El comedor de mandarinas. Rainer Maria Rilke

El comedor de mandarinas
Qué previsión, esta liebre entre las frutas.
Consideremos: en un solo ejemplar hay
treinta y siete pequeñas semillas listas
para caer en cualquier parte y esparcir
su progenie. Hemos debido corregirla.
Esta pequeña y tenaz Mandarina, que
luce un vestido demasiado grande como
si hubiese de crecer todavía, es capaz de
poblar la tierra. Mal vestida, es verdad, su
tarea consiste en la multiplicación y no en
seguir la moda. Mostrémosle la granada
en su armadura de cuero cordobés: ella
estalla de futuro, se contiene, desdeña…
Y permitiéndonos entrever su posible linaje,
lo constriñe en una cuna carmesí. La tierra
le parece demasiado evasiva para establecer
con ella un pacto de abundancia.

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