940), Bioy publica, dentro de la línea argentina borgiana, una serie excelente de cuentos que reunirá en 1972 en Historia fantástica. Victoria Ocampo (1893–1979), hermana mayor de Silvina, es una notable ensayista, Testimonios (1935, 1942, 1946), y desempeña un papel de gran importancia como editora al fundar en 1931 la revista Sur, que dará a conocer, entre otros, al propio Borges.

Al margen del entorno de Borges se mueven Manuel Mujica Láinez (1910–1984), Bomarzo (1962) y Antonio di Benedetto (1922), Zama (1956), junto a los que cabe citar a un grupo de narradores dedicados, sobre la condición humana. Tal es el caso de Eduardo Mallea (1903–1982), mediante técnicas realistas, a una angustiada indagación sobre la condición humana: La bahía del silencio (1940), Todo verdor perecerá (1941), Rodeada está de sueño (1943), Ernesto Sabato (1911), novelista que adquirió renombre en los años sesenta, pese a no ser uno de los protagonistas del “boom”. Su trilogía El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974) constituye un ejemplo de novela total y es una de las muestras más sólidas de la narrativa argentina contemporánea.

Julio Cortázar (1914–1984) es, junto con Borges y Sabato, uno de los escritores de mayor renombre de la literatura hispanoamericana. En su narrativa confluyen tanto la herencia de Borges, Marechal y Macedonio Fernández como la de una tradición europea en la línea de la literatura fantástica surrealista. Sus mejores cuentos se encuentran en los volúmenes Bestiario (1951), Final del juego (1956) y Las armas secretas (1959), mientras que su novela central, que ha gozado de una enorme influencia entre los jóvenes narradores hispanoamericanos, es Rayuela (1963). Entre éstos, y en el ámbito argentino, han sobresalido Juan José Saer (1938), El limonero real y Manuel Puig (1932), La traición de Rita Hayworth (1968) y Boquitas pintadas (1969).

Literatura boliviana
La narrativa de Bolivia

Artículo principal: Literatura de Bolivia.

El boliviano Alcides Arguedas (1879–1946) es autor de una de las obras fundacionales de la novelística hispanoamericana contemporánea: Raza de bronce (1919), novela que constituye un documento esencial sobre el indigenismo.

La narrativa boliviana se centra en los años treinta en la dramática guerra del Chaco, tratada por Augusto Céspedes (1904) en el volumen de relatos Sangre de mestizos (1936).

Otro gran escritor es Adolfo Costa du Rels (1891), cuyas novelas, Tierras hechizadas (1931), El embrujo del oro (1942), Los Andes no creen en Dios (1937), describen el mundo de los mineros del estaño.

Cabe destacar la influyente figura de Jaime Sáenz que marcó el devenir literario boliviano de los últimos decenios del siglo XX. Además de la importante aportación de Marcelo Quiroga Santa Cruz a la narrativa contemporánea en Bolivia.

Tras el llamado “Boom Latinoamericano” ha surgido en Bolivia una nueva generación de narradores cuyos principales representantes son : Ramón Rocha Monroy, Juan Claudio Lechín, Gary Daher Canedo, Víctor Montoya, Edmundo Paz Soldán, Gonzalo Lema, Wolfango Montes Vanucci, Giovanna Rivero, Homero Carvalho, Claudia Peña, Eduardo Scott, Manuel Vargas, entre otros.

 
Literatura colombiana
Artículo principal: Literatura de Colombia.

La Época de la Colonia o Época Hispánica estuvo influenciada culturalmente por lo religioso. Para aquel entonces, mediados del Siglo XVI, se empezaban a establecer los primeros asentamientos urbanos, alrededor de las instituciones gubernamentales españolas. El capital económico, político y cultural era propiedad de una pequeña élite, por lo cual la creación de textos literarios provenía en exclusiva de las clases altas.

Los intelectuales españoles y criollos se enfrentaron a un nuevo mundo listo para ser retratado, por eso las primeras manifestaciones literarias sirven mayormente como crónicas, donde se da cuenta de las tradiciones, los qué haceres cotidianos y los hechos heroicos del nuevo continente.

Se destacan:

* Juan de Castellanos (Sevilla, 1522 – Tunja, 1607) Sacerdote español, residente en Tunja por más de cuarenta años, autor del más extenso poema jamás escrito en lengua española, las Elegías de Varones Ilustres de Indias.

* Juan Rodríguez Freyle. (Bogotá, 1566 – 1642) Autor de la monumental obra crónica ‘‘El Carnero ‘‘. De familia acomodada, hizo estudios en el seminario pero no se recibió como sacerdote. Hizo parte de las guerras de pacificación indígena. En la etapa final de su vida se dedicó a la agricultura.

* Hernando Domínguez Camargo (Bogotá, 1606 – Tunja, 1659), sacerdote jesuita y escritor. Influenciado notablemente por el gran poeta barroco Luis de Góngora y Argote, haría parte del llamado Barroco de Indias, en donde también se ubica a Sor Juana Inés de la Cruz. Sus obras más reconocidas son su relato épico Poema heroico de San Ignacio de Loyola (1966) y Ramillete de varias flores poéticas (1967).

* Francisco Álvarez de Velasco y Zorrilla (Bogotá, 1647 – Madrid, 1708) era hijo de un oidor neogranadino y de la hija de un oidor de Quito. Desde muy temprano recibió formación religiosa y ejerció la vida política. Su obra fue recogida en el libro Rhytmica Sacra, Moral y Laudatiria. Al contrario de Domínguez Camargo, era un gran admirador de Francisco de Quevedo y era reticente con respecto al gongorismo, con la excepción de Sor Juana Inés de la Cruz a quien le escribió desconociendo que había muerto. Velasco y Zorrilla asume el nuevo lenguaje americano -sus modismos- con orgullo, por lo que se ha ganado el reconocimiento como ‘primer poeta americano’. También se le atribuye ser precursor del neoclasicismo. Se destaca su poema Vuelve a su quinta, ah friso, solo y viudo en donde relata el triste reencuentro del hombre viudo con su hogar y cómo la ausencia de su amada transforma el ambiente para el que llega y para los que están.

* Francisca Josefa del Castillo (Tunja, 1671 – 1742). Religiosa tunjana, reconocida como una de las autoras místicas más destacadas de América Latina, llegando a ser comparada con sor Juana Inés de la Cruz.

Gabriel García Márquez es el principal exponente de la literatura colombiana. Considerado el padre del movimiento literario realismo mágico, García Márquez es bien conocido por su técnica narrativa de mezclar de forma perfecta sucesos de la cotidianidad con elementos de fantasía. Bien conocido por su obra Cien años de soledad, novela que narra la historia de la familia Buendía y de la fundación del pueblo de “Macondo” y que contiene temáticas como la fatalidad, el amor y la muerte. García Márquez, siendo un promotor de la revolución cubana y del régimen de Fidel Castro, crítico arduamente el sistema político dictatorial en América Latina y del régimen conservador en Colombia. Esta crítica se puede evidenciar en su segunda obra más importante El otoño del patriarca, novela que además muestra un rasgo bastante inovador en la literatura que es el uso de muy poca puntuación. Otras obras que destacan a García Márquez son Crónica de una muerte Anunciada, El amor en los tiempos del cólera, La Hojarasca y El general en su laberinto. Recibió el Premio nobel de literatura en 1982.

 
Literatura guatemalteca
Artículo principal: Literatura de Guatemala.

El guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899 – 1974) es otra de las grandes figuras de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Poeta en sus inicios, escribe en 1925, Rayitos de estrellas, obra a la que le siguen Sonetos (1936), Sien de alondra (1949) y Ejercicios poéticos en forma de soneto sobre temas de Horacio (1951). Pero es en el campo novelístico donde Asturias se muestra como un innovador original, abandonando determinismos de tipo naturalista y concibiendo una novela de la tierra insertada en una estructura novelesca muy actualizada. El Señor Presidente, traducida a varios idiomas, es su primera obra narrativa (iniciada en 1922, no verá la luz hasta 1946). Otras novelas relevantes de Asturias son Hombres de maíz (1949) y la trilogía formada por Viento fuerte (1950), El Papa verde (1954) y Los ojos de los enterrados (1955), que constituye un alegato contra los abusos de las compañías bananeras estadounidenses que operan en el Caribe. Asturias ha cultivado también el relato en Week end en Guatemala (1957), en el que trata de la caída de Jacobo Arbenz, así como en El Alhajadito (1961) y en Mulata de tal (1963).

 
Literatura nicaragüense
Artículo principal: Literatura de Nicaragua.

En Nicaragua, el enraízamiento de una vigorosa corriente vanguardista en los años veinte eleva el tono general de la poesía, filtrando la herencia modernista de Rubén Darío. Un poeta importante es Pablo Antonio Cuadra (1912), dinamizador de la revista Vanguardia desde 1928, y cuya obra, a partir de sus Canciones de pájaro y señora (1929 – 1931), se extiende hasta los años setenta con Poemas nicaragüenses (1930 – 1933), Canto temporal (1943), Himno de horas a los ojos de Nuestra Señora (1946 – 1954), Poemas con un crepúsculo a cuestas (1949 – 1956) y Cantos de Cifar (1971). Ernesto Cardenal (1925), sacerdote profundamente vinculado al sandinismo, es autor de una poesía inspirada en ideales revolucionarios, Hora cero (1956), Salmos (1964), Homenaje a los indios americanos (1970) y Canto Nacional. Otro escritor ex-sandinista es Sergio Ramírez (1942) que ha escrito, entre otras, las novelas Castigo Divino (1988) o El cielo llora por mí (2008), novelas policíacas ambientadas en ciudades nicaragüenses ambas, y que, como todas sus producciones han recibido numerosos premios. Su novela más reconocida es Margarita está linda la mar, ficción muy entretejida con la historia de la india y en la que la ciudad de Leóncito tiene un llamado protagonismo. Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 9 de diciembre de 1948), escritora.Es una de las más populares escritoras nicaragüenses. Entre sus obras destacan “Línea de fuego” y “La mujer habitada”, entre otras muchas.Comenzó a escribir poesía, siendo premiada por sus poemas en 1970. Se opuso a la dictadura del general Somoza. Esto le valió verse obligada a emprender el exilio rumbo a México y Costa Rica. Fue durante años refugiada política. Destaca como autora de poesía y de novela. Primero con obras poéticas como Línea de Fuego, Truenos y Arco Iris y De la costilla de Eva. Más tarde, en 1988, publicó una exitosa novela, titulada La mujer habitada.También escribió la novela “El Infinito en la palma de la mano” la cual fue premiada en el 2008 con el Premio Biblioteca Breve de Novela.

 
Literatura salvadoreña
Artículo principal: Literatura de El Salvador.

En El Salvador, el escaso desarrollo de la novela no ha impedido la existencia de dos sólidos cuentistas: Salvador Salazar Arrué (1899 – 1976), El señor de la burbuja (1923), Cuentos de barro (1933), y Álvaro Menéndez Leal (1930), que ha publicado entre otros, Cuentos breves y maravillosos (1963), Una cuerda de nylon y oro y otros cuentos breves y maravillosos (1970)y Revolución en el país que edificó un castillo de hadas (1971).

 
  Literatura dominicana
Artículo principal: Literatura de la República Dominicana.

En la literatura dominicana sobresalen nombres como Salomé Ureña de Enríquez, José Joaquín Pérez, Angulo Guridi, poetas siglo XIX; en el siglo XX destacan Fabio Fiallo, Otilio Vigil Díaz, Domingo Moreno Jimenes, Pedro Mir, Aída Cartagena Portalatín, Manuel Del Cabral Tomas H. Franco, Franklin Mieses Burgos, como poetas, Juan Bosch (cuentista) Pedro Henríquez Ureña y Joaquín Balaguer(Ensayistas); en la novela sobresalen Manuel de Jesús Galván, Juan Bosch, Marcio Veloz Maggiolo, entre otros.

 
Literatura hondureña
Artículo principal: Literatura de Honduras.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, destacan escritores como Froylán Turcios (1875-1943) y el poeta modernista, Juan Ramón Molina(1875-1908). Polígrafo e historiador de reconocida trayectoria continental, resulta ser don Rafael Heliodoro Valle (1891-1959). Con la novela Prisión Verde, ambientada en los campos bananeros de la costa norte del país y escrita por el novelista Ramón Amaya Amador (1916-1966), se inaugura en Honduras la literatura del realismo social. A partir de los años 60’s y 70’s, los poetas Óscar Acosta (1933) (premio Casa de las Américas), Rigoberto Paredes (1948), José Adán Castelar (1941) y José Luis Quesada (1948), junto a narradores como Julio Escoto `, Eduardo Bähr-libro, “El cuento de la guerra”- y Ernesto Bondy Reyes (1947)-libro, “La mujer fea y el restaurador de obras”, entre otras y otros literatos de cierta importancia que no se mencionan aquí.

Helen Umaña es una de las pocas escritoras hondureñas que ha enfocado su labor literaria hacia el ensayo y la crítica literaria, aparte de la historiadora Leticia de Oyuela, quien ha escrito ensayos sobre pintura y publicado diferentes libros sobre la historia de Honduras. De los autores del presente, se puede hablar de nuevos valores en la poesía, como César Indiano con su libro Azul maligno, aunque él practica más el género narrativo con mejor suceso. Roberto Quesada, novelista y cuentista, es una de las tres figuras más descollantes de la literatura hondureña actual, del cual podemos destacar su novela Los barcos, junto a otros jóvenes escritores más que, al igual que Quesada, se abren paso en Estados Unidos y Europa respectivamente. entre ellos se encuentra la poeta y editora Amanda Castro, del mismo modo que no pasa inadvertido -por la ironía satírica de sus propuestas- el escritor y columnista de prensa, Armando García.
  Literatura chilena
Artículo principal: Literatura de Chile.
Del vanguardismo a la novelística de José Donoso

Dos grandes poetas de la literatura hispanoamericana aparecen en Chile, afirmándose en el momento en que cede el creacionismo de Vicente Huidobro (1893 – 1948). Estos poetas son Gabriela Mistral (1889 – 1957) y Pablo Neruda (1904 – 1973), ambos Premio Nóbel de Literatura en 1945 y 1971, respectivamente.

La obra poética de Gabriela Mistral, Desolación (1922), Ternura (1925), Lagar (1954), está hecha de fuerza y de pasión, y a pesar de su descuidada forma es poseedora, en su canto al amor y a su Chile natal, de un alto lirismo.

Pablo Neruda es uno de los grandes poetas de América Latina en el siglo XX. Su obra incorpora corrientes muy variadas y presenta una riquísima gama de matices líricos y épicos. Al neoromanticismo inicial de Crepusculario (1920 – 1923) y Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1923 – 1924), le sigue una hermética etapa expresionista y surrealista, Residencia en la tierra (1925 – 1931 y 1931 – 1935), superada por la épica de España en el corazón (1937) y Canto general (1950). La obra nerudiana culmina en los cinco volúmenes del Memorial de Isla Negra (1964). La poesía chilena tiene, asimismo, a un excelente poeta en Nicanor Parra (1914), con sus singulares “antipoemas”, Poemas y antipoemas (1954), Versos de salón (1962).

La narrativa chilena contemporánea tiene sus antecedentes en las novelas naturalistas de Eduardo Barrios (1882 – 1963) y Joaquín Edwards Bello (1886 – 1968), y prosigue a través de la línea realista de Manuel Rojas (1896 – 1973), cuyo eco social se halla también en Fernando Alegría (1918). Carlos Droguett une al realismo una mayor preocupación por la forma, Eloy (1960), y Enrique Lafourcade (1927), satiriza al régimen de Rafael Leónidas Trujillo en La fiesta del rey Acab (1959). Con José Donoso (1924) la narrativa chilena alcanza su mayor brillantez, en obras tales como El lugar sin límites (1966) y El obsceno pájaro de la noche (1970), donde presenta el mundo degradado de la alta burguesía de su país. El gran poder de fabulación de Donoso se muestra, asimismo, en una novela posterior de largo alcance: Casa de campo (1978). Entre los narradores posteriores a José Donoso merece ser citado Jorge Edwards (1931), El peso de la noche (1965), Las máscaras (1967).
Siglo XXI

Roberto Bolaño es el último gran escritor. Su obra póstuma “2666” dice ser la culminación de su estilo literario que se mezcla con la crónica. No obstante, existen muchos otros escritores que merecen una mención por su aporte a las letras chilenas. Podemos citar las novelas de Roberto Ampuero, que en su mayoría son de tipo policial, con el detective cubano Cayetano Brulé como protagonista. Otro novelista muy cotizado es Jorge Marchant Lazcano, que hace una feliz combinación de lo histórico con lo costumbrista. Para el que quiera conocer un poco más sobre el norte de Chile y la vida de los mineros, la solución está en leer a Hernán Rivera Letelier. Este autor no solamente es un gran conocedor de aquel entorno, sino que sabe retratarlo con suma nitidez, en una prosa que entretiene e ilustra. Marcela Serrano es la creadora de una literatura de sesgo más bien feminista, con algunos tintes policiales, como en “Nuestra señora de la Soledad”. En poesía destacan Juan Cameron y Juan Antonio Huesbe, ambos poseedores de una lírica muy potente y con un cierto dejo de protesta.
Literatura cubana
Artículo principal: Literatura Cubana.

La literatura cubana es una de las más prolíficas, relevantes e influyentes de América Latina y de todo el ámbito de la lengua española, con escritores de gran renombre como José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José María Heredia, Nicolás Guillén (Poeta Nacional de Cuba), José Lezama Lima, Alejo Carpentier (propuesto para Premio Nobel de Literatura y posteriormente fue Premio Cervantes 1977), Guillermo Cabrera Infante (Premio Cervantes 1997), Virgilio Piñera y Dulce María Loynaz (Premio Cervantes 1992), entre tantos otros.

La literatura de habla hispana en el territorio cubano, se inicia con la conquista y colonización española. Los conquistadores traían consigo cronistas que redactaban y describían todos los acontecimientos importantes, aunque con puntos de vista españoles y para un público lector español. El más importante cronista que llegó a Cuba en el siglo XVI fue Fray Bartolomé de Las Casas, autor, entre otras obras, de “Historia de las Indias”. La primera obra literaria escrita en la isla data del siglo XVII, cuando en 1608, Silvestre de Balboa y Troya de Quesada (1563-1647) publica Espejo de Paciencia, un poema épico-histórico en octavas reales, que narra el secuestro del obispo Fray Juan de las Cabezas Altamirano por el pirata Gilberto Girón. La poesía inicia, pues, la historia de las letras cubanas, que no registra otras obras importantes durante el siglo XVII.
Literatura ecuatoriana
Artículo principal: Literatura de Ecuador.
La literatura de Ecuador en el siglo XX

La mayor contribución del Ecuador a la poesía hispanoamericana contemporánea se da a través de la obra de Jorge Carrera Andrade (1902), cuya mejor lírica, que a menudo acoge un tono impresionista, está presente en El estanque inefable (1922), El tiempo manual (1935), Biografía para uso de los pájaros (1937), Registro del mundo (1940), Hombre planetario (1959) y Poesía última (1968).

En los años treinta la narrativa ecuatoriana atravesó una fase de espléndida creación gracias a la obra del Grupo de Guayaquil, que se caracteriza por su inquietud social, cabe destacar entre otros a los escritores Joaquín Gallegos Lara (1911–1947), Enrique Gil Gilbert (1912–1973) y José de la Cuadra (1903–1941), este último autor de varios volúmenes de cuentos, Repisas (1931), Horno (1932), Guásinton (1938) y de la novela Los sangurimas (1934). Pero el escritor más célebre de esta época es Jorge Icaza (1906), cuya obra se encuadra en la narrativa indigenista. Su novela Huasipungo (1934), que trata de la explotación a que el blanco somete al indio, es mundialmente conocida. Una temática indigenista es la que inspira igualmente las novelas Huairapamuchcas (1948) y Seis veces la muerte (1953). La narrativa posterior sigue bajo la influencia de Jorge Icaza y el Grupo de Guayaquil. Más allá de esta influencia cabe citar a Adalberto Ortiz (1914), quien describe los problemas del negro y del mestizo en Juyungo. Historia de un negro (1943), La mala espalda (1952) y El espejo y la ventana (1967), y a Pedro Jorge Vera (1915), autor de novelas, Los animales puros (1946) y cuentos, Luto eterno y otros relatos.

Literatura mexicana
Artículo principal: Literatura de México.
Del período postrevolucionario a Carlos Fuentes

Hacia los años treinta del siglo XX, la novela de la revolución mexicana se halla en su auge. El primero en iniciar esta corriente narrativa había sido Mariano Azuela (1873 – 1952) con una novela internacionalmente conocida y que constituye uno de los hitos de la literatura latinoamericana del siglo XX: Los de abajo (1915). Por medio de un crudo realismo, Azuela presentaba en esta novela una antítesis entre dos personajes, Demetrio Macías y Luis Cervantes, como representación de los ideales populares de la revolución, que mueren, al igual que el protagonista, y del pragmatismo oportunista que termina por adueñarse de la situación, tergiversando los propios fines revolucionarios.

El impacto de Los de abajo sólo puede ser comprendido si se atiende al hecho de que crea toda una modalidad narrativa, que perdurará hasta mediados del siglo XX. Una relación esquemática de la novelística de la Revolución mexicana debería incluir las siguientes obras: El águila y la serpiente (1928) y La sombra del caudillo (1929) de Martín Luis Guzmán; Apuntes de un lugareño (1932) y Desbandada (1934) de José Rubén Romero (1890 – 1952); ¡Vámonos con Pancho Villa! (1931) y Se llevaron el cañón para Buchimba (1934) de Rafael F. Muñoz; El resplandor (1937) de Mauricio Magdaleno y finalmente, la pentalogía Memorias de Pancho Villa, que redacta Martín Luis Guzmán entre 1938 y 1951.

Por la misma época en que se desarrolla esta narrativa de la revolución, la poesía mexicana se orienta decididamente hacia el vanguardismo . José Juan Tablada (1871 – 1945) introduce los haikais tras un viaje al Japón e influenciado por Guillaume Apollinaire, compone poemas ideográficos. Sus libros constituyen un repertorio de formas hasta entonces desconocidas en la literatura de México: Al sol y bajo la luna (1918), Un día… (1919), Li Po y otros poemas (1920), El jarro de flores (1922), La feria (1928). Manuel Maples Arce (1898), publica en 1922 Andamios interiores, que es como un manifiesto de la estética del estridentismo. La renovación poética toma como punto de referencia la revista Contemporáneos, que aglutina a poetas como José Gorostiza (1901 – 1973), Canciones para cantar en las barcas (1925), Muerte sin fin (1939); Xavier Villaurrutia (1903 – 1950), Nostalgia de la muerte (1939), y otros.

Octavio Paz (1914) se da a conocer como poeta en 1933 con Luna silvestre. Publica más tarde Entre la piedra y la flor (1941), A la orilla del mundo (1942), un libro de poemas en prosa, ¿Águila o sol? (1951), Semillas para un himno (1954) y La estación violenta (1958), libros que en 1960 reúne en Libertad bajo palabra. A este primer ciclo poético le siguen otros dos: Salamandra (1962) y Ladera este (1969). Tras dar a conocer dos textos de poesía óptica, Topoemas y Discos visuales (1968), Paz compila en un cuarto ciclo su última producción poética, Pasado en claro (1975).

En sus ensayos, Octavio Paz ejerce un magisterio que, sin duda, es el más influyente en la actual literatura mexicana. Los temas de que trata son múltiples: literarios: Las peras del olmo (1964), Cuadrivio (1965); históricos: Conjunciones y disyunciones (1969), La búsqueda del comienzo (1974); de moral, política, arte, etc.: Puertas al campo (1966), El mono gramático (1974), Los hijos del limo (1974); sin olvidar su ensayo sobre la esencia de lo mexicano: El laberinto de la soledad (1950). El conjunto de esta producción ha convertido a Octavio Paz en un fecundo ensayista de la literatura latinoamericana.

La lírica mexicana actual, muy influida por Paz, cuenta con nombres como los de Alí Chumacero (1918), Jaime García Terrés (1924) y Marco Antonio Montes de Oca (1932).

Hacia mediados del siglo XX surge, en el campo de la narrativa, una generación de transición entre los novelistas de la revolución y la generación joven de narradores contemporáneos. Dos nombres son fundamentales en este momento: Agustín Yáñez (1904 – 1980) y Juan Rulfo (1918). El primero con, Al filo del agua (1947), rebasa técnica y estilísticamente la novelística anterior, con lo que establece el punto de partida para la modernización del género. Posteriormente, Yáñez aporta dos nuevos títulos: La tierra pródiga (1960) y Las tierras flacas (1962).

Con tan sólo dos obras Juan Rulfo se consagra como maestro de la literatura latinoamericana contemporánea. En los relatos de El llano en llamas (1953) aparecen en las áridas tierras de Jalisco, donde “los muertos pesan más que los vivos”. Con una lengua prodigiosa, parca y concisa, y desde un punto de vista impersonal, Rulfo hace desfilar en una sucesión de encuadres impresionistas, la acción es escasa, la realidad de unas gentes al borde de la desesperación. El clima de los relatos es de alucinación, pues no hay ropaje alguno que enmascare la miseria. En la novela Pedro Páramo (1955) utiliza idénticos procedimientos para contar una historia que está prendida por la fatalidad.

De la misma generación que Rulfo es Juan José Arreola (1918), autor de dos volúmenes de cuentos, Varia invención (1949) y Confabulario (1952), y de la novela La feria (1963). José Revueltas (1914 – 1976) aporta en este periodo sendas novelas, El luto humano (1943), Dormir en tierra (1960), que, en parte, delinean un puente hacia la nueva generación de narradores, encabezada por Carlos Fuentes (1929). Con La región más transparente (1958), este autor inicia su exploración de la realidad mexicana que irá ampliando en sucesivas novelas, Las buenas conciencias (1959), La muerte de Artemio Cruz (1962), Cambio de piel (1967), hasta llegar a Terra nostra (1976), la más ambiciosa de sus obras. Entre los narradores más jóvenes que aparecen en el panorama mexicano después de Carlos Fuentes cabe señalar, entre otros, a Juan García Ponce, Tomás Mojarro, Vicente Leñero, Salvador Elizondo, Sergio Pitol y Fernando del Paso.

Entre los poetas, fuera de Paz, hay que destacar especialmente la independencia y popularidad de Jaime Sabines y la lírica de Rosario Castellanos.
Literatura paraguaya
Artículo principal: Literatura de Paraguay.
La literatura de Paraguay del siglo XX

En Paraguay, la personalidad de Augusto Roa Bastos (1917-2005) ocupa un lugar esencial. Sus relatos breves El trueno entre las hojas (1953), El baldío (1966) y Moriencia (1967) describen magistralmente distintos aspectos de la vida paraguaya. Como novelista, Roa se hace intérprete en Hijo de hombre (1960) de la opresión del pueblo paraguayo, mientras que en Yo el Supremo (1974) reconstruye la figura del doctor Francia, “Perpetuo Dictador del Paraguay”, en una meditación sobre el poder. Sólo por esta novela Roa ya se merecería figurar entre los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX.
Literatura peruana
Artículo principal: Literatura del Perú.
Del indigenismo a Mario Vargas Llosa

Dos puntos de partida se ofrecen en la literatura peruana de antes de la Segunda Guerra Mundial. De un lado, la obra de uno de los grandes vanguardistas latinoamericanos, el extraordinario César Vallejo (1892–1938), Los heraldos negros , Trilce (1922), Poemas humanos (1939), España, aparta de mí este cáliz (1940). De otro, la dinamización impulsada por José Carlos Mariátegui (1895–1930) desde la revista Amauta (1926), que aglutina las tendencias literarias de vanguardia. Mariátegui aporta además, como ensayista, sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, siendo el primer escritor que incorpora el marxismo a su análisis de la realidad hispanoamericana. Rompiendo totalmente con el indigenismo paternalista de Clorinda Matto de Turner. Mariátegui avanzaba un indigenismo liberacionista que sería incorporado en el pensamiento de mucha de la izquierda latinoamericana.

La narrativa peruana se afirma en 1941 con la publicación de El mundo es ancho y ajeno , de Ciro Alegría (1909–1967), que consagra el indigenismo en la novela hispanoamericana. José María Arguedas (1911–1969) presenta una temática indigenista que se parta del tradicional paternalismo implícito en las novelas de este género. Para Arguedas, el indio es un ser moralmente superior a sus explotadores. Las principales obras de este autor son Los ríos profundos (1958), El sexto (1961) y Todas las sangres (1964); publicada póstumamente apareció en 1971 El zorro de arriba y el zorro de abajo.

Entre los novelistas que heredan las inquietudes e Arguedas, aunque centradas en un medio urbano, cabe mencionar a Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), quien relata con estilo irónico las pequeñas aventuras de personajes cotidianos en sus cuentos recopilados en “La palabra del mudo”, Sebastián Salazar Bondy (1924–1965), Náufragos y sobrevivientes (1954), Dios en el cafetín (1964), además de autor de varias obras teatrales, Osvaldo Reynoso (1932), El escarabajo y el hombre (1970), Carlos Eduardo Zabaleta (1926), Vestido de luto (1961), Niebla cerrada (1970). Manuel Scorza (1929–1983), por su parte, incorpora la temática social andina en forma realista y mística a la vez en Balada: Redoble por Rancas (1970) e Historia de Garabombo, el invisible (1972).

Mario Vargas Llosa (1936) es uno de los grandes novelistas de la literatura hispanoamericana y figura del llamado “boom” latinoamericano. Si en el contexto peruano su obra, que se inicia La ciudad y los perros (1962), representa una superación de la temática del indigenismo, al tiempo que una apertura hacia nuevas formas de novelar, La Casa Verde (1966), Conversación en La Catedral (1969), en el contexto continental sus novelas suponen una aportación de primer orden. Aparte de las obras citadas, Vargas Llosa es autor de un magnífico relato Los cachorros (1966), así como de otras novelas: Pantaleón y las visitadoras (1973), La tía Julia y el escribidor (1977) y La guerra del fin del mundo (1981), laureado con el Premio Nobel de Literatura en 2010.

En el momento de apertura en que se mueve la narrativa peruana, Enrique Congrains (1932), publica con anterioridad a Vargas Llosa, No una, sino muchas muertes (1957), obra de temática urbana. Alfredo Bryce Echenique (1939) describe el ambiente de la oligarquía limeña en Un mundo para Julius (1970). Otro gran exponente de la literatura peruana es Santiago Roncagliolo quien en el 2006 fue galardonado con el premio alfaguara por su obra Abril Rojo.
  Literatura puertorriqueña

Hay una literatura puertorriqueña que podemos remontar a los orígenes mismos de la empresa de conquista y colonización. Por la isla ha habido los distintos momentos de movimientos literarios y no pocos momentos sus contribuciones a la literatura hispanoamericana han sido significativas como es caso de Eugenio María de Hostos y de Manuel Zeno Gandía con una extraordinaria novela naturalista La Charca.

En el siglo 20 la literatura puertorriqueña, bajo el signo de la influencia norteamericana en distintos aspectos ha logrado, pese a los intentos de americanización y anglicación de la enseñanza en producir una literatura valiosa en lengua castellana, variante de Puerto Rico. Movimientos de vanguardia los hubo como previamente tuvo sus modernistas.

En llegando el momento del “boom” latinoamericano dos escritores supieron trascender fronteras: Emilio Díaz Valcácel con Figuraciones en el mes de marzo (finalista Biblioteca Breve) y Pedro Juan Soto con El francotirador. Años más tarde Luis Rafael Sánchez publicaría la exitosa Guaracha del macho Camacho e igualmente Rosario Ferré, novelista que incluso ha incursionado en el mercado de lectores norteamericano.
Literatura uruguaya
Artículo principal: Literatura de Uruguay.
Onetti o la literatura de Uruguay

Es cierto que la gran figura de la actual literatura uruguaya es Juan Carlos Onetti, pero no menos cierto es que éste sería incomprensible sin un predecesor excepcional: Felisberto Hernández (1902–1964), genial cuentista que da expresión a los impulsos del inconsciente por medio de una estructura alógica en Fulano de tal (1925), Libro sin tapa (1929), La cara de Ana (1930) y La envenenada (1931) y posteriormente en Nadie encendía las lámparas (1947) y La casa inundada (1960).

El universo narrativo de Juan Carlos Onetti (1909), profundamente singular, se mueve entre el escepticismo y la falta de esperanza, como reflejo de una existencia cuyo sentido parece vacío de todo significado. Tras las tentativas de El pozo (1939), Tierra de nadie (1941) y Para esta noche (1942), Onetti crea un mundo original en La vida breve (1950), a la que seguirán Los adioses (1954), Para una tumba sin nombre (1959), La cara de la desgracia (1960), El astillero (1961), Tan triste como ella (1963), Juntacadáveres (1964) y Dejemos hablar al viento (1975).

Con posterioridad a Onetti, sobresale tanto en poesía como en la novela Mario Benedetti (1920), Montevideanos (1959), La tregua (1960), Gracias por el fuego (1965) y El cumpleaños de Juan Ángel (1971), novela versificada. En la línea de protesta de Benedetti, Eduardo Galeano es considerado un escritor polifacético en tanto cultiva, en una misma obra, ensayo, narración, periodismo, historia. Es el caso de Las venas abiertas de América latina o Memoria del fuego. También ha destacado como novelista.

La generación más brillante de la literatura uruguaya es probablemente la llamada “del 900”. En ella se destaca el gran poeta entre modernista, vanguardista, de tono barroco y gran poder y originalidad de imágenes, Julio Herrera y Reissig (1875-1910). Junto a él brilla también Delmira Agustini (1889-1914), una de las más destacadas representantes de la poesía femenina en América, y el dramaturgo Florencio Sánchez (1875-1910). El ensayista José Enrique Rodó, famoso en toda América por su ensayo “Ariel”, el filósofo Carlos Vaz Ferreira, y los narradores Javier de Viana, Carlos Reyles, y Horacio Quiroga son otros integrantes de la misma generación.

Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 – Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937), cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista.2 Sus relatos breves, que a menudo retratan a la naturaleza como enemiga del ser humano bajo rasgos temibles y horrorosos, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe.2 La vida de Quiroga, marcada por la tragedia, los accidentes de caza y los suicidios, culminó por decisión propia, cuando bebió un vaso de cianuro en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires a los 58 años de edad, tras enterarse que padecía de cáncer gástrico.

El Uruguay ha dado además una larga línea de destacada poesía femenina. A la ya mencionada Delmira Agustini debe sumarse al menos María Eugenia Vaz Ferreira, Juana de Ibarbourou, Sara de Ibáñez, Idea Vilariño, Ida Vitale, Circe Maia, Amanda Berenguer y Marosa di Giorgio.
  Literatura venezolana
Artículo principal: Literatura de Venezuela.
La literatura de Venezuela después de doña Bárbara

El periodo de entreguerras se caracteriza en Venezuela por el intento de liquidación del modernismo academicista en poesía y por la aparición de tendencias vanguardistas agrupadas, desde 1936, en la revista Viernes. En esta llamada Generación de 1928, sobresale Miguel Otero Silva (1908) con su obra poética, Agua y cauce (1937), 25 poemas (1942), La mar que es el morir (1962), Sinfonías tontas (1962), y narrativa, Fiebre (1939), Casas muertas (1955), Cuando quiero llorar no lloro (1970). Tienen importancia, asimismo, Miguel Ángel Queremel (1899 – 1939), inspirador de la revista Viernes, y Vicente Gerbasi (1913), que incorpora el surrealismo a su poesía: Vigilia del náufrago (1937), Bosque doliente (1940), Tres nocturnos (1946) y, posteriormente, Círculos del trueno (1953) y Por arte del sol (1958).

La narrativa venezolana aporta en 1929 un título que, como La vorágine, constituye uno de los grandes hitos en la novelística latinoamericana del siglo XX. Su autor es Rómulo Gallegos (1884 – 1969), su título: Doña Bárbara. La acción de la novela se sitúa en los llanos venezolanos y en su contrapunto entre civilización y atraso, entre hombres y naturaleza, que en Gallegos no tiene el carácter ciego y devorador que le confiere Rivera en La vorágine, crea una nueva dimensión novelesca, que trasciende el costumbrismo decimonónico, con su intensidad simbólica y expresiva.

Una novela introspectiva y de tonos modernistas es la que escribe Teresa de la Parra (1898 – 1936) con Ifigenia: diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba (1924) y Las memorias de mamá Blanca (1929). Arturo Úslar Pietri (1906) es el más importante narrador de la actual literatura venezolana. Entre sus cuentos figuran los volúmenes Barrabás y otros relatos (1928), Red (1936), Treinta hombres y sus sombras (1949) y Pasos y pasajeros (1966). Uslar ha sido, además, un excelente cultivador de la novela histórica en Las lanzas coloradas (1930), y en El camino de El Dorado (1947).

Entre los narradores posteriores, Salvador Garmendia (1928), ha escrito una obra extensa y renovadora, Los pequeños seres (1959), La mala vida (1968), Los pies de barro (1973), Memorias de Altagracia (1974); Adriano González León (1931) se ha destacado por su fantasía en sus libros de cuentos, Las hogueras más altas (1959), Hombre que daba sed (1967), y en sus novelas, País portátil (1968). Más joven que los anteriores es Luis Britto García (1940), que se ha señalado con su novela Vela de armas (1970) y, sobre todo, con un libro de relatos: Rajatabla (1970).
  Cronología

* 1872 El Gaucho Martín Fierro, José Hernández (Argentina)
* 1888 Azul ,Rubén Darío (Nicaragua)
* 1900 Ariel , José Enrique Rodó (Uruguay)
* 1915 Los de Abajo, Mariano Azuela (México)
* 1922 Trilce , César Vallejo (Perú)
* 1926 Don Segundo Sombra ,Ricardo Güiraldes (Argentina)
* 1929 Doña Bárbara Rómulo Gallegos (Venezuela)
* 1929 Los siete Locos Roberto Arlt (Argentina)
* 1930 La calle del agujero en la media Raúl González Tuñón (Argentina)
* 1931 Temblor de Cielo Vicente Huidobro (Chile)
* 1931 Altazor o El Viaje en Paracaidas Vicente Huidobro (Chile)
* 1932 Espantapájaros Oliverio Girondo (Argentina)
* 1934 Huasipungo Jorge Icaza (Ecuador)
* 1940 La invención de Morel Adolfo Bioy Casares (Argentina)
* 1944 Ficciones Jorge Luis Borges (Argentina)
* 1947 Al Filo Del Agua Agustín Yáñez (México)
* 1948 El Túnel Ernesto Sabato (Argentina)
* 1949 Hombres de Maíz Miguel Ángel Asturias (Guatemala)
* 1950 Canto General Pablo Neruda (Chile)
* 1950 El Laberinto de la Soledad Octavio Paz (México)
* 1950 La vida breve Juan Carlos Onetti (Uruguay)
* 1953 Los Pasos Perdidos Alejo Carpentier (Cuba)
* 1955 Pedro Páramo Juan Rulfo (México)
* 1959 La Región Mas Transparente Carlos Fuentes (México)
* 1960 La tregua Mario Benedetti (Uruguay)
* 1962 La ciudad y los perros Mario Vargas Llosa (Perú)
* 1963 Rayuela Julio Cortázar (Argentina)
* 1965 Tres Tristes Tigres Guillermo Cabrera Infante (Cuba)
* 1966 Paradiso José Lezama Lima (Cuba)
* 1967 Cien Años de Soledad Gabriel García Márquez (Colombia)
* 1967 Cambio de Piel Carlos Fuentes (México)
* 1970 El Obsceno Pájaro de la Noche José Donoso (Chile)
* 1974 Yo, el Supremo Augusto Roa Bastos (Paraguay)
* 1978 Maitreya Severo Sarduy (Cuba)
* 1981 La Guerra del Fin del Mundo Mario Vargas Llosa (Perú)
* 1985 El Desfile del Amor Sergio Pitol (México)
* 1988 Escenas de Pudor y LiviandadCarlos Monsiváis (México)
* 1990 Agosto Rubem Fonseca (Brasil)
* 1992 Antes que Anochezca Reinaldo Arenas (Cuba)
* 1993 Jardín: novela lírica Dulce María Loynaz (Cuba)
* 1995 Maqroll el Gaviero Álvaro Mutis (Colombia)
* 1998 Los detectives salvajes Roberto Bolaño (Chile)
* 2001 La reina de América Jorge Majfud (Uruguay)
* 2002 Ojos, de otro mirar: poemas Homero Aridjis (México)
* 2003 Melhores poemas João Cabral de Melo Neto (Brasil)
* 2004 Antología poética Carlos Drummond de Andrade (Brasil)
* 2005 Oficio ardiente Juan Gelman (Argentina)
* 2005 La fábula del tiempo: antología poética José Emilio Pacheco (México)

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LITERATURA AFRICANA. POR GERMAN HERRERA J.

LITERATURA AFRICANA. POR GERMAN HERRERA J.

Algunos escritores, al analizar la creación literaria africana, consideran que está marcada por una triple herencia o influencia: los valores autóctonos, el Islam y la cultura occidental. Por ejemplo, la ficción africana se ha enriquecido con el contacto con la narrativa de los paises del norte y la poesía autóctona africana, en Africa Oriental o en las costas del Océano Indico, se han beneficiado de la tradición islámica.

Las formas o fuentes literarias tradicionales con influencia en la creación literaria africana contemporanea son principalmente las siguientes: los proverbios, el cuento, la fábula y la narración histórica (a veces por profesionales, como el caso de los griots).

La Poesía, oral o escrita, en idioma autóctono o en un idioma extranjero, continúa representando la forma literaria más viva en Africa. El caso más sobresaliente de la pujanza de la poesía es Somalia, donde se convirtió en una arma política antes de la independencia y continuó siendo, ya en la Somalia independiente la forma más popular y aceptada de transmitir todo tipo de creación literaria, crítica política y de costumbres, … Otro caso es Tanzania donde los periódicos, junto a la sección del correo de los lectores, suelen contar otra dedicada a la poesía, en la que se insertan los poemas enviados por lectores sobre los temas más variados: desde la medicina tradicional hasta comentarios sobre las leyes o las últimas noticias. pasando por los problemas matrimoniales o el índice de inflación.

La novela, aunque lejanamente emparentada con el cuento y otras formas de narración, puede considerarse como una forma literaria importada. Una característica de la narrativa africana es la ausencia de la novela heroica o de ensalzamiento de figuras nacionales. Esta ausencia parece extraña, después de haber pasado muchos paises por guerras de independencia. Chinua Achebe, embajador extraordinario de Biafra durante la guerra civil, tomó este conflicto como tema de algunas des escritos, pero la situación la posguerra de Nigéria lo disuadió de glorificar a los héroes de Biafra para evitar volver a abrir las heridas de la guerra. Otro caso es el de la combatiente acholi de los años 80, Alice Lakwena, a quien el gobierno de Yoweri Museveni la consideraba como una “rebelde tribalista “, lo que puso obstáculos a la difusión de obras que pudieran cantar su gloria.

En la tradición oral, una proporción fuerte de autores y cuentistas han sido mujeres. Esto se ha traducido en la actualidad en la existencia de una proporción importante de mujeres entre los escritores.

En los años 30, artistas africanos residentes en Europa crean el movimiento nacionalista cultural africano que más influirá en la creación artística posterior, conocido por diversos nombres: “negritud”,, “autenticidad”, … Tratan de resistir contra la colonización de la mente africana. Es un movimiento en el que literatura y política están tan unidos que es difícil decir si era un movimiento cultural que influía en la actividad política o a la inversa. El senegalés Leopoldo Sédar Senghor que contribuyó a sentar las bases de este movimiento es considerado como su principal representante. Senghor, Fodeba, Keita, Dadié, Cofi y otros, se servirán de revistas como Presencia Africana (París), Orpheo Negro (Ibadan) y Transición (Kampalas y Accra) para transmitir sus ideas.

Este movimiento fue extendiéndose, y escritores como Jean-Joseph Rabeanvelo (Madagascar), Tchicaya U’Tamsi (Congo) y Yambo Ouologuern (Malí) se sumarían al mismo para defender la existencia de una literatura africana, combatir el imperialismo cultural europeo y por el desarrollo de una cultura africana.

Siete temas, relacionados entre sí, serán donde se manifestarán las ideas de la “autenticidad”.

1.

El primero es la oposición entre el pasado y el presente de Africa. Muy a menudo, el tratamiento de este tema revela una nostalgia profunda, una idealización del pasado. Claro ejemplo de esto es la obra de Jomo Kenyatta.
2.

El segundo tema es sobre el conflicto entre la tradición y la modernidad. Sigue estando de actualidad en la literatura contemporanea.
3.

El tercer tema, la oposición entre el mundo autóctono y el mundo extranjero. Es la manifestación del forcejeo entre la supremacía de las tradiciones autóctonas y las tradiciones importadas. Chinweizu (Nigeria), Okot p’Bitek (Uganda), Ali A. Mazrui (Kenia) y Julius K. Nyerere (Tanzania) son ejemplos de la independencia cultural africana. En el terreno de lo espiritual defienden la existencia de cosmogonías autóctonas propias y anteriores a la importación del pensamiento griego transmitido por el cristianismo. Los africanos dicen que sus divinidades son” fuertes” pero nunca ” Omnipotentes”, los hombres son “sabios” pero no ” omniscientes”, sus espíritus son “hereditario” pero no “eternos”, ….
4.

El cuarto tema de la literatura de este periodo, y que sigue siendo actual, es el conflicto entre el individuo y la sociedad, entre los derechos privados y el deber público. Consideran que el concepto de propiedad privada fue introducido por el capitalismo occidental. Un ejemplo es Joseph A. Lijembe, quien describe cómo él descubrió el principio de propiedad después de haber dejado a su familia para ir a estudiar a una escuela de tipo occidental: ” En la casa yo nunca me había preocupado sobre una cosa de propiedad que yo realmente pudiera llamar” mía.” . En la escuela, descubrí que yo poseí objetos que, durante un tiempo, eran míos. Tuve que empezar a aprender a hacer respetar mis cosas, las cosas de mis amigos de clase y las de mi escuela en conjunto.
5.

El quinto tema, especialmente durante los años 60 y 70, es el dilema entre el socialismo y el capitalismo, entre capitalismo e imperialismo. Era una conclusión lógica. Si el socialismo se oponía al capitalismo y el nacionalismo africano se oponía al imperialismo, ambos, socialismo y nacionalismo africano estaban llamados a encontrarse. Los escritos de Frantz Fetlock, Ousmane Sembene, Ayikwei Armah, Chinua Achebe o Wole Soyinka, son ejemplos de este tema. En 1988 – dos años sólo después de los homenajes a Wole Soyinka – el Premio Novel de Literatura volvía a Africa. Esta vez el laureado era Naguib Mahfouz, el novelista contemporáneo más grande de Egipto, muy preocupado por el problema de la explotación.
6.

El sexto tema, también vigente, estrechamente limitado al precedente, es el dilema entre desarrollo y autosuficiencia, entre el desarrollo económico, de la mano de la ayuda exterior y los problemas de la deuda externa, por una parte, o un desarrollo autónomo sostenido, tal vez más lento pero sin la amenaza a la independencia que supine la deuda externa. Nombres conocidos por su militancia sobre este tema son los de Shaaban Robert, Kezilahabi Euphrase, Molara Ogundipe-Leslie (Nigéria), Abena Busia (Ghana), Christine Obbo (Uganda), Adebayo Adedeji (Nigeria), Isa Shivji (Tanzania), Dan Nabudere (Uganda) y Atieno-Odhiambo (Kenia).
7.

El séptimo tema, es el de la dialéctica entre la africanidad y la humanidad, entre los derechos de africanos como miembros de un continente particular y sus deberes como miembros de la especie humana. Kofi Awonoor, Lewis Nkosi o el periodista egipcio Muhammad Sid-Ahmed son representantes de la fe universalista.

Un impedimento importante para el desarrollo de la literatura escrita en Africa es la escasez de imprentas y editoriales así como el costo elevado de los libros para la renta media africana. Cuando el escritor opta por utilizar su idioma materno se encuentra con nuevos problemas: la alfabetización en idiomas africanos es un hecho reciente en muchos paises y , por tanto, el público potencial, escaso; Si el idioma, además, no es utlilizado por mucha población, se reduce aún más la tirada, con el consiguiente encarecimiento del producto. El árabe es el único idioma que se salva de estos problemas.

LITERATURA ASIATICA. POR GERMAN HERRERA J.

LITERATURA ASIÁTICA. POR GERMAN HERRERA J.

Aunque es mucho el interés por conocer las literaturas orientales, poco es lo que el mundo occidental ha leído de la literatura asiática.

Esta literatura posee un inmenso caudal de relatos y tradiciones que se han transmitido desde el comienzo de las civilizaciones, en forma oral, formando un cúmulo de manifestaciones de narraciones coloquiales que no conocemos.

En China, se puede considerar que la literatura comenzó alrededor del siglo VI al IV a.C., en la etapa de la dinastía Chou (1027-256 a.C.) y se pueden citar las obras de Confucio, Mencio, Laozi, Zhuangzi y otros grandes filósofos.

En este sitio trataremos de ir presentando autores y obras o fragmentos, con la intención de que se tenga acceso a algunas manifestaciones literarias de las milenarias y riquísimas culturas asiáticas.

Las siguientes son algunas de las obras mas representativas de la literatura asiatica:

#
# 2 Ryunosuke Akutagawa
# 3 Kahlil Gibran
# 4 Kenzaburo Oé
# 5 Lin Yutang
# 6 Ariwara Narihira
# 7 Omar Khayyam u Omar Jayyam
# 8 Sun Tzu
# 9 Rabindranath Tagore
# 10 Poesía china
# 11 Cuentos de la Dinastía Tang
# 12 Las Mil y Una Noches

2 – Ryunosuke Akutagawa

Ryunosuke Akutagawa (1892-1927),fue un escritor japonés nacido en Tokio, en 1892. Realizó sus estudios en la Universidad de su ciudad natal.

En sus obras se describe y plasma las formas de vida del Japón feudal, en una mezcla de la antigua literatura japonesa con las influencias de la narrativa europea de autores como France, Wilde, Symonds, Loti. Sus escritos neorrealistas reaccionan contra el naturalismo y el neorromanticismo. Fue ensayista, poeta, crítico y cuentista, con estilo y técnica brillantes.

El primer cuento que publicó fue Rashomon, en 1915. Fue combinado con un relato posterior, “En el bosque”,para ser usados como argumento para el rodaje de la película Rashomon (1950), dirigida por el director de cine japonés Akira Kurosawa.

Escribió otros cuentos como La nariz, Kesa y Moritò, En el bosque, El biombo del infierno. Su última obra importante fue El engranaje (1927), una fábula sobre criaturas semejantes a duendes que reflejaba su depresión de aquella época.

Se suicidó en julio de 1927.

En Argentina, muchos de sus cuentos fueron traducidos por el artista Kazuya Sakai.

3 – Kahlil Gibran

Monografía creado por Educar.org . Extraido de: http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/LiteraturaAsiatica/index.asp
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Kahlil Gibran nació en 1883 en Bsarri, en el Líbano y falleció en Nueva York en 1931.

Fue un poeta, novelista, pintor, y filósofo, uno de los mayores representantes del arte del mundo árabe, aunque muchas de sus obras fueron escritas en inglés, pues vivió más de veinte años en Estados Unidos de América. Escribió poesía y novelas críticas costumbristas, como “Espíritus Rebeldes”, de 1908. En 1911 publicó “Alas rotas”, en lengua árabe.

Hay quienes dicen que a la edad de 15 años escribió “El profeta” en árabe y un lustro después lo tradujo al inglés, aunque otros datos biográficos lo fechan en 1923.

En 1926 publicó “Arena y onda”. En 1928 escribió otra de sus obras memorables: “Jesús, el Hijo del Hombre”.

Sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Y algunas ediciones de poesías se editaron con las ilustraciones realizadas por el autor.

El amor de su vida fue Mary Haskell, con quien mantuvo abundante correspondencia, parte de la cual fue recopilada por Paulo Cohelo en el libro “Cartas de Amor del Profeta”.

4 – Kenzaburo Oé

Nació el 31 de enero de 1935 en la ciudad de Ose, en Japón. Allí vivió su niñez, en medio de la II Guerra Mundial.

De 1954 a 1958 estudió en la Universidad de Tokio literatura francesa, graduándose con una tesis sobre Jean Paul Sartre. En 1958 recibió el premio Akutagawa por su narración //La presa//.

Desde la aparición de sus primeros cuentos en la década del sesenta, este escritor y ensayista ha ocupado un lugar esencial en la literatura japonesa de la posguerra.

En 1963 nació su hijo Hikari (Luz), retrasado mental, quien lo inspiró en varias de sus obras. Este mismo año viajó a Hiroshima para conocer los efectos de la bomba atómica de 1945 y entrevistar a los sobrevivientes heridos por las bombas.

Formado en la tradición francesa, profesor en el Colegio de México durante la década del setenta, conocedor de la literatura hispanoamericana, Oé alcanzó notoriedad en Occidente a partir de los años ochenta con //La presa// (1958); //Una cuestión personal// (1964) y //El grito silencioso// (1967).

Su obra es, al mismo tiempo, un retrato del Japón de la posguerra y de sus infiernos personales, en la cual aparecen personajes cautivos, siempre al borde de lo autobiográfico. Una muestra de su mundo atormentado es //Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura// (1969).

Seguidor de Dante, Erasmo y Rabelais, entusiasta lector del Quijote, Oé manifestó siempre su adhesión al personaje de Sancho Panza. Defendió la necesidad de refundar el humanismo y se reconoció a sí mismo como un pesimista.

Otras de sus obras son: //Las aguas han inundado mi alma// (1973), //Juegos contemporáneos// (1979) y la novela de ciencia ficción //La torre del tratamiento// (1990).

En 1994 recibió el Premio Nóbel de Literatura, siendo el segundo escritor japonés en recibirlo, tras Yasunari Kawabata.

5 – Lin Yutang

Lin Yutang (1895-1976) nació en Changzhou, China, en 1895.

Conocido filólogo y escritor chino, con una vasta formación cultural, realizó estudios en universidades como las de St. John de Shanghai, de Harvard y de Leipzig.
Entre 1923 y 1926 fue profesor de filología inglesa en la universidad de Pekín.
A partir de 1928 se radicó en los Estados Unidos y trató, en sus escritos, de lograr un nexo entre la cultura de su continente natal y el mundo occidental.
Es reconocido como un escritor chino en lengua inglesa.
Lin Yutang aparece en todo libro de recopilación de frases, citas y aforismos, con alguno de sus pensamientos, como:
|| || -“El hombre superior ama su alma; el hombre inferior ama su propiedad”. ||
|| || -“Vive como si no fueras a morir nunca, actúa como si fueras a morir mañana”. ||
|| || -“El máximo de poder es la iniciación de la decadencia.” ||
|| || -La sabiduría de la vida consiste en eliminar lo que no sea esencial”. ||
|| || -“El humor es parte de la vida y en consecuencia no debe ser excluido, ni aun de la literatura seria.” ||
|| || -“Los libros no deben clasificarse nunca. Clasificarlos es una ciencia, pero no clasificarlos es un arte.” ||
|| || -“En esta vida hay lágrimas, y lo que importa, después de todo, es ante que lloramos”. ||
|| || -“Si no puedes vivir una vida bella, debes soñarla”. ||
|| || -“Perdonamos a Los grandes del mundo porque han muerto; pero en vida son imperdonables”. ||
|| || -“En esta vida hay lágrimas; y lo que importa, después de todo, es ante qué lloramos”. ||
|| || -“Los que son sabios, poco hablan; y los que hablan mucho, son poco sabios”. ||
Entre sus principales obras, se pueden citar: || || Mi país y mi pueblo (1935) ||
|| || La importancia de vivir (1937) ||
|| || Amor e ironía (1941) ||
|| || La Familia de Barri. ||
|| || Una hoja en la tormenta ||
|| || La importancia de comprender ||
|| || Entre lágrimas y risas ||
|| || La familia del barrio Chino ||
|| || Sabiduría China ||
|| || Famous Chinese Short Stories ||

Un pensamiento expresado por Lin Yutang:

“He aquí las cosas que me harían feliz. No deseo otras. Quiero un cuarto propio donde poder trabajar. Un cuarto ni particularmente limpio ni ordenado… sino confortable, íntimo y familiar. Con una atmósfera llena de humo y el olor de viejos volúmenes y de incontables olores… Quiero trajes decentes que haya usado por algún tiempo y un par de zapatos viejos. Quiero una ducha en verano y un buen fuego con leños en invierno. Quiero un hogar donde poder ser yo mismo. Quiero algunos buenos amigos que sean tan familiares como la vida misma; amigos con los que no haya necesidad de ser cortés y que me cuenten todas sus dificultades, las matrimoniales y las demás; amigos capaces de citar a Aristóteles y de contar cuentos subidos de color; amigos que sean espiritualmente ricos y que puedan hablar de obscenidades y de filosofía con el mismo candor; amigos que tengan aficiones y opiniones definidas sobre las cosas, que tengan sus creencias y respeten las mías.
Quiero una buena cocinera que sepa hacer sopas deliciosas y un viejo sirviente que piense que yo soy un gran hombre, pero no sepa en qué reside mi grandeza.
Quiero una buena biblioteca, buenos cigarros y una mujer que me comprenda y me deje libertad para hacer mi trabajo.
Quiero libertad para ser yo mismo”.

6 – Ariwara Narihira

Ariwara Narihira (825-880) fue un poeta japonés, príncipe del primer periodo Heian (794-1185).

Era bisnieto del emperador Kammu , quien reinó de 781 a 806.

Los cuentos de Ise (hacia 980), que tradicionalmente se le atribuyen, y que ha prologado Jorge Luis Borges en la edición de Hyspamérica, narran legendarias hazañas de amores cortesanos. Son poemas-relatos, característica de la literatura japonesa, y consisten en versos cortos tanka intercalando pasajes en prosa que narran aventuras.

Los cuentos de Ise son 209 poemas tanka, de cinco versos, que en total suman 31 sílabas, distribuidas de la siguiente manera: 5, 7, 5, 7, 7. En ocasiones están agrupados de a dos o tres, y separados por textos breves en prosa. Relatan en total 125 anécdotas. Se usa un estilo elegante, pero en un lenguaje todavía primitivo. Los temas son el amor, la ausencia del ser amado, el desengaño y la alegría del reencuentro.

Ise es un pueblo, y Narihira, según expresa Borges, “es un hedonista en un mundo inocente y pagano, no perturbado aún por el Tao y por la recta observación del óctuple camino del Buddha”.

Narihira fue considerado uno de los mayores poetas de la primera antología imperial: Antología de poemas antiguos y modernos (905).

Presentamos a continuación, algunos fragmentos de esta obra de Narihira:

CUENTOS DE ISE

XXII

Una vez, las relaciones entre dos amantes habían quedado rotas por una causa fútil. La mujer, que no había olvidado a su amante, le envió esto:

Aunque detesto
a este hombre, como no puedo
olvidarlo,
lo odio, y al mismo tiempo
lo amo.

Entonces el hombre dijo: “Puesto que es así…” Y respondió:

Sin que nos encontremos,
de nuestros sentimientos el intercambio
no se detendrá, como no se detiene el agua de una corriente
dividida por una isla en un río.

Así habló él, y sin embargo por la noche fue a verla a su casa. Después de hablar del pasado y del porvenir, él dijo:

Si de mil [largas] noches otoñales
pudiera yo hacer
una sola noche
y durmiera [junto a ti] ocho mil noches como ésa
no llegaría a saciarme.

Ella respondió

Si de mil noches de otoño
se hiciera
una sola noche
cosas a decir quedaran
cuando ya el gallo cantara.

Con pasión más ardiente que en el pasado, él continuó frecuentándola.

LI

Una vez un hombre que había plantado crisantemos en el jardín de una persona, dijo:

Como los planté con cuidado,
sólo si no hubiera otoño
de florecer dejarían.
Las flores dispersarían:
las raíces, empero, ¿también morirían?

LXVI

Una vez un hombre que tenía una propiedad en la provincia de Settsu fue con sus hermanos y algunos amigos del lado de Naniwa.
Mientras contemplaba la ribera, vio allí algunos barcos y compuso este poema:

El puerto de Naniwa esta mañana
por primera vez lo observo,
todos esos barcos en su rada
del mundo fatigados [como yo]
¿Por el mar se alejarán?

Embargados de emoción, los otros se volvieron.

LXXIII

Una vez un hombre [ mientras se paseaba] cerca [ de la casa] de una mujer, que él había oído decir que allí habitaba, pero a la que no podía enviar ninguna carta, pensaba:

Sois al igual
que aquella higuera
que en la luna se halla,
con los ojos se contempla,
pero no puede tocarse con las manos.

LXXXVIII

Una vez algunos amigos, que ya no eran muy jóvenes, se habían reunido y contemplaban la Luna. Uno de ellos compuso este poema:

Dicho generalmente,
a la Luna no elogiamos;
cuando las lunas
se acumulan
devienen viejos los hombres.

CXXV

Una vez un hombre que se sentía enfermo tuvo la impresión de que estaba a punto de morir. Compuso este poema:

Que al final
haya un camino que es obligado seguir
ya lo había oído decir,
pero lo que no pensaba era
que para hoy o mañana fuera.

7 – Omar Khayyam u Omar Jayyam

Omar Ibn Ibrahim Jayyam u Omar Khayyam (aprox. 1040 a 1050-1121 o 1122) fue un matemático y astrónomo persa, autor de uno de los poemas más conocidos y famosos del mundo.

Nació en Nishapur, Persia (actual Irán). Su nombre significa “Omar el tendero” o “Fabricante de tiendas” (oficio de su padre).

Se desempeñó como astrónomo de la corte, formó parte del grupo de científicos que reformó el calendario musulmán que hizo que se adoptara una nueva era, la jalaliana o el Seliuk.

Fue místico y profeta, libertino, poeta y escritor de álgebra, geometría y temas afines, también se interesó por el Derecho y las Ciencias Naturales. Se lo considera uno de los más destacados matemáticos de su época.

Su obra más famosa es el poema Rubaiyyat, que trata sobre la naturaleza y el hombre, la celebración del vino y el goce del instante.

8 – Sun Tzu

Entre los destacados escritores y pensadores chinos, estudiosos de la política y las relaciones internacionales se encuentra el legendario general chino Sun Tzu.

Sun Tzu fue el autor del más antiguo tratado militar chino, “El arte de la guerra”, que se estima que fue escrito alrededor del 500 a.C.

En su obra describe el armamento chino así como también sus sistemas de mando, comunicación, disciplina, distinciones de rango, estrategia y logística.

En “El arte de la guerra” considera que el poder es usado por los políticos en interés de sus estados, sin acentuar el interés por la moralidad o la ética en los actos. Lo importante para esta posición política (que no ha cambiado demasiado con el transcurso de los siglos) es lograr una mayor cuota de poder en el orden internacional.

Esta obra ha influenciado en Maquiavelo, Napoleón, Mao Tse Tung. Y ha sido valorado como el mejor libro de estrategia que se haya escrito, no sólo porque es un tratado sobre la guerra, sino que es modelo de estrategias para llegar a una solución pacífica.

Ha dicho Sun Tzu que:

“La mejor victoria es vencer sin combatir”.

“El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar”.

“Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño”.

“Es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo”.

” Los expertos son capaces de obtener la victoria sin necesidad de ejercer su fuerza”.

9 – Rabindranath Tagore

Rabindranath Tagore (1861-1941): Pintor, Humanista, Patriota y Educador.

Rabindranath Tagore fue poeta y filósofo indio que se esmeró por lograr una mejor interpretación entre las civilizaciones occidental e hindú, pues entendía que el este y el oeste no son enemigos y que pueden entenderse.

Se llamaba en bengalí Ravindranatha Thakura.

Nació en Calcuta en 1861. Se dedicó a escribir desde niño y a los 17 años publicó su primer libro. En 1878, estudió Derecho en Inglaterra y luego regresó a su país.

Escribió poesías, novelas, cuentos, y obras de teatro, y también compuso muchas canciones populares. Escribió en lengua bengalí literatura impregnada de religiosidad, amor por la naturaleza y la tierra.

Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913.

En 1915 fue nombrado caballero por el rey Jorge V, título al que renunció después de la matanza de Amritsar en 1919, cuando tropas británicas mataron a 400 manifestantes indios.

Muchas de sus obras fueron traducidas al español por Zenobia Camprubí, secundada por su marido, el famoso escritor Juan Ramón Jiménez.

En 1929 se inclinó también por la pintura.

Fundó en su propiedad bengalí en 1901 la escuela Santiniketan, para la enseñanza de filosofías orientales y occidentales. En 1921 se convirtió en la Universidad Internacional Visva-Bharati. Recorrió el mundo brindando conferencias.

Pensamientos de Rabindranath Tagore:

“Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás fuera la verdad”.
“Agradezco no ser una de las ruedas del poder, sino una de las criaturas que son aplastadas por ellas”.

Entre sus principales obras se pueden citar:

El Rey y la Reina
Malini
El Asceta
El Cartero del Rey
La Luna Nueva
El Jardinero
La cosecha
Chitra
Pájaros Perdidos
Morada de Paz
La Hermana Mayor
Ofrenda Lírica

10 – Poesía china

Muchas son las expresiones literarias de la poesía china a lo largo de la historia.

Hay manifestaciones poéticas con gran contenido filosófico, otras, sobre la vida cotidiana, las más, sutiles y concisas, pero todas expresan sentimientos e ideas de los autores. Una característica del arte poético chino es la concisión que demuestran, usando en ocasiones tres versos, para emitir un pensamiento profundo. Así es el caso de las tres líneas de hai-kai, formado por un pentasílabo, un heptasílabo y un pentasílabo, sumando 17 sílabas en total.

La dificultad en las traducciones de un lenguaje a otro muy diferente, hacen que muchas veces, los textos aparezcan en prosa, para no tergiversar el contenido del autor.

Volcamos aquí varios textos poéticos de autores chinos, desde los comienzos de la era cristiana, con la finalidad de que sea leída, valorada y utilizada en la labor educativa, acrecentando así el conocimiento de esta cultura milenaria que debemos apreciar.

Anónimo
Siglo I

Agua

Me asomé al río Yang-T`se, me seducía la transparencia de sus aguas y las quise aprisionar entre mis manos pero me fue imposible.

Hoy, admirando tu belleza, quise, amante, aprisionarla con mi cariño, pero se me fue, como el agua

Ch`en-Ling
Siglo III

Mi Traje

Mi traje e de la época en que vivía un rey de la dinastía Tching. Se lo pusieron tantas bellas mujeres para danzar que sus pliegues conservan una sinuosidad armoniosa. Lo han acariciado tantas brisas que mi traje es diáfano como el ala de una mariposa.

Fu Yuan
Siglo III

Confusiones

Un trueno impreciso turba mi corazón. Me inclino para escucharlo. No es el ruido de su coche.

Wang-Tsi
Siglo VI

El Té

En el instante que llevas la taza a los labios cierra los ojos:

¡Te hallas en el Paraíso!

Wang Wei
Siglo VIII

Nostalgias

Tú que vienes de mi país natal debes saber muchas cosas: Cuando partiste, ¿el ciruelo había florecido delante de mi ventana?

Chang Tsi
Siglo IX

Fidelidad

Sabéis que soy otro, sin embargo me brindáis brillantes perlas. Emocionada por vuestro persistente amor, las pongo en mi vestido de seda roja.

Mi situación se halla entre la de los pares del Imperio. Mi marido lleva la lanza en el Palacio de la Claridad. Vuestras intenciones son tan puras como el sol y la luna, pero yo he jurado ser fiel a mi esposo en vida y muerte. Con lágrimas en los ojos os devuelvo vuestras perlas. ¡Qué no os haya conocido soltera y joven!

Pai Chu Yi
Siglo VIII / IX

La Vida

El pino muere a los mil años, la flor del hibisco no dura un día. Ambos se hunden en la nada. ¿Por qué envanecernos de nuestros meses y de nuestros años?

P´eng Tsu prolongó su muerte; pero murió al fin como nosotros. Más vale aprender a no nacer, no nacer es asimismo no desaparecer.

Nieh Yi Chung
Siglo IX

El Labrador

El padre trabaja los campos de la llanura, el hijo rompe la tierra al pie de la montaña. Es la sexta luna, el arroz no madura todavía, pero ya están preparando los graneros oficiales.

Ting Yu
Siglo XVIII

Mi Casa

Árbol, piedra, viento, flor, son mis cuatro vecinos, nadie cruza mi puerta y mi calle está sola. Hoy vuelven las golondrinas del año anterior. No creo más que en su amistad.

Wu Kieng
Siglo XIX

Tormenta

Maldije a la lluvia que, azotando mi techo, no me dejaba dormir.

Maldije al viento que me robaba las flores de mis jardines.

Pero tú llegaste y alabé a la lluvia. La alabé cuando te quitaste la túnica empapada.

Pero tú llegaste y alabé al viento, lo alabé porque apagó la lámpara.

Huan Chien Chu
Siglo XX

La Flor de Durazno

Parece una bella pintada de rojo; ebria, se balancea al viento primaveral, sonriendo a las verdes aguas. Se irrita con el poeta que se burla de su triste suerte; después de su caída, las ramas ¿no se llenarán de frutos?

Mao Tse Tung
Siglo XX

La Gran Marcha

El Ejército Rojo no se arredró de la Gran Marcha. Diez mil ríos, mil montes no son nada para él. Los Cinco Pies le parecieron las crestas de unas pequeñas olas. El vasto Wu Mong, un terrón de tierra que aplasta con los pies. Blandas las rocas en que se rompía el Río de las Arenas de Oro. Helado el puente de las cadenas de hierro del Río Ta Tou. Pasado el Monte Mien, miles de pies de nieve, el júbilo del Ejército Rojo fue más intenso.

11 – Cuentos de la Dinastía Tang

Dinastía imperial china que gobernó desde el 618 hasta el 907, fundada por Li Yuan (que adoptó el nombre imperial de Gaozu). Fue la edad de oro de la poesía y del cuento, coincidiendo con el apogeo de la vieja civilización china.

Durante la época de las Seis Dinastías (222-589), el cuento alcanzó características bien definidas, basándose en leyendas, hechos, historias o dichos de hombres célebres, etc. Pero es durante la dinastía Tang que comenzaron a escribirse verdaderos cuentos creados por la imaginación de los escritores.

El valor literario de estos cuentos, consecuencia de la aparición de una rica clase urbana, culta y brillante, recae en el contenido ideológico que reflejan los diferentes conflictos de la sociedad de entonces, e inclusive el inconformismo a la moral feudal china, al valorizar a la mujer y exaltar el sentimiento amoroso.

Chen Ki-Tsi (nació en Sutchó en el año 750 y murió en el 800. Fue un conocido literato e historiador, autor de “Confidencias de una almohada”).

Yen, la zorra encantada
Había un señor llamado Wei Yin, que era el noveno hijo de la hija del Príncipe de Si-an. En su juventud le gustó la vida fácil y fue aficionado a la bebida. El marido de su prima, de apellido Tcheng (cuyo nombre no se conoce), había estudiado desde muy joven el manejo de las armas y era también aficionado al vino y las mujeres. Pobre y sin casa, Tcheng vivía con la familia de su mujer. Él y Wei se entendían muy bien y siempre se divertían juntos. En la sexta luna del noveno año del período de Tienpiao (en 750) se paseaban un día a través de Tchangan, la capital, cuando al llegar al sud del barrio del Siauping, con el pretexto de atender asuntos privados, Tcheng abandonó a Wei diciéndole que se reuniría más tarde con él en un lugar prefijado. Monrado en su caballo blanco, Wei se dirigió hacia el este, mientras que Tcheng, sobre su asno, tomó la dirección del sur, pasando por la Puerta Norte del barrio de Chengping.

Tcheng encontró por azar tres muchachas en su camino. Una de ellas, que llevaba un vestido blanco, le pareció de una belleza sin par. Agradablemente sorprendido, lanzó su asno adelante, parasando a la belleza, o siguiéndola atrás, sin animarse a abordarla. De vez en cuando, la muchacha de vestido blanco le echaba miradas intencionadas. Entonces, con caballerosidad, Tcheng le preguntó:

-¿Cómo es posible que semejante belleza vaya a pie?

La muchacha le respondió sonriente:

-¿Cómo puedo ir de otro modo, si los que tienen una montura no saben cederla?

-Mi pobre borrico no es lo suficientemente bueno para servir de montura a una belleza como usted. Sin embargo le ruego lo acepte. Por mi parte me sentiré feliz de marchar detrás de usted.

Ella y él se miraron y rieron alegremente. Las otras dos muchachas no tardaron en imitarlos y pronto el grupo se hizo amistoso. Tcheng los acompañó en dirección al este, hasta el Parque Leyeu, y al llegar ya oscurecía. Se detuvieron delante de una casa magnífica, rodeada de un muro de adobe con una gran puerta. La belleza de vestido blanco, antes de entrar, se dio vuelta y le dijo:

-Espere un momento.

Una de las sirvientas se mantuvo cerca de la puerta y le preguntó su nombre. Tcheng se lo dio y de paso preguntó el nombre de la belleza. Entonces se enteró que se llamaba Yen y que pertenecía a una familia muy numerosa. Un momento después le pidieron que entrara en la casa. Tcheng ató su asno en el portón, dejando su sombrero en la montura. Primero vio a una mujer, de unos treinta años, que vino a recibirlo. Era la hermana mayor de la muchacha. Habían iluminado hileras de candelas y ya estaba servida la cena.

Terminaban de vaciar muchas copas de vino, cuando reapareció la joven belleza, vestida con ropa nueva, y todo el mundo continuó bebiendo alegremente. Ya muy avanzada la noche, Tcheng se acostó con la belleza. Sus encantos, su delicadeza, su modo de cantar, de reir y moverse, todo en ella resultaba exquisito y como extraño de este mundo. Un poco antes del amanecer, Yen le dijo:

-Llegó la hora en que debe retirarse. Mi hermano es miembro del conservatorio de música y sirve en la guardia real. Vuelve a casa con la aurora y es preciso que no lo encuentre aquí.

Cuando llegó al extremo de la calle, la puerta de la muralla del sector aún estaba cerrada. Cerca de la puerta había una pastelería. El dueño comenzó a suspender las linternas y avivar el fuego del horno. En espera del toque de diana de la mañana, Tcheng descansó en el alero del negocio y se puso a charlar con el patrón. Indicando el lugar donde pasó la noche, Tcheng le preguntó:

-Girando a la izquierda hay un portón. ¿A quién pertenece esa casa?

-Ahí no hay ninguna casa: solo un terreno baldío y algunas ruinas –le respondió el patrón.

-Pero yo vengo de allí –insistió Tcheng-. ¿Por qué me dice que no hay ninguna casa?

De repente, aclarándosele el problema, el patrón exclamó:

-¡Ah! Ahora comprendo. Allí suele haber una zorra que a menudo atrae a los hombres para pasar la noche con ella. Ya van tres veces que la encontré. ¿Quizás usted también la vio?

Avergonzado y confuso, Tcheng salió del paso diciendo que no. Al amanecer volvió al mismo lugar. Allí encontró el mismo muro y el mismo portón, pero adentro sólo halló un baldío donde no crecían más que matorrales salvajes.

Camino a su casa, Tcheng se encontró con Wein, quien le reprochó por haber faltado a la cita convenida. Tcheng se limitó a formular algunas excusas, cuidando de no traslucir nada de su secreto. Desde entonces, obsesionado por los encantos de esa belleza, trató de verla una vez más, guardando su imagen en el fondo del corazón.

Diez días después, en el curso de un paseo por el Mercado del Oeste, frente a una tienda de vestidos, la vio inesperadamente, siempre acompañada por sus sirvientas. Tcheng se puso a llamarla en voz alta, pero ella lo evitó y se perdió entre la multitud. Entonces Tcheng se lanzó en su persecución, sin dejar un solo instante de gritar su nombre. Finalmente ella se detuvo. Dándole la espalda y escondiendo el rostro detrás de su abanico le preguntó:

-¿Por qué me busca, puesto que sabe quién soy?

-Aunque lo sepa –replicó Tcheng-. ¿Qué importancia tiene?

-¡Qué vergüenza! ¡Me confunde tanto estar frente a usted!

-¡Os amo tanto! –replicó Tcheng-. ¿No le da lástima abandonarme?

-¿Cómo puedo pensar en abandonaros? Lo que ocurre es que tengo miedo de que me tome horror.

Tcheng protestó, dando tal acento de sinceridad a sus juramentos, que ella terminó por bajar el abanico, y volviéndose hacia él, apareció con toda su resplandeciente belleza.

-Yo no soy la única de mi especie entre las mujeres del mundo humano. Pero ocurre que ustedes no saben reconocernos. ¡Lo mío, pues, no es nada extraño!

Y como Tcheng le suplicó que la acompañase, ella advirtió:

-Si no se aprecian a las mujeres como yo, es porque se las considera fatales. Pero yo no lo soy de ningún modo. Si usted no me encuentra desagradable, estoy dispuesta a servirle toda mi vida.

Tcheng le propuso entonces vivir juntos. Yen le dijo:

-Continuando por esta calle hacia el este, encontrará un barrio tranquilo, y una casa en la cual un enorme árbol domina toda la techumbre. Esa casa se alquila. El otro día, cuando os encontré al sur del barrio de Siuaping, había allí un hombre montado sobre un caballo blanco que se dirigía hacia el este. ¿Acaso no es vuestro cuñado? En su casa hay muchos muebles, y usted bien puede pedirle que le preste algunos.

Justamente en esa época, los tíos de Wei debieron ausentarse al ser llamados para cumplir funciones oficiales, dejando sus muebles en depósito. Aprovechando el consejo de Yen, Tcheng fue a casa de Wei para pedírselos prestado. Interrogado sobre el uso que iba a dar a los muebles, Tcheng respondió:

-Ahora tengo una bella amante y alquilé una casa. Los muebles los necesito para ella.

Wei le respondió con una risotada:

-¿De qué belleza me hablas? Con una facha como la tuya, me imagino que valdrá poca cosa.

Wei le entregó cortinas, mosquiteros, camas y esteras. Le mandó también un sirviente astuto para espiar a la mujer. Instantes después, el sirviente volvió sin aliento e inundado de sudor.

-¿La viste? –preguntó Wei-. ¿Cómo es?

-¡Maravillosa! ¡Jamás se vio una mujer como ella!

Wei tenía muchas relaciones, y en su vida aventurera tuvo oportunidad de conocer muchas mujeres bellas. Le preguntó a su sirviente si la amante de Tcheng era comparable a algunas de ellas.

-¡No se la puede comparar con nadie! –exclamó el sirviente.

Wei pretendió compararla con las cuatro o cinco mujeres que conceptuaba las más hermosas, pero el otro insistió:

-¡No se las puede comparar con nadie!

Wei tenía una cuñada, la sexta hija del Príncipe de Wou, cuya majestuosa belleza era considerada por sus primos como algo sin par.

-¿Será la amante de Tcheng comparable a la sexta hija del Príncipe de Wou?

Pero el sirviente declaró una vez más:

-¡No se la puede comparar con nadie!

Estupefacto, Wei se frotó las manos y exclamó:

-¿Es posible que exista semejante mujer en este mundo?

Entonces, bruscamente, ordenó que le trajeran agua para lavarse el cuello, se hizo un nuevo peinado, se puso colorete en los labios, y se dirigió a la casa de Tcheng. Cuando llegó, el dueño de casa estaba ausente. Al entrar, Wei vio a un pequeño criado que se encontraba barriendo, una sirvienta cuidando una puerta, y nadie más. Preguntó al criado, quien con una sonrisa le respondió que no había nadie en la casa. Pero recorriendo las habitaciones con la mirada, percibió la punta de un vestido rojo bajo una puerta, y al acercarse descubrió que allí se escondía la bella. Wei la hizo salir de la oscuridad para mirarla, y la encontró mucho más bella de lo que se había imaginado. Loco de pasión, la tomó entre sus brazos para poseerla, pero ella se resistió. Él la apretó tan fuerte, que a punto de ser vencida ella le dijo:

-Me rindo, pero dejadme un instante para tomar aliento.

Pero cuando él volvió a la carga, la bella volvió a resistirse, y eso se repitió varias veces. Finalmente, con todas sus fuerzas Wei logró dominarla, y la bella, ya sin aliento, bañada en sudor, considerándose perdida se desplomó sin defensa y palideció como muerta.

-¿Por qué está tan triste? –le preguntó Wei.

Ella respondió con un largo suspiro:

-¡Mi pobre y desgraciado Tcheng!

-¿Qué quieres decir?

-Con su estatura de seis pies, no puede siquiera proteger a una mujer. ¿Puede él llamarse un hombre? A usted, que es joven y rico, y que tiene tantas bellas amantes, no le puede faltar una mujer como yo. Pero Tcheng es pobre, y solamente yo lo quiero. ¿Tiene usted el coraje de arrebatarle su único amor, usted que puede colmar todos sus deseos? ¡Cómo compadezco al pobre Tcheng! Cayó en la miseria, y al mismo tiempo perdió su independencia: lleva vuestra ropa y come vuestros alimentos. Por eso está a vuestra merced. Si él tuviese de qué comer, no tendríamos que pasar por todo esto.

Al escuchar estas palabras, Wei, que no dejaba de ser un hombre galante y magnánimo, desistió inmediatamente de sus intenciones, y con todo respeto se excusó a la dama.

Momento después Tcheng volvía a su casa. Se saludaron con Wei con sonrisas muy cordiales. Desde entonces Wei suministró ampliamente todo lo que necesitó la pareja de enamorados.

Yen salía a menudo con Wei, ya sea en carroza o a pie, aceptando ir a cualquier parte. Todos los días Wei gozaba sin reticencia de su compañía, y en una intimidad que no admitía ningún límite. Ella tenía todas las complacencias, salvo la de entregarse, lo que a los ojos del joven caballero la hacía más adorable y digna de respeto. Por su parte él se mostraba pródigo. Ni el vino, ni las comidas deliciosas, apartaban a Yen de su pensamiento.

Un día, sabiendo que él la adoraba, se expresó en esta forma:

-Tantos favores me confunden. Sé que soy digna de vuestra bondad. Pero no puedo traicionar a mi Tcheng, ni satisfacer vuestros deseos, pero en cambio puedo testimoniarle mi agradecimiento. Nací en Chansí y fui educada en la capital. Los miembros de mi familia fueron gente de teatro, y la mayoría de mis parientes son favoritos o concubinas de hombres ricos. Por supuesto están relacionados con todos los libertinos. Si usted tiene el ojo puesto en alguna belleza, apetecible pero difícil de conquistar, entonces puedo hacer que sea suya. De tal modo quiero mostrar mi reconocimiento.

-¡Oh, acepto muy feliz! –respondió Wei.

En el mercado había una costurera llamada Tchang la Decimoquinta, que gustaba a Wei por la pureza de sus formas. Le preguntó a Yen si la conocía.

-Es mi prima y será fácilmente suya –respondió Yen. Y diez días después se produjo esa conquista. Pasados algunos meses, cuando el joven se sació, Yen le dijo:

-La conquista de las mujeres del mercado es cosa demasiado fácil. De ningún modo está a la altura de los servicios que le puedo brindar. Dígame si le apetece alguna que sea tan hermosa como poco accesible, y haré lo posible por complacerlo.

-El otro día, cuando la fiesta de Hanche –contó Wei- fui al templo Tsienfú con algunos amigos, y vi al general Tiao Mien que ofrecía un concierto en la gran sala. Entre las músicas había una tocadora de cheng, de unos diez y seis años, con los rizos tapándoles las orejas. ¡Estaba encantadora, adorable! ¿Usted la conoce?

-Es la favorita del general –respondió Yen-. Su madre es justamente mi hermana. Me ocuparé de su pedido.

Wei la saludó con toda deferencia, y Yen le prometió su ayuda. Ella comenzó a frecuentar la casa del general. Un mes después, Wei la apuró a cumplir su plan. Yen le pidió dos piezas de seda para regalo, y Wei se apresuró a entregárselas. Dos días después, cuando Yen y Wei se sentaban a cenar, el general les envió un valet con un caballo negro para rogarle a que fuera a su casa. Al anuncio de esta invitación, ella, sonriente, le dijo a Wei:

-¡Ya está!

Para comenzar, Yen había conseguido que la favorita del general fuese atacada por una enfermedad, contra la cual la medicina resultara impotente. La madre de la joven y el general, muy alarmados, resolvieron consultar a un adivino. Y Yen, a escondidas untó la mano del adivino, e indicando su dirección, le hizo decir que la joven enferma debía de ser alojada en esa casa para conjurar los espíritus malignos.

Llegado el momento de la consulta, el adivino le dijo al general:

-Esta casa es nefasta para ella. Es preciso que se vaya hacia el sudeste, a una casa donde volverá a encontrar su aire vital.

Al informarse del lugar designado, el general y la madre de la joven descubrieron que justamente se trataba de la casa de Yen. Entonces el general le pidió permiso para poder hospedar allí a su favorita. Al principio Yen se negó con el pretexto de que no podía ofrecer las necesarias comodidades, y sólo aceptó después de muchos ruegos. Entonces el general envió en una carroza a la joven y a su madre, con su menaje y embelecos. Apenas llegó a la nueva casa, la enferma se sintió sana y salva. En contados días, Yen puso secretamente a Wei en relaciones íntimas con la joven, y un mes después ella se encontraba encinta. La madre tuvo mucho miedo, y con todo apuro volvió a llevar a su hija al general. Así terminó esta aventura.

Un día Yen le dijo a Tcheng:

-Si usted puede encontrar cinco o seis mil sapecas, yo me encargo que le produzcan algún beneficio.

Él consintió y pidió prestado seis mil sapecas. Entonces ella le dijo:

-Vaya a la feria. Allá encontrará un caballo con una mancha en la grupa. Cómprelo y venga con él.

Tcheng fue hasta la feria y vio a un hombre llevando a un caballo en venta, en cuya grupa se veía una mancha negra. Lo compró y volvió a la casa. Sus cuñados lo abrumaron con sus burlas:

-¿Por qué compro un caballo que nadie quiere?

Poco tiempo después, Yen le dijo:

-Llegó el momento de vender el caballo. No pida menos que treinta mil sapecas.

Tcheng lo puso en venta. Le ofrecieron veinte mil, pero no aceptó. En la feria todos se sorprendieron:

-¿Por qué se empecina en comprar tan caro y el otro no lo vende?

Tcheng volvió a su casa cabalgando el caballo, y el otro lo siguió hasta la puerta. Le ofreció veinticinco mil sapecas. Tcheng las rechazó rotundamente, declarando que no lo vendería en menos de treinta mil. Pero como todos sus cuñados comenzaron a reprocharle su testarudez, Tcheng fue presionado a vender el caballo a un poco menos que treinta mil.

Más tarde terminó por descubrir la razón de la insistencia del comprador. Ese hombre era el cuidador de la caballería imperial del distrito de Tchaoying. Hacía tres años se le había muerto un caballo con una mancha en la grupa. A la víspera de abandonar sus funciones, se veía de tal modo obligado a reembolsar una suma de sesenta mil sapecas por la pérdida del animal. Al comprar otro a mitad de precio, ganaba una buena suma. Por otra parte un caballo vivo aumentaba sus beneficios, pues le correspondía una paga de tres años de forraje no consumido. Y ésta fue la razón por la que insistió tanto para comprar ese caballo.

Una vez Yen le pidió vestidos a Wei, porque los que tenían estaban muy gastados. Wei le propuso comprarle una pieza de seda, pero ella no quiso, diciendo que prefería la ropa confeccionada. Entonces Wei hizo venir a un tendero llamado Tchang Ta, y la presentó a Yen para que pidiera lo que necesitaba. Tchang Ta la vio y quedó tan asombrado que le dijo a Wei:

-Esa que usted tiene en la casa no es una mujer corriente. Espero que la lleve de vuelta de donde la sacó, a fin de evitar desgracias.

Tal era la impresión de sobrenatural que provocaba su belleza. Sin embargo, nadie podía comprender por qué ella no cosía, contentándose con ropa de confección.

Un año después, Tcheng fue nombrado capitán de la prefectura de Huaití, y su cuartel general estaba en el distrito de Kintcheng. Como en ese momento Tcheng tenía una mujer legítima en la casa, se veía obligado a salir de día y volver a casa para dormir, lamentándose siempre de no poder pasar la noche con Yen. De tal modo, antes de ocupar su cargo en la campaña, le rogó a su amante que lo acompañara. Pero ella no aceptó:

-Estar juntos en viaje, solamente por uno o dos meses, no nos brindará mucho placer. Será mejor que me entregue lo suficiente para vivir en ese tiempo y cuidaré la casa mientras espero vuestra vuelta.

Tcheng insistió, lo que no hizo afirmar su resistencia. Entonces Tcheng le pidió a Wei, una ayuda pecuniaria, y Wei se le unió para tratar de persuadir a Yen, preguntándole los motivos de su rechazo. Después de una larga vacilación, ella terminó por confesar:

-Un adivino me predijo que un viaje al oeste me sería fatal. Esta es la razón de no querer acompañarlo.

Pero Tcheng, demasiado enamorado para pensar en esas cosas, se echó a reír con Wei y opinó:

-¿Cómo una mujer inteligente puede ser tan supersticiosa? Y continuaron insistiendo para que efectuase el viaje.

-¿Y si las palabras del adivino resultaran ciertas? ¿Prefieren que muera por culpa de ustedes?

-¡Qué absurdo! –declararon los dos hombres, que continuaron insistiendo. Finalmente Yen fue obligada a partir, pese a sus lamentaciones.

Wei les prestó su caballo y les deseó feliz viaje, acompañándolos hasta Linkao. Al día siguiente llegaron a Mawei. Yen iba adelante, cabalgando el caballo; Tcheng la seguía sobre su asno, y la sirviente y el resto de la comitiva venían atrás. Justamente desde hacía unos diez días, los maestros de la caballeriza de la Puerta del Oeste adiestraban los perros de caza de Lutchuan. Se cruzaron en el camino. De repente los perros saltaron de los matorrales, y Tcheng vio como Yen caía a tierra, y tomando la forma de un zorro se escapó hacia el sur, seguida por toda la jauría. Tcheng se puso a gritar desesperadamente, y corrió detrás de los perros, pero no los pudo retener. Después de correr algunos centenares de metros, ella fue atrapada por los perros. Llorando como un niño Tcheng sacó dinero de su bolsa para comprar los despojos, y los enterró allí mismo, plantando una vara para señalar el lugar. Cuando echó una mirada atrás, el caballo de Yen pastaba en el borde del camino. Sus vestimentas permanecían sobre la silla de montar, y sus zapatos y medias aún colgaban de los estribos. Sólo los adornos de la cabeza se veían en el suelo; todo lo demás había desaparecido, lo mismo ocurría con la sirvienta. Era como si se hubiesen evaporado.

Diez días después, Tcheng entró de vuelta en la capital. Wei, muy feliz de verlo, le preguntó:

-¿Cómo está Yen?

-¡Murió! –respondió Tcheng entre sollozos.

Wei lo acompañó en su dolor. Se abrazaron en medio de la habitación y lloraron juntos con toda desesperación. Después Wei le preguntó qué enfermedad la había arrebatado.

-La mataron los perros de caza –respondió Tcheng.

-¡Por más feroces que sean los perros de caza no son capaces de matar a un ser humano! –protestó Wei.

-Pero ella no era un ser humano –dijo tcheng.

-¿Entonces quién era ella? –exclamó Wei muy azorado.

Cuando Tcheng le contó toda la historia, Wei llegó al colmo de su estupefacción, sin dejar de suspirar un solo instante. Al día siguiente tomaron un coche y fueron juntos a Mawei, y después de abrir la tumba para verla una vez más, retornaron llorando. Al recordar las cosas del pasado, encontraron que la sola cosa que les seguía pareciendo extraña era que ella nunca quiso coserse sus propias ropas.

Más tarde Tcheng fue nombrado inspector general de la corte y se convirtió en un hombre sumamente rico, llegando a poseer más de doce caballos en su caballeriza. Murió a la edad de sesenta y cinco años.

Durante el período de Tali (766-779), en ocasión de vivir en Tchonglin, hice amistad con Wei, quien muchas veces me contó esta historia, de la que conocía los menores detalles. Tiempo después, Wei fue nombrado canciller de la corte imperial, al mismo tiempo que alcalde de Longtchó, donde murió mientras desempeñaba su cargo.

¡Oh! Todo esto quiere decir que inclusive un animal es capaz de abrigar sentimientos humanos, conservar su castidad frente a la violencia, y sacrificar su vida por un hombre. ¡Tantas cosas que una inmensa cantidad de mujeres no son capaces de sentir ni expresar! Lástima que el tal Tcheng no fuese más inteligente, pues, había amado la belleza de Yen sin haber apreciado su corazón. Si él hubiese sido sabio, hubiese podido descubrir las leyes de la metamorfosis, discernir los límites entre lo humano y lo divino, y de tal modo expresar con las artes de la literatura el misterio de los sentimientos de su bella, en vez de limitarse al simple goce de sus encantos. ¡Qué lástima todo esto!

En el segundo año del período de Kientchong, partí a Sutchow en calidad de Consejero a la Izquierda del Príncipe. AL mismo tiempo, el general Pei Ki, el alcalde de la capital Suen Tcheng, el viceministro Tsuei Siu del ministerio de asuntos civiles, el consejero de derecha Lu Tchuen, se dirigieron todos hacia el sudeste, en el valle del río Azul. De la provincia de Chensi hasta Sutchow, viajamos juntos en tierra y en barco. Con nosotros se encontraba también el ex – consejero Tchu Fang, que realizaba un viaje de placer. Nuestro barco descendió los ríos Ying y Hué. Psamos los días en una permanente fiesta, y de noche charlábamos, y cada cual contaba las leyendas más extrañas. Al escuchar la historia de Yen todo el mundo fue profundamente conmovido, y me pidieron que la redactara. Y así fue como se escribió el presente relato.

Pei Hsing (Vivió en la segunda mitad del siglo IX. Escribió tres volúmenes de cuentos donde los fantasmas y las hadas juegan el rol más importante).

El esclavo Kuenluen*
*Durante la dinastía Tang, los esclavos traídos de los Mares del Sud eran comúnmente llamados esclavos Kuenluen.

En el reinado de Tali (766-799) había un joven llamado Tsuei, oficial de la guardia imperial de la Orden de Mil Bueyes. Su padre, famoso magistrado, estaba en buenas relaciones con un ministro, personaje ilustre de su siglo. Un día su poder lo envió a visitar al ministro para informarse del estado de su salud. Tsuei era bello muchacho de rostro puro como el jade. Su modestia de carácter se unía a un gran señorío de maneras y fineza en sus palabras. El ministro ordenó a sus sirvientes de levantar el cortinado y de introducir al joven en su dormitorio. Tsuei, hincado de rodillas, le presentó el mensaje de su padre. El ministro se interesó mucho por el joven y lo hizo sentarse para conversar amistosamente con él.

Ahí se encontraban tres jóvenes favoritas, todas ellas de una belleza resplandeciente. Cortaban en rebanadas los duraznos colorados y llenaban los tazones de oro. Cubrieron la fruta con crema azucarada, y después la sirvieron. El ministro dijo a una de las servidoras, vestida de muselina roja, que ofreciese un tazón al joven. Pero éste, intimidado por la presencia de las bellas muchachas no se atrevía a comer. Entonces el ministro ordenó a la bella de vestido rojo que le sirviese con una cuchara, lo que obligó al joven a comer un durazno, y la bella le sonrió con un gesto pleno de picardía.

Cuando Tsuei se despidió, el ministro le dijo:

-Cuando usted tenga tiempo, venga a verme; entre nosotros no debe haber ceremonias.

Después ordenó a la muchacha de vestido rojo que lo acompañara hasta la puerta. Cuando Tsuei, antes de salir de la casa se volvió para mirarla por última vez, ella le hizo una seña mostrándole tres dedos levantados, y girando tres la palma de la mano le indicó un espejito que ella llevaba en el seno:

-Acordaos de esto.

Y no dijo ninguna palabra más.

Al volver a su casa, Tsuei informó a su padre lo que le había dicho el ministro. Después de retornar a su gabinete de estudio cayó en un estado de éxtasis y adormecimiento. Siempre taciturno y silencioso, sumergido en sus sueños, permaneció día y noche sin pensar siquiera en alimentarse, no haciendo otra cosa que cantar este poema:

En el Monte de los Inmortales vi una deidad,
Resplandeciente su mirada como una estrella fugaz.
La luna se deslizaba por una puerta roja:
Sobre su belleza de nieve esparció su tristeza.

A su alrededor nadie comprendía lo que le ocurría. Sucedió que en su casa había un esclavo kuenluen, llamado Moleh, quien después de observarlo detenidamente le preguntó:

-¿Qué pasa en vuestra alma que os atormenta sin cesar? ¿Por qué no se confía en vuestro viejo esclavo?

-¿Gente como tú puede comprender y mezclarse en cosas de amor? –le replicó Tsuei.

-Confíeme sus penas –insistió Moleh- y os traeré una solución. Tarde o temprano tengo la seguridad de triunfar.

Sorprendido por ese tono de seguridad en sí mismo, Tsuei le confió su secreto.

-Se trata de algo bien simple –le dijo Moleh-. ¿Por qué no me lo contó antes en vez de desconsolarse por nada?

Cuando Tsuei le contó las señas enigmáticas que le dirigió la joven, Moleh explicó:

-¡Nada es más fácil de adivinar! Tres dedos levantados quiere decir que en la casa del ministro hay diez departamentos para alojar a las cantantes, y que ella habitaba el tercer departamento. Al girar tres veces la palma de la mano, ella le señaló quince dedos, para indicar el quince del mes. Y el espejo sobre su seno es la plena luna en la noche del quince, fecha en que os ha dado la cita.

Transportado de alegría, Tsuei le preguntó:

-¿Y hay un medio de cumplir con mis deseos?

-Mañana es quince –dijo Moleh con una sonrisa-. Dadme dos piezas de seda azul oscuro para haceros una malla. En la casa del ministro hay un dogo terrible que guarda las puertas de la residencia de las cantantes, de tal modo que ningún forastero puede introducirse allí, pues el perro no tardaría nada en devorarlo. Se trata de un perro de la famosa raza de Haitchó, vigilante como Argos y feroz como un tigre. En el mundo entero no hay nadie que pueda con él, a no ser vuestro viejo esclavo. Esta noche voy a dejarlo fuera de combate para que usted pueda cumplir su cita.

Para envalentonarlo, Tsuei, le ofreció vino y carne. Hacia medianoche el esclavo salió con un martillo munido de una cadena. En menos tiempo que el necesario para una comida, ya estaba de vuelta y anunció:

-El perro murió. Ya no hay ningún obstáculo delante de nosotros.

La noche siguiente, justo antes de medianoche, hizo vestir a Tsuei una malla azul oscuro. El esclavo lo cargó en sus espaldas, franqueó diez murallas, penetró en la residencia de las cantantes para finalmente detenerse frente a la tercera puerta. A través de los entreabiertos batientes decorados una lámpara destellaba vagamente. Sólo se escuchaban los suspiros de la joven, quien permanecía sentada como si esperase a alguien. Terminaba de quitarse los aretes de esmeralda y el colorete de su rostro. Con el corazón desbordando de tristeza, ella canturreaba un poema:

Penando su amor, ¡oh, oropéndola en llanto!
Furtivamente se despoja de sus joyas bajo las flores;
El azur siempre desierto, la espera siempre vana,
En su flauta de jade suspira su pena.

Los guardianes dormían a pierna suelta y no se escuchaba el menor ruido. Tsuei levantó el cortinado y entró. Durante un instante la muchacha permaneció como paralizada. Después saltó del lecho y le tomó la mano a Tsuei:

-Sabía que un joven e inteligente como usted comprendería las señas de mi mano. ¿Pero por medio de qué magia ha podido valerse para llegar aquí?

Tsuei le contó el plan de su esclavo Moleh, y cómo lo había transportado sobre su espalda.

-¿Dónde está vuestro Moleh? –le preguntó.

-Allí, detrás de la puerta.

Entonces ella rogó al viejo que entrara, y en un tazón de oro le ofreció vino para beber.

-Pertenezco a una rica familia que vive cerca de la frontera del norte –le contó a Tsuei-. Mi actual amo, que entonces comandaba allá el ejército de la frontera, me obligó a convertirme en su concubina. Me da vergüenza de mí misma por no haber sabido darme la muerte, y haber aceptado vivir en esta desgracia. Con el rostro pintado de blanco y rojo, conservo siempre un corazón triste. Las comidas servidas con palillos de jade, el perfume que siempre fluye de los incensarios de oro, los vestidos de seda que se hilvanan detrás de los biombos de nacar, y las perlas y las esmeraldas de las favoritas que duermen bajo las colchas bordadas, todo eso me repugna, pues me siento encadenada. Puesto que su buen servidor está dotado de una fuerza sobrenatural, ¿por qué no me liberan de mi prisión? Si conquistase mi libertad, podría morir sin pena. Y sería feliz de servir a usted como esclava. ¿Qué dice usted, señor?

Tsuei se mantuvo callado y sumamente pálido. Fue Moleh quien respondió:

-Señora: si así lo queréis, nada más fácil.

La joven se mostró encantada. Moleh le pidió que para empezar le dejase transportar su equipaje. Después de tres idas y vueltas, dijo:

-Tengo miedo que pronto se haga día.

Entonces colocó a los dos sobre su espalda y franqueó una docena de altas murallas, sin que fuese alertado ningún guardián de la casa del ministro. Una vez que llegaron a la casa escondieron a la joven en el gabinete de estudios.

Al día siguiente, en la casa del ministro se comprobó la desaparición de la joven y se encontró muerto al perro. Fuertemente alarmado, el ministro exclamó:

-Las puertas y murallas de mi casa están siempre muy bien atrancadas y mejor vigiladas. Quien los ha franqueado sin dejar rastros como si volase, debe ser un héroe lanzado a enderezar entuertos. Mejor no decir nada de esto, para evitar mayores males.

La joven permanecía escondida en casa de Tsuein hacía ya dos años, cuando en la estación de las flores salió un buen día para pasear en coche en el parque de Kiukiang. Un hombre de la casa del ministro la vio por casualidad y la denunció a su amo. Al escuchar esta novedad, sorprendido, el ministro hizo llamar a Tsuein y lo interrogó. Dominado por el miedo, no atreviéndose a guardar el secreto, Tsuei le contó toda la historia, confesando que fue su esclavo Moleh quien llevó a él y ella en su espalda.

-La culpa de lo sucedido es de la muchacha –opinó el ministro-. Puesto que ella está a vuestro servicio desde hace tanto tiempo, ya no corresponde hacer justicia. Pero por mi parte es preciso que me desembarace de vuestro esclavo, por constituir un peligro público.

Envió entonces cincuenta de sus guardias, armados hasta los dientes, para cercar la casa de Tsuein con la orden de capturar al esclavo Kuenluen. A todo esto, con su puñal en el puño Moleh franqueó las altas murallas como si tuviese las veloces alas de un gavilán. Le arrojaron una lluvia de flechas, pero no lo alcanzaron. En menos tiempo que un pestañeo se perdió de vista.

Un gran pánico se produjo entonces en la casa de Tsuei. Dominado por el terror, el ministro se arrepintió de su orden contra el esclavo. En el transcurso de un año, se rodeaba todas las noches con un gran número de domésticos armados de espadas y ballestas.

Más de diez años después alguien de la casa de Tsuei contó que había visto a Moleh vendiendo drogas en el mercado de Loyang. Tenía el aspecto más joven y gallardo que nunca.

Tu Kuang-ting (Nació en la actual provincia de Tchekiang en 850 y murió a los 82 años. Estudió el taoísmo en un monasterio de Chansí y pasó gran parte de su vida en una ermita en las montañas de Setchuan. Se le supone autor de numerosos libros, pero sólo llegaron a nuestros días algunos de sus cuentos).

El hombre de la barba rizada
Mientras el emperador Yang de la dinastía Sueis (605-618) hacía un viaje a Yangtchó, el canciller Yang Su recibió la orden de cuidar la Capital del Oeste. Soberbio y arrogante, Yang Su, que en esa época turbulenta se consideraba incomparable, el hombre más venerable y el más poderoso del imperio, llevaba una vida fastuosa y no se mantenía dentro de los límites convenientes para un vasallo. Cada vez que recibía a un gran magistrado o cualquier visita prestigiosa, se mantenía insolentemente echado sobre su lecho, dejándose sostener por sus bellas favoritas y siempre rodeado de una muchedumbre de sirvientes. En ese aspecto ya había usurpado las prerrogativas del emperador. Al declinar su vida, se volvió peor, sin preocuparse de cumplir los respetos debidos al soberano, ni siquiera la salvación del imperio frente a un peligro inminente.

Cierto día, Li Tsing, que más tarde debía convertirse en duque de Wei, pero que entonces era un simple ciudadano, pidió una audiencia a fin de presentarle un hábil plan de estrategia política. Yang Su, como siempre, lo recibió sentado en su lecho. Li se acercó, saludó y dijo:

-El imperio se encuentra en pleno trastorno; por todas partes los rebeldes se sublevan para apropiarse del poder. Como canciller de la casa imperial, vuestra Excelencia tendría que ver el modo de agrupar a su alrededor a los hombres más valiosos. Por eso es conveniente recibir sentado a las visitas. Yang Su reaccionó, y componiendo un gesto de seriedad, se incorporó y pidió disculpas. Conversó con su visitante, se mostró muy encantado y aceptó su proposición antes de levantar la audiencia.

Mientras Li hablaba con tanto ardor, una de las favoritas, belleza deslumbrante que se mantenía en primera fila con una escobilla roja en la mano, lo observaba detenidamente. Cuando él se retiraba, ella salió a la galería exterior y dijo a un oficial:

-Preguntad a quien se retira su nombre y dirección.

Li respondió al pedido del oficial. La joven se lo agradeció con un gesto y entró al palacio.

Li volvió al hotel esa noche, poco antes del amanecer escuchó de pronto que golpeaban discretamente en la puerta. Fue a abrir y se encontró con una persona encapuchada, vestida de púrpura, que llevaba un bastón y un bolsón. Y se presentó con estos términos:

-Soy la señorita de la escobilla roja del palacio del canciller Yang.

De inmediato él le rogó que entrara. Cuando ella se quitó su abrigo y su capuchón, él se encontró frente a una belleza de unos diez y nueve años, de rasgos purísimos y suntuosamente vestida. Ella le hizo una profunda reverencia y Li, sorprendido, le devolvió el saludo.

-Desde hace mucho tiempo estoy al servicio del canciller –dijo ella-. He visto mucha gente llegada de todo el imperio, pero nunca a alguien como usted. La vida no puede desarrollarse sin tutor, y siempre busca aferrarse a un gran árbol. Es por eso que he llegado aquí.

-El canciller Yang es el hombre más poderoso en la capital –replicó Li-. ¿Cómo explicarme lo que termina de decir?

-Apenas si es un moribundo en su último estertor –aseguró la joven-. Muchas jóvenes ya se fueron de su casa, sabiendo que ya no puede esperarse nada de él. Por su parte, no hizo nada para rescatar a las servidoras y favoritas que lo abandonaron. Tranquilizaos: he pensado bien antes de dar este paso.

Interrogada sobre su nombre y su rasgo, ella respondió que se llamaba Tchang y que era la mayor de su familia. Su cutis, sus arreglos, palabras y gestos, eran verdaderamente de una deidad. Frente a esta conquista inesperada, Li, simultáneamente rebosante de alegría y dominado por el temor, sentíase presa de mil inquietudes. Ojos indiscretos buscaban sin cesar de espiar detrás de la puerta, y algunos días después se ordenó a la policía buscar a la joven, si bien se pidió esto con poco ardor. Entonces con la joven disfrazada de hombre, Li montó su caballo y abandonando la casa se dirigieron a galope en dirección a Taiyuan.

En mitad del camino se detuvieron en un albergue de Lingché.

El lecho ya estaba preparado y la carne chirriando en el fuego. Tchang, con sus largos cabellos caídos hasta el suelo, se peinaba cerca de la cama, mientras Li limpiaba su caballo delante de la puerta. De repente apareció un hombre de talla mediana, con una barba rojiza y rizada, montado sobre un desgarbado borrico. Tirando su bolsón de cuero cerca del fogón, se metió en la cama, y apoyándose en la almohada miró cómo Tchang se peinaba sus cabellos. Vivamente indignado, Li, indeciso, continuó limpiando su caballo. Tchang examinó atentamente el rostro del intruso; con una mano ella recogió su cabellera y con la otra, detrás de su espalda le hizo señal a Li de contener su cólera. Con rapidez ella terminó de peinarse. Después avanzó amablemente hacia el intruso y le preguntó su nombre. Siempre recostado sobre el lecho, él respondió que se llamaba Tchang.

-También yo me llamo Tchang –dijo ella-. Entonces puede ser que yo sea su hermanita.

Y de inmediato ella le hizo una profunda reverencia y le preguntó su rango de familia. El otro le respondió que era el tercero, y a su turno le preguntó lo mismo.

-La mayor –respondió ella. Entonces muy alegremente, él exclamó:

-Me siento muy feliz de encontrar aquí a la mayor de mis hermanitas.

-De lejos ella llamó a Li:

-Ven a conocer a mi hermano mayor el tercero.

Li fue a saludarlo y le rogó que se sentara cerca del fuego.

-¿Qué hay en la olla? –preguntó el recién llegado.

-Cordero. Ya debe estar cocido.

-Tengo hambre –dijo el hombre de la barba rizada.

Y mientras Li fue a comprar pan, el recién llegado retiró un puñal de su cintura y se puso a trozar la carne. Comieron juntos. Terminada la cena, el hombre de la barba rizada cortó en pedacitos los restos del cordero y le dio de comer a su borrico. Todo fue hecho en un instante.

-Conforme su vestimenta, usted tiene un aspecto pobre –le dijo a Li-. ¿Cómo es que con tal situación pudo conquistar a una mujer tan maravillosa?

-Así pobre como me ve, mi espíritu es muy elevado –dijo Li-. A nadie se lo contaría, pero a usted no le guardaré secretos.

Y le contó toda la historia.

-¿Y ahora dónde van? –preguntó el otro.

-Voy a refugiarme en Taiyuan –dijo Li.

-¡Así que no me buscan a mí! ¿Tienen vino?

Li le dijo que al oeste del albergue había una taberna, y allí fue a comprar una jarra de vino. Mientras bebían el otro dijo:

-En vuestro aspecto y ademanes veo bien que usted es realmente un hombre de honor. ¿Conoce usted un hombre valiente en Taiyuan?

-Conozco allí un hombre que considero sublime. Frente a él los otros solo pueden aspirar a ser sus ayudantes o capitanes.

-¿Cómo se llama?

-Igual que yo.

-¿Qué edad tiene?

-Apenas veinte años.

-¿Qué hace ahora?

-Es el hijo del general de la provincia.

-Es posible que sea él –dijo el otro-. Pero es preciso que yo lo vea para mayor seguridad. ¿Podría usted presentármelo?

-Tengo un amigo que se llama Lieu Wen-tsing, que se encuentra en muy buenos términos con él. Por su intermedio concertaré una cita. ¿Pero por qué desea conocerlo?

-Un astrólogo me dijo que hubo un extraño presagio en Taiyuan. Y me encargó que lo averiguara. Usted parte mañana. ¿Cuándo llegará a Taiyuan?

Li calculó la fecha eventual de su llegada y el otro le dijo:

-Al día siguiente de vuestra llegada, esperadme en el puente de Fenyang.

Apenas dichas estas palabras, montó en su borrico, partió del mismo modo que un pájaro toma vuelo, y desapareció en un pestañear.

Li y la joven se sintieron tan sorprendidos como encantados y temerosos. Momento después terminaron por tranquilizarse:

-Un caballero tan gallardo no engaña a nadie. Nada tenemos que temer de él.

Después prosiguieron su camino a todo galope.

Llegaron a Taiyuan en el día fijado y volvieron a encontrarse con gran alegría. Juntos fueron a visitar a Lieu y le dijeron para tantear el terreno:

-Hay un excelente adivino que desea ver a Li Che-min*. ¿Podría usted invitarlo a venir aquí?

Lieu, que hacía tiempo tenía en alta estimación a Li-Che-min, envió inmediatamente un mensajero a buscarlo. Li Che-min no tardó en llegar, sin túnica ni calzado, vestido dolamente con una capa de piel, pero el gesto majestuoso y el rostro de incomparable distinción. Al verlo, el hombre de la barba rizada, sentado silenciosamente en un rincón, sintió la revelación. Después de brindar algunas copas le dijo a Li:

-¡He aquí sin duda alguna un futuro hijo del cielo!

Li felicitó a Lieu, quien sintióse orgulloso de su clarividencia. Después de la partida de Li Che-min, Barba Rizada le dijo a Li:

-Hay un ochenta por ciento de posibilidad de que sea él, pero es necesario que también lo vea mi amigo el sacerdote taoísta. Usted y mi hermanita deben volver juntos a la capital. Fijemos un día y, alrededor de mediodía venid a verme en la taberna del este de Machang. Allí, cuando bajo la ventana del piso alto vean mi borrico en compañía de un asno muy flaco, significará que allí arriba estaremos el sacerdote y yo. Sólo tienen que subir.

Con la promesa de ser exactos en la cita, el hombre de la barba rizada se retiró.

Li y su mujer fueron a la taberna en el día y hora fijados. Efectivamente las dos monturas estaban allí. Subiéndose las túnicas, llegaron al piso alto y encontraron bebiendo juntos al sacerdote y a su amigo. Su llegada fue alegremente recibida. Les rogaron que se sentaran y después vaciaron una docena de copas.

-En el piso bajo encontrará un cofre con cien mil sapecas –dijo el hombre de la barba rizada-. Elija un lugar bien tranquilo para alojar a su mujer. Y una vez más fije el día para venir a verme en el puente de Fenyang.

El día de la cita, Li encontró en el puente al sacerdote taoísta y al otro. Juntos fueron a ver a Lieu, a quien encontraron jugando al ajedrez, y después de algunos cumplidos comenzaron a conversar. Lieu envió urgentemente una nota a Li Che-min, invitándolo a asistir a un juego de ajedrez. El sacerdote se puso a jugar con Lieu, mientras que Barba Rizada y Li los observaban.

Un instante después llegó Li Che-min. Su sorprendente distinción imponía el respeto. Saludó y se sentó. El esplendor de su aspecto y la serenidad de su mirada resplandecía a su alrededor como si pasase una brisa acariciante. Al verlo, el sacerdote palideció de terror, puso una pieza sobre el tablero y dijo:

-Para mí la partida está perdida. Esta jugada me derrotó. Me cerró toda posibilidad. ¡Nada me queda para hacer!

Abandonó el juego y pidió permiso para retirarse. Al salir le dijo a Barba Rizada:

-Este mundo no es el vuestro. Será mejor que vaya a probar fortuna en otra parte. ¡Valor y que no tenga que arrepentirse!

Todos decidieron volver a la capital.

-De acuerdo a vuestro itinerario –dijo Barba Rizada a Li- calculo la fecha de su llegada. Al día siguiente venga a verme con su mujer en mi humilde alojamiento. Bien sé que usted y mi hermanita no cuentan con ninguna fortuna. Os presentaré a mi mujer y podremos conversar sobre muchas cosas. Vengan sin falta.

Se retiró suspirando. Li, apurando su montura, volvió a su casa. Tan pronto llegó a la capital, en compañía de su mujer visitó a Barba Rizada. Se detuvieron frente a una puertita de madera. Golpeó y le abrieron y a modo de saludo le dijeron:

-Hace tiempo que el amo me encargó de esperar vuestra llegada.

Los hicieron entrar y pasaron por varias puertas interiores que se veían más y más imponentes. Cuarenta esclavas estaban alineadas en el patio y veinte esclavos los guiaron hacia el salón del este, amueblado con una suntuosidad inaudita, con cofres repletos de joyas exóticas, adornos y espejos como nunca se vieron en el mundo humano, Cuando fueron desembarazados del polvo del camino, lo vistieron con ropa nueva de una gran magnificiencia. Entonces se anunció la llegada del amo. El hombre de la barba rizada avanzó, llevando un sombrero de gaza y un abrigo de piel, y de toda su apariencia se desprendía una majestad real. Los recibió con toda cordialidad, y llamó a su mujer que vino a saludarlos. También ella era de una belleza de deidad.

Se les invitó a pasar al salón central, donde ya estaba servido un banquete que superaba a todos los festines reales. Cuando se sentaron a la mesa, veinte músicos alineados frente a los convidados ofrecieron un concierto, cuyas melodías, desconocidas en la tierra, parecían llegar del paraíso.

Terminada la cena, se sirvió vino. En el salón del este, los sirvientes instalaron veinte lechos, todos cubiertos de seda bordada. Al retirar las colchas encontraron manojos de llaves y libros de cuentas.

-He aquí todo lo que poseo como riqueza y tesoros –dijo Barba Rizada a Li-. Y todo esto lo entrego a usted. ¿Sabe por qué? Bien sé que para tentar algo en este mundo tendré que guerrear como un dragón durante veinte o treinta años para levantar un reino. Puesto que ya existe un dueño del mundo, ¿para qué seguir aquí? Vuestro amigo Li Che-min de Taiyuan será realmente un gran soberano que durante tres o cuatro años reinará en paz. Con vuestro talento incomparable, si secunda con la mejor voluntad a este monarca de la paz, usted llegará seguramente al rango de canciller. En cuanto a mi hermanita, con su belleza verdaderamente divina y su espíritu sin igual, hará honor a su ilustre marido. Ella fue la única en valorizarlo, y solamente un hombre como usted la puede cubrir de honores. De tal modo un gran ministro encontrará a un jefe genial, como si cumpliesen una cita. El viento se levanta con rugidos de tigre, y la nube se hincha con el gruñido del dragón. De ningún modo esto es simple efecto de la casualidad. Con esto que os entrego, usted puede ayudar al jefe predestinado a fundar un imperio. ¡Vaya con él! De aquí a diez años se producirán sucesos asombrosos a millares de li al sudeste de China, y entonces será la hora de mi triunfo. ¡Entonces, acompáñenme a brindar este vino en mi honor y hacia esa dirección!

Después ordenó a todos sus domésticos de presentarles los saludos y respeto, diciéndoles:

-¡En adelante el señor Li y mi hermana serán vuestro dueño y dueña!

A continuación vistióse con ropa de guerrero, y con su mujer, y seguido de un solo esclavo, partió a caballo y pronto desapareció a lo lejos.

Con la posesión de esa casa, Li se convirtió en un hombre rico y poderoso, y puso sus recursos a disposición de Li Che-min para ayudarle a conquistar todo el imperio.

En el reinado de Tchenkuan (627-649), mientras que Li, en calidad de ministro a la izquierda del emperador tomaba el cargo de canciller, llegó un informe de las tribus del sur, anunciando que un millar de galeras con cien mil hombres armados habían penetrado en el reino de Fuyú. El rey había sido masacrado, su trono ocupado, y se terminaba de fundar un nuevo estado. Li comprendió que finalmente el hombre de la barba rizada había triunfado. Se lo dijo a su mujer. Los dos, en trajes de ceremonia se prosternaron frente al sudeste, y virtieron vino al suelo como libación para felicitar de lejos a su viejo amigo que terminaba de triunfar.

Por eso se ve que la ascensión al poder supremo no está al alcance de los simples héroes, sin hablar de aquellos que erróneamente se creen héroes. Todo individuo que se subleva se parece al cuzco que ladra a la carroza que pasa. Pues está demás decir que nuestro imperio será próspero durante miriadas de generaciones.

También se dice que Li debe gran parte de su arte de estratega al hombre de la barba rizada.

*El fundador de la dinastía Tang que reinó de 627 a 649.

12 – Las Mil y Una Noches

Si hay una obra representativa de la más reconocida literatura oriental, es “Las Mil y Una Noches”.

Esta es una obra que ha influenciado enormemente en las literaturas del mundo occidental, pues constituye una riquísima fuente de cuentos, leyendas e historias fantásticas, que han sido objeto de estudio de grandes escritores, como en el Libro del Conde Lucanor, o más hacia estos tiempos, en Jorge Luis Borges. También es notoria la influencia en la literatura infantil, para la que se han adaptado relatos de la obra..

Si bien decimos que la obra es una serie de cuentos e historias hindúes, persas, abisinios, egipcios, todo tiene una estructura que le da unidad a esta extensa obra, mediante quien relata, la hija del visir, Schehrazada, la narradora que debe mantener siempre vivo el interés del cruel sultán, y así con su creatividad, astucia, sabiduría, lograr salvar su vida un día más.
“”

LITERATURA DE OCEANIA. POR GERMAN HERRERA JIMENEZ.

LITERATURA DE OCEANIA. POR GERMAN HERRERA JIMENEZ

CONTEXTO CULTURAL
La cultura en Oceanía se encuentra muy influenciada por los habitantes aborígenes

Los diversos territorios del continente de Oceania albergan a gente con diversas costumbres y creencias que conviven en muchas de las grandes ciudades otorgando un notable carácter multicultural y cosmopolita a los diversos destinos que podemos visitar en estas islas del Pacífico.

Las tradiciones aborígenes se han mantenido inalteradas en muchos países de la región, entre los cuales destacan Australia, Nueva Zelanda y Hawaii, entre otros destinos.

En Australia las poblaciones aborígenes transmitían sus historias por vía oral, contándolas de generación en generación y por medio de pinturas en piedra. En estas historias se cuentan diversas leyendas en las que creían los antiguos pobladores.

En la actualidad, algunas de estas obras se pueden ver bajo permiso de la población aborigen que vive en las tierras aledañas, en caso de considerarse de carácter sagrado no se permite el acceso en muchas ocasiones. También se tienen manifestaciones de pintura en tela, en la cual se retrataban los sentimientos que el pintor percibía de su entorno y el paisaje que observase.

Algunas de estas obras tienen un gran valor en el mercado hoy en día. Otra de las manifestaciones culturales en todo Oceanía de lo más habitual es la música, que en el caso de Australia ha tenido influencia estadounidense desde el siglo pasado y de otros países angloparlantes como Inglaterra.

En muchas de las islas es habitual poder escuchar música tradicional que se toca con instrumentos oriundos algunos de los cuales se parecen mucho a los instrumentos musicales modernos. Los habitantes de las islas también suelen utilizar algunos de estos instrumentos en las adaptaciones de su música.

En Nueva Zelanda la influencia maorí es muy importante y se puede apreciar en todas partes mientras que en Hawaii el hula es la forma de contar historias por medio de la danza que practican los locales.

Literatura de Australia

La literatura de Australia empezó poco después del asentamiento de colonos europeos en Australia. Entre los temas más frecuentes se encuentran la identidad indígena y de los colonos, alienación, exilio, etc.
Contenido
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* 1 Siglo XIX
o 1.1 Poesía
* 2 Véase también
* 3 Referencias
* 4 Bibliografía
* 5 Enlaces externos

[editar] Siglo XIX
Marcus Clarke en 1874.

Las obras iniciales tienden a ser de una gran variedad, con historia sobre la nueva frontera del outback australiano. Escritores tales como Rolf Boldrewood, Marcus Clarke y Joseph Furphy personifican esta época con relatos que intentar registrar de forma precisa la lengua vernácula de los australianos comunes. Estos novelistas también proveyeron de información valiosa sobre las colonias penales que ayudaron a formar el país, así como sobre los primeros asentamientos rurales. Las visiones románticas del outback y los personajes recios que lo habitaban desempeñan un papel importante en la formación de la psique de la nación australiana, así como los cowboys del Viejo oeste estadounidense y los gauchos de la pampa argentina se convirtieron en parte de la propia imagen de estas naciones.

La primera novela australiana, Quintus Servinton: A Tale founded upon Incidents of Real Occurrence, fue escrita y publicada en Tasmania en 1831. Su autor fue el falsificador convicto inglés Henry Savery y publicada anónimamente, aunque su autoría se convirtió en un secreto a voces. Esta obra es vista como una autobiografía encubierta destinada a demostrar cómo su equivalente ficticio era diferente de la población convicta general.[1]

En 1838, la novela gótica The Guardian: a tale de Anna Maria Bunn fue publicada en Sydney. Se trataba de la primera novela australiana publicada en la Australia continental y la primera novela australiana escrita por una mujer.[1]
[editar] Poesía
Fotografía de Henry Lawson (1902).

La poesía desempeñó un rol importante en la fundación de la literatura australiana. Henry Lawson, hijo de un marino noruego, es uno de los poetas y escritores de ficción del período colonial australiano más conocido y es a menudo denominado el “mayor escritor” de Australia.[2] Lawson fue ampliamente reconocido como el poeta más popular de Australia y, en 1922, se convirtió en el primer escritor australiano en ser honrado con un funeral de Estado. En 1966, la imagen de Henry Lawson ilustró el primer billete de diez dólares australianos.[3]
Monumento en Melborune de Adam Lindsay Gordon.

Otros dos poetas australianos destacados fueron Christopher Brennan y Adam Lindsay Gordon. Gordon ha sido denominado el “poeta nacional de Australia” y es el único australiano con un monumento en la Poets’ Corner de la Abadía de Westminster en Inglaterra. Tanto las obras de Gordon como las de Brennan (pero, en particular, las de este último) son conformes con los estilos tradicionales de la poesía, con muchas alusiones clásicas y, por tanto, se integran en el ámbito de la cultura occidental. Pero, al mismo tiempo, Australia producía una tradición propia de canciones folclóricas y baladas. Henry Lawson y Banjo Paterson fueron dos de los más grandes exponentes de estas baladas populares. Banjo fue responsable de crear probablemente la más famosa canción popular australiana Waltzing Matilda, la cual ha sido propuesta como himno nacional.[4] Para los australianos, se trata de su canción más arraigada y a la que tienen más cariño,[5] gracias a lo cual existe un museo dedicado a ella en Winton, Queensland.
[editar] Véase también

* Patrick White, escritor australiano ganador del Premio Nobel de Literatura (1973).

[editar] Referencias

LITERATURA DE HAWAI
Aunque recientemente Hawai ha sido declarado un estado de la Union Americana, antiguamente se ubicaba como parte de oceania.

Hay un considerable corpus de literatura pero el mito de la creación Kumulipo es especialmente notable.

Extracto del Kumulipo hawaiano

Ka Wā ‘Akahi del Kumulipo

‘O ke au i kahuli wela ka honua
‘O ke au i kahuli lole ka lani
‘O ke au i kaka‘iaka ka lā
E ho‘omalamalama i ka malama

‘O ke au o Makali‘i ka pō
‘O ka walewale ho‘okumu honua ia
‘O ke kumu o ka lipo i lipo ai
‘O ke kumu o ka po i pō ai
‘O ka lipolipo, ‘o ka lipolipo

‘O ka lipo o ka lā
‘O ka lipo o ka pō
Po wale ho‘i.

Hanau ka pō
Hanau Kumulipo i ka pō, he kane
Hanau Po‘ele i ka pō, he wahine.

(Traducción en español)

La primera edad

Cuando el espacio dio la vuelta, la tierra se calentó,
Cuando el espacio dio la vuelta, el cielo se reversó,
Cuando el sol apareció de pie en medio de las sombras
Causó que la luz hiciera brillante a la luna.

Cuando las Pléyades son ojos pequeños en la noche,
De la fuente en el fango la tierra se formó
De la fuente en lo oscuro, la oscuridad se formó
De la fuente en la noche, la noche se formó
De las profundidades de la oscuridad, la oscuridad tan profunda,

Oscuridad del día,
Oscuridad de la noche,
Solo de la noche

Fue que la noche dio a luz.
Nacido Kumulipo en la noche, macho,
Nacida Po‘ele en la noche, hembra.

La traducción de la Biblia procede de 1839.

INFLUENCIAS

Las lenguas polinésicas han transmitido a otros idiomas léxico muy diverso. Por ejemplo:

Al francés: paréo, tabou, tatouage, tamouré, monoi tiare. Algunas de estas, a su vez, han pasado al español: pareo, tabú, tatuaje… con las convenientes reglás de transcripción.

LITERATURA DE NUEVA ZELANDA

«Escritores de Nueva Zelanda»

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A

* Nancy Adams
* Alexander Aitken
* Barbara Anderson

B

* Gloria Bevan
* David Bishop

C

* Alistair Te Ariki Campbell
* Lucy Cranwell

C (cont.)

* Daryl Crimp

F

* Janet Frame

H

* Hone Tuwhare

I

* Witi Ihimaera

M

* Katherine Mansfield
* Ngaio Marsh
* Cilla McQueen

N

* Susan Napier

O

* Walter Reginald Brook Oliver
* Oliver Duff

P

* William R. Philipson
* John Pule

S

* Pamela Stephenson

Poetas de Nueva Zelanda

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Artículos en la categoría «Poetas de Nueva Zelanda»

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A

* Arthur Henry Adams
* Fleur Adcock

F

* Janet Frame

ESCRITORES DE LAS ISLAS COOK, NUEVA ZELANDA

Kauraka Kauraka
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Kauraka Kauraka (Rarotonga, 1951- Manihiki, 1997) fue un escritor de las Islas Cook.

Artista completo, estudió en Nueva Zelanda, Fiyi y otros países. Publicó seis poemarios en inglés y en rarotongano
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* 1 Obras
o 1.1 Poesía
o 1.2 Cuentos tradicionales
* 2 Enlaces externos

[editar] Obras
[editar] Poesía

* Taku Akatauira : my drawning Star, IPS, USP, Suva, 1999.
* Manakonako : reflections, IPS, USP, 1992.
* E au tuatua Ta’ito no Manihiki, IPS, USP, Suva, 1987.
* Dreams of the Rainbow : Moemoea a te Anuanua, Mana Publications, Suva, 1987.
* Return to Havaiki: Fokihanga ki Havaiki, IPS, USP, Suva, 1985

[editar] Cuentos tradicionales

Traducidos al inglés

* Tales Of Manihiki , 1982
* Legends From the Atolls, 1983

LITERATURA CHINA.

LITERATURA CHINA

1. INTRODUCCIÓN

Literatura china, recorrido histórico a través de los autores y las obras literarias escritas en lengua china.

Existen dos tradiciones en la literatura china: la literaria y la popular o coloquial. La última se remonta a más de mil años antes de la era cristiana y ha existido hasta nuestros días. En un principio consistió en poesía, más tarde en teatro y novela, y después fue incorporando obras históricas, relatos populares y cuentos. Los intelectuales de la clase oficial, que eran los que dictaban los gustos literarios, no la creyeron digna de estudio y la consideraron inferior durante mucho tiempo. Su estilo brillante y refinado marca los principios de la tradición literaria ortodoxa, que comenzó hace 2.000 años. Hasta el siglo XX, la literatura popular no obtuvo el reconocimiento de la clase intelectual.

La literatura china puede dividirse en tres grandes épocas históricas, que se corresponden, más o menos, con las de la historia de la literatura occidental: la época clásica, que abarca desde el siglo VI a.C. hasta el siglo II d.C.; la medieval, desde el siglo III hasta el final del siglo XII, y la moderna, desde el siglo XIII hasta nuestros días.

2. ÉPOCA CLÁSICA

Los ejemplos más antiguos de escritura china son inscripciones en huesos y caparazones de tortuga, que datan probablemente del siglo XIV a.C. Representan divinizaciones dedicadas a los reyes de la dinastía Shang (c. 1766-c. 1027 a.C.), la primera dinastía conocida. Aunque no puede considerarse literatura en el sentido estricto de la palabra, estas inscripciones representan los ejemplos más antiguos de escritura china, que sirvieron de punto de partida para toda la literatura posterior.

La época clásica de la literatura china se corresponde con la de la literatura griega y romana. Las etapas de formación tuvieron lugar del siglo VI al IV a.C., en los tiempos de la dinastía Chou (c. 1027-256 a.C.). De esta época son las obras de Confucio, Mencio, Laozi, Zhuangzi y otros muchos grandes filósofos chinos. Culminó con la recopilación de los llamados `cinco clásicos’, o clásicos confucianos, y otros tratados filosóficos. En los siglos siguientes a la época clásica se fijó el modelo confuciano y el confucianismo se convirtió en la enseñanza ortodoxa, que marca la tradición clásica que ha perdurado hasta nuestro siglo.

2.1 POESÍA

La obra poética más importante del periodo clásico fue el Shijing (Libro de las odas o Clásico de la poesía), antología de poemas antiguos escritos en versos de cuatro palabras y compuestos en su mayoría entre los siglos X y VII a.C. El Shijhing se considera el tercero de los cinco clásicos; la leyenda dice que fue el mismo Confucio quien seleccionó y editó los 305 poemas que forman la obra. En lugar de glorificar a dioses y héroes, como era costumbre en otras culturas, muchos de estos poemas cantan la vida diaria de los campesinos, sus tristezas y alegrías, sus ocupaciones y fiestas

El estilo aristocrático o cortesano alcanza su máxima expresión con los poemas conocidos por elegías de Chu, estado feudal al sur de China central, que fue la tierra de Qu Yuan, primer gran poeta chino. Noble de nacimiento, Qu Yuan escribió Lisao (Dolor de la lejanía), largo poema autobiográfico lleno de alusiones históricas, alegorías y símiles, expresadas en verso, que trata de la revelación íntima de un alma poética atormentada por su fallida búsqueda de un ideal. Otros poemas de Qu Yuan son igualmente ricos en imágenes y sentimientos y están escritos en un tono romántico, completamente diferente del de la poesía sencilla y realista del Shijing.

Durante los 400 años de la dinastía Han (206 a.C.-220 d.C.), las tendencias realista y romántica dieron lugar a escuelas poéticas. Los versos de Chu, de formas irregulares, fueron el comienzo de un nuevo género literario, el fu, o poema en prosa. Más tarde, la poesía china se enriqueció con canciones populares recogidas por el Yüeh-fu, una institución fundada en el siglo II a.C.

2.2 PROSA

Los primeros trabajos en prosa forman, junto con el Shijing, los cinco clásicos. Son el I Ching (Libro de las mutaciones), el Shujing (Libro de los documentos), un conjunto de documentos de estado antiguos; el Liji (Memoria sobre los ritos), colección de códigos gubernamentales y rituales, y el Chunqiu (Anales de la primavera), la historia del estado de Lu desde 722 hasta 481 a.C. Desde el siglo VI hasta el III a.C., se escribieron las primeras grandes obras de la filosofía china, como los Analectas de Confucio, aforismos recopilados por sus discípulos; los elocuentes debates de Mencio, discípulo de Confucio; el Doodejing (Clásico de la forma y su virtud), atribuido a Laozi, fundador del taoísmo, y los ensayos de Zhuangzi, el otro gran filósofo taoísta. También son importantes, no sólo por su prosa sino por su aportación filosófica, los ensayos de Mozi, Xunzi y Han Fei Zi. El Shiji (Memorias históricas) de Sima Qian, gran obra sobre la historia de China hasta la dinastía Han, sirvió de modelo de una larga serie de historias dinásticas durante 2.000 años. En filosofía política y moral, los confucianos sentaron las bases de la tradición literaria de la prosa china, adoptando un lenguaje literario propio, diferente del lenguaje hablado. Bajo la dinastía Han, los intelectuales y eruditos formaron parte de la burocracia estatal. Alcanzar ciertos cargos oficiales, pasó a depender de los conocimientos que se tuvieran de los clásicos confucianos. Esta práctica continuó, con algunas interrupciones, hasta el siglo XX d.C. y elevó la tradición literaria a culto nacional.

3.ÉPOCA MEDIEVAL

Desde el comienzo de la época medieval, del siglo III d.C. al siglo VII, China estaba dividida en estados rivales y además era víctima de las invasiones de los tártaros. A pesar de todo, la producción literaria de esta etapa no fue en absoluto estéril, como sucedió en la historia de Europa occidental, en la que el periodo equivalente se conoce por edad oscura. La difusión del budismo desde la India, la invención de un tipo de imprenta sin caracteres móviles y el florecimiento de la poesía y la prosa, iluminaron todo el periodo, y se convirtió en uno de los más brillantes de la historia de la literatura china.

3.1 POESÍA

Durante los periodos de agitación política y social, desde el siglo III hasta el VII, los poetas encontraron refugio y consuelo en el campo. Algunos eran ermitaños y crearon una escuela de poesía a la que llamaron “campo y jardín”; otros escribieron los mejores poemas populares chinos, como los de amor atribuidos a Tzu-yeh, poetisa autora de La balada de Mulan, que relataba las aventuras de una mujer soldado, disfrazada de hombre y El pavo voló al Sureste, extensa narración de un trágico amor familiar, escrito en lengua vulgar y elocuente. El mejor poeta de estos turbulentos siglos fue Tao Qian, también conocido por Tao Yuanming, que cantaba las alegrías de la naturaleza y de la vida solitaria. Su obra A la sombra de un melocotonero en flor llegó a ser la expresión clásica del poeta en busca de una utopía.

La mejor poesía china se escribió durante la dinastía Tang (618-906), un periodo de paz general y prosperidad que tuvo su ocaso. A pesar de haber transcurrido diez siglos, se han conservado más de 49.000 poemas escritos por 2.200 poetas. Los tres poetas más famosos fueron Wang Wei, Li Po y Tu Fu. Conocieron en su juventud el esplendor de la dinastía Tang pero años después vivieron épocas de guerras y rebeliones. Wang Wei, filósofo y pintor de tendencias budistas, describió la serenidad de las maravillas de la naturaleza; se dice que la poesía está en su pintura y la pintura en su poesía. Li Po, líder taoísta de la escuela romántica, se rebeló contra los convencionalismos poéticos y contra la sociedad en general. Apasionado e indisciplinado, creía pertenecer al mundo de los inmortales, ya que decía haber sido exiliado de este mundo. Li Po mostraba lo mejor de sí mismo cuando loaba el amor y la amistad, los placeres del vino y los aspectos majestuosos y misteriosos de la naturaleza. Su amigo y rival Tu Fu, por el contrario, era meticuloso en sus esfuerzos por conseguir un realismo preciosista. Humanista e historiador, Tu Fu expresaba sus vínculos con el mundo, de manera sincera e intimista, sus afectos familiares, su amor infinito por la humanidad y su inquietud por las injusticias de su tiempo. El realismo de la obra de Tu Fu influyó en el poeta Po Chu-i (Po Chü-i), que utilizaba la poesía como un medio para la crítica y la sátira. En los siglos posteriores, esta tendencia moralista la desarrollaron otros poetas, incorporando disquisiciones didácticas y filosóficas, pero, en general, la poesía china fue esencialmente lírica.

La rima constituyó una parte primordial de la poesía china, pero la métrica, no estuvo bien definida hasta el periodo Tang. La forma característica de esta época es la llamada shi, definida por una estrofa de versos de cinco o siete pies, y cuya rima recaía habitualmente en los versos impares.

En la época Tang se adoptó otra nueva forma poética conocida como cu. A pesar de queen esta técnica los versos variaban de longitud, el número de versos y su longitud se fija de acuerdo a un tono y ritmo determinados. La escritura del cu adoptó nuevas palabras populares, como ya estaba haciendo la música popular y requería de gran habilidad. Las melodías utilizadas eran casi siempre de origen extranjero.

Durante la dinastía Song (960-1279) el cu alcanzó su máxima popularidad. En un principio se escribían largos poemas cu, cantados con melodías populares y, en general, de temas amorosos, cortesanos o musicales. Su Tung-po, el mejor poeta chino de cu, lo liberó de las formas rígidas que le había impuesto la música e introdujo temas más enérgicos. En el siglo XI se escribió más cu compuesto con fines no musicales, es decir, un cu escrito sin intención de ser cantado. Desde finales del siglo XIII se volvió a la tradición del cu cantado. La poetisa china Li Qingzhao alcanzó gran popularidad por sus versos cu sobre su viudedad.

3.2 PROSA

La prosa china también floreció durante la dinastía Tang. Han Yu, maestro de la prosa Tang, exigía la vuelta a la escritura directa y simple de estilo clásico, como reacción a la prosa artificial de aquel tiempo. Como resultado de los esfuerzos de Han Yu, los tratados políticos y filosóficos, los ensayos informales y los cuentos fantásticos (chuanqi) se escribieron conforme al estilo neo-clásico. Estos últimos representan los primeros cuentos fantásticos de la China.

Los primeros cuentos escritos según la tradición popular aparecieron durante el periodo Tang. Los predicadores budistas, con la intención de difundir su religión, escribieron historias en lenguaje coloquial y en una forma narrativa conocida por bianwen, término a veces traducido por `popular’, que marcó el principio de la ficción popular china.

Aunque se conservan pocos ejemplos de la antigua tradición narrativa, en el siglo XI se vivió un renovado interés por este arte y se practicó con gran habilidad durante la dinastía Song, periodo de abundante actividad literaria. A lo largo de esta época medieval llegó a ser una forma muy popular de entretenimiento. Las historias contadas por narradores profesionales, cada uno de los cuales se especializaba en un tema concreto, no sólo se escribían sino que se imprimían en libros, llamados huaben, que fueron fuente de inspiración de largas novelas chinas.

En la tradición literaria, la vuelta al conciso estilo clásico iniciada por Han Yu se prolongó en la dinastía Song con Ouyang Xiu y Su Xun, entre otros. El primero se distingue por sus ensayos filosóficos confucianos, políticos e históricos, aunque es más conocido por sus maravillosas descripciones de los paisajes de China. Los ingeniosos ensayos de Su Xun se consideran el máximo logro del estilo clásico.

La interpretación, la canción y la danza habían existido desde tiempos remotos pero el teatro, propiamente dicho, no se desarrolló hasta el final del medievo. En la época Tang, los actores ya ocupaban un lugar importante entre los artistas populares y se agrupaban en compañías profesionales, que actuaban en teatros construidos para albergar a varios millares de personas.

4. ÉPOCA MODERNA

La época moderna comenzó en el siglo XIII y llega hasta nuestros días. En un principio se caracteriza por una gran literatura popular, antecesora de las literaturas populares de Occidente. El auge de la narrativa y del teatro chino durante la dinastía Yuan mongol (1279-1368), pudo deberse a un rechazo de los intelectuales del régimen mongol, que, en lugar de servirlos, se dedicaron a la narrativa y al teatro. La literatura popular siguió desarrollándose a lo largo de todo este periodo, hasta fundirse en un nuevo movimiento literario más amplio, en los primeros años del siglo XX.

Desde el siglo XII, el teatro chino seguía un modelo autóctono y las obras dramáticas locales más populares adquirían importancia nacional. El teatro Yuan, que se creó en el norte de China, escribía sus diálogos y canciones en un dialecto del norte. El laúd es el instrumento principal y las canciones, que constituían la parte poética de la obra, se consideraban más importantes que los diálogos, se escribían en qu, una nueva forma poética más flexible y expresiva que el shi del periodo Han y que el cu del periodo Tang.

Árbol

En el siglo XIV, la narrativa popular china fue cada vez más importante. Dos de las primeras novelas chinas de esta época, Sanguozhi Yanyi (Historias noveladas de los reinos), novela histórica de guerras y guerreros, y Shuihuzhuan (Al borde del agua), novela de aventuras de héroes bandidos, se pueden considerar la épica en prosa del pueblo chino. Las obras del arte popular derivaban de la tradición oral y tenían el toque genial de muchos escritores, por lo que resultaban muy distintas de las obras compuestas por un solo autor. En general, estos dos tipos de novelas chinas eran muy largas, densas y con excelentes caracterizaciones y descripciones coloristas. Todas estas características también se encuentran en Hongloumeng (Sueño de la habitación roja), una novela realista de Cao Xueqin, que describe detalladamente la prosperidad, la decadencia y la caída de una rica familia oficial.

En el siglo XVII, aparecieron numerosas colecciones de historia breves, que eran recopilaciones copiadas de periodos anteriores u obras compuestas por escritores contemporáneos. Al igual que la novelas, el estilo de estas historias, que ofrecen un retrato intimista de la sociedad china, es coloquial y realista. La antología más popular es Jinguqiguan (Cuentos maravillosos del pasado y del presente), que se compone de 40 historias.

Al tiempo que la era moderna avanzaba, la tradición popular se engrandecía y enriquecía. La literatura convencional, por el contrario, fue perdiendo producción, aunque intelectuales de la alta burguesía, entre los que había grandes escritores, la siguieron cultivando. La preceptiva literaria ya no fue capaz de seguir aportando más que estereotipos. Esta decadencia de la tradición literaria se prolongó hasta el siglo XX, cuando los escritores chinos se dieron cuenta de la necesidad de buscar nuevas fuentes de inspiración. Influidos por la literatura occidental, los escritores chinos, guiados por Hu Shi, comenzaron una revolución literaria conocida como el renacimiento chino. Intentaban utilizar el lenguaje coloquial con fines literarios y elevarlo a la categoría de expresión erudita.

Después de cincuenta años experimentando en esta dirección, la literatura china contemporánea ha madurado y ha mostrado una gran creatividad vitalista. En la primera mitad del siglo XX, los escritores chinos utilizaron la literatura como espejo para reflejar el lado sórdido de la vida, para combatir los aspectos negativos de la sociedad y para propagar el mensaje de la lucha de clases. Con ensayos e historias mordaces atacaban a la sociedad tradicional y escritores como Lu Xun (seudónimo de Zhou Shuren), ayudaron al avance de la revolución socialista. Aunque el espíritu de la literatura cambió el fondo, los caracteres y los sucesos representados, continuaron siendo típicamente chinos.

‘Literatura China’
CONFUCIO

APUNTES DE LITERATURA JAPONESA

La literatura que un país produce es seguramente el mejor espejo para iluminar y observar las particularidades, el modo de vivir y de pensar. Giuliettaexpat nos acompaña en un viaje a través de la literatura japonesa.

La producción literaria japonesa refleja usos y costumbres de su gente, hábitos y actitudes. En las páginas de sus escritores las características de este pueblo, su modo de comportarse, sus relaciones con occidente y con sus mismas tradiciones aparecen en modo claro y preciso, ayudándonos a comprender gran parte del modo de vivir de los japoneses.

Acercarme a la literatura japonesa, viviendo en Japón, me ha ayudado a entender muchos de los lados oscuros del carácter y del modo de relacionarse de sus habitantes.

La japonesa es una literatura sombría, triste, velada de nostalgia, cargada de angustia, con páginas oscuras. El suicidio, la depresión, son generalmente elementos claves de las novelas japonesas, que reflejan un cierto malestar latente en la sociedad japonesa.

Pero no por esto la literatura japonesa deprime o angustia, las páginas magníficamente escritas nos dibujan mundos cargados de tradiciones, vidas ricas impregnadas de la cultura japonesa.

Cuando llegué a Japón la literatura japonesa se limitaba para mi a un cierto numero de autores súper conocidos y a pocos libros leídos , poco a poco me fui dando cuenta que para sumergirme más profundamente dentro de esta cultura debía excavar a fondo , entrar en sus novelas ,descortezar las paginas, recoger las sugerencias ,y así lo he hecho, y desde entonces de Haruki Murakami a Yunichiro Tanizaki , pasando a través de Banana Yoshimoto y Yoko Ogawa, para llegar a la literatura Manga, me fui adentrando en los meandros de la producción literaria japonesa y se me abrió un mundo extremadamente interesante.

Aquí les doy algún consejo, algunas sugerencias y apuntes para iniciarlos a la literatura japonesa o para que prosigan en su conocimiento.

Haruki Murakami es uno de los grandes autores japoneses contemporáneos, escritor y traductor. (ha traducido al japonés desde el inglés, entre otros a Fitzgerald). Nació en Kyoto en el 1949. Apasionado por el teatro y la música jazz, muy presentes en su obra, fue profundamente influenciado por la literatura y la cultura occidental. Inició sus actividades a fines de los anos 70 y es esta apertura hacia occidente justamente una de las características que distinguen desde los inicios la obra de Murakami y de aquella de los jóvenes de su generación. El mundo extranjero hostil para sus padres se vuelve un modelo con el cual identificarse para los escritores de la new wave japonesa de la mitad de los anos 70.
-El estilo de Murakami es complejo y a la vez difícil a la primera lectura, en sus primeras novelas es frecuente un oscilar entre mundos diferentes, un mundo real y un mundo irreal, a través de los cuales vagan sus protagonistas. Las atmósferas oníricas y surreales nutren sus libros y sus historias, alejándose de la realidad de manera más o menos clara según la novela.

Norwegian Wood 1987, fue su primer gran éxito; novela realística y sentimental, se presentó en 1987 sobre la escena literaria japonesa como uno de los más grandes e inesperados eventos literarios de la posguerra .

Novela de sentimientos y nostalgia, está ambientado en el Japón de fines de los anos 60. Es una historia de vínculos, de crecimiento, de amistad, de una generación que se prepara para volverse grande…

La muchacha del Sputnik 1999, historia de amor , de amistad, una joven mujer y una mujer madura , un joven que narra la historia, tres vidas que se cruzan , se unen pero en un cierto sentido parecen seguir sobre vías paralelas , separadas por un sutil muro insalvable….

Kafka sobre la playa 2002, dos protagonistas, un muchacho de quince anos en fuga y un viejo simplón también él en fuga, impulsado por una fuerza interior, por el llamado de algo indefinible, dos destinos que se cruzan, para llegar al fin, después de una odisea larga y a veces inquietante, a converger…

Al sur del confín al oeste del sol 1992, para mi el más bello en absoluto de Murakami, tal vez por ser el más real , sobre el fondo de los locales de música jazz de Tokyo, un hombre con una existencia feliz, el primer amor que reaparece , una historia simple sobre el sentido de la vida , el éxito , los sentimientos …

Bajo el signo de la oveja 1989, un joven publicitario, una organización de extrema derecha, una fotografía con una oveja de una rara especie, real e irreal se funden, página tras página en la búsqueda de este misterioso animal dotado de extraños poderes…

Banana Yoshimoto (1964)
Es una de las escritoras japonesas más conocidas, su primera novela Kitchen fue un éxito enorme en Japón (6 reimpresiones), y en Italia sucesivamente en los inicios de los anos 90. Obtuvo los premios japoneses literarios más prestigiosos, ganándose con la cabeza bien alta, aún jovencísima, un lugar entre los grandes escritores japoneses.
Su modo de escribir es simple y extremadamente poético, destaca personajes humanos con sus debilidades, analiza la sociedad japonesa con su malestar

Kitchen (1988), es una colección de dos novelas, Kitchen y Plenilunio (esta última fue la tesis universitaria de la autora), historias de soledad, de relaciones humanas y de búsqueda de equilibrio, personajes que quedaron solos y que buscan reconstruir sus afectos…

Recuerdos de un callejón sin salida (2003), 5 cuentos, 5 personajes diferentes que se interrogan sobre la esencia de la vida y sobre como ser felices .

N.P (1991), es una novela con una trama compleja, parte del suicidio de un escritor, un conjunto de novelas incompletas, dos hijos gemelos, temas densos como el incesto tratados en modo simple…

Sueño profundo (1989), es una colección de tres cuentos (Sueño profundo, Viajeros en la noche y Una experiencia) los tres cuentan la “noche” de los protagonistas, o sea una situación de bloqueo en la cual se encuentran, son historias de amistad, amor, familia, muerte que es el elemento fundamental en torno al cual los personajes se mueven.

Yunichiro Tanizaki nació en el 1886 y murió en el 1965. Es indudablemente uno de los mayores maestros de la literatura japonesa .En sus obras la imagen del Japón es sublime, las descripciones esplendidas, los usos y las costumbres japonesas son puestas en escena. Comienza a escribir alrededor de la primera década del ‘900, y la fascinación por el mundo occidental en un primer momento está presente en su obra, luego a lo largo de toda su carrera literaria la atracción por occidente y el fuerte vínculo con la tradición japonesa se entrecruzan y se oponen. Después del gran terremoto de Tokyo en el 1923 hay un retorno afectuoso de Tanizaki hacia su Japón , la mujer japonesa viene contrapuesta a la imagen de la mujer occidental , los usos y las costumbres de occidente y aquellos de oriente , en un duelo en el cual en el animo del autor su país saldrá vencedor .

Diario de un viejo loco (1961), un viejo se enamora locamente de su nuera , típica imagen de la mujer cruel de las novelas de Tanizaki, la mujer se aprovecha de las delibilidades del hombre que vive satisfaciendo cada uno de sus caprichos , y ella en cambio le ofrece pequeños momentos de placer …

La llave (1957), un profesor universitario y su mujer buscan renovar la llama de la pasión confesando cada uno en un diario secreto los deseos eróticos mas íntimos …Con la esperanza que el otro los lea .

Libro de sombra (1933), Es la nostalgia de un Japón de otros tiempos, un ensayo sobre el valor estético de la sombra en la civilización japonesa. Sombra borrada en la época Meiji (1868-1912) por la revolución industrial y por la influencia de Occidente. El hecho más catastrófico fue la llegada de la electricidad en las casas… La nostalgia de un tema japonés pre-Meiji: la mujer delgada y pálida, protegida en el fondo de su casa oscura.

El amor de un tonto (1923), El amor de un ingeniero por una mujer muy joven, bella y emancipada, una mujer que vive a la moda de Occidente, con actitudes y costumbres inadecuadas en el mundo japonés, una historia de amor en la cual el contraste entre el mundo occidental y oriental es bien claro.

Yoko Ogawa (1962)
Es hoy considerada una de las grandes escritoras japonesas contemporáneas, es la escritora de la trasgresión, fascinada por el sueno, por la anomalías físicas y mentales, en sus novelas describe una sociedad sin utopías y sin puntos de referencia, los protagonistas de sus historias son siempre enfocados en el momento en el cual algo se rompe en su equilibrio, hay una cierta perversión en sus novelas, una atracción hacia las relaciones humanas malsanas y morbosas

La formula del profesor (2005), Es tal vez una novela un poco diferente en la producción literaria de Ogawa, es una historia de sentimientos profundos, de lazos afectivos sanos entre un viejo profesor, su empleada domestica, y el hijo de esta. La matemática esta en el centro de la novela, un sutil hilo invisible tendido desde el principio hasta el fin de la historia, y las relaciones entre los personajes están unidas por este hilo sutil de algebra y de números primos.
Es una historia que bucea en las relaciones entre seres humanos, con esplendidas imagines de Japón como fondo. De este libro se ha hecho una esplendida película.

Yukio Mishima (1925-1970)
Escritor y dramaturgo, nacionalista nostálgico, murió por suicidio. El fuerte vinculo con la tradición japonesa y el culto al emperador están fuertemente presentes en sus novelas.

Después del banquete (1960), al fin de la guerra, con una ciudad que se reconstruye de fondo, la relación amorosa y conyugal entre una mujer emancipada y propietaria de un restaurante, y un ex-hombre político idealista y tradicionalista.

La literatura japonesa no se detiene aquí, tantos son los autores dignos de ser descubiertos y tomados en mano, aunque muchas veces no están traducidos al italiano. Teru Miyamoto, Fumiko Hayashi, Miyabe Miuki, y sus novelas policiales , Ryu Murakami, que en su 1969 destaca la revolución estudiantil en Japón, Soseki cuya obra Botchan es un pequeño pilar de la literatura del ‘900.

Sin olvidarnos de la literatura Manga, vastísima, que los invito a descubrir, tan representativa de la cultura del Japón, tan rica de temas, ligeros y comprometidos, históricos o de amor, todos la leen y hay para todos, desde las historias más femeninas de Nana a aquellas más masculinas de Dragón Ball .

Sumérjanse en las paginas apasionantes de Taniguchi, en obras como El libro del viento, En una lejana ciudad o En los tiempos de Botchan, una especie de historia de la literatura en 8 volúmenes, partiendo del circulo de escritores que se reunía en los inicios del ‘900 alrededor de Soseki, el autor del ya citado Botchan.

Déjense arrastrar por estas lecturas para partir hacia el descubrimiento de este fascinante mundo.

LITERATURA RUSA. POR GERMAN HERRERA J.

Literatura de Rusia

Con el término literatura rusa se alude no solo a la literatura de Rusia, sino también a la literatura escrita en ruso por miembros de otras naciones que se independizaron de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o por emigrados que fueron acogidos en ella. Con la desintegración de la URSS varias culturas y países han reclamado a varios escritores exsoviéticos que, sin embargo, escribían en ruso. La literatura rusa se caracteriza por su marcada profundidad con figuras claves para la literatura universal como Dostoievski o Tolstói. La literatura rusa empezó, como todas, siendo una tradición oral sin cultivo escrito hasta la introducción del cristianismo en 989 y, con él, de un alfabeto adecuado para acogerla. Los creadores de dicho alfabeto fueron los misioneros bizantinos Cirilo y Metodio; ellos tomaron distintas grafías de los alfabetos latino, griego y hebreo, e ingeniaron otras. Al principio el lenguaje escrito ruso usó dos sistemas gráficos -alfabeto cirílico y el alfabeto glagolítico-; el alfabeto glagolítico, supuestamente inventado también por Cirilo y Metodio, fue abandonado, y la literatura rusa tal como la conocemos actualmente se escribe y lee en alfabeto cirílico.
Contenido
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* 1 Tradición oral popular
* 2 Literatura rusa antigua
o 2.1 Literatura del período de la Rus de Kiev (Siglos IX al XI) y de La ruptura feudal (Siglos XII al XIV)
+ 2.1.1 Literatura secular
+ 2.1.2 Literatura eclesiástica
+ 2.1.3 Obras
* 3 Periodo moscovita de Rusia (siglos XV – XVII)
o 3.1 Siglo XV
o 3.2 Siglo XVI
o 3.3 Siglo XVII
* 4 Literatura rusa del siglo XVIII
* 5 El Siglo de Oro de literatura rusa (siglo XIX)
* 6 La Edad de Plata de la literatura rusa. En la encrucijada de dos siglos (XIX y XX). Simbolismo y Modernismo. Las Vanguardias.
* 7 La literatura rusa de la época soviética
o 7.1 1917-1941
o 7.2 1941-1953
o 7.3 La literatura del “deshielo” (1953-1968)
o 7.4 La literatura de los años 70 (1968 – mediados de los 80)
* 8 Literatura rusa en emigración
* 9 Literatura de la época postsoviética (mitad de los 80 – presente)
o 9.1 Lista de escritores destacados
o 9.2 Lista de poetas destacados
* 10 Premios Nobel
* 11 Bibliografía en español
* 12 Véase también
* 13 Enlaces externos

[editar] Tradición oral popular
Víktor Vasnetsov, Los tocadores de gusli, 1899.

La tradición oral popular de los Skomorojis (juglares) y skazíteles, una especie de bardos itinerantes llegados desde Imperio bizantino o los países eslavos, se expresaba a través de las bylinas (cantos o canciones) que unían tradiciones populares paganas y eclesiásticas en forma de prosa rítmica acompañada del gusli. Las bylinas relatan hazañas de los bogatyrí que defendieron Rusia contra nómadas pechenegos y cumanos y contra varios monstruos fantásticos. Los héroes de bylinas más famosos son Ilyá Múromets (Ilyá de Múrom), Dobrynia Nikítich y Aliosha Popóvich (“Aliosha hijo de clérigo (pope)”). En la tradición oral también existen canciones populares y cuentos tradicionales rusos, que empezaron a recogerse por escrito en el siglo XIX cuando Aleksandr Afanásiev los compiló en ocho volúmenes.
[editar] Literatura rusa antigua
[editar] Literatura del período de la Rus de Kiev (Siglos IX al XI) y de La ruptura feudal (Siglos XII al XIV)
El Evangelio de Ostromir, c.1056-1057.

La antigua literatura rusa se compone de unas escasas obras maestras escritas en el antiguo idioma ruso, que no hay que confundir con su contemporáneo eslavo eclesiástico.

En el siglo XI todas las tribus de los eslavos orientales formaban parte de la Rus de Kiev. Una lengua única, el ruso antiguo, empezó a formarse con algunos dialectos territoriales. Solo en el siglo XIII, cuando el estado ruso único se dividió, el idioma ruso, el idioma ucraniano y el idioma bielorruso empezaron un desarrollo independiente. Por eso estas tres naciones poseen un periodo común en la historia de sus literaturas.

En la Edad Media rusa no hubo Órdenes militares de caballería ni universidades hasta que se creó, ya en el siglo XVIII, la de Mijaíl Lomonósov. Los centros de enseñanza en la Rusia medieval fueron los monasterios.

Pese a todo, en la Rusia antigua vivía mucha gente alfabetizada, tal y como demuestran los numerosos documentos de Nóvgorod conservados en corteza de abedul que datan de los siglos XI-XII: papeletas, notas, cédulas, ejercicios de alumnos etc. El primer libro conocido en ruso es el manuscrito en cera Códice de Nóvgorod o Salterio de Nóvgorod, que contiene los salmos 75 y 76 (alrededor del año 1030).

Incluso en el día de hoy, el ruso antiguo es fácilmente comprensible para los rusos nativos. Todavía sobreviven unas pocas obras de la antigua literatura rusa, así como gran número de manuscritos deteriorados por los efectos de múltiples invasiones y guerras. Estas obras, de elaboración manuscrita, eran generalmente anónimas. Temática recurrente en la antigua literatura rusa eran la glorificación de la belleza y del poder ruso, la denuncia de la autocracia de los príncipes rusos y la defensa de los principios morales.

Puede decirse que existía un propio sistema de géneros, que se dividía principalmente en dos grandes grupos: literatura secular y literatura eclesiástica. En ellos encontramos los siguientes subgrupos:
[editar] Literatura secular

* Leyenda histórica
* Narración histórica
* Una precoz literatura propagandística.
* Existe también una tradición oral; bylinas (bylinas), poemas épicos orales que fusionan tradiciones cristianas y paganas. Las Bylinas relatan las hazañas y proezas realizadas por héroes épicos rusos, como Ilyá Múromets, Dobrynia Nikítich y Aliosha Popóvich, defendiendo Rusia de los nómadas.

[editar] Literatura eclesiástica

* Hagiográfica
* Himnográfica
* Literatura al servicio de la Iglesia

Es difícil clasificar estas obras bajo un único género – muchas crónicas no son homogéneas, ya que contienen partes pertenecientes a todos los géneros anteriormente mencionados – narraciones históricas, leyendas históricas, extractos de tratados de intención propagandística e incluso piezas hagiográficas.

El primer periodo de la literatura rusa, constituido sobre todo por la obra de clérigos de principados rusos que escribían en una lengua llamada eslavón o eslavo eclesiástico, y aristócratas consagrados a la guerra, que escribían en ruso antiguo, que no se debe confundir con el eslavón, es denominado “Período de Kiev”, y llega hasta 1240. Se trata fundamentalmente de hagiografías y poemas épicos.

La literatura rusa del periodo está sometida a la influencia de literatura bizantina. Son obras eclesiásticas importantes diversas traducciones: el Evangelio de Ostromir (1056) y los Florilegios (extractos de Padres de la Iglesia, vidas de santos, preceptos morales) compuestos en el siglo XI por el príncipe Sviatoslav II de Kiev, obras de Basilio el Grande, Juan Malalas, Juan Crisóstomo. Las traducciones de textos profanos incluyen la Novela de Alejandro, fundada en la historia de Alejandro Magno, y Acción de Devgenis (de Basilio Digenis) (Devgenievo deyanie), cantares de gestas militares, Physiologus.
[editar] Obras

Los trabajos más importantes originales de la antigua literatura rusa son:

* Crónica de Néstor (Póvest vremennyj let) (la segunda mitad del siglo XI – principio del siglo XII) Es una crónica importante, donde se exploran los orígenes de Rusia y se enlaza su historia con la de los países colindantes. La crónica cubre el periodo desde 852 a Vladímir II Monómaco.
* La Loa de san Vladímiro (Discurso sobre la ley y la gracia; Slovo o zakone i blagodati) (1037-1050) por Hilarión de Kiev, metropolita de Kiev (hacia 1050). En este temprano trabajo propagandístico, Ilarión compara la Ley Judía y el Cristianismo (Gracia). Señala que la nueva Gracia divina pertenece equitativamente a cada nación y que Bizancio no puede monopolizarla.
* El texto laico más famoso es el Cantar de las Huestes de Ígor (finales del siglo XII). El libro está basado en un ataque sin éxito llevado a cabo por el Príncipe Ígor Sviatoslávich de Nóvgorod-Síverski (del Principado de Chernihiv de la antigua Rusia) contra los polovtsianos o cumanos de la región del Bajo Don en 1185. El autor apela a los belicosos príncipes rusos, llamándolos a la unidad ante la constante amenaza de los pueblos turcos del este.
* La Homilía de Vladímir II Monómaco (Pouchenie Vladímira Monomaja) (cerca 1117). Es un testamento moral, en que Vladímir II Monómaco explica el deber de un príncipe, esboza los principios morales de un duque y cita su vida como ejemplo.
* El Viaje del abad Daniil a tierra sagrada (Jozhdenie igúmena Daniila v Svyatúyu zemlyu) (principio del siglo XII). En el Viaje se trata el itinerario a Palestina de forma realista y se recopilan distintas leyendas religiosas.

De 1240 a 1480 la literatura rusa ralentizó su crecimiento a causa de la Invasión Mongola de Rusia en 1223, que provocó la decadencia de Kiev junto con el surgimiento de nuevos centros culturales como Nóvgorod. Se escriben relatos militares en prosa rítmica, como el anónimo Canto del desastre de la tierra rusa (Slovo o pogíbeli zemlí Rússkoi) (siglo XIII) (en esta obra lírica y trágica el autor anónimo se lamenta por el destino de Rusia, pisoteada por los mongoles de Batu Kan y hace un llamamiento a los príncipes rusos para que se unan y repelan al enemigo), o el Ciclo de Kulikovo (Zadónschina) (finales del siglo XIV – siglo XV): cuatro relatos que evocan la gran derrota de los tártaros en 1380. El “Ciclo” da fama a la Batalla de Kulikovo y tiene semejanza al Cantar de las Huestes de Ígor.

Las obras eclesiásticas del periodo más destacadas son:

* Kíevo-Pechérsky Paterík (la primera mitad del siglo XIII) – vidas de primeros santos rusos de la Pechérskaia Lavra de Kiev, también conocido como el Monasterio de las Cuevas de Kiev;

* Súplica (Molenie (slovo) Daniíla Zatóchnika) de Daniil Zatochnik (Daniel el Prisionero) (siglo XIII). En este documento, Daniel denuncia la arrogancia de los ricos y demanda caridad para los menos favorecidos, además de dedicar un himno a la inteligencia humana;

* La biografía de Aleksandr Nevski (Zhitié Aleksandra Névskogo) (siglo XIII) que mezcla hagiografía y crónica realista.

[editar] Periodo moscovita de Rusia (siglos XV – XVII)
[editar] Siglo XV

En 1480 se unifica Rusia y son expulsados los mongoles para siempre; el centro cultural pasa a ser Moscú. Los avances del laicismo renacentista en el siglo XV provocan turbulentos conflictos religiosos y políticos que generaron una amplia literatura polémica en prosa (obras por Nil Sorski – también llamado Nil del Río Sora – e Iósif Vólotski (Iósif de Volokolamsk) y sus respectivos adeptos. Iósif Vólotski intenta imponer la Iglesia sobre el Estado abogando por ampliar su poder y su riqueza. Nil del Río Sora, por el contrario, propone que la iglesia y los monjes renuncien a la riqueza secular y se reorganice la vida de los clérigos según los ideales cristianos de pobreza, trabajo y simplicidad.

Dentro de la literatura laica destaca el Viaje más allá de los tres mares (Viaje allende los tres mares; Jozhénie za tri mórya) por Afanasi Nikitin. Fue este un mercader, viajero y escritor que, en el siglo XV, descubrió la India a los rusos viajando a ella desde la ciudad de Tver. El viaje se desarrolló entre 1466 y 1472 y lo forman las notas de sus impresiones y observaciones que tomó durante su itinerario.
[editar] Siglo XVI

La literatura eclesiástica del siglo XVI continúa la tradicional disputa entre Nil del Río Sora y Iósif de Volokolamsk; esta literatura polémica y propagandística está representada por las obras de Maximus el Griego (Miguel Trivolis) (1480-1556), un seguidor de Nil del Río Sora. Su obra principal es Amplia relación de las desgracias acaecidas a causa del desorden y excesos de los zares y autoridades contemporáneas (Slovo, prostranne izlagáyuschee s zhálostiyu nestroéniya i bezchíniya zaréi i vlastéi poslédnego zhitiyá) (1534-1539). En esta obra Máximus el Griego denuncia las crueldades, indolencias y otros pecados de los gobernantes rusos, los zares, reclama un régimen justo y sabio y explica el deber y los principios morales que han de regir la conducta del príncipe que dirija el estado. Por primera vez, en la historia de Rusia, Maximus el Griego escribe que el zar es el responsable del destino de su país y de sus súbditos, de forma que puede ser llamado a capítulo.

En 1553-1564 la impresión de libros llegó a Rusia. El primer impresor ruso fue Iván Fiódorov, quien desarrolló su labor en Moscú a invitación de Iván IV. El primer libro ruso impreso fue el Apóstol (1564); la aparición de la imprenta fue un acontecimiento importantísimo para el desarrollo y difusión de la literatura y la cultura en Rusia.

El soberano Iván IV de Rusia fue también un escritor notable. Su obra más destacada es Epístolas al príncipe Andréi Kurbski. Este personaje había desertado durante la Guerra Livona al Gran Ducado de Lituania y acusaba a Iván IV de ser un tirano en varias epístolas que dirigió a su exsoberano. Iván IV le respondió que los enemigos auténticos del Estado eran los boyardos, que intentaban dividir Rusia en pequeños principados. La polémica se prolongó durante dos décadas, pero Iván IV también dejó escrita su opinión sobre el estilo de la lengua escrita en este periodo y compuso además algunos poemas y cánones musicales de tema eclesiástico.

La literatura profana o laica del siglo XVI se ve representada por las obras siguientes:
Una familia del mercader ruso en el siglo XVII, cuadro pintado por Andréi Riábushkin, 1896.

• El Domostrói (siglo XVI), atribuido al arcipreste Silvestre, confesor de Iván IV de Rusia. Domostrói reúne las diversas normas que regulaban la vida corriente de una familia rusa de este periodo. En el libro se trata del deber de un ciudadano respeto al zar y la iglesia. El hombre debe ser cabeza de familia y responsable de la vida de todos sus allegados y de la verdadera educación cristiana de los mismos. El Domostrói proclama que la mujer se halla subordinada enteramente al marido y recomienda castigar los casos de mala conducta con castigos físicos o corporales. También es una enciclopedia doméstica que estatuye cómo debe administrarse una hacienda ejemplar o cómo realizar los trabajos caseros. En el siglo XIX la palabra domostrói pasó a denotar en ruso todo lo que había de atrasado y anticuado en la vida familiar.

• Historia de un joven y una joven (Póvest o Petré y Fevróni) por Ermolái-Erast (mitad del siglo XVI). La Historia mezcla hagiografía y la novela sentimental. Algunos hombres de ciencia opinan que se trata de la primera novela por completo profana en la literatura rusa.

No se cultiva otra lírica que la de tema sacro, y la forma usada sigue siendo la prosa rítmica utilizada en narraciones militares como el anónimo Relato de la toma de Pskov (Pskóvskoye vziatie) (1510).
[editar] Siglo XVII
La muerte de Avvakum en la hoguera.Icono del siglo XIX.

Durante el siglo XVII tuvo lugar un acontecimiento trascendental para la historia y cultura de Rusia: un cisma en la Iglesia Ortodoxa rusa. En 1652 el patriarca Nikon reformó la liturgia y ritos de la Iglesia ortodoxa rusa para adecuarlos a la iglesia ortodoxa griega contemporánea. Esta reforma supuso también una subordinación mayor del estamento eclesiástico al Estado, lo que impulsó una fuerte y tenaz resistencia por la parte del pueblo que fue más tarde denominada Viejos creyentes, autores del cisma religioso. En este periodo la obra literaria más importante es la autobiografía del viejo creyente Avvakum, excomulgado por el sínodo de Moscú y condenado a morir en la hoguera en Pustozersk. Se la conoce por el título de Vida del arcipreste Avvakum (1672-1675).

También destacan en este periodo las anónimas narraciones costumbristas Relato de Dolor/Mala Suerte (Póvest o gore i zloschasti) (segunda mitad del siglo XVII), Relato de Savva Grudtsyn (Póvest o Sávve Grúdtsyne) (1670) y la satírica Relación del juzgado de Shemyaka (Póvest o Shemiákinom sudé) (siglo XVII).

La literatura rusa del periodo se halla sometida ya al influjo de la literatura occidental. En 1569 Rusia occidental queda bajo la influencia de Polonia y la cultura de esta nación ejerce un cierto influjo. A la muerte de Iván IV de Rusia se dio comienzo a una época de guerras civiles conocida como Período Tumultuoso. Diversas guerras se suceden: la de la Comunidad Polaco-Lituana contra Rusia, la de las Dimitríadas (1605-1606), la de Ingria y la Guerra de Smolensk; de todo este caos surgió como zar ruso de hecho Ladislao IV Vasa, quien gobernó entre 1610 y 1612.

En Ucrania la Rebelión de Jmelnytsky condujo a la desintegración de la Comunidad polaco-lituana. La sublevación liberó a los cosacos del dominio polaco y se aliaron con el Imperio Ruso. Bogdan Jmelnytsky, el Hetman de los Cosacos de Ucrania, tuvo que acordar con Moscovia un tratado de protección, el Tratado de Pereislav (1654) y desde entonces Ucrania establece relaciones más estrechas con Rusia. Por intermedio de la literatura ucraniana y bielorrusa llegan a Rusia algunas obras de géneros y autores occidentales, como las cuentecillos cómicos del Liber facetiarum del humanista Poggio Bracciolini, biografías de césares romanos, novelas caballerescas, novelas picarescas, novelas de aventuras, misceláneas y poemas polacos eran retraducidos y rusificados desde las versiones en lengua polaca y bielorrusa.

El verso aparece en pleno XVII con Simeón Pólotski (1629-1680) por influjo de la literatura polaca. Esto escinde la métrica rusa en dos artes, una de prosa métrica rítmica, popularizante y sentida como más nacional, y otra más parecida a la occidental y considerada más culta. Destacan en este periodo El jardín multicolor (Vertográd Mnogotsvetni) (1677-1678) de Simeón Pólotski (1629-1680) y el Epitafio (Epitafion) de Silvestre Medvédev (1641-1691).

Simeón Pólotski fue también el fundador del teatro ruso. El escribió y puso en escena La comedia de alegoría del hijo pródigo (Komedia pritchi o bludnom syne) y Del zar Nabucodonosor (O Navujodonósore zaré) (1673-1678), en el teatro de la corte de Alejo I de Rusia, quien era un gran aficionado de teatro.
[editar] Literatura rusa del siglo XVIII
Mijaíl Vasílievich Lomonósov.

En el siglo XVIII Rusia se occidentalizó y secularizó bajo el cetro de hierro de Pedro I de Rusia. Puede decirse que la literatura profana o laica comienza verdaderamente en Rusia con este siglo. Pedro I en persona revisó y reformó el alfabeto ruso eliminando letras en desuso y simplificó el sistema ortográfico haciendo la lectura más accesible.

Al igual que en las demás literaturas occidentales de este siglo, la Ilustración entró en la cultura rusa, que tuvo en este siglo su periodo clásico. Este Clasicismo tuvo sus pilares en el dominio de la razón y la experiencia, por lo que el período se conoce también como “Siglo de las Luces” o “Siglo de la razón”.

El primer escritor notable del siglo XVIII es Antioj Kantemir (1708-1744), hijo de Dmitri Kantemir. Fue importante poeta satírico y su obra maestra es la sátira en verso A mi parecer: sobre aquellos que culpan a la educación (Na juliaschij uchenie – 1729), contra aquellos que querían aniquilar el legado cultural de Pedro I y otras nueve sátiras.

La principal polémica literaria de este siglo fue sobre la poesía, y enfrentó a Lomonósov y a Vasili Trediakovski. Vasili Trediakovski (1703-1769), un poeta y traductor, publicó en 1735 su obra teórica Nuevo y conciso método de composición de poesías rusas (Novi i kratki sposob k slozhéniyu stijov rosíyskij). Opuesto al pie silábico tradicional, introdujo las nociones de pie métrico y de ritmo trocaico (_U) y yámbico (U_). Lomonósov en su Ensayo sobre la métrica de las poesías rusas (Pismó o právilaj rossíyskogo stijotvórstva) (1739) introdujo tres tipos de ritmos: el dactílico (_UU), el anfibráquico (U_U) y el anapéstico (UU_), así como las rimas llanas y esdrújulas.

El científico Mijaíl Lomonósov (1711-1765) fundó la literatura rusa moderna al asentar las normas que habían de regir el buen gusto del ruso literario; distingue tres estilos, el noble, de vocabulario eslavón para el poema épico, la tragedia y la oda; el medio para la sátira y los dramas y el vulgar (con vocabulario popular) para la comedia y la canción. Escribió odas sacras, panegíricos y una Epístola sobre la utilidad del vidrio (1752).

El teatro ruso recibió un gran impulso también. Los dramaturgos más destacados del siglo fueron Aleksandr Sumarókov (1717-1777), Mijaíl Jeráskov (1733-1807), y, sobre todo, Denís Fonvizin.

La obra más importante de Aleksandr Sumarókov es la tragedia Jorev (1747), aunque escribió otras ocho, 13 comedias, 3 libretos de ópera y también algunos versos.

Se estima que la obra maestra de Mijaíl Jeraskov es su poema épico Rossiada (1778), pero también compuso 9 tragedias, 2 comedias y 5 dramas para el teatro entre 1758 y 1807.

Otros escritores notables del periodo son poetas Iván Jémnitser (1745–1784), Vasíli Kápnist (1758–1823), Iván Dmítriev (1760–1837), y el dramaturgo Yákov Kniazhnín (1742 (1740?) – 1791).
Denís Fonvizin.

Denís Fonvizin (1745-1792) es un brillante comediógrafo que además obtuvo importantes éxitos y reposiciones, ganando en su misma época una gran popularidad. Sus mejores y más celebradas comedias son El Brigadier (Brigadir) (1768) y El menor (Nédorosl) (1782). Estas piezas ridiculizan la vanidad, la galomanía o copia irreflexiva de todo lo francés y la pereza y atraso de los hacendados, así como su avidez, glotonería y brutalidad; muchas citas de sus obras se transformaron en frases proverbiales y se emplean incluso en la lengua rusa de hoy en día.

La zarina Catalina II de Rusia también poseía talento literario y escribió algunas piezas de teatro, por ejemplo O tempora! (O vremia), El engañador (Obmánschik), Un seducido (Obolschonny), Chamán de Siberia (Shamán Sibirski) y algunas piezas más. Además elaboró con buen estilo unas inteligentes Memorias.

En cuanto a la lírica, destacan Derzhavin y Karamzín.

Gavrila Derzhavin (1743-1816) fue influido por Lomonósov y Sumarókov y se interesó por los conatos renovadores de Jeráskov; amante de las formas clásicas, su aliento lírico es sincero. Se recuerdan sus obras Felitsa (1782), Díos (1784), ¡Resuene el trueno de la victoria! (Grom pobedy, razdavaysya!, himno no oficial de Rusia imperial) (1791), La cascada (1798) y La Vida en Zvansk (Zhizn Zvánskaya) (1807). Derzhavin también experimentó con diferentes tipos ritmos y rimas, sonidos e imágenes.
Gavrila Derzhavin, cuadro de Borovikovski.

El masón Nikolái Karamzín (1766-1826) reformó la lengua literaria introduciendo muchos galicismos y suprimiendo elementos eslabones, con lo que abrió una cierta distancia entre el ruso culto y el popular. Fue también un importante historiador y modernizó la poesía rusa. Gracias a Karamzín, la novela sentimental rusa se desarrolló a partir del siglo XVIII. Sus obras maestras son Pobre Liza (Bédnaya Liza, la primera novela sentimental en la literatura rusa) (1792), Las cartas de un viajero ruso (Pisma rússkogo puteshéstvennika) (1791-1792) y la Historia del Estado ruso (Istóriya gosudarstva Rossíyskogo) (1816-1825), donde por primera vez se intenta hacer la historia de Rusia con el rigor crítico y el método de la historiografía científica.

Una más señalada manifestación poética en la literatura rusa del siglo XVIII es la obra “revolucionaria” de Aleksandr Radíshchev (1749-1802) Viaje de San Petersburgo a Moscú (Puteshestvie iz Peterburga v Moskvú) (1790). En ese libro simpatizó con los siervos campesinos describiendo su vida miserable y denunciando el trato inhumano con que las autoridades y los hacendados los trataban; utilizó la compasión como un medio de revolución y transformación social.

En el siglo XVIII aparecieron las primeras revistas literarias rusas publicadas por Nikolái Novikov.
[editar] El Siglo de Oro de literatura rusa (siglo XIX)
Aleksandr Pushkin, cuadro de Vasili Tropinin.

El siglo XIX es conocido tradicionalmente como “El Siglo de Oro” de la literatura rusa. Tanto la poesía como la prosa llegaron a su apogeo. A principios de siglo la corriente principal de la literatura rusa era el Romanticismo, aunque más tarde sería el realismo literario el que alcanzaría mayor importancia.

La vida literaria de la primera mitad del siglo XIX era muy animada y variada. La sociedad rusa de la época estaba profundamente influida por las guerras napoleónicas y la victoria de Rusia en la primera Guerra Patriótica de 1812. Las amplias capas de la población experimentaban el auge del patriotismo y se interesaban por las ideas de la revolución francesa. En esta época aparecieron diversas revistas políticas y literarias: El Mensajero de Europa (Karamzín), La Estrella Polar (Ryléyev), El Contemporáneo (Pushkin) y, algo más tarde, El Telégrafo de Moscú (Polevói), El Telescopio (Nadezhdin), etc. La vida espiritual de la época ejercía influencia en las principales corrientes literarias. El romanticismo en Rusia se desarrolló de dos maneras diferentes: el supuesto romanticismo progresivo representado por Kondrati Ryléyev, Wilhelm Küchelbecker, Aleksandr Bestúzhev (Marlinski), Aleksandr Odóyevski, Denís Davýdov (un héroe de la Guerra de 1812), Nikolái Yazýkov, Dmitri Venevítinov y Yevgueni Baratynski. Los temas principales de su poesía son algunos de los acontecimientos claves en la historia rusa, la libertad, el patriotismo y algunos motivos folclóricos rusos. El golpe más duro para las aspiraciones idealistas del romanticismo progresivo fue asestado por la derrota en la rebelión de los decembristas en 1825, como resultado de la cual muchos participantes de la rebelión, como miembros de las familias nobles de Rusia, poetas y figuras públicas, fueron ejecutados o deportados a Siberia. El romanticismo pasivo o tradicional se encuentra representado por las obras de Vasili Zhukovski. Asimismo, hay una auténtica lucha entre eslavófilos y occidentalistas.

Aleksandr Pushkin se alza sobre todos los otros poetas rusos. Poseía un genio universal; reformó la lengua rusa literaria rompiendo con la tradición del siglo XVIII, escribía consumados poemas líricos, poemas épicos (Poltava, El jinete de bronce, Eugenio Oneguin), potentes obras dramáticas en versos (Borís Godunov, Pequeñas tragedias), prosa brillante (Cuentos del difunto Iván Petróvich Belkin, La dama de picas, La hija del capitán, Dubrovski), cuentos en verso (Ruslán y Liudmila, Cuento del zar Saltán, Cuento de la princesa muerta y los siete caballeros). Se convirtió en la figura central de la poesía rusa del siglo XIX, eclipsando a otros poetas, talentos que en otras circunstancias podrían haber sido el honor de cualquier literatura nacional. Influidos por Pushkin, una serie de poetas asumió su voz recién desaparecida: Antón Délvig, Piotr Pletniov, Piotr Viázemski, Pável Katenin y algunos otros, la llamada Pléyade pushkiniana.

Después de la trágica muerte de Pushkin la antorcha de la poesía rusa pasó a mano de Mijaíl Lérmontov. En sus primeros poemas imitó a Pushkin y a Byron, pero su estilo poético se afianzó enseguida, se percibe claramente en el cambio de temas como, por ejemplo, en el poema La vela en el que habla de un bienestar que solo se consigue luchando. En otros poemas refleja con vehemencia el pensamiento y los sentimientos de los jóvenes estudiantes que se rebelan y muestran su indignación ante la situación del siervo, el rechazo del despotismo zarista y la apasionada aspiración por la libertad. Sus obras más destacadas son sus versos líricos, Valerik, Borodinó, El demonio, El novicio, el drama El baile de máscaras, la novela Un héroe de nuestro tiempo.

Otros poetas notables de la primera mitad del siglo XIX son Iván Krylov el fabulista, poeta y dramaturgo Aleksandr Griboyédov, poetas Yevgueni Baratynski, Konstantín Bátiushkov, Alekséi Koltsov, Iván Kozlov, Piotr Yershov.

La prosa de la primera mitad del siglo XIX es representado por las novelas grandes de Pushkin, Lérmontov y por las obras de un genio más de la literatura rusa, Nikolái Gógol. Sus obras más destacadas son Veladas en un caserío de Dikanka, Tarás Bulba, Las almas muertas, la comedia El inspector.

La segunda mitad del siglo XIX veía la emancipación de los siervos de 1861, la humillación nacional en la Guerra de Crimea y la victoria triunfal en Guerra Ruso-Turca, 1877–1878 liberando a las gentes eslavas de los Balcanes del yugo turco. En total, la sociedad estaba profundamente influida por las ideas democráticas y humanas del siglo.

La poesía de la segunda mitad del siglo XIX es principalmente filosófica y realística. Los poetas más notables del momento son Nikolái Nekrásov, Fiódor Tiútchev, y Afanasi Fet. Otros poetas notables son Alekséi Konstantínovich Tolstói (quien también escribía prosa y dramas teatrales), Apolón Maikov, Iván Nikitin o Alekséi Pleschéyev.

Si la primera mitad del siglo fue la edad de oro de la poesía rusa, la segunda mitad del siglo fue la edad de oro de la prosa rusa. Los gigantes de la época son Lev Tolstói, Fiódor Dostoyevski, Nikolái Leskov, Iván Turguénev, Mijaíl Saltykov-Shchedrín, Iván Goncharov, Dmitri Mamin-Sibiriak, Vladímir Korolenko, Antón Chéjov. Otros escritores notables son Serguéi Aksákov, Aleksandr Herzen, Nikolái Chernyshevski, el satirista Kozmá Prutkov (un pseudónimo colectivo), Dmitri Písarev, Alekséi Písemski, Gleb Uspenski, Konstantín Staniukóvich, Vsévolod Garshin, Fiódor Reshétnikov. El dramaturgo más notable fue Aleksandr Ostrovski. La crítica y literatura de tipo social en el siglo XIX estaba representada por las obras de Visarión Belinski, Nikolái Dobrolyúbov, Aleksandr Herzen y Nikolái Ogariov.

En los últimos años del siglo Nikolái Garin-Mijáilovski, Aleksandr Serafimóvich, Aleksandr Kuprín, Iván Bunin, Leonid Andréyev salieron a escena literaria.

Algunos escritores se pusieron a la literatura infantil y juvenil (Vladímir Odóyevski, quien también fue uno de los primeros escritores rusos de la ciencia-ficción y Antoni Pogorelski).
[editar] La Edad de Plata de la literatura rusa. En la encrucijada de dos siglos (XIX y XX). Simbolismo y Modernismo. Las Vanguardias.
Aleksandr Blok.

La Edad de Plata comenzó en la última década del siglo XIX y concluyó en los años veinte. El marbete “Edad de Plata” marca en realidad un nuevo rumbo en la literatura rusa. Tras el Positivismo y el Realismo rayando en el Naturalismo de los escritores revolucionarios de los ochenta, los poetas y escritores de esta denominación vivieron en la era de Art nouveau o Modernismo y Simbolismo. Pero en Rusia esas líneas culturales europeas se transformaron y amoldaron en formas e ideas absolutamente nuevas. Los poetas y escritores de la Edad de Plata rechazaban el supuesto engagément o compromiso social del artista y proclamaban que el artista tenía una función mesiánica o de Mesías, era una figura titánica que debía encontrar las raíces profundas de la religión y de la estética: había sido señalado para prever el Mundo Nuevo y el Hombre Nuevo, era un demiurgo libre. Durante la Edad de Plata la cultura rusa llegó al apogeo del refinamiento. Este tiempo destacó como un Renacimiento espiritual sin precedentes en Rusia.
Retrato de una desconocida (Iván Kramskói, 1883).

Las corrientes literarias más conocidas de este periodo son el Simbolismo – representado por el Simbolismo místico tradicional y el Simbolismo joven – es decir, obras de Innokienti Ánnienski, Vladímir Soloviov (1853–1900), Vasili Rózanov (1856–1919), Dmitri Merezhkovski (1866–1941) y Zinaida Guippius, Konstantín Balmont (1867–1942), Valeri Briúsov (1873–1924), Fiódor Sologub (1863–1927), Andréi Beli (1880–1934) y Aleksandr Blok (1880–1921), Viacheslav Ivánov, y poetas análogos por su espíritu a los simbolistas – Maksimilián Voloshin, Mijaíl Kuzmín; Futurismo ruso (David Burliuk, Velimir Jlébnikov, Alekséi Kruchiónyj, primer Vladímir Mayakovski, Vasili Kamenski, Ígor Severianin (Ígor Lótarev), primer Nikolái Aséiev, primer Borís Pasternak); Acmeísmo (primera Anna Ajmátova, Nikolái Gumiliov, primer Ósip Mandelshtam, Serguéi Gorodetski, Gueorgui Ivánov, Irina Odóyevtseva). Poetas de la corriente llamada “nuevos campesinos’” – Serguéi Esenin, Nikolái Kliúiev, Serguéi Klychkov (1889-1937), Piotr Oreshin (1887-1938), Aleksándr Shiriáyevets (1887-1924) – merecen mención también. Ellos combinaban riqueza de imágenes populares y religiosas características de la cosmovisión del campesino ruso con una búsqueda temeraria de innovación y cambios revolucionarios. Hay numerosos poetas que no pueden ser atribuidos a alguna corriente literaria distinta, por ejemplo, Vladislav Jodasévich, o Marina Tsvetáyeva.

Los simbolistas rusos empleaban los ideas de Arthur Schopenhauer, Friedrich Wilhelm Nietzsche y Oswald Spengler, manifestaban interés por el misticismo y el ocultismo, por las disputas religiosas y por las sectas populares de Rusia. Las ideas de poetas, escritores y filósofos del tiempo variaban de la aceptación del Übermensch de Nietzsche a la profesión del anima mundi, del individualsmo extremo al ‘sobornost’ (espíritu colectivo). Lo que todos ellos compartieron era una búsqueda intensiva de formas artísticas nuevas y de una lengua poética renovada. Los simbolistas ponían énfasis en el aspecto verbal de los símbolos arquetípicos, buscando a la armonía nueva. Los futuristas abogaban por una innovación radical de la lengua, probando el simbolismo de los sonidos y recurriendo a experimentos audaces con la lengua. Los acmeístas propugnaban la claridad de las imágenes poéticas, anunciando que un equilibrio entre el sentido y el sonido debía ser alcanzado. Diferentes grupos artísticos surgían con numerosos manifiestos literarios. El manifiesto más conocido y escandaloso del tiempo era Bofetada al gusto del público por los futuristas (1912).

En la prosa, los escritores rusos del periodo (Andréi Beli, Leonid Andréyev, Fiódor Sologub, Alekséi Rémizov) usaban la técnica del flujo de conciencia, alógica sucesión de episodios de gramática desarticulada e imaginería entrelazada en bruto, imitando nuevos modos de la organización de los textos semejante a las reglas del montaje cinematográfico.

Los escritores realistas (Antón Chéjov, Iván Bunin, Aleksandr Kuprín, Iván Shmeliov, Borís Záitsev, Alekséi Nikoláyevich Tolstói, Mijaíl Osorgín, Maksim Gorki) también buscaban modos nuevos de expresión y formas literarias nuevas. Según Vikenti Veresáyev, un teórico literario del tiempo, su objetivo era no la representación de la vida cotidiana y costumbres, sino la comprensión de la esencia de la vida a través de representación de la vida cotidiana, encontrar una filosofía nueva de vida. De resultas, la prosa llegó a ser mas lírica, y los escritores empleaban la síntesis de prosa, música y filosofía (simbolistas), prosa y acción social (futuristas).

Tradicionalmente los filósofos de la Edad de Plata son Nikolái Berdiáyev, Sergéi Bulgákov, Borís Vysheslavtsev, Semión Frank, Nikolai Lossky, Fiódor Stepún, Piotr Struve, Vladímir Ilin, Lev Karsavin, Pável Florenski, Lev Shestov, Serguéi Trubetskói y Yevgueni Trubetskói, Vladímir Ern, Alekséi Lósev, Gustavo Shpet, Dmitri Merezhkovski y Vasili Rózanov. Las obras de Helena Blavatsky eran leídas y bien conocidas en Rusia del período.

La Edad de Plata se terminó con la llegada de la era nueva – con la formación del primer estado soviético que proclamó ideales nuevos y era intolerante a todos quiénes “no iban al paso”.
[editar] La literatura rusa de la época soviética
[editar] 1917-1941

Tras la Revolución de Octubre la literatura rusa entró en cierta desconexión con Occidente, por lo cual se conoce muy poco, a excepción de algunos autores.

Tras octubre de 1917 la mayor parte de los escritores de la Edad de Plata no aprobó el nuevo régimen bolchevique y abandonó el país, la mayoría para siempre. Estos escritores dieron comienzo a la literatura rusa del exilio.

Quienes por el contrario optaron por quedarse en Rusia para compartir el destino del país y sus compatriotas llegaron al apogeo de su libertad creativa; pero pasó poco tiempo para que sus convicciones y esperanzas en el futuro del país entraran en colisión con la realidad de la vida ordinaria y muchos fueron ejecutados o asesinados lentamente por la terrible falta de casi todo que hubo durante la Guerra Civil Rusa, no pudiendo publicar nada o sufriendo intimidación para ser condenados a un silencio total. Los escritores que no apoyan la revolución de forma incondicional son eliminados, arrinconados, emigrados, marginados o ninguneados.

Al mismo tiempo, el primer período de la nueva época soviética se caracterizó por la gran proliferación de diversas corrientes estéticas, voces poéticas y experimentos literarios. En este tiempo coexistieron numerosos grupos literarios que discutieron, rivalizaron y cambiaron sus miembros, generalmente, en un corto tiempo. Dentro también de las Vanguardias históricas, surgió el Imaginismo ruso, fundado por Vadim Shershenevich (1893-1942), que reivindicaba la primacía de la imagen o metáfora sobre el símbolo y el retorno a la poesía tradicional; fue cultivado por Borís Pasternak (cuya poesía destaca por encima de su prosa), Sergéi Yesenin, Rurik Ivnev (1891-1981) y Anatoli Mariengof).

Los imaginistas probaban nuevas metáforas inesperadas, creyendo que la sorpresa de las imágenes era el objetivo final del arte metafórico. Los talentos de Yesenin y Borís Pasternak llegaron a su cumbre. La corriente poética prerrevolucionaria del acmeísmo continuó todavía. Anna Ajmátova aún escribió poemas, aunque sus publicaciones fueron escasas y más tarde cesaron. Siguió el Futurismo ruso y el Kubofuturismo (“Guiléia”) (Vladímir Mayakovski, Velimir Jlébnikov, Borís Pasternak, Víktor Shklovski, Alekséi Kruchiónij (1886-1968)) florecieron hasta cierto tiempo. Aparecieron nuevos grupos como OBERIU (Nikolái Zabolotski, Daniíl Jarms) y los dadaístas “nichevoki”. Por primera vez en la historia de humanidad los escritores pudieron tomar parte en la creación de un mundo completamente nuevo, y ellos aprovecharon la oportunidad. Por ejemplo, Velimir Jlébnikov creó la poesía zaum o poesía transmental (magia, encantamiento a la manera de los hechiceros asiáticos). Hay que notar la figura titánica del poeta y dramaturgo Vladímir Mayakovski, quien puso su talento al servicio de la Revolución. Marina Tsvetáyeva en mucho continuó la tradición de Ajmátova y sus poemas fueron la última manifestación de la Edad de Plata. La poesía de unos genios como Mayakovski, Yesenin, Ajmátova, Pasternak, Tsvetáyeva rebasa los límites de grupos o corrientes literarias.
Vladímir Mayakovski en 1915.

Fuera de estos grupos existieron también los famosos “hermanos Serapión” (Vsévolod Ivánov, Mijaíl Slonimski (1897-1972), Mijaíl Zoschenko, Veniamín Kaverin, Konstantín Fedin, Nikolái Tijonov), “Pereval” (encabezado por el crítico literario Aleksandr Voronski y incluyendo poeta Eduard Bagritski, escritores Mijaíl Prishvin y Andréi Platónov y muchos otros), y asociaciones de escritores proletarios pro-communistas – Proletkult, RAPP (por ejemplo, Dmitri Furmanov, Aleksandr Fadéyev y muchos otros), LEF (Ósip Brik, Nikolái Aseiev, Alekséi Kruchiónij, por algún tiempo Borís Pasternak y algunos otros).

Esos grupos difieren de los anteriores en lo siguiente:

Los hermanos Serapión y “Pereval” abogaban por unos valores humanos en el arte universales y comunes a todas las naciones, mientras que otros grupos como RAPP y LEF defendían la existencia de un criterio de clase social en literatura.

Miembros de Proletkult, RAPP y LEF pensaban que literatura y arte tuvieron un carácter clasista, y, consiguientemente, las obras de arte creadas por artistas no proletarios debían ser abandonadas y olvidadas, porque eran ajenas a la nueva sociedad y la “gente nueva”.

El Constructivismo (1923-1930) (Iliá Selvinski (1899-1968); Vladímir Lugovskói (1901-1957)) cantó la transición del Estado capitalista al socialista y el triunfo del proletariado y fue la primera estética lírica propia de la proletkult o “cultura proletaria”; esta pretendía crear un arte esencialmente proletario y que exaltara el trabajo colectivo; los poetas cantan a la Revolución, a las máquinas y a los obreros. Los miembros de “Pereval”, al contrario, proclamaron que la función principal de arte era el conocimiento del mundo, el mérito principal de una obra literaria no es el contenido clasista, sino la calidad artística; proclamaban la continuidad del arte desde los tiempos antiguos hasta la época presente.

Desde 1925 se enfrentan dos grupos literarios: los poputchiki o escritores que asistieron y acompañaron la revolución, y los agrupados en la Asociación panrusa conocida por la abreviatura de RAPP, sostenida por el Estado. Estos últimos luchan contra el grupo de los “hermanos Serapión”, contra los constructivistas y contra las diversas escuelas de vanguardia, reclamando una literatura menos formalista y más vulgar y asequible a las masas en fondo y forma. Algo así como las escuelas del sándalo y la berza en la literatura del Socialrealismo del año 1955 en España. En 1932, con todo, los grupos fueron prácticamente prohibidos y todos los escritores recibieron la “proposición” de incorporarse en la Unión de Escritores Soviéticos, y la administración burocrática en el mundo literario comenzó. En los treinta Rusia fue aislada del mundo entero por un telón de acero, y comenzó el exterminio físico de los escritores y artistas desagradables para el régimen, sin que fuera posible ninguna otra emigraсión.

Las corrientes literarias principales del período fueron el Nuevo realismo (la diferencia de Nuevo realismo y el Realismo clásico del siglo XIX consiste en que esos realistas despreciaron la vida privada sosegada, un hombre es parte integrante de la vida social, hombre cambiando el mundo activamente. Los principales representantes de la corriente son Máximo Gorki, Mijaíl Shólojov, Alekséi Nikoláyevich Tolstói, Konstantín Fedin), normativismo (utopía social, lo social es superior a lo personal, un hombre ideal en circunstancias ideales, la realidad debe ser desdeñada y destruida para el porvenir hermoso. El representante principal de la corriente es Aleksandr Fadéyev), modernismo o postrealismo (buscando al sentido de la vida humana en el horror existencial del mundo, esa oposición del hombre y caos siendo trágica, pero revelando la esencia del hombre y su precio) (Yevgeni Zamiatin, Yuri Olesha, Borís Pilniák, Andréi Platónov). Ellos continuaron las tradiciones del modernismo de la Edad de Plata y afirmaron el derecho del hombre a la vida privada). En 1932 el término nuevo “realismo socialista” apareció, fusionando los ideas del realismo nuevo y normativismo.
Mijaíl Bulgákov.

No obstante, entre escritores prosistas más destacados del tiempo among (los 20-30) pueden nombrar los siguientes escritores destacados obras de quienes son de interés para la humanidad: el escritor y publicista Iliá Erenburg, prosistas Máximo Gorki, Borís Pilniak, Mark Agéyev, Mijaíl Bulgákov, Olga Forsh, Alekséi Nikoláyevich Tolstói, Konstantín Fedin, Andréi Platónov, Borís Lavreniov, Yuri Olesha, Valentín Katáiev, Veniamín Kaverin, Pável Bazhov, Borís Shergín, Gleb Alekséyev, satiristas y humoristas Mijaíl Zoshchenko, Ilf y Petrov, escritores que en esencia describieron los actos del Ejército Rojo en la Guerra Civil Rusa Isaak Bábel, Dmitri Furmanov, Aleksandr Fadéyev, Nikolái Ostrovski, Aleksandr Serafímovich, escritores de la ciencia-ficción y ficción social Aleksandr Beliáyev, Yevgeni Zamiatin, Vladímir Obruchev, Aleksandr Chayánov, el trágico y romántico Aleksandr Grin. Aparecieron escritores quienes describieron la vida rústica y la naturaleza de Rusia, por ejemplo Mijaíl Prishvin, Yevgeni Charushin. Algunos escritores se pusieron a la literatura infantil y juvenil – y ahora las obras de Kornéi Chukovski, Arkadi Gaidar, Lev Kassil, Andréi Sergeyevich Nekrasov, “Los tres gordinflones” de Yuri Olesha y “Blanquece la vela solitaria” de Valentín Katáiev, poemas de Samuil Marshak, Sergéi Mijalkov son entre los libros infantiles más predilectos. La novela histórica fue desarrollada por Vasili Yan, Alekséi Nóvikov-Priboi, Sergéi Sergéyev-Tsenski, Anatoli Stepanov, Yuri Tynianov, Viacheslav Shishkov, María Marich. Esos escritores exploraban las relaciones entre la historia y la persona, analizando el papel de persona en la historia. Los más conocidos dramaturgos del período son Nikolái Pogodin, Vsévolod Vishnevski.

En los treinta los primeros poemas de Aleksandr Tvardovski y Mijaíl Isakovski aparecieron.
[editar] 1941-1953
Mijaíl Shólojov.

En 1941 comenzó la Gran Guerra Patria. Aparecieron nuevos talentos, como por ejemplo Alekséi Surkóv, Konstantín Símonov, Emmanuil Kazakevich, Iósif Utkin, Borís Polevói y Vera Panova, que escribieron sobre la tragedia de la guerra y sobre las hazañas y esfuerzos de los soldados soviéticos en su lucha a muerte contra el fascismo; Vera Inber y Olga Bergolts, que sobrevivieron al Sitio de Leningrado y describieron los 900 días heroicos y trágicos; Pável Antokolski, Aleksandr Tvardovski, Mijaíl Isakovski, Andréi Platónov, Borís Pasternak, Mijaíl Shólojov, Anna Ajmátova e Iliá Erenburg emprendieron la defensa de Rusia, contra la inhumanidad de fascismo. Muchos escritores perecieron en los frentes de la guerra o murieron de hambre y frío.

Durante la época, la mayor parte de los escritores emigrados abrazaron temporalmente la causa de Rusia dadas las difíciles circunstancias que atravesaba el país.

En este período volvió a la literatura rusa el hombre corriente como personaje literario: héroes modestos y de carácter contradictorio.

Las mejores obras del periodo son “Vasili Tiorkin”, de Aleksandr Tvardovski; “El Don apacible”, de Mijaíl Shólojov; “El hijo del regimiento”, de Valentín Katáyev; “La Guardia Joven”, de Aleksandr Fadéyev; “Invasión” y “El coche de oro”, de Leonid Leonov; “La estrella”, de Emmanuil Kazakevich; el poema “Meridiano de Pulkovo”, de Vera Inber; “El relato de un verdadero hombre”, de Borís Polevói; el drama “La gente rusa” y los libros de poemas “Contigo y sin ti” y “Guerra”, de Konstantín Símonov; el poema “Hijo”, de Pável Antokolski, “Zoya”, de Margarita Aliger; la pieza de teatro “Dragón”, de Yevgeni Shvarts; y la novela histórica “Rusia joven”, de Yuri Guerman.

Después de la guerra las autoridades ejercieron una dura represión, y hasta el fallecimiento de Stalin el Estado intervino frecuentemente en la creación literaria.
[editar] La literatura del “deshielo” (1953-1968)

El período comienza con el fallecimiento de Iósif Stalin y se termina con el fin de la Primavera de Praga. Este período se caracteriza por la renuncia gradual del “realismo socialista” como un método de literatura, el proceso literario diverso y saturado, y el retorno a los valores humanos perpétuos.

La famosa novela “Doctor Zhivago” de Borís Pasternak se publicó durante este período y los poetas prohibidos de La Edad de Plata Rusa y de los años veinte, incluyendo Yesenin, Zamiatin y Nabokov, recobraron gradualmente a sus lectores.

En poesía, podemos hablar de nuevas corrientes y grupos:

* La supuesta poesía de los estadios, cuyas representantes son Yevgeni Yevtushenko, Andréi Voznesenski, Robert Rozhdestvenski y Bella Ajmadulina. Estos poetas buscan la vida y la poesía que llaman de conciencia, delicadeza, firmeza del alma, energía, y la verdad de la vida. Su poesía fue social, dirigida principalmente a los jóvenes de los años sesenta, que anhelaban cambios profundos.

* Los «poetas con guitarra» (como Bulat Okudzhava), que cantaban la «romanza de las ciudades», proclamaban humanitarismo, delicadeza, atención a la vida cotidiana con su comedias y tragedias privadas, y los “bardos con mochilas” (Yuri Kukin, Yevgeni Kliachkin, Aleksandr Gorodnitski, Yuri Vizbor entre otros) instaron a la vida independiente, a llevar a la práctica valores románticos como la fuga de las ciudades confortables a la vida en el seno de la naturaleza, donde un hombre es más libre que en la ciudad y prueba su fuerza y capacidad de permanecer vivo y determina sus recursos interiores.

Esas corrientes también abogaban por valores románticos como la amistad, el socorro mutuo, la responsibilidad personal e individual de cada hombre viviendo para el mal del mundo, abogaban por el carácter ardiente, maximalismo moral, renunciando a todo compromiso moral, tanto en la vida social como en la privada.

* Los poetas bajos representados, en primer lugar, por Nikolái Rubtsov con su interés por la vida en la aldea, las raíces morales e históricas de la nación, la tradición, la naturaleza y la filosofía popular.

* La neovanguardia o neofuturismo (Vladimir Kazakov, Victor Sosnora, Gennadi Aigi entre otros) y el Lianozovo grupo (neo-OBERIU) (Oleg Grigoriev, Ígor Jolin, Vsévolod Nekrasov) quienes trazaron los caminos hacia el conceptualismo.

En prosa, podemos destacar nuevos rumbos del desarrollo:

* Algunas novelas épicas notables fueron escritas a finales del realismo socialista – “Los vivos y los muertos” (Zhivye i Miortvye), la trilogía de Konstantín Símonov (durante los años sesenta se publicaron las primeras dos partes), “El destino de un hombre” (Sudbá cheloveka) de Mijaíl Shólojov, “Vida y destino” (Zhizn y sudbá) de Vasili Grossman.
* Surgió una nueva tendencia hacia la representación de la Gran Guerra Patria – la supuesta “prosa lírica del frente” o “prosa de soldados”. Los principales representantes de esta tendencia son Yuri Bóndarev, Grigori Baklanov, Víktor Astáfiev. Plantearon la cuestión del precio de una sola vida humana durante la guerra entre los montones de víctimas y pérdidas, se dirigieron a los valores humanos y estudiaron los entresijos del decaimiento moral de un hombre por las condiciones inhumanas de la guerra.
* Prosa de la aldea – “Hermanos y hermanas” (Bratia y siostry) de Fiódor Abrámov, las primeros colecciones de cuentos de Vasili Shukshin y las primeras novelas de Piotr Proskurin.
* Neosentimentalismo o realismo clásico (su máximo exponente es Yuri Kazakov) que tenía como fin la representación minuciosa de los movimientos del alma, psicología intensa.
* Movismo (mauvism) de Valentín Katáyev.
* Postrealismo – “Un día en la vida de Iván Denísovich”, “El primer círculo”, “El pabellón del cáncer” de Aleksandr Solzhenitsyn o los primeros libros de Varlam Shalámov.

Aleksándr Solzhenítsyn.

* Realismo fantástico, cuyos representantes son Andréi Siniavski (Abrám Terts) y Yuli Daniel (Nikolái Arzhák).

Podemos mencionar asimismo obras de escritores pertenecientes a otras culturas nacionales, pero que también escribían en ruso como son el gran escritor en ruso y en kirguís Chingiz Aitmátov y el bielorruso Vasil Bykau. Sus obras se convirtieron en parte orgánica de la literatura rusa.

La ciencia-ficción rusa alcanza un nuevo nivel en los años sesenta con las novelas casi propgandísticas de Iván Yefrémov y los primeros libros de Arkadi y Borís Strugatski.

En la literatura propagandística, destacan los libros de Valentín Katáyev de los años sesenta y “Fortaleza de Brest” (Bréstskaia krepost) de Sergéi Smirnov.

En cuanto a la literatura infantil y juvenil está representada por las obras de Ágnia Bartó, Vitali Gúbarev, Nikolái Nósov, Lev Davydychev, Borís Zajoder, Anatoli Rybakóv, Valeri Medvédev o Yevgeni Veltistov.

En dramaturgia, sus mayores exponentes del período son Aleksandr Vampilov, Yevgeni Shvarts, Víktor Rozov, Alekséi Arbuzov.
[editar] La literatura de los años 70 (1968 – mediados de los 80)

El período convencionalmente comienza con el final de la Primavera de Praga y el “aprieto de las tuercas” que siguió, y concluye a mediados de los ochenta con los síntomas de agravación de la crisis del estado soviético y de la ideología soviética.

En poesía puede hablarse de las siguientes nuevas corrientes y grupos:

• Neoacmeísmo, cuyos principales representantes son Arseni Tarkovski, Semión Lipkin, y Bella Ajmadulina, quien continúa la tradición filosófica, compleja y refinada de la Edad de Plata. Estos autores proclamaron vínculos personales universales con todo en el mundo, probaban imágenes de la cultura y su papel en la formación y ‘mantenimiento’ una personalidad humana.

•Los poetas con ‘guitarras’– Vladímir Vysotski, Aleksandr Gálich. Estos poetas utilizaron a menudo lo grotesco como medio para criticar la vida contemporánea, aunque a veces su poesía está marcada por un lirismo trágico sin precedentes, así como por el psicologismo y la identificación total con los héroes de sus versos (soldados de la Gran Guerra Patria, artistas, gamberros (Vysotski)). Estos poetas fueron la conciencia del país durante los años setenta. Galich fue obligado a emigrar y Vysotski falleció prematuramente.

• La corriente de los `poetas bajos’ fue continuada, en primer lugar, por Yuri Kuznetsov, quien en su obra exploró la tragedia del medio rural tradicional ruso, su vida y sus valores, y su destrucción gradual. Su poesía está marcada por un lirismo melancólico y por la búsqueda de Dios en la vida cotidiana.

• Neovanguardía – neofuturismo (Vladímir Kazakov, Víctor Sosnora, Gennadi Aigi) y Lianózovo grupo (neo-OBERIU) (Oleg Grigóriev, Ígor Jolin, Vsévolod Nekrásov), que abrieron un camino hacia el conceptualismo, continuando su búsqueda creativa.

• Primeros versos de poetas de rock ruso (principios de los años 80) – ‘jóvenes enfadados’, que luchaban por su derecho a ser diferentes, tener sus opiniones, su estética y su estilo que eran distintos del punto de vista oficial.

Puede mencionarse asimismo a Ígor Guberman, un distinguido poeta, que también utilizó la sátira en su poesía. Sus mordaces cuartetas satíricas hicieron de él persona non grata en la URSS y tuvo que emigrar a Israel.

Puede mencionarse también la corriente poética denominada neorromanticismo, practicada por cantautores y poetas como Bulat Okudzhava, Yuri Vízbor, Yevgueni Bachurin, Aleksandr Dolski, Yunna Mórits, etc. Su poesía era una poesía ‘baja’, intelectual, a veces triste y irónica, inteligente, muy lírica. En su mayor parte se manifestó en forma de canciones, que son conocidas y valoradas hasta ahora.

Yevgeni Yevtushenko y Andréi Voznesenski continuaron escribiendo, pero su poesía tuvo menor resonancia que en la década de 1960.

En prosa, debe destacarse la evolución o desintegración gradual del realismo socialista y el retorno al realismo crítico

• Entonces una nueva corriente en prosa apareció, la llamada ‘epopeya popular’ (Anatoli Ivanóv con su “La llamada perpetua”, Piotr Proskurin, Fiódor Abrámov). Estas obras estudiaban las vidas de algunas generaciones de familias rusas, en el fondo familias campesinas y sus destinos en la Rusia ‘encabritada’ por la Revolución y martirizada en la Gran Guerra Patria y en la vida cotidiana moderna. Esos escritores examinaban el nervio moral y los valores espirituales que permitieron a la gente sobrevivir y vencer en la guerra, pero ellos no idealizan la gente. Esos escritores fueron los primeros en ver que la vida saciada lleva sus propios peligros – ‘insuficiencia cardíaca’, búsqueda de provecho, olvido de valores eternos, sordera moral. Afin a la corriente es la ‘prosa de la aldea’ cuyos principales representantes son Vasili Belov, Valentín Rasputin, Víktor Astáfiev, Vasili Shukshin, con sus héroes intensamente buscando ‘algo más’, el sentido de la vida, la justificación de su existencia.

• La Prosa de guerra está representada por las obras de Borís Vasíliev, Vitali Zakrutkin, Víktor Astáfiev, Yuri Bóndarev y Viacheslav Kondratiev. Los escritores intentaban descubrir qué hizo que la gente continuase siendo humana en medio de la carnicería sangrienta de la guerra, rindiendo homenaje a las gentes sencillas que no se permitieron convertirse en inhumanas.

• Puede mencionarse asimismo el desarrollo subsiguiente del movismo (mauvism) representado por las más avanzadas y más maduras obras de Valentín Katáyev. Mauvism es una mezcla interesante con partes cuasi-documentales, visiones, ensueños con el movimiento libre a través del tiempo en todas las direcciones.

Es difícil etiquetar a los prosistas de la época como partidarios de una corriente literaria concreta. No obstante, pueden destacarse escritores notables como Vladímir Voinóvich, Fazil Iskander y Vasili Aksiónov, quienes prefirieron el género satírico para sus estudios del absurdo de los mitos totalitarios, el avanzado Yuri Trifonov y Gavriíl Troepolski quien en su Bim blanco, oreja negra revelaba y estudiaba la sordera moral y la depreciación de valores en la vida cotidiana, Vladímir Tendriakov y Yuri Dombrovski con su valiente revelación de la injusticia del régimen soviético con métodos casi realistas pero usando parábolas, el postrealismo místico de Vladímir Orlov y Anatoli Kim. El tema de “Archipiélago Gulag” está estudiado más profundamentete por Aleksandr Solzhenitsyn y Varlam Shalámov. La prosa histórica del período está representada por las novelas de Valentín Pikul, Dmitri Balashov, Alekséi Yugov quienes estudiaron el progreso histórico de Rusia.

Apareció una nueva corriente literaria en prosa, la supuesta prosa pedagógica. Son novelas y cuentos que examinan la psicología de los adolescentes, cómo se hacen mayores y ¡los problemas de su socialización y de su contacto personal y trato con los adultos. Esas obras también plantean una cuestión de la responsabilidad de los adultos para el fiasco y la falta de valores espirituales de los adolescents. Esta corriente es representada por las obras de Albert Lijanov, Simon Soloveichik, Borís Vasíliev, and Vladímir Zheleznikov.

Se puede decir que el periodo estimuló el postmodernismo ruso literario, y los escritores postmodernistas más notables del periodo son Venedikt Yeroféyev, Sasha Sokolov y Andréi Bitov.

Es el tiempo de florecimiento de ciencia ficción social y filosófica, con obras maduras de Arkadi y Borís Strugatski, Olga Larionova, Kir Bulychóv, Sever Gansovski, y la ciencia ficción espacial de Sergéi Snegov. Esas obras se elevan sobre la lectura de pasatiempo, analizando la naturaleza humana extemporánea, planteando cuestiones filosóficas y examinando diferentes modelos sociales.

En cuanto a la literatura infantil y juvenil, está representeada por las obras de Vladislav Krapivin, Kir Bulychóv y Eduard Uspenski, el autor de Cheburashka.

Los mejores dramaturgos de la época fueron Aleksandr Vampilov, Grigori Gorin, Aleksandr Gelman, Edvard Radzinski, Georgi Polonski, Aleksandr Volodin y Mijal Shatrov.

La literatura en ruso del período creada por escritores pertenecientes a otras culturas nacionales está representada por las obras maduras del kirguís Chingiz Aitmátov y de escritores bielorrusos – Vasil Bykau, lo mismo que por la nueva prosa documental de Ales Adamovich y la prosa de guerra confesional y de multitud de voces de Svetlana Aleksiévich. Sus obras no solo se convirtieron en un tesoro de la literatura en ruso sino que influyeron fuertemente sobre la literatura rusa.
[editar] Literatura rusa en emigración

Tras la Revolución de Octubre en 1917 la mayor parte de los escritores de la Edad de Plata no aprobó el nuevo régimen bolchevique y abandonó el país, la mayoría para siempre. Estos escritores dieron comienzo a la literatura rusa del exilio.

Podemos hablar de tres períodos (o tres ‘olas’ de emigración de masas) en la historia de literatura rusa en emigración:

1. Literatura de la primera ‘ola’ – obras de los escritores y poetas desplazados por la Revolución de Octubre en 1917.
Literatura de la “generación desapercibida” – obras de sus hijos y de escritores y poetas quienes maduraron y comenzaron a escribir en emigración
2. Literatura de la segunda ‘ola’ – obras de los escritores y poetas desplazados por la Segunda Guerra Mundial
3. Literatura de la tercera ‘ola’ – obras de numerosos disidentes soviéticos quienes emigraron al oeste en 1970 – mediados de los 1980

Los emigrados de la primera ‘ola’ se establecieron principalmente en Berlin, París y Praga, convirtiendo a esas ciudades en importantes centros de cultura y literatura rusa durante la emigración. Algunas revistas literarias y editoriales publicaron las obras de escritores emigrados rusos y eso estimuló discusiones intelectuales así como la vida cultural. Escritores y poetas se agruparon alrededor de las revistas dando lugar a grupos literarios.

Los escritores más notables de la primera ‘ola’ son Iván Bunin, Aleksandr Kuprin, Iván Shmeliov, Yevgeni Zamiatin, Leonid Andréyev, Marina Tsvetáyeva y Alekséi Nikoláyevich Tolstói (los dos regresaron a Rusia más tarde). Entre otros escritores y poetas que escaparon del régimen bolchevique fueron Dmitri Merezhkovski y su esposa, poetisa Zinaída Guippius, Borís Zaitsev, Mijaíl Osorgin, Alekséi Remizov, Georgi Ivánov, Konstantín Balmont, Teffi (Nadezhda Lojvitskaia), Vladislav Jodasévich, Irina Odóyevtseva, Ígor Severianin (Ígor Lotariov), Sasha Chorni (Aleksandr Glikberg), Nina Berbérova, Arkadi Averchenko, Mark Aldánov, Nikolái Otsup, Elizaveta Kuzmina-Karaváyeva (Madre María), Viacheslav Ivánov, Georgi Adamóvich, Piotr Krasnov, y muchos otros. Sus obras exploraron los motivos apocalípticos, de fatalidad y sino, del fin de la civilización, la soledad trágica del hombre en un mundo hostil, proclamaron el precio del sustento de una alma viva humana en un mundo trágico y disgregado. Algunos de los escritores analizaron las causas de la revolución y condenaron a los “descarados, villanos y vándalos” que destruyeron la Rusia zarista.

La “generación desapercibida” fueron en esencia escritores y poetas más jóvenes que maduraron y comenzaron a escribir ya emigrados. Los más conocidos poetas de la “generación desapercibida” son Borís Bózhnev, Aleksandr Ginger, Anna Prismánova, Alla Golovina, Raísa Bloj, Borís Poplavski, Yuri Terapiano, Nikolái Turovérov, Lídiya Chervínskaya, Irina Knorring, Vladímir Smolenski. Su poesía lírica tenía como fin la representación minuciosa de los movimientos del alma, psicología intensa y apuntaba los motivos de un hombre sin hogar, solitario, amargado, un alma en pena. Los más notables prosistas son Vladimir Nabokov, Georgi Yevangulov, Yuri Felzen, Gaito Gazdanov y Leonid Zurov.

Los representantes de la segunda ‘ola’ son Iván Yelagin, Nikolái Narokov, Dmitri Klenovski, Borís Shiriáyev. Sus obras giraban en torno a su amarga experiencia de la vida en la URSS.

La tercera ‘ola’ de emigración, ‘ola’ de disidentes, tuvo su causa en la protesta de los intelectuales contra el control ideológico omnipresente y contra el “apriete de tuercas” después de la Primavera de Praga. Algunos autores fueron deportados por las autoridades soviéticas. Se establecieron principalmente en Nueva York e Israel. Entre los escritores de la tercera ‘ola’ destacan Joseph Brodsky, Andréi Siniavski, Dmitri Bóbyshev, Sasha Sokolov, Vasili Aksiónov, Fridrij Gorenstein, Georgi Vladímov, Aleksandr Solzhenitsyn, Sergéi Dovlátov, Andréi Amalrik, Lev Kópelev, Irina Ratushínskaya, entre otros.

Después de la caída de la Unión Soviética los antepechos que dividieron la literatura rusa en dos fueron derribados. Actualmente la literatura rusa vuelve a estar unida, lo que implica que aunque la literatura rusa es diversa, gracias a la gran proliferación de diversas corrientes estéticas, voces poéticas y experimentos literarios, puntos de vista y enfoques creativos, ya no está dividida trágicamente por un telón de acero y prohibiciones del gobierno. Los autores y sus libros pueden atravesar fronteras fácilmente.
[editar] Literatura de la época postsoviética (mitad de los 80 – presente)

En la segunda mitad de los ochenta la crisis de la ideología soviética se hizo muy aguda y general, lo que estimuló la aparición de una literatura nueva, post-soviética. Durante esta época el telón de acero desapareció por completo, y los autores emigrados regresaron a Rusia. Se puede decir que las dos corrientes de la literatura rusa confluyeron, transformándose en una nueva corriente.

Como suele ocurrir en épocas de crisis, la literatura se dedicó principalmente a revelar y estudiar los males y patologías de la sociedad rusa, rayando en el naturalismo fisiológico, con un pesimismo extremo, y dividiendo todas las manifestaciones de la vida en sus partes integrantes. He aquí por qué la literatura desde mediados de los 80 hasta comienzos del siglo XXI mereció en Rusia el apodo de ‘chernuja y pornuja’ – literatura negra y pornográfica. Apareció una corriente neo-naturalista en prosa representada, por ejemplo, por Anatoli Azolski y Sergéi Kaledin. Los textos que condenaban el sistema y la ideología soviéticos fueron tan numerosos que pudo hablarse de una nueva ‘ideología oficial’, opuesta a la ideología soviética. Pero poco a poco, con la llegada de la esperanza nueva para Rusia, la literatura se hizo más diversa.

En poesía, las corrientes más importantes son:

• Conceptualismo (Dmitri Prigov, Lev Rubinstein, Timur Kibirov). El principio fundamental de conceptualismo son los ‘juegos’ con objetos y clichés verbales de socialismo y su reducción al absurdo.

• Neobarroco, cuyos representantes mejores son Yelena Shvarts, Iván Zhdánov y Alekséi Párshchikov.

• Un nuevo grupo literario, “Mitkí”, formado por Vladímir Shinkariov, Mijaíl Sapego, Olga y Aleksandr Florenski, Dmitri Shagin, Borís Grebenshchikov, quienes cultivan un sentimentalismo ingenuo, de simplicidad y tontería deliberadas. La mayor parte de los poetas del rock y cantautores principales de los noventa estuvieron más o menos vinculados con el grupo. Los ‘Mitkí’ escribieron prosa y poesía, pintaron y cultivaron un estilo de vida especial.

• Poetas y cantautores de rock ruso: los más conocidos son Aleksandr Bashlachov, Borís Grebenshchikov, Yuri Shevchuk, Víktor Tsoi, Yanka Diágileva.

• Los poemas de Karen Dzhangirov, Dmitri Bykov, Iván Ajmétiev, Bajyt Kenzhéyev, Vladímir Vishnevski son de interés también.

En los últimos tiempos la comunidad de Internet se desarrolló rápidamente en Rusia, y apareció un fenómeno nuevo, la literatura interactiva (‘Seteratura’) –

La prosa post-modernista predomina durante el periodo. La corriente está representada principalmente por las novelas de Tatiana Tolstaya, Valeria Narbikova, Víktor Pelevin, Viacheslav Pietsuj, Víktor Yeroféyev, Dmitri Lípskerov, Pável Krusanov, Vladímir Orlov, Nikolai Dezhnev, Anatóli Korolióv, Anatoli Kim, Vladímir Voinóvich, Vasili Aksiónov y Dmitri Bykov. El puesto de Borís Akunin entre post-modernistas puede ser disputado, pero al mismo tiempo los críticos literarios están de acuerdo con que su prosa es de alta calidad y solamente se enmascara como obra policíaca. Los post-modernistas rusos en su poética reflejan la crisis de ‘fin de siècle’ en literatura. La crisis se manifestó en la pérdida de confianza en muchas cosas: cultura, lengua, utopía; al mismo tiempo los post-modernistas sienten cierta nostalgia por la fe perdida.

La manera realista sufrió cambios radicales, como puede comprobarse en las últimas novelas de Víktor Astáfiev, Anatoli Rybakov (Deti Arbata – Los hijos de Arbat) y Georgi Vladímov.

El post-realismo está representado por las obras de Ludmila Ulítskaya, Dina Rúbina, Olga Slávnikova, Sergéi Dovlátov, Vladimir Makanin, Liudmila Petrushévskaia, Fridrich Gorenshtein, Aleksei Slapovski, Galina Scherbakova, Efraim Sevela, Aleksandr Kabakóv.

Los más dudosos y escandalosos escritores serios del tiempo son Yuz Aleshkovski, Yuri Mamleiev, Vladimir Sorokin, cuyas obras abundan en líquidos del cuerpo de todo género, atrocidades y un lenguaje obsceno.

La novela histórica está desarrollada principalmente por Dmitri Balashov y Borís Vasíliev, quienes dirigen su mirada a las épocas primeras de la historia rusa, examinando vuelos y caídas del país.

La ciencia-ficción filosófica y social florece también, representada por las obras de Arkadi y Borís Strugatski, Aleksandr Gromov, Oleg Divov, Henry Lion Oldie, Yelena Jaietskaia, Viacheslav Rybakov, Vladimir Mijailov, Yevgeni Lukin, Sviatoslav Loginov, Eduard Gevorkian, Borís Shtern, Sergei Siniakin, Jolm van Zaichik, Vladimir Jlumov, Dmitri Bykov, Andrei Stoliaróv, Aleksandr Yetoev, Leonid Kaganov. Es literatura de alta calidad, que no debe ser discriminada por culpa de género, por que es a menudo difícil decir donde juegos post-modernistas o post-realistas se terminan y donde literatura ‘de amplio consumo’ comienza. Un escritor de ciencia-ficción muy popular es Sergéi Lukiánenko, pero él gradualmente se comercializa. Podemos mencionar asimismo las novelas-parábolas maravillosas de escritores ucranianos Marina y Sergei Dyachenko, quienes escriben en ruso las más de las veces. El género de la literatura fantástica (fantasy) apareció en Rusia también, en el sub-género llamado ‘literatura fantástica eslava’ Maria Semionova es la autora principal.

En cuanto a la literatura infantil y juvenil, esa literatura es representado, ante todo, por los libros de “Consejos perniciosos” muy populares por Grigori Oster.

La dramaturgia del tiempo es representado por el teatro post-modernista de Venedikt Yerofeiev, Nina Sadur, neonaturalismo de Nikolai Koliada evolucionando en la dirección de neosentimentalismo, piezas de teatro post-realistas de Liudmila Petrushévskaia.
[editar] Lista de escritores destacados

* Aleksandr Afanásiev
* Víktor Astáfiev
* Andréi Beli
* Iván Bunin
* Mijaíl Bulgákov
* Pável Bazhov
* Yuri Bóndarev
* Antón Chéjov
* Fedor Dostoievski
* Konstantín Fedin
* Denís Fonvizin
* Nikolái Gógol
* Iván Goncharov
* Maksim Gorki
* Aleksandr Grin
* Vasili Grossman
* Ilf y Petrov
* Lev Kasil
* Vladímir Korolenko

* Pável Krusánov
* Aleksandr Kuprin
* Nikolái Leskov
* Vladímir Nabókov
* Nikolái Nósov
* Aleksandr Ostrovski
* Borís Pasternak
* Víktor Pelevin
* Andréi Platónov
* Valentín Rasputin
* Mijaíl Saltykov-Shchedrín
* Varlam Shalámov
* Iván Shmeliov
* Mijaíl Shólojov
* Vasili Shukshin
* Yevgeni Shvarts
* Fiódor Sologub
* Aleksandr Solzhenitsyn
* Arkadi y Borís Strugatski

* Alekséi Nikoláyevich Tolstói
* Lev Tolstói
* Iván Turgénev
* Ludmila Ulítskaya
* Borís Vasíliev
* Vladímir Voinóvich
* Venedikt Yeroféyev
* Yevgeni Zamiatin

[editar] Lista de poetas destacados

* Bella Ajmadulina
* Anna Ajmátova
* Aleksandr Blok
* Joseph Brodsky
* Valeri Briúsov
* Aleksandr Griboyédov
* Nikolái Gumiliov
* Alekséi Koltsov
* Iván Krylov
* Mijaíl Lérmontov
* Ósip Mandelshtam
* Vladímir Mayakovski
* Nikolái Nekrásov
* Iván Nikitin
* Alekséi Párshchikov

* Dmitri Prigov
* Aleksandr Pushkin
* Nikolái Rubtsov
* Konstantín Símonov
* Yelena Shvarts
* Fiódor Tiútchev
* Aleksandr Tvardovski
* Marina Tsvetáyeva
* Andréi Voznesenski
* Vladímir Vysotski
* Piotr Yershov
* Sergéi Yesenin
* Yevgeni Yevtushenko
* Iván Zhdánov
* Vasili Zhukovski

[editar] Premios Nobel

* Iván Bunin – El señor de San Francisco (1933)
* Borís Pasternak – Doctor Zhivago (1958)
* Mijaíl Shólojov – El Don apacible (1965)
* Aleksandr Isaevich Solzhenitsyn – Archipiélago Gulag (1970)
* Joseph Brodsky – 1987

[editar] Bibliografía en español

* Gaev, Arcadio, La literatura soviética y sus etapas. Buenos Aires: Servipres, 1964.
* La literatura rusa antigua. Buenos Aires: Losada, 1972.
* Lo Gatto, Ettore, Historia de la literatura rusa, Barcelona, 1954.
* Lo Gatto, Ettore, La literatura rusa moderna. Buenos Aires: Losada, 1972.
* Portnoff, George, La literatura rusa en España. Nueva York: Instituto de las Españas, 1932.
* Schostakovsky, Pablo, Historia de la literatura rusa desde los orígenes hasta nuestros días’. Buenos Aires: Losada, 1945.
* Sánchez Puig, María, Diccionario de autores rusos. Ss. XI-XIX, Madrid: Ediciones del Orto, 1995.
* Teatro ruso . — Barcelona : Iberia, 1957 . — 2 v.
* Thoorens, León, Rusia, Europa oriental y del Norte, Madrid: Editorial Daimon, 1969.
* VV. AA., Historia de las literaturas eslavas, ed. de F. Presa González, Madrid: Cátedra, 1997.
* VV. AA. Literatura Rusa Medieval. Perspectivas Actuales. Universidad de Granada, 2007.
* Waegemans, Emmanuel, Historia de la literatura rusa, Madrid: EIUNSA, 2003. ISBN 84-8469-083-0
* Waliszewski, K., Historia de la literatura rusa. Buenos Aires: Argonauta, 1946.

[editar] Véase también

* Cultura de Rusia
* Idioma ruso
* Mitología eslava
* Literatura daguestana
* Literatura en basquiro
* Literatura en buriato
* Literatura en chuvasio
* Literatura en komi
* Literatura en marí
* Literatura en mordovo

* Literatura en osético
* Literatura en tártaro
* Literatura en votiaco
* Literatura en yakuto
* Literatura en yidis
* Categoría:Escritores de Rusia
* Categoría:Escritores en ruso
* Categoría:Filólogos de Rusia
* Categoría:Filósofos de Rusia
* Categoría:Premios literarios de Rusia