CANCIÓN DE LA MÁS ALTA TORRE. Jean Arthur Rimbaud

CANCIÓN DE LA MÁS ALTA TORRE
Que llegue, que llegue,
El tiempo en que se quiere.
Tanta paciencia tuve
Que todo lo he olvidado.
Temores y dolores
Al cielo se han volado. Y la malsana sed
Mis venas ha nublado.
Que llegue, que llegue,
El tiempo en que se quiere.
Tal como la pradera Entregada al olvido,
En que incienso y cizañas
Creciendo han florecido,
Bajo las sucias moscas
Y su feroz zumbido.
Que llegue, que llegue,
El tiempo en que se quiere.
Yo amaba el desierto, los vergeles quemados, las tiendas marchitas, las bebidas tibias.
Me arrastraba por las callejas hediondas y con los ojos cerrados, me ofrecía al sol, dios de
fuego.
«General, si queda un viejo cañón sobre tus murallas derruidas, bombardéanos con
bloques de
tierra seca. ¡Bombardea los espejos de los almacenes espléndidos! ¡Bombardea los salones!
Haz tragar su polvo a la ciudad. Oxida las gárgolas. Llena los tocadores de briznas de rubí
quemante …»
¡Oh! el moscardón embriagado en el mingitorio de la posada, enamorado de la borraja
y al que disuelve un rayo de luz.

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