ANTONIO AGRAZ. POESIA REVOLUCIONARIA UNIVERSAL

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

ANTONIO AGRAZ

¡AQUÍ MADRID, CAPITAL DE LA TIERRA!

 

Levantinos, levantinos, hombres de conciencia entera: levantinos de Alicante,

de Castellón, de Valencia: de la ciudad y del pueblo; del naranjal y la huerta; del surco y del arrozal;

de la fábrica y la pesca… Levantinos, levantinos: oíd de Madrid la arenga.

Oídla bien, levantinos

de Alicante y de Valencia, de Castellón, de la Plana, la bella ciudad deshecha por las llamas y el acero de las hordas extranjeras. Oíd, oíd, levantinos,

hombres de conciencia entera. Oíd, porque habla Madrid,

la capital de la Tierra. Madrid, que da la consigna

«Resistencia y resistencia». Luchad vosotros, los hombres; trenzad, los hombres, trincheras. Que la victoria es segura;

que la victoria es tan nuestra,

que ni aun muertos nos la pueden

 

 

 

arrebatar las colmenas de zánganos dictadores

ni las cobardes potencias, impotentes, impotentes, aunque potentes se crean. Luchad, vosotros, los hombres;

trenzad, los hombres, trincheras, seguros de que Madrid,

la capital de la Tierra, sencilla porque es sencilla, serena, porque es serena, y alegre, porque el dolor

no hace ya en su carne mella, y, además, agradecida, levantinos de Valencia,

de Castellón, de Alicante, de la ciudad y la huerta, tiene los brazos abiertos y las entrañas abiertas

a los padres y a los niños de todos los que pelean.

Levantinos, levantinos: oíd de Madrid la arenga:

«Luchar y fortificar; resistencia y resistencia.»

¡Que está la guerra ganada!

¡Que ganaremos la guerra, pese a la traición, al miedo y a las cobardes potencias!

(Romances de CNT)

 

VENGO DE CUATRO CAMINOS

 

Vengo de Cuatro Caminos. De Cuatro Caminos vengo. Mis ojos que ya no lloran, los traigo de sangre llenos; sangre de un chiquillo rubio que he visto roto en el suelo; sangre de una mujer joven; sangre de un viejo muy viejo;

sangre de muchos, ¡de muchos!, confiados, indefensos,

caídos bajo las bombas de los piratas del cielo. Vengo de Cuatro Caminos, de Cuatro Caminos vengo.

Traigo los oídos sordos de blasfemias y lamentos.

—¡Ay, chiquitín, chiquitín!

¿Qué les hiciste a esos perros para que así te destrocen sobre las piedras del suelo?

—¡Ay, ay, ay, madre, mi madre!,

¿por qué han matado al abuelo?

—Porque son hijos de loba y de lobo carnicero; porque llevan en las venas sangre de burdel y cieno; porque nacieron sin padre dentro de su regimiento.

Un «¡Caso en Dios!» corta el aire hacia la farsa del cielo.

(Romancero de la defensa de Madrid)

 

 

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