LITERATURA ESPAÑOLA MEDIEVAL Y MODERNA. EL RENACIMIENTO Y EL SIGLO DE ORO

LITERATURA ESPAÑOLA. EL RENACIMIENTO Y EL SIGLO DE ORO.

Bajo el reinado de Carlos I, España dominó gran parte de Europa y estableció un imperio colonial en América. Durante este periodo los escritores españoles siguieron las tendencias filosóficas y artísticas del renacimiento. En el campo de las ideas, Erasmo de Rotterdam fue quien ejerció mayor influencia. Las obras de algunos de sus discípulos españoles, entre los que se encontraban el filósofo Luis Vives y el teólogo Juan de Valdés, fueron muy leídas y se tradujeron a diversas lenguas europeas. Lo mismo cabe decir de las obras de su contemporáneo Antonio de Guevara, divulgador e historiador franciscano. Durante este periodo se escribieron diálogos humanísticos, especialmente por parte de los seguidores de Erasmo, y se cultivó la historiografía. Los historiadores más importantes del renacimiento y el siglo de oro español son Diego Hurtado de Mendoza y el jesuita Juan de Mariana.

Temas y estilos poéticos
Cántico espiritual

Estos versos son el inicio del Cántico espiritual del poeta místico español san Juan de la Cruz y están considerados como los más sublimes de la poesía española. Inspirados en el Cantar de los Cantares el amor entre el Amado y la Amada puede considerarse como meramente humano, como expresión de un amor carnal, o como una exaltación mística religiosa entre el alma y Dios.

Fragmento del Cántico espiritual.

De san Juan de la Cruz.

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dexaste con gemido?
Como el ciervo huyste
aviéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ydo.Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
dezilde que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores
yré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y passaré los fuertes y fronteras.

¡O bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!,
¡o prado de verduras
de flores esmaltado!,
dezid si por vosotros a passado.

Mi gracias derramando
pasó por estos sotos con presura;
y, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dexó de hermosura.

¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras embiarme
de oy más ya mensajero
que no saben dezirme lo que quiero.

Y todos quantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déxame muriendo
un no sé qué que quedan balbuziendo.

Mas, ¿cómo perseveras,
¡o vida!, no viviendo donde vives,
y haziendo por que mueras
las flechas que recives
de lo que del Amado en ti concives?

¿Por qué, pues as llagado
aqueste coraçón, no le sanaste?
Y, pues me le as robado,
¿por qué assí le dexaste,
y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshazellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

¡O christalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibuxados!

¡Apártalos, Amado,
que voy de buelo!
Buélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al ayre de tu buelo, y fresco toma.

Mi Amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas estrañas,
los ríos sonorosos,
el silvo de los ayres amorosos,

la noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

Caçadnos las raposas,
questá ya florescida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hazemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña.

Detente, cierço muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

Fuente: San Juan de la Cruz. Poesía. Edición de Domingo Ynduráin. Madrid: Cátedra, 1997.

En la literatura española, más que en la de otros países, la innovación rara vez sustituye por completo a las tradiciones establecidas. De este modo, los usos poéticos antiguos y nuevos coexistieron durante el siglo XVI. Así, en paralelo a la novedad que representa Garcilaso, se desarrolla la obra poética de Cristóbal de Castillejo, representante de la tradición castellana. La vida religiosa en España se intensificó a mediados del siglo XVI, en parte como consecuencia de la preocupación que sentían los católicos españoles por la Reforma protestante. El nuevo estilo poético se acomodó a la expresión de actitudes espirituales muy alejadas de la poesía pastoril. El primer gran poeta de este género fue fray Luis de León, en cuyos versos la devoción cristiana se conjuga con el culto a la belleza, el amor a la naturaleza y la búsqueda de la serenidad clásica característica del renacimiento. Fray Luis de León, inspirado por Petrarca, Virgilio y Horacio, compuso Vida retirada, Oda a Salinas y numerosos textos en prosa. Se le acusó de haber traducido al castellano, a partir del texto hebreo, el Cantar de los cantares, lo que violaba el Concilio de Trento, que prohibía traducir los textos a una lengua vulgar; el proceso, en el que finalmente fue declarado inocente, duró cinco años.

San Juan de la Cruz, contemporáneo de fray Luis, compuso lo que para muchos críticos son los versos más intensos y radiantes de la lengua española. En estos poemas intenta expresar —en términos de amor humano— la inefable experiencia mística de la unión del alma humana con Dios. Otros poetas importantes de esta época son Gutierre de Cetina y Fernando de Herrera, quien cultivó el estilo barroco característico del siguiente periodo de la literatura española.

La poesía barroca, que se caracteriza por la proliferación de metáforas y otros recursos retóricos típicos del renacimiento, alcanzó sus cotas más altas en el siglo XVII. Los mejores ejemplos corresponden a las complejas, y en ocasiones rebuscadas, obras de Luis de Góngora y Argote. De su nombre procede el término gongorismo, con el que se designa el estilo de la poesía española del barroco fuera de España. Góngora ha sido criticado con frecuencia por la tremenda complejidad y artificiosidad de gran parte de su obra, pese a lo cual sigue siendo considerado uno de los maestros indiscutibles de la poesía española. Otra figura señera de la literatura española es Francisco de Quevedo y Villegas —poeta, novelista, ensayista y satírico—, que cultivó una poesía llamada conceptista, de corte algo más intimista y burlesca, con un matiz claramente personal, pero que no ignora, sin embargo, los versos graves y moralistas (véase Barroco: Culteranismo y conceptismo).

La poesía bucólica o pastoril, que pinta la vida y costumbres de pastores o de personajes que se hacen pasar por pastores, es otro de los géneros que florecieron durante el siglo de oro. Los temas y ambientes de la poesía pastoril, junto con formas métricas italianas como el soneto, la octava, la canción, el terceto y el verso libre, fueron utilizados por primera vez de manera habitual por Juan Boscán y Garcilaso de la Vega. Garcilaso fue no solo un innovador en el uso de la métrica italiana y los temas bucólicos, sino también un excelente poeta capaz de transmitir sentimientos auténticos en versos de una serenidad clásica. Curiosamente siempre se le ha considerado modelo de lengua y métrica, y no sufrió el ostracismo de los neoclásicos y románticos, que sí padecieron Góngora y otros poetas del siglo de oro.

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