GERARDO DIEGO. POESIAS, BIOGRAFIA Y ANALISIS DE SU OBRA.

GERARDO DIEGO

POESÍA

La poesía de Gerardo Diego se ha caracterizado por su fecunda variedad. En numerosas declaraciones, prólogos, entrevistas y anotaciones a su obra el poeta ha manifestado siempre su alto concepto de la poesía caracterizado por la pureza y la libertad. Pureza en su sentido más amplio y nítido lejos de dogmatismo de escuela, y libertad en todos los órdenes de la expresión artística. El poeta ha justificado de este modo el sentido de su tan traída y llevada versatilidad, que le permite ser respetuoso cultivador de la tradición y avanzado experimentador y aventurero del futuro, corrientes que ha mantenido a lo largo de sus casi setenta años de poeta:

“Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela -nueva- para mi uso personal e intransferible.”

Aun así, no es difícil hallar un sentido unitario en toda la poesía de Gerardo Diego, común a su experiencia artística. Por encima de aparentes contradicciones y por encima de las diferencias formales entre su poesía “de creación” y su poesía “de expresión” está un mismo sentido de la aventura poética como creación en libertad, en la que el impulso vanguardista y emprendedor todo lo impregna y revoluciona con lo avanzado de un lenguaje y de un estilo cuyos recursos originales percibimos de la misma forma en un poema taurino, en el soneto a una catedral gótica, en la estructura de un libro religioso, que en la interpretación de una sinfonía o del inefable arte de tal o cual músico. Un constante anhelo de renovación y de búsqueda, en consonancia con los criterios que definieron a los poetas de su tiempo en su etapa de formación, caracteriza la poesía de Gerardo Diego.

El romancero de la novia, 1920

PREGERARDO ANTEDIEGO

La obra comienza -al menos “oficialmente”, porque habría que adelantar la fecha hasta 1915- en 1918, y revela en sus inicios ya este sentido de búsqueda, aunque por el momento sea más notoria la propia inseguridad juvenil. Aunque, como ahora sabemos a partir de la publicación de sus Obras completas, ya en 1915 había escrito poemas, es en 1918 cuando escribe poesía con dedicación suficiente para, luego, publicar nada menos que tres libros que deben ser considerados el pórtico de una fecunda obra poética y, como tal, entrevistos como búsqueda primera de una personalidad: Iniciales, que, publicado en 1943, contiene la poesía de, como él mismo ha señalado, “Pregerardo Antediego”; El romancero de la novia, y Nocturnos de Chopin, que también se ha titulado Ofrenda a Chopin. Es muy perceptible una gran influencia del simbolismo imperante en ese momento, ya sea procedente de las escuelas francesas, ya sea a través de su interpretación española. En la elección y elaboración del romance como forma lírica se ve la presencia del Juan Ramón inicial, admirado en ese momento por los más jóvenes. No está ausente del taller gerardiano una notable influencia del romanticismo, aunque en este caso es más de temperatura que de formas o de temas, y cristaliza en las “paráfrasis románticas” que son los Nocturnos de Chopin. Gerardo Diego inicia ya lo que será una andadura permanente y ejemplar en su obra: el constante anhelo por traducir a la palabra de la poesía las sensaciones y la evocación producidas por una determinada música. En el mismo orden de cosas que otros poetas de su generación -Guillén, Lorca y, con más amplitud, Alberti-, el poeta se adscribe así a uno de los principios más innovadores de la estética simbolista, basado en el trasvase de los sentidos y en la superación de las fronteras sensoriales por medio de un considerable y emprendedor esfuerzo de imaginación estética.

Fábula de Equis y Zeda 1932

POESÍA DE CREACIÓN

En la obra de Gerardo Diego, la faceta que tiene una mayor importancia histórica es sin duda alguna la vanguardista, que tiene en el poeta las características de marcada singularidad. Si por un lado se destaca su muy temprana adscripción a movimientos de vanguardia, por otro se evidencia notablemente su permanencia, hasta los años ochenta, en el arte avanzado. Y se pone de manifiesto que en nuestro poeta -como no las hubo en Góngora, por ejemplo- no existen etapas sucesivas, sino facetas o modalidades permanentes, expresivas de un mismo anhelo poético. La importancia histórica de esta situación especial la marca el hecho de que su “poesía de creación” fuese la preferida de los más jóvenes poetas en los años sesenta y fuese editada conjuntamente y muy difundida en un momento en que la lírica española más representativa -los ex novísimos- trataba de establecer nuevas metas en los avances de su poesía. Y consta históricamente que fue Pere Gimferrer el gestor de la recopilación completa -hasta entonces- de la faceta vanguardista de Gerardo Diego.

Con una interesante teoría de lo que es la “poesía de creación”, minuciosamente explicada como conjunto de poemas creados y creadores de sugestión para el lector, que es libre de percibirla en un sentido o en otro, como el poeta lo fue al elaborar esa propia poesía, el poeta santanderino marca diferencias respecto a otras experiencias vanguardistas más difundidas, como el surrealismo, o para él puramente iniciales, como el ultraísmo. Su permanencia en el arte de vanguardia responde a un firme y convencido deseo de crear una poesía absoluta, junto a la habitual “poesía relativa” o “poesía de expresión”, y, en definitiva, o conjuntamente, expresar con libertad determinados anhelos o efusiones.

Consecuentemente, se ha construido en este terreno una obra sólida y valiosa, excepcional en nuestras letras contemporáneas, valorada cada vez con mayor interés por las generaciones más jóvenes y conectada con las más avanzadas experiencias del arte vanguardista que define nuestro tiempo. Y son varios los libros del poeta que, a lo largo de su vida, pueden quedar adscritos a experiencias avanzadas. Desde el inicial Evasión, de 1918 y 1919, que puede en pureza considerarse ultraísta, hasta las diferentes entregas de Biografía incompleta y Biografía continuada, toda una larga trayectoria nos va a mostrar esa permanencia. Destacan como hitos de este camino libros como Imagen, en el que el poeta se entregó sin reservas a la búsqueda de la imagen múltiple, que no es reflejo de algo, sino apariencia de sí misma; y Limbo, considerado por el poeta “el cancionero más ortodoxo dentro del movimiento creacionista”.

Es muy interesante, en este terreno, advertir la permeabilidad de la experiencia vanguardista en Gerardo Diego y observar cómo alguna de sus obras ofrece singular contextura intermedia, con presencia de diferentes experiencias literarias en ella. La Fábula de Equis y Zeda, escrita en pleno fervor gongorista, y Poemas adrede adoptan contextura métrica clásica y expresión lingüística tradicional, aunque en ellos se advierte su condición de poema de creación y en este caso de poesía adrede, poesía escrita con la sola intención de ser poesía. Algunos resultados son muy famosos en el conjunto de toda la poesía de nuestro autor, como el vanguardista “Azucenas en camisa”, que no oculta, sin embargo, sus notables aires garcilasianos

Y en este mismo espacio de la permeabilidad hay que recordar que la maestría adquirida en el manejo de la imagen, de la palabra poética absoluta, libre e independiente, se deja notar en los libros consideradas más tradicionales o relativos. No son explicables muchos de los resultados expresivos conseguidos en sonetos de Alondra de verdad -uno de sus libros más “clásicos”- sin tener en cuenta lo que ya en ellos influye la experiencia imaginística de vanguardia vivida por el poeta.

La fundación del querer, 1970

POESÍA DE EXPRESIÓN

En todo caso, el grupo más importante de los libros de Gerardo Diego se nutre de obras que, siguiendo la propia nomenclatura gerardiana, adscribiríamos a la “poesía relativa” o “poesía de expresión”. Es el grupo más numeroso, y se distingue por la multiplicación de atenciones que van bastante más allá de la ya clásica clasificación en poemas de paisaje, poemas de amor y poemas de temas “minori” (fundamentalmente los toros y la música), incluyendo toda la poesía religiosa en el apartado del amor

Desde luego, tales son los espacios básicos que esa poesía despliega, aunque son muchos los matices que la ampliarían y multiplicarían. Por ejemplo, del grupo de poesía y paisaje -y también en el grupo de poesía y música- surge un nuevo sector de la poesía de Gerardo Diego muy valioso que queda vinculado a personajes históricos que han producido en el poeta una determinada emoción: un soneto dedicado a Beethoven, a Schubert o a Debussy; un gran poema como el “Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré” o como “La visitación de Gabriel Miró” nos introducen en un mundo muy personal del poeta santanderino que fue cultivado con singular fidelidad. Otro ejemplo lo constituirían poemas de paisaje, vinculados a un determinado espacio que no sólo sobresale por su belleza arquitectónico-natural, sino también por su elevada espiritualidad, por su sentido religioso. Una buena muestra de esta poesía, tan típica de Gerardo, la constituiría, inevitablemente, cualquiera de sus sonetos dedicados a “El ciprés de Silos”.

Nuevas interferencias e intercambios encontraríamos en las otras grandes agrupaciones temáticas de sus libros. En la poesía amorosa había que distinguir entre esa lírica, tan personal y entrañable, vinculada a la vida doméstica y familiar, y en concreto al amor conyugal, representada por La sorpresa y continuada en La Fundación del querer, y la poesía amorosa al estilo clásico de Amazona, Amor solo, Sonetos a Violante, Canciones a Violante y Glosa a Villamediana, que, tan influidos por la lírica del Siglo de Oro, van desde planteamientos metafísicos del amor a lírica cancioneril y galante vinculada a la tradición áurea española.

En definitiva, el Gerardo de las distintas modalidades y de la versatilidad estilística, el Gerardo tan insistido de las aparentes contradicciones, se transforma en una lectura meditada de su poesía en el fecundo poeta que buscó siempre la expresión adecuada para cada emoción, que indagó el cauce de la libertad en la expresión y en la creación, y que estableció con singular sensibilidad un alto concepto de la poesía que le permitió ser siempre fiel a sí mismo como creador y como practicante de ese arte concebido ante todo como comunicación en el que el poeta siempre creyó.

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