ANTONIO MACHADO. POESIAS

ANTONIO MACHADO. POESIAS

Poesías

Antonio Machado

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2

HE ANDADO MUCHOS CAMINOS

He andado muchos caminos,

he abierto muchas veredas;

he navegado en cien mares

y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto

caravanas de tristeza,

soberbios y melancólicos

borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño

que miran, callan, y piensan

que saben, porque no beben

el vino de las tabernas.

Mala gente que camina

y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto

gente que danzan o juegan,

cuando pueden, y laboran

sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,

preguntan adónde llegan.

Cuando caminan, cabalgan

a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa

ni aun en los días de fiesta.

Donde hay vino, beben vino;

donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,

laboran, pasan y sueñan,

y en un día como tantos

descansan bajo la tierra.

3

RECUERDO INFANTlL

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel

se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel

junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco

truena el maestro, un anciano

mal vestido, enjuto y seco,

que lleva un libro en la mano.

y todo un coro infantil

va cantando la lección:

mil veces ciento, cien mil,

mil veces mil, un millón.

Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de la lluvia en los cristales.

4

CANTE HONDO

Yo meditaba absorto, devanando

los hilos del hastío y la tristeza,

cuando llegó a mi oído,

por la ventana de mi estancia, abierta

a una caliente noche de verano,

el plañir de una copla soñolienta,

quebrada por los trémolos sombríos

de las músicas magas de mi tierra.

…Y era el Amor, como una roja llama…

-Nerviosa mano en la vibrante cuerda

ponía un largo suspirar de oro,

que se trocaba en surtidor de estrellas-.

…Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,

el paso largo, torva y esquelética.

-Tal cuando yo era niño la soñaba-.

Y en la guitarra resonante y trémula,

la brusca mano, al golpear, fingía

el reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo

que el polvo barre y la ceniza alienta.

5

PRELUDIO

Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero

poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.

Acordaré las notas del órgano severo

al suspirar fragante del pífano de abril.

Maduraran su aroma las pomas otoñales,

la mirra y el incienso salmodiarán su olor;

exhalarán su fresco perfume los rosales

bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.

Al grave acorde lento de música y aroma,

la sola y vieja y noble razón de mi rezar

levantará su vuelo suave de paloma,

y la palabra blanca se elevará al altar.

6

¿MI AMOR?…

¿Mi amor?… ¿Recuerdas, dime,

aquellos juncos tiernos,

lánguidos y amarillos

que hay en el cauce seco?…

¿Recuerdas la amapola

que calcinó el verano,

la amapola marchita,

negro crespón del campo?…

¿Te acuerdas del sol yerto

y humilde, en la mañana,

que brilla y tiembla roto

sobre una fuente helada?…

7

ME DIJO UN ALBA DE LA PRIMAVERA

Me dijo un alba de la primavera:

Yo florecí en tu corazón sombrío

ha muchos años, caminante viejo

que no cortas las flores del camino.

Tu corazón de sombra ¿acaso guarda

el viejo aroma de mis viejos lirios?

¿Perfuman aún mis rosas la alba frente

del hada de tu sueño adamantino?

Respondí a la mañana:

Sólo tienen cristal los sueños míos.

Yo no conozco el hada de mis sueños;

no sé si está mi corazón florido.

Pero si aguardas la mañana pura

que ha de romper el vaso cristalino,

quizás el hada te dará tus rosas,

mi corazón tus lirios.

8

ES UNA FORMA JUVENIL QUE UN DIA

Es una forma juvenil que un día

a nuestra casa llega.

Nosotros le decimos: ¿por qué tornas

a la morada vieja?

Ella abre la ventana, y todo el campo

en luz y aroma entra.

En el blanco sendero

los troncos de los árboles negrean;

las hojas de sus copas

son humo verde que a lo lejos sueña.

Parece una laguna

el ancho río entre la blanca niebla

de la mañana. Por los montes cárdenos

camina otra quimera.

9

ME DIJO UNA TARDE

Me dijo una tarde

de la primavera:

Si buscas caminos

en flor en la tierra,

mata tus palabras

y oye tu alma vieja.

Que el mismo albo lino

que te vista, sea

tu traje de duelo,

tu traje de fiesta.

Ama tu alegría

y ama tu tristeza,

si buscas caminos

en flor en la tierra.

Respondí a la tarde

de la primavera:

Tú has dicho el secreto

que en mi alma reza:

yo odio la alegría

por odio a la pena.

Mas antes que pise

tu florida senda,

quisiera traerte

muerta mi alma vieja.

10

LA VIDA HOY TIENE RITMO

La vida hoy tiene ritmo

de ondas que pasan,

de olitas temblorosas

que fluyen y se alcanzan.

La vida hoy tiene el ritmo de los ríos,

la risa de las aguas

que entre los verdes junquerales corren

y entre las verdes cañas.

Sueño florido lleva el manso viento;

bulle la savia joven en las nuevas ramas;

tiemblan alas y frondas,

y la mirada sagital del águila

no encuentra presa… Treme el campo en sueños,

vibra el sol como un arpa.

¡Fugitiva ilusión de ojos guerreros,

que por las selvas pasas

a la hora del cenit: tiemble en mi pecho

el oro de tu aljaba!

En tus labios florece la alegría

de los campos en flor; tu veste alada

aroman las primeras velloritas,

las violetas perfuman tus sandalias.

Yo he seguido tus pasos en el viejo bosque,

arrebatados tras la corza rápida,

y los ágiles músculos rosados

de tus piernas silvestres entre verdes ramas.

¡Pasajera ilusión de ojos guerreros

que por las selvas pasas

cuando la tierra reverdece y ríen

los ríos en las cañas!

¡Tiemble en mi pecho el oro

que llevas en tu aljaba!

11

LAS MOSCAS

Vosotras, las familiares,

inevitables golosas,

vosotras, moscas vulgares,

me evocáis todas las cosas.

¡Oh viejas moscas voraces

como abejas en abril,

viejas moscas pertinaces

sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío

en el salón familiar,

las claras tardes de estío

en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,

raudas moscas divertidas,

perseguidas

por amor de lo que vuela,

-que todo es volar, -sonoras,

rebotando en los cristales

en los días otoñales…

Moscas de todas las horas,

de siempre… Moscas vulgares,

de mi juventud dorada;

de esta segunda inocencia,

que da en no creer en nada,

de siempre… Moscas vulgares,

que de puro familiares

no tendréis digno cantor:

yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,

sobre el librote cerrado,

sobre la carta de amor,

sobre los párpados yertos

de los muertos.

Inevitables golosas,

que ni labráis como abejas,

ni brilláis cual mariposas;

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pequeñitas, revoltosas,

vosotras, amigas viejas,

me evocáis todas las cosas.

13

JARDIN

Lejos de tu jardín quema la tarde

inciensos de oro en purpurinas llamas,

tras el bosque de cobre y de ceniza.

En tu jardín hay dalias.

¡Malhaya tu jardín!… Hoy me parece

la obra de un peluquero,

con esa pobre palmerilla enana,

y ese cuadro de mirtos recortados…

y el naranjito en su tonel… El agua

de la fuente de piedra

no cesa de reír sobre la concha blanca.

14

HASTIO

Pasan las horas de hastío

por la estancia familiar,

el amplio cuarto sombrío

donde yo empecé a soñar.

Del reloj arrinconado,

que en la penumbra clarea,

el tictac acompasado

odiosamente golpea.

Dice la monotonía

del agua clara al caer:

un día es como otro día;

hoy es lo mismo que ayer.

Cae la tarde. El viento agita

el parque mustio y dorado…

¡Qué largamente ha llorado

toda la fronda marchita!

15

SUEÑO INFANTIL

Una clara noche

de fiesta y de luna,

noche de mis sueños,

noche de alegría

-era luz mi alma,

que hoy es bruma toda

no eran mis cabellos

negros todavía-,

el hada más joven

me llevó en sus brazos

a la alegre fiesta

que en la plaza ardía.

So el chisporroteo

de las luminarias,

amor sus madejas

de danza tejía.

Y en aquella noche

de fiesta y de luna,

noche de mis sueños,

noche de alegría,

el hada más joven

besaba mi frente…

Con su linda mano

su adiós me decía…

Todos los rosales

daban sus aromas,

todos los amores

amor entreabría.

16

GUITARRA DEL MESON

Guitarra del mesón que hoy suenas jota,

mañana petenera,

según quien llega y tañe

las empolvadas cuerdas.

Guitarra del mesón de las caminos,

no fuiste nunca, ni serás, poeta.

Tú eres alma que dice su armonía

solitaria a las almas pasajeras…

Y siempre que te acucha el caminante

sueña escuchar un aire de su tierra.

17

LA PRIMAVERA BESABA

La primavera besaba

suavemente la arboleda

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil…

Yo vi en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

-recordé-, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

Hoy, en mitad de la vida.

me he parado a meditar…

¡Juventud nunca vivida,

quién te volviera a soñar!

18

HUMEDO ESTA, BAJO EL LAUREL

Húmedo está, bajo el laurel, el banco

de verdinosa piedra;

lavó la lluvia, sobre el muro blanco,

las empolvadas hojas de la hiedra.

Del viento del otoño el tibio aliento

los céspedes undula, y la alameda

conversa con el viento…

¡el viento de la tarde en la arboleda!

Mientras el sol en el ocaso esplende

que los racimos de la vid orea,

y el buen burgués, en su balcón, enciende

la estoica pipa en que el tabaco humea,

voy recordando versos juveniles…

¿Qué fue de aquel mi corazón sonoro?

¿Será cierto que os vais, sombras gentiles,

huyendo entre los árboles de oro?

19

EN MEDIO DE LA PLAZA

En medio de la plaza y sobre tosca piedra,

el agua brota y brota. En el cercano huerto

eleva, tras el muro ceñido por la hiedra,

alto ciprés la mancha de su ramaje yerto.

La tarde está cayendo frente a los caserones

de la ancha plaza, en sueños. Relucen las vidrieras

con ecos mortecinos de sol. En los balcones

hay formas que parecen confusas calaveras.

La calma es infinita en la desierta plaza,

donde pasea el alma su traza de alma en pena.

El agua brota y brota en la marmórea taza.

En todo el aire en sombra no más que el agua suena.

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COPLAS MUNDANAS

Poeta ayer, hoy triste y pobre

filósofo trasnochado,

tengo en monedas de cobre

el oro de ayer cambiado.

Sin placer y sin fortuna,

pasó como una quimera

mi juventud, la primera…

la sola, no hay más que una:

la de dentro es la de fuera.

Pasó como un torbellino,

bohemia y aborrascada,

hasta de coplas y vino,

mi juventud bien amada.

Y hoy miro a las galerías

del recuerdo, para hacer

aleluyas de elegías

desconsoladas de ayer.

¡Adiós, lágrimas cantoras,

lágrimas que alegremente

brotabais, como en la fuente

las limpias aguas sonoras!

¡Buenas lágrimas vertidas

por un amor juvenil,

cual frescas lluvias caídas

sobre los campos de abril!

No canta ya el ruiseñor

de cierta noche serena;

sanamos del mal de amor

que sabe llorar sin pena.

Poeta ayer, hoy triste y pobre

filósofo trasnochado,

tengo en monedas de cobre

el oro de ayer cambiado.

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RETRATO

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierra de Castilla,

mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido

-ya conoceis mi torpe aliño indumentario-,

mas recibí la fecha que me asignó Cupido,

y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,

pero mi verso brota de manantial sereno;

y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética

corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

mas no amo los afeites de la actual cosmética,

ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera

mi verso, como deja el capitán su espada:

famosa por la mano viril que la blandiera,

no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo

-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;

mi soliloquio es plática con este buen amigo

que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuando he escrito.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

el traje que me cubre y la mansión que habito,

el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

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23

A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo, en el hogar, mañana,

ardas de alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

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LLANTO DE LAS VIRTUDES Y COPLAS POR LA MUERTE DE DON

GUIDO

Al fin, una pulmonía

mató a don Guido, y están

las campanas todo el dia

doblando por él ¡din-dan!

Murió don Guido, un señor,

de mozo muy jaranero,

muy galán y algo torero;

de viejo, gran rezador.

Dicen que tuvo un serrallo

este señor de Sevilla;

que era diestro

en manejar el caballo,

y un maestro

en refrescar manzanilla.

Cuando mermó su riqueza,

era su monomanía

pensar que pensar debía

en asentar la cabeza.

Y asentóla

de una manera española,

que fue casarse con una

doncella de gran fortuna

y repintar sus blasones,

hablar de las tradiciones

de su casa,

a escándalos y amoríos

poner tasa,

sordina a sus desvaríos.

Gran pagano,

se hizo hermano

de una santa cofradía;

el Jueves Santo salía,

llevando un cirio en la mano

-¡aquel trueno!-,

vestido de nazareno.

Hoy nos dice la campana

que han de llevarse mañana

al buen don Guido, muy serio,

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camino del cementerio.

Buen don Guido, ya eres ido

y para siempre jamás…

Alguien dirá: ¿Qué dejaste?

Yo pregunto: ¿Qué llevaste

al mundo donde hoy estás?

¿Tu amor a los alamares

y a las sedas y a los oros,

y a la sangre de los toros

y al humo de los altares?

Buen don Guido y equipaje

¡buen viaje!…

El acá

y el allá,

caballero,

se ve en tu rostro marchito,

lo infinito:

cero, cero.

¡Oh las enjutas mejillas,

amarillas,

y los párpados de cera,

y la fina calavera

en la almohada del lecho!

¡Oh fin de una aristocracia!

La barba canosa y lacia

sobre el pecho;

metido en tosco sayal,

las yertas manos en cruz

¡tan formal!

el caballero andaluz.

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EL MAÑANA EFIMERO

La España de charanga y pandereta,

cerrado y sacristía,

devota de Frascuelo y de María,

de espíritu burlón y de alma quieta,

ha de tener su mármol y su día,

su infalible mañana y su poeta.

El vano ayer engendrará un mañana

vacío y ¡por ventura! pasajero.

Será un joven lechuzo y tarambana,

un sayón con hechuras de bolero;

a la moda de Francia realista,

un poco al uso de París pagano,

y al estilo de España especialista

en el vicio al alcance de la mano.

Esa España inferior que ora y bosteza,

vieja y tahúr, zaragatera y triste;

esa España inferior que ora y embiste

cuando se digna usar de la cabeza,

aún tendrá luengo parto de varones

amantes de sagradas tradiciones

y de sagradas formas y maneras;

florecerán las barbas apostólicas

y otras calvas en otras cálaveras

brillarán, venerables y católicas.

El vano ayer engendrará un mañana

vacío y ¡por ventura! pasajero,

la sombra de un lechuzo tarambana,

de un sayón con hechuras de bolero,

el vacuo ayer dará un mañana huero.

Como la náusea de un borracho ahito

de vino malo, un rojo sol corona

de heces turbias las cumbres de granito;

hay un mañana estomagante escrito

en la tarde pragmática y dulzona.

Mas otra España nace,

la España del cincel y de la maza,

con esa eterna juventud que se hace

del pasado macizo de la raza.

Una España implacable y redentora,

España que alborea

con un hacha en la mano vengadora;

España de la rabia y de la idea.

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PROVERBIOS Y CANTARES

Nunca perseguí la gloria

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles

como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse

de sol y grana, volar

bajo el cielo azul, temblar

súbitamente y quebrarse.

¿Para qué llamar caminos

a los surcos del azar?

Todo el que camina anda,

como Jesús, sobre el mar.

A quien nos justifica nuestra desconfianza

llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.

Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía

que dio a cascar al diente de la sabiduría.

Nuestras horas son minutos

cuando esperamos saber,

y siglos cuando sabemos

lo que se puede aprender.

No vale nada el fruto

cogido sin sazón…

Ni aunque te elogie un bruto

ha de tener razón.

De lo que llaman los hombres

virtud, justicia y bondad,

una mitad es envidia,

y la otra no es caridad.

Yo he visto garras fieras en las pulidas manos;

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conozco grajos mélicos y líricos marranos…

El mas truhán se lleva la mano al corazón,

y el bruto más espeso se carga de razón.

En preguntar lo que sabes

el tiempo no has de perder…

Y a preguntas sin respuesta,

¿quién te podrá responder?

El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia,

de ingénita malicia y natural astucia,

formó la inteligencia y acaparó la tierra.

¡Y aún la verdad proclama! ¡Supremo ardid de guerra!

La envidia de la virtud

hizo a Caín criminal.

¡Gloria a Caín! Hoy el vicio

es lo que se envidia más.

La mano del piadoso nos quita siempre honor,

mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.

Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente;

escudo, espada y maza llevar bajo la frente;

porque el valor honrado de todas armas viste:

no sólo para, hiere, y, más que aguarda, embiste.

Que la piqueta arruine, y el látigo flagele;

la fragua ablande el hierro, la lima pula y gaste,

y que el buril burile, y que el cincel cincele,

la espada punce y hienda y el gran martillo aplaste.

¡Ojos que a la luz se abrieron

un día para, después,

ciegos tornar a la tierra,

hartos de mirar sin ver!

Es el mejor de los buenos

quien sabe que en esta vida

todo es cuestión de medida:

un poco más, algo menos…

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Virtud es la alegría que alivia el corazón

más grave y desarruga el ceño de Catón.

El bueno es el que guarda, cual venta del camino,

para el sediento el agua, para el borracho el vino.

Cantad conmigo en coro: Saber, nada sabemos,

de arcano mar vinimos, a ignota mar iremos…

Y entre los dos misterios está el enigma grave;

tres arcas cierra una desconocida llave.

La luz nada ilumina y el sabio nada enseña.

¿Qué dice la palabra? ¿Qué el agua de la peña?

El hombre es por natura la bestia paradójica,

un animal absurdo que necesita lóica.

Creó de nada un mundo, y su obra terminada,

“Ya estoy en el secreto -se dijo-, todo es nada”.

El hombre sólo es rico en hipocresía.

En sus diez mil disfraces para engañar confía;

y con la doble llave que guarda su mansión

para la ajena hace ganzúa de ladrón.

¡Ah, cuando yo era niño

soñaba con los héroes de la Ilíada!

Ayax era más fuerte que Diomedes,

Héctor, más fuerte que Ayax,

y Aquiles el más fuerte; porque era

el más fuerte… ¡Inocencias de la infancia!

¡Ah, cuando yo era niño

soñaba con los héroes de la Ilíada!

El casca-nueces-vacías,

Colón de cien vanidades,

vive de supercherías

que vende como verdades.

¡Teresa, alma de fuego,

Juan de la Cruz, espíritu de llama,

por aquí hay mucho frío, padres, nuestros

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corazoncitos de Jesús se apagan!

Ayer soñé que veía

a Dios y que a Dios hablaba;

y soñé que Dios me oía…

Después soñé que soñaba.

Cosas de hombres y mujeres,

los amoríos de ayer,

casi los tengo olvidados,

si fueron alguna vez.

No extrañéis, dulces amigos,

que esté mi frente arrugada;

yo vivo en paz con los hombres

y en guerra con mis entrañas.

De diez cabezas, nueve

embisten y una piensa.

Nunca extrañéis que un bruto

se descuerne luchando por la idea.

Las abejas de las flores

sacan miel, y melodía

del amor, los ruiseñores;

Dante y yo -perdón, señores-,

trocamos -perdón, Lucíael

amor en Teología.

Poned sobre los campos

un carbonero, un sabio y un poeta.

Veréis cómo el poeta admira y calla,

el sabio mira y piensa…

seguramente, el carbonero busca

las moras o las setas.

Llevadlos al teatro

y sólo el carbonero no bosteza.

Quien prefiere lo vivo a lo pintado

es el hombre que piensa, canta o sueña.

El carbonero tiene

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llena de fantasías la cabeza.

¿Dónde está la utilidad

de nuestras utilidades?

Volvamos a la verdad:

vanidad de vanidades.

Todo hombre tiene dos

batallas que pelear:

en sueños lucha con Dios;

y despierto, con el mar.

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.

El que espera desespera,

dice la voz popular.

¡Qué verdad tan verdadera!

La verdad es lo que es

y sigue siendo verdad

aunque se piense al revés.

Corazón, ayer sonoro,

¿ya no suena

tu monedilla de oro?

Tu alcancía,

antes que el tiempo la rompa,

¿se irá quedando vacía?

Confiemos

en que no será verdad

nada de lo que sabemos.

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¡Oh fe del meditabundo!

¡Oh fe después del pensar!

Sólo si viene un corazón al mundo

rebosa el vaso humano y se hincha el mar.

Soñé a Dios como como una fragua

de fuego, que ablanda el hierro,

como un forjador de espadas,

como un bruñidor de aceros,

que iba firmando en las hojas

de luz: Libertad-Imperio.

Yo amo a Jesus, que nos dijo:

Cielo y tierra pasarán.

Cuando cielo y tierra pasen

mi palabra quedará.

¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?

¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?

Todas tus palabras fueron

una palabra: Velad.

Hay dos modos de conciencia:

una es luz, y otra, paciencia.

Una estriba en alumbrar

un poquito el hondo mar;

otra, en hacer penitencia

con caña o red, y esperar

el pez, como pescador.

Díme tú: ¿cuál es mejor?

¿Conciencia de visionario

que mira en el hondo acuario

peces vivos,

fugitivos,

que no se pueden pescar,

o esa maldita faena

de ir arrojando a la arena,

muertos, los peces del mar?

Fe empirista. Ni somos ni seremos.

Todo nuestro vivir es emprestado.

Nada trajimos; nada llevaremos.

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¿Dices que nada se crea?

No te importe, con el barro

de la tierra haz una copa

para que beba tu hermano.

¿Dices que nada se crea?

Alfarero, a tus cacharros.

Haz tu copa y no te importe

si no puedes hacer barro.

Dicen que el ave divina,

trocada en pobre gallina,

por obra de las tijeras

de aquel sabio profesor

(fue Kant un esquilador

de las aves altaneras;

toda su filosofía

un sport de cetrería),

dicen que quiere saltar

las tapias del corralón,

y volar

otra vez, hacia Platón.

¡Hurra! ¡Sea!

¡Feliz será quien lo vea!

Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales:

el ómnibus que arrastran dos pencos matalones,

por el camino, a tumbos, hacia las estaciones,

el ómnibus completo de viajeros banales,

y en medio un hombre mudo, hipocondríaco, austero,

a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino…

Y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero

no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?

Bueno es saber que los vasos

no sirven para beber:

lo malo es que no sabemos

para qué sirve la sed.

¿Dices que nada se pierde?

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Si esta copa de cristal

se me rompe, nunca en ella

beberé, nunca jamás.

Dices que nada se pierde

y acaso dices verdad,

pero todo lo perdemos

y todo nos perderá.

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar.

Morir… ¿Caer como gota

de mar en el mar inmenso?

¿O ser lo que nunca he sido:

uno, sin sombra y sin sueño,

un solitario que avanza

sin camino y sin espejo?

Anoche soñé que oía

a Dios, gritándome: ¡Alerta!

Luego era Dios quien dormía,

y yo gritaba: ¡Despierta!

Cuatro cosas tiene el hombre

que no sirven en la mar:

ancla, gobernalle y remos,

y miedo de naufragar.

Mirando mi calavera

un nuevo Hamlet dirá:

He aquí un lindo fósil de una

careta de carnaval.

Ya noto, al paso que me torno viejo,

que en el inmenso espejo,

donde orgulloso me miraba un día,

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era el azogue lo que yo ponía.

Al espejo del fondo de mi casa

una mano fatal

va rayando el azogue, y todo pasa

por él como la luz por el cristal.

-Nuestro español bosteza.

¡Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?

-El vacío es más bien en la cabeza.

Luz del alma, luz divina,

faro, antorcha, estrella, sol…

Un hombre a tientas camina;

lleva a la espalda un farol.

Discutiendo están dos mozos

si a la fiesta del lugar

irán por la carretera

o a campo traviesa irán.

Discutiendo y disputando

empiezan a pelear.

Ya con las trancas de pino

furiosos golpes se dan;

ya se tiran de las barbas,

que se las quieren pelar.

Ha pasado un carretero,

que va cantando un cantar:

“Romero, para ir a Roma,

lo que importa es caminar;

a Roma por todas partes,

por todas partes se va”.

En esta España de los pantalones

lleva la voz el macho;

mas si un negocio importa

lo resuelven las faldas a escobazos.

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

36

y otra España que bosteza.

Españolito que vlenes

al mundo, te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

37

UNA ESPAÑA JOVEN

…Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,

la malherida España, de carnaval vestida

nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda,

para que no acertara la mano con la herida.

Fue ayer; éramos casi adolescentes; era

con tiempo malo, en cinta de lúgubres presagios,

cuando montar quisimos en pelo una quimera,

mientras la mar dormía ahíta de naufragios.

Dejamos en el puerto la sórdida galera,

y en una nave de oro nos plugo navegar

hacia los altos mares, sin aguardar ribera,

lanzando velas y anclas y gobernalle al mar.

Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño -herencia

de un siglo que vencido sin gloria se alejabaun

alba entrar quería; con nuestra turbulencia

la luz de las divinas ideas batallaba.

Mas cada cual el rumbo siguió de su locura;

agilitó su brazo, acreditó su brío;

dejó como un espejo bruñida su armadura

y dijo: “El hoy es malo, pero el mañana… es mío”.

Y es hoy aquel mañana de ayer… Y España toda,

con sucios oropeles de carnaval vestida

aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda;

mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.

Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre

la voluntad te llega, irás a tu aventura

despierta y transparente a la divina lumbre,

como el diamante clara, como el diamante pura.

38

ESPAÑA EN PAZ

En mi rincón moruno, mientras repiquetea

el agua de la siembra bendita en los cristales,

yo pienso en la lejana Europa que pelea,

el fiero norte, envuelto en lluvias otoñales.

Donde combaten galos, ingleses y teutones

allá en la vieja Flandes y en una tarde fría,

sobre jinetes, carros, infantes y cañones

pondrá la lluvia el velo de su melancolía.

Envolverá la niebla el rojo expoliario

-sordina gris al férreo claror del campamentolas

brumas de la Mancha caerán como un sudario

de la flamenca duna sobre el fangal sangriento.

Un César ha ordenado las tropas de Germania

contra el francés avaro y el triste moscovita,

y osó hostigar la rubia pantera de Britania.

Medio planeta en armas contra el teutón milita.

¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra,

odiada por las madres, las almas entigrece;

mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra?

¿Quién segará la espiga que junio amarillece?

Albión acecha y caza las quillas en los mares;

Germania arruina templos, moradas y talleres;

la guerra pone un soplo de hielo en los hogares,

y el hambre en los caminos, y el llanto en las mujeres.

Es bárbara la guerra y torpe y regresiva;

¿por qué otra vez a Europa esta sangrienta racha

que siega el alma y esta locura acometiva?

¿Por qué otra vez el hombre de sangre se emborracha?

La guerra nos devuelve las podres y las pestes

del Ultramar cristiano; el vértigo de horrores

que trajo Atila a Europa con sus feroces huestes;

las hordas mercenarias, los púnicos rencores;

la guerra nos devuelve los muertos milenarios

de cíclopes, centauros, Heracles y Teseos;

la guerra resucita los sueños cavernarios

del hombre con peludos mammuthes giganteos.

39

¿Y bien? El mundo en guerra y en paz España sola.

¡Salud, oh buen Quijano! Por si este gesto es tuyo,

yo te saludo. ¡Salve! Salud, paz española,

si no eres paz cobarde, sino desdén y orgullo.

Si eres desdén y orgullo, valor de ti, si bruñes

en esa paz, valiente, la enmohecida espada,

para tenerla limpia, sin tacha, cuando empuñes

el arma de tu vieja panoplia arrinconada;

si pules y acicalas tus hierros para, un día,

vestir de luz y erguida: heme aquí, pues, España,

en alma y cuerpo, toda, para una guerra mía,

heme aquí, pues, vestida para la propia hazaña

decir, para que diga quien oiga: es voz, no es eco;

el buen manchego habla palabras de cordura;

parece que el hidalgo amojamado y seco

entró en razón, y tiene espada a la cintura;

entonces, paz de España, yo te saludo.

Si eres

verguenza humana de esos rencores cabezudos

con que se matan miles de avaros mercaderes,

sobre la madre tierra que los parió desnudos;

si sabes cómo Europa entera se anegaba

en una paz sin alma, en un afán sin vida,

y que una calentura cruel la aniquilaba,

que es hoy la fiebre de esta pelea fratricida;

si sabes que esos pueblos arrojan sus riquezas

al mar y al fuego -todos- para sentirse hermanos

un día ante el divino altar de la pobreza,

gabachos y tudescos, latinos y britanos,

entonces, paz de España, también yo te saludo,

y a ti, la España fuerte, si en esta paz bendita,

en tu desdeño esculpes, como sobre un escudo,

dos ojos que avizoran y un ceño que medita.

40

GALERIAS

En el azul la banda

de unos pájaros negros

que chillan, aletean y se pogan

en el álamo yerto.

…En el desnudo álamo,

las graves chovas, quietas y en silencio,

cual negras, frías notas

escritas en la pauta de febrero.

El monte azul, el río, las erectas

varas cobrizas de los finos álamos,

y el blanco del almendro en la colina,

¡oh nieve en flor y mariposa en árbol!

Con el aroma del habar, el viento

corre en la alegre soledad del campo.

Una centella blanca

en la nube de plomo culebrea.

¡Los asombrados ojos

del niño, y juntas cejas

-está el salón oscuro- de la madre!…

¡Oh cerrado balcón a la tormenta!

El viento aborrascado y el granizo

en el limpio cristal repiquetean.

El iris y el balcón.

Las siete cuerdas

de la lira del sol vibran en sueños.

Un tímpano infantil da siete golpes

-agua y cristal-.

Acacias con jilgueros.

Cigeñas en las torres.

En la plaza,

lavó la lluvia el mirto polvoriento.

En el amplio rectángulo ¿quién puso

ese grupo de vírgenes risueño,

y arriba, ¡hosanna!, entre la rota nube,

la palma de oro y el azul sereno?

41

Entre montes de almagre y peñas grises,

el tren devora su raíl de acero.

La hilera de brillantes ventanillas

lleva un doble perfil de camafeo,

tras el cristal de plata, repetido…

¿Quién ha punzado el corazon del tiempo?

¿Quién puso, entre las rocas de ceniza,

para la miel del sueño,

esas retamas de oro

y esas azules flores del romero?

La sierra de violeta

y, en el poniente, el azafrán del cielo

¿quién ha pintado? ¡El abejar, la ermita,

el tajo sobre el río, el sempiterno

rodar del agua entre las hondas peñas,

y el rubio verde de los campos nuevos,

y todo, hasta la tierra blanca y rosa

al pie de los almendros!

En el silencio sigue

la lira pitagórica vibrando,

el iris en la luz, la luz que llena

mi estereoscopio vano.

Han cegado mis ojos las cenizas

del fuego heraclitano.

El mundo es, un momento,

transparente, vacío, ciego, alado.

42

LA LUNA, LA SOMBRA Y EL BUFON

Fuera, la luna platea

cúpulas, torres, tejados;

dentro, mi sombra pasea

por los muros encalados.

Con esta luna, parece

que hasta la sombra envejece.

Ahorremos la serenata

de una cenestesia ingrata,

y una vejez intranquila,

y una luna de hojalata.

Cierra tu balcón, Lucila.

Se pintan panza y joroba

en la pared de mi alcoba.

Canta el bufón:

¡Qué bien van,

en un rostro de cartón

unas barbas de azafrán!

Lucila, cierra el balcón.

43

CANCIONES

Junto a la sierra florida,

bulle el ancho mar.

El panal de mis abejas

tiene granitos de sal.

Junto al agua negra.

Olor de mar y jazmines.

Noche malagueña.

La primavera ha venido.

Nadie sabe cómo ha sido.

La primavera ha venido.

¡Aleluyas blancas

de los zarzales floridos!

¡Luna llena, luna llena

tan oronda, tan redonda

en esta noche serena

de marzo, panal de luz

que labran blancas abejas!

Noche castellana;

la canción se dice,

o, mejor se calla.

Cuando duerman todos,

saldré a la ventana.

Canta, canta en claro rimo,

el almendro en verde rama

y el doble sauce del río.

Canta de la parda encina

la rama que el hacha corta

y la flor que nadie mira.

De los perales del huerto

la blanca flor, la rosada

flor del melocotonero.

Y este olor

44

que arranca el viento mojado

a los habares en flor.

La fuente y las cuatro

acacias en flor

de la plazoleta.

Ya no quema el sol.

¡Tardecita alegre!

Canta, ruiseñor.

Es la misma hora

de mi corazón.

¡Blanca hospedería,

celda de viajero,

con la sombra mía!

El acueducto romano

-canta una voz de mi tierray

el querer que nos tenemos,

chiquilla, ¡vaya firmeza!

A las palabras de amor

les sienta bien su poquito

de exageración.

En Santo Domingo,

la misa mayor.

Aunque me decían

hereje y masón,

rezando contigo

¡cuanta devoción!

Hay fiesta en el prado verde

-pífano y tambor-.

Con su cayado florido

y abarcas de oro vino un pastor.

Del monte bajé,

sólo por bailar con ella;

al monte me tornaré.

En los árboles del huerto

45

hay un ruiseñor;

canta de noche y de día,

canta a la luna y al sol.

Ronco de cantar:

al huerto vendrá la niña

y una rosa cortará.

Entre las negras encinas,

hay una fuente de piedra,

y un cantarillo de barro

que nunca se llena.

Por el encinar,

con la blanca luna,

ella volverá.

Contigo en Valonsadero,

fiesta de San Juan,

mañana en la pampa,

del otro lado del mar.

Guárdame la fe,

que yo volveré.

Mañana seré pampero,

y se me irá el corazón

a orillas del alto Duero.

Mientras danzáis en corro,

niñas, cantad:

Ya están los prados verdes,

ya vino abril galán.

A orilla del río

por el negro encinar,

sus abarcas de plata

hemos visto brillar.

Ya están los prados verdes,

ya vino abril galán.

46

COPLAS

Papagayo verde,

lorito real,

di tú lo que sabes

al sol que se va.

Tengo un olvido, Guiomar,

todo erizado de espinas,

hoja de nopal.

Cuando truena el cielo

(¡qué bonito está

para la blasfemia!)

y hay bumo en el mar…

En los yermos altos

veo unos chopos de frío

y un camino blanco.

En aquella piedra…

(¡tierra de la luna!)

¿nadie lo recuerda?

Azotan el limonar

las ráfagas de febrero.

No duermo por no soñar.

Sobre la maleza,

las brujas de Macbeth

danzan un corro y gritan:

¡tú serás rey!

(¡thou shalt be King, all hail!)

Y en el ancho llano:

“me quitarán la ventura

-dice el viejo hidalgome

quitarán la ventura,

no el corazón esforzado”.

Con el sol que luce

más allá del tiempo

(¿quién ve la corona

de Macbeth sangriento?)

los encantadores

del buen caballero

47

bruñen los mohosos

harapos de hierro.

48

EL CRIMEN FUE EN GRANADA

EL CRIMEN

Se le vio, caminando entre fusiles,

por una calle larga,

salir al campo frío,

aún con estrellas, de la madrugada.

Mataron a Federico

cuando la luz asomaba.

El pelotón de verdugos

no osó mirarle la cara.

Todos cerraron los ojos;

rezaron: ¡ni Dios te salva!

Muerto cayó Federico

-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.

…Que fue en Granada el crimen

sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…

EL POETA Y LA MUERTE

Se le vio caminar solo con Ella,

sin miedo a su guadaña.

-Ya el sol en torre y torre; los martillos

en yunque- yunque y yunque de las fraguas.

Hablaba Federico,

requebrando a la muerte. Ella escuchaba.

“Porque ayer en mi verso, compañera,

sonaba el golpe de tus secas palmas,

y diste el hielo a mi cantar, y el filo

a mi tragedia de tu hoz de plata,

te cantaré la carne que no tienes,

los ojos que te faltan,

tus cabellos que el viento sacudía,

los rojos labios donde te besaban…

Hoy como ayer, gitana, muerte mía,

qué bien contigo a solas,

por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”

Se le vio caminar…

Labrad, amigos,

de piedra y sueño, en el Alhambra,

un túmulo al poeta,

49

sobre una fuente donde llore el agua,

y eternamente diga:

el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

50

LA PRIMAVERA

Más fuerte que la guerra -espanto y grimacuando

con torpe vuelo de avutarda

el ominoso trimotor se encima

y sobre el vano techo se retarda,

hoy tu alegre zalema el campo anima,

tu claro verde el chopo en yemas guarda.

Fundida irá la nieve de la cima

al hielo rojo de la tierra parda.

Mientras retumba el monte, el mar humea,

da la sirena el lúgubre alarido,

y en el azul el avión platea,

¡cuán agudo se filtra hasta mi oído,

niña inmortal, infatigable dea,

el agrio son de tu rabel florido!

51

EL POETA RECUERDA LAS TIERRAS DE SORIA

¡Ya su perfil zancudo en el regato,

en el azul el vuelo de ballesta,

o, sobre el ancho nido de ginesta,

en torre, torre y torre, el garabato

de la cigueña!… En la memoria mía

tu recuerdo a traición ha florecido;

y hoy comienza tu campo empedernido,

el sueño verde de la tierra fría,

Soria pura, entre montes de violeta.

Di tú, avión marcial, si el alto Duero

a donde vas recuerda a su poeta

al revivir su rojo Romancero:

¿o es, otra vez, Caín, sobre el planeta,

bajo tus alas, moscardón guerrero?

52

AMANECER EN VALENCIA

Estas rachas de marzo, en los desvanes

-hacia la mar- del tiempo; la paloma

de pluma tornasol, los tulipanes

gigantes del jardín, y el sol que asoma,

bola de fuego entre morada bruma,

a iluminar la tierra valentina…

¡Hervor de leche y plata, añil y espuma,

y velas blancas en la mar latina!

Valencia de fecundas primaveras,

de floridas almunias y arrozales,

feliz quiero cantarte, como eras,

domando a un ancho río en tus canales,

al dios marino con tus albuferas,

al centauro de amor con tus rosales.

53

LA MUERTE DEL NIÑO HERIDO

Otra vez en la noche… Es el martillo

de las fiebre en las sienes bien vendadas

del niño. -Madre, ¡el pájaro amarillo!

¡las mariposas negras y moradas!

-Duerme, hijo mio- Y la manita oprime

la madre, junto al lecho. -¡Oh flor de fuego!

¿quién ha de helarte, flor de sangre, dime?

Hay en la pobre alcoba olor de espliego;

fuera, la oronda luna que blanquea

cúpula y torre a la ciudad sombría.

Invisible avión moscardonea.

-¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?

El cristal del balcón repiquetea.

-¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!

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