MIGUEL HERNANDEZ. POESIA REVOLUCIONARIA UNIVERSAL

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

Miguel Hernández 

 

 

 

 

SENTADO SOBRE LOS MUERTOS

 

Sentado sobre los muertos

que se han callado en dos meses, beso zapatos vacíos

y empuño rabiosamente la mano del corazón

y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene,

eso pide mi garganta

desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor, pueblo de mi misma leche, árbol que con tus raíces encarcelado me tienes,

que aquí estoy yo para amarte y estoy para defenderte

con la sangre y con la boca como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,

si yo he nacido de un vientre desdichado y con pobreza, no fue sino para hacerme ruiseñor de las desdichas, eco de la mala suerte,

y cantar y repetir

 

 

 

90     Poesía como un arma

 

 

a quien escucharme debe

cuanto a penas, cuanto a pobres, cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo desnudo y sin qué ponerse, hambriento y sin qué comer, y el día de hoy amanece justamente aborrascado

y sangriento justamente. En su mano los fusiles leones quieren volverse para acabar con las fieras

que lo han sido tantas veces.

Aunque te falten las armas, pueblo de cien mil poderes, no desfallezcan tus huesos, castiga a quien te malhiere

mientras que te queden puños, uñas, saliva, y te queden corazón, entrañas, tripas, cosas de varón y dientes.

Bravo como el viento bravo, leve como el aire leve, asesina al que asesina, aborrece al que aborrece

la paz de tu corazón

y el vientre de tus mujeres. No te hieran por la espalda, vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto, pueblo de mí, por tus héroes:

 

 

 

Poetas españoles    91

 

 

tus ansias como las mías, tus desventuras que tienen del mismo metal el llanto, las penas del mismo temple, y de la misma madera

tu pensamiento y mi frente, tu corazón y mi sangre,

tu dolor y mis laureles. Antemuro de la nada esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo,

desde ahora y desde siempre.

Varios tragos es la vida

y un solo trago la muerte. (Viento del pueblo)

 

 

VIENTOS DEL PUEBLO

 

Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón

y me avientan la garganta. Los bueyes doblan la frente, imponentemente mansa, delante de los castigos:

los leones la levantan

y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa.

 

 

 

92     Poesía como un arma

 

 

No soy de un pueblo de bueyes,

que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones,

desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta.

Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza?

¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas,

ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, valencianos de alegría

y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas;

andaluces de relámpago, nacidos entre guitarras

y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños

del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería,

 

 

 

Poetas españoles    93

 

 

señores de la labranza, hombres que entre las raíces, como raíces gallardas,

vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.  Los bueyes mueren vestidos de humildad y olor de cuadra: las águilas, los leones

y los toros de arrogancia, y detrás de ellos, el cielo ni se enturbia ni se acaba. La agonía de los bueyes tiene pequeña la cara,

la del animal varón

toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta.

Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles

y en medio de las batallas. (Viento del pueblo)

 

 

 

94     Poesía como un arma

 

 

JORNALEROS

 

Jornaleros que habéis cobrado en plomo sufrimientos, trabajos y dineros.

Cuerpos de sometido y alto lomo: jornaleros.

Españoles que España habéis ganado labrándola entre lluvias y entre soles. Rabadanes del hambre y el arado: españoles.

Esta España que, nunca satisfecha de malograr la flor de la cizaña,

de una cosecha pasa a otra cosecha: esta España.

Poderoso homenaje a las encinas, homenaje del toro y el coloso, homenaje de páramos y minas poderoso.

Esta España que habéis amamantado con sudores y empujes de montañas, codician los que nunca han cultivado esta España.

¿Dejaremos  llevar cobardemente

riquezas que han forjado nuestros remos?

¿Campos que ha humedecido nuestra frente dejaremos?

Adelanta, español, una tormenta de martillos y hoces: ruge y canta.

Tu porvenir, tu orgullo, tu herramienta adelanta.

 

 

 

Poetas españoles    95

 

 

Los verdugos, ejemplo de tiranos, Hitler y Mussolini, labran yugos. Sumid en un retrete de gusanos los verdugos.

Ellos, ellos nos traen una cadena de cárceles, miserias y atropellos.

¿Quién España destruye y desordena?

¡Ellos! ¡Ellos!

Fuera, fuera, ladrones de naciones, guardianes de la cúpula banquera, cluecas del capital y sus doblones:

¡fuera, fuera!

Arrojados seréis como basura

de todas partes y de todos lados. No habrá para vosotros sepultura, arrojados.

La saliva será vuestra mortaja, vuestro final la bota vengativa,

y solo os dará sombra, paz y caja la saliva.

Jornaleros: España, loma a loma, es de gañanes, pobres y braceros.

¡No permitáis que el rico se la coma, jornaleros!

(Viento del pueblo)

 

 

1ro. DE MAYO DE 1937

 

No sé qué sepultada artillería dispara desde abajo los claveles,

 

 

 

96     Poesía como un arma

 

 

ni qué caballería

cruza tronando y hace que huelan los laureles.

Sementales corceles, toros emocionados,

como una fundición de bronce y hierro; surgen tras una crin de todos lados, tras un rendido y pálido cencerro.

Mayo los animales pone airados: la guerra más se aíra,

y detrás de las armas los arados braman, hierven las flores, el sol gira.

Hasta el cadáver secular delira. Los trabajos de mayo:

escala su cenit la agricultura. Aparece la hoz igual que un rayo inacabable en una mano oscura.

A pesar de la guerra delirante,

no amordazan los picos sus canciones, y el rosal da su olor emocionante, porque el rosal no teme a los cañones.

Mayo es hoy más colérico y potente: lo alimenta la sangre derramada,

la juventud que convirtió en torrente su ejecución de lumbre entrelazada.

Deseo a España un mayo ejecutivo, vestido con la eterna plenitud de la era.

El primer árbol es su abierto olivo y no va a ser su sangre la postrera.

La España que hoy no se ara, se arará toda entera. (Viento del pueblo)

 

 

 

Poetas españoles    97

 

 

LLAMO AL TORO DE ESPAÑA

 

Alza, toro de España: levántate, despierta. Despiértate del todo, toro de negra espuma, que respiras la luz y rezumas la sombra,

y concentras los mares bajo tu piel cerrada. Despiértate.

Despiértate del todo, que te veo dormido, un pedazo del pecho y otro de la cabeza:

que aún no te has despertado, como despierta un toro cuando se le acomete con traiciones lobunas.

Levántate.

Resopla tu poder, despliega tu esqueleto, enarbola tu frente con las rotundas hachas,

con las dos herramientas de asustar a los astros, de amenazar al cielo con astas de tragedia.

Esgrímete.

Toro en la primavera más toro que otras veces, en España más toro, toro, que en otras partes. Más cálido que nunca, más volcánico, toro, que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.

Desencadénate.

Desencadena el raudo corazón que te orienta por las plazas de España, sobre su astral arena.

A desollarte vivo vienen lobos y águilas

que han envidiado siempre tu hermosura de pueblo. Yérguete.

No te van a castrar: no dejarás que llegue hasta tus atributos de varón abundante,

 

 

 

98     Poesía como un arma

 

 

esa mano felina que pretende arrancártelos de cuajo, impunemente: pataléalos, toro.

Víbrate.

No te van a absorber la sangre de riqueza, no te arrebatarán los ojos minerales.

La piel donde recoge resplandor el lucero

no arrancarán del toro de torrencial mercurio. Revuélvete.

Es como si quisieran quitar la piel al sol, al torrente la espuma con uña y picotazo.

No te van a castrar, poder tan masculino que fecundas la piedra; no te van a castrar.

Truénate.

No retrocede el toro: no da un paso hacia atrás si no es para escarbar sangre y furia en la arena, unir todas sus fuerzas, y desde las pezuñas abalanzarse luego con decisión de rayo.

Abalánzate.

Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado, y en granito fiero paciste la fiereza:

revuélvete en el alma de todos los que han visto la luz primera en esta península ultrajada.

Revuélvete.

Partido en dos pedazos, este toro de siglos, este toro que dentro de nosotros habita: partido en dos mitades, con una mataría

y con la otra mitad moriría luchando. Atorbellínate.

 

 

 

Poetas españoles   99

 

 

De la airada cabeza que fortalece el mundo,

del cuello como un bloque de titanes en marcha, brotará la victoria como un ancho bramido

que hará sangrar al mármol y sonar a la arena. Sálvate.

Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate. Levanta, toro: truena, toro, abalánzate.

Atorbellínate, toro: revuélvete.

Sálvate, denso toro de emoción y de España. Sálvate.

(El hombre acecha)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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