Malcolm Lowry. Biografia de escritores suicidas

Malcolm Lowry

La vida rota de Lowry no le impidió escribir una obra maestra, Bajo el volcán, señuelo de tantos autores que buscan en México su perdición heroica. Lara Zavala reconstruye el itinerario vital y creativo de este autor irrepetible

Enero 2008 | Tags:

I

Malcolm Lowry, a quien le gustaba contemplar el universo como un arcano, un criptograma lleno de “correspondencias mágicas” o “coincidencias misteriosas y fatales”, vio marcada su vida por dos mujeres, tres hombres y un país. Las mujeres fueron sus esposas Jan Gabrial y Margerie Bonner; los hombres el escritor norteamericano Conrad Aiken, que fungió como su tutor, guardián, maestro, preceptor, padre putativo, cómplice, doble y rival; Nordhal Grieg, novelista noruego con quien se identificó por sus experiencias marítimas; y Albert Erskine, editor estadounidense de Bajo el volcán y amigo leal que creyó como nadie en su talento. El país fue, por supuesto, México y, más específicamente, Cuernavaca o Quauhnáhuac como a él le gustaba nombrarla, escenario de su gran novela.

Una de las dos grandes biografías de Lowry se basa, principal aunque no exclusivamente, en los testimonios de Margerie Bonner, Malcolm Lowry, una biografía de Douglas Day (1973), traducida por el Fondo de Cultura Económica en 1983; la otra toma más en cuenta los recuerdos y experiencias de Jan Gabrial, Perseguido por los demoniosde Gordon Bowker (1993), por publicarse próximamente también a cargo del FCE. La primera es obra de un autor norteamericano, la segunda de un inglés. La de Day intenta emular la estructura de la novela y comienza, una vez que Lowry ha muerto, evocando los últimos días del autor para narrar su vida a partir de ahí; la segunda, sobria, ampliamente documentada y escrita con la tradicional amenidad de la biografía inglesa, sigue una anécdota cronológica sin que por ello desmerezca su contenido, que casi duplica al de Day, y aporta nuevos e interesantes datos, pues Bowker se dio a la tarea de localizar a Jan Gabrial, la primera esposa, que se había mantenido en el anonimato durante años. Ambas biografías son magníficas, se complementan y contraponen, dado que cada una muestra lo subjetivo, interpretativo y arbitrario que puede resultar el género biográfico según las simpatías y apreciaciones de los informantes. Pero lo que dejan muy en claro las dos obras es cuán compleja, autodestructiva, errática, azarosa, caótica, intensa, pero sobre todo trágica fue la vida de Malcolm Lowry.

Detrás de los hombres y mujeres que signaron la vida del escritor se encontraban ocultas las figuras paterna y materna: Arthur, su padre, próspero comerciante en algodón, puritano de la iglesia metodista y abstemio convencido; Evelyn, su madre, que tuvo a Malcolm, el menor de sus cuatro hijos varones, a los 36 años y del que se mantuvo distante por motivos de salud y temperamento a pesar de que para Malcolm, en sus cartas, ella fuera “my dear darling precious little mother” (“mi querida, amada y preciosa madrecita”).

Bowker relata al inicio de Perseguido por los demonioscómo Malcolm decidió, desde niño y de manera inconsciente, su futura inclinación hacia el alcohol como rechazo al puritanismo y a la rigidez paterna. En uno de sus cuentos de juventud, Lowry narra que todas las mañanas acompañaba en el automóvil de la familia a su padre para que abordara el ferry en el que cruzaba el Mersey para dirigirse a sus oficinas en la ciudad de Liverpool. En el camino se encontraban invariablemente a un vecino que hacía el mismo recorrido que ellos a pie. Se trataba de un abogado que, al verlos pasar, saludaba con su bastón de manera un tanto burlona ante la total indiferencia del padre. Cuando Malcolm preguntó por qué no respondía al saludo, el padre le contestó que ese hombre era un borracho sin autodisciplina. La epifanía del cuento la revela el propio niño que funge como narrador: “Él ignoraba que secretamente yo había decidido convertirme en borracho cuando fuera mayor.”

Como suele suceder con muchos escritores, la figura materna desempeñó un papel definitivo en la formación de la sensibilidad y carácter de Lowry, pues su línea emocional provenía de Evelyn, su madre, la cual solía quejarse de que nunca volvió a ser la misma después del nacimiento de Malcolm. Esa frase la usaban los hermanos para burlarse de sí mismos ante cualquier pequeño percance que se suscitaba en la familia. Lo cierto es que Malcolm, el menor de cuatro varones, creció con una madre emocionalmente ausente, consentido y sobreprotegido por nanas, institutrices y la servidumbre, quienes, según él, lo dormían dándole una copita de vino. Al igual que sus hermanos, a los siete años Malcolm ingresó a un internado, alejándose para siempre del ambiente familiar.

Lowry invirtió su vida intelectual y emocional en la búsqueda de padres sustitutos. En el terreno masculino recurría a escritores mayores que pudieran iluminarlo y guiarlo en su carrera literaria y fungieran como guardianes frente a su padre, eterno y distante proveedor, que lo libraba de todos sus problemas; pese a ello, cuando Malcolm cumplió veintiún años y su padre le pidió que hiciera un brindis, Lowry contestó que para él su infancia significaba un sufrimiento perpetuo en que la mayor parte del tiempo se sintió ciego, tullido o constipado. Entre las mujeres Malcolm buscaba, o bien a la madre amante (“a mother who was a good lay”, según Jan Gabrial, ) o a “la mártir” (como Margerie, según Day), a manera de paliativo del amor materno que siempre añoró y nunca tuvo. En ambos casos su relación de pareja resultó desastrosa, en parte por su dipsomanía y en parte por sus instintos, que iban del suicida al homicida (“Déjelo”, le recomendaron a Margerie en el Hospital Americano en París, “si no lo hace la va a matar o se va a suicidar”). Lowry lo sabía internamente y así lo sintetiza en la frase final de su cuento “In Le Havre”: “Tú sólo amas tu propia miseria.”

La literatura, la música, el alcohol, el deporte, el amor, el mar y los barcos se fueron entremezclando de manera azarosa en su vida. Desde joven Malcolm mostró una natural predisposición a escribir cuentos y poemas, aprendió a tocar un instrumento un tanto ridículo –el ukelele o taropatch, como parte de su gusto por el chárleston y el jazz– integrándolo fetichistamente a su dislocada personalidad; fue destacado golfista –ganó varios torneos–, infatigable nadador (como su padre) hasta el final de sus días, además de tenista, jugador de ping-pong y aficionado a la lucha libre. Cuando tenía dieciocho años empezó a escribir Ultramarine como resultado de un viaje que hiciera a Shanghái y Yokohama a bordo del carguero ssPyrrus, que se publicitó en los periódicos como el rechazo de un niño rico a la vida regalada (“Yo no quiero cojines de seda, quiero ver el mundo, rozarme con sus particularidades, adquirir experiencia en la vida antes de ingresar en la Universidad de Cambridge”). Al volver del viaje, experimentó la primera de las grandes revelaciones literarias de su vida, la cual cambiaría para siempre su destino como escritor y ser humano. Russell, su hermano más próximo en edad, sacó de la biblioteca pública una novela cuyo título captó su atención, Blue Voyage, pensando que se trataba de un libro marítimo. Pronto el estilo del autor lo desconcertó por sus pirotecnias estilísticas y prefirió pasárselo a Malcolm diciéndole: “Este libro es más para ti que para mí.” Lowry se quedó prendado de la novela que devoró y calificó como “de genio satánico y maravilloso”.

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