Farfalletina. Rainer Maria Rilke

Farfalletina
Estremecida, llega a la lámpara y su vértigo le da un postrer respiro confuso antes de arder.
Ha caído en el verde mantel y en ese fondo propicio extiende por un instante (una
duración tan suya que no sabríamos medir) el lujo de su inconcebible esplendor. Se diría
una dama pequeñita que ha sufrido un contratiempo en su camino al Teatro. Nunca
llegará. Y, además, ¿dónde está el Teatro para tan frágiles espectadores? Sus alas, donde
se perciben minúsculos hilos de oro, se agitan como un doble abanico frente a ningún
rostro; y, entre ellas, ese cuerpecito de juguete en el que han caído dos redondos ojos de
esmeralda… Es en ti, querida mía, que Dios se ha consumido. Es él quien te arroja a la
llama para reponer su fuerza. (Como un niño que rompe su alcancía.)

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