Hunter Stockton Thompson. Biografia de un escritor suicida

MALDITOS, HETERODOXOS Y ALUCINADOS
Hunter Stockton Thompson, el creador del periodismo “gonzo” (XLIX)

JAVIER MEMBA

De actualidad estos días por la edición española de su primera novela “El diario del ron” (Anagrama), Hunter Stockton Thompson es a la prensa lo que Bukowski a la novela. Licor y estupefacientes fueron su “combustibles” reconocidos para un vertiginoso viaje por la locura que encierran algunas formas del sueño norteamericano. Sin embargo, cuando se le pregunta a este respecto, suele contestar: “Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada”.

Creador del llamado periodismo “gonzo” -aquel en el que cronista se convierte en protagonista de su crónica, promoviendo su acción y sufriendo sus consecuencias-, él siempre ha hablado de aquello como de un hallazgo casual. Enviado por una revista a realizar un reportaje sobre una importante carrera de caballos, Thompson y su fotógrafo estaban dando cuenta de un canuto cuando la ceniza de éste se les cayó sobre el traje de un importante político. Mientras la ropas de aquél comenzaron a quemarse, los dos periodistas decidieron poner tierra de por medio. “Pasada una semana vino el editor, a quien le habíamos prometido el artículo, a recogerlo. Yo no lo tenía escrito: cuando más consultaba mi bloc de notas, mi mente se quedaba más en blanco. Total, que tuve miedo de que nos quedáramos sin cobrar y le di mis apuntes. Cuando salieron publicados, empecé a hacer las maletas para cambiarme de ciudad, pero todo el mundo empezó a llamarme para decirme que aquello era maravilloso”. En cuanto a “gonzo”, la palabra en cuestión, Thompson explica: “La utilizaba un amigo mío de Oakland, siempre pasadísimo, para referirse a esas personas que tienen la mente peor que los locos”.

“Un delincuente juvenil”

Hunter S. Thompson, como firma sus crónicas -incluso las que tienen más de 200 páginas y reciben el nombre de novelas- nació en Louisville (Kentucky) en 1939. Preguntado por su infancia en una entrevista publicada por la revista “Star” en abril de 1979, Thompson responde: “He sido un delincuente juvenil, el típico que calzaba wambas blancas, camiseta de la Universidad de Oxford y tejanos. Me dedicaba a robar pequeñas cosas, sobre todo licor, que era por lo que nos pagaban más”. Inquirido con posterioridad sobre sus condenas contesta: “Sé más de las cárceles que la mayoría de los convictos del país. De los 15 a los 18 años mi vida transcurrió repartida entre las rejas y las calles. Fue precisamente en prisión donde me inicié con la heroína”.

Finalizada su experiencia reclusa, Thompson es corresponsal del “New York Herald Tribune” en el Caribe. De su estancia en Puerto Rico viene a dar cuenta la ya aludida “El diario del ron”, en cuyas páginas -autobiográficas como todas las a él debidas- se nos presenta bajo el nombre de Kemp, un joven trotamundos que acaba de abandonar el Village para emplearse en una redacción portorriqueña. Serán sus compañeros de esos días misántropos, escépticos, perdedores y ambiciosos que lo disimulan bajo un falso interés por la redención de los pobres. Ni que decir tiene que estos últimos serán los que inspiran a Kemp el mayor de sus desprecios. Sin que ello signifique, claro está, que muestra la más mínima solidaridad con los descreídos. Los verdaderos intereses de nuestro corresponsal están en el ron que bebe sin cesar y en las orgías a las que se entrega.

Referencia contracultural

Tras una nueva experiencia como corresponsal para “National Observer” que le mantiene en Sudamérica hasta 1963, Thompson regresa a Nueva York y comienza colaborar en publicaciones como “Esquire”, el magazine del “New York Times”, “Nation”, “Reporter” y “Harper’s”. Publica su primera novela -“El diario del ron” es la primera que escribe, pero su publicación es más reciente- en 1966, “Los Ángeles del infierno” es su título. La crónica sobre los movimientos de droga que llevan a cabo estos conocidos motoristas norteamericanos le convierte en el “enfant terrible” de la literatura estadounidense. Su estela transciende incluso a círculos tan poco afectos a la prensa como los contraculturales, en los que Thompson es una referencia obligada desde entonces. Por dilucidar aún si la paternidad del nuevo periodismo pertenece a él o a Thomas Wolfe, lo cierto es que, como novelista, Thompson se da a conocer antes. “The Electric Kool-Aid Acid Test”, el primer libro de Wolfe, data de 1968.

Redactor jefe de la sección nacional de la prestigiosa revista “Rolling Stone” entre 1969 y 1974, de uno de los reportajes realizados por aquel tiempo acerca de la campaña presidencial de 1972 nace su novela más celebrada: “Miedo y asco en Las Vegas”. En su páginas, el eterno periodista, álter ego del autor en todas sus novelas, acompañado en esta ocasión por un abogado, se lanza con su Chevrolet descapotable a la conquista de Las Vegas. Las drogas más variadas suceden al alcohol en alternancia constante a lo largo de todo el recorrido de estos dos pícaros de nuestro tiempo.

“Mis obras más importantes están aún por escribir”, anunciaría ante el aplauso cosechado entonces. “Fear and Loathing on the Campaign Trail’77” (1973), “La gran caza del tiburón” (1979) y “The Curse of Lono” (1983) sólo son algunas de las que ha dado a la estampa hasta la fecha.

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