NICOLAS GUILLEN. BIOGRAFIA Y OBRAS.

Obras de Nicolas Guillen

1930-34 1937-47 1948-64

Indice

“Llegada” De Sóngoro cosongo, 1931 “West Indies, Ltd.” (Fragmentos) De West Indies, Ltd., 1934 “Balada de los dos abuelos” “Pero que te pueda ver” “Iba yo por un camino” De Tengo, 1964 “Tengo” …

Textos.

De Sóngoro cosongo, 1931

“Llegada”

¡Aquí estamos! La palabra nos viene húmeda de los bosques, y un sol enérgico nos amanece entre las venas. El puño es fuerte y tiene el remo. En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes. El grito se nos sale como una gota de oro virgen. Nuestro pie, duro y ancho, aplasta el polvo en los caminos abandonados y estrechos para nuestras filas. Sabemos dónde nacen las aguas, y las amamos porque empujaron nuestras canoas bajo los cielos rojos. Nuestro canto es como un músculo bajo la piel del alma, nuestro sencillo canto. Traemos el humo en la mañana, y el fuego sobre la noche, y el cuchillo, como un duro pedazo de luna, apto para las pieles bárbaras; traemos los caimanes en el fango, y el arco que dispara nuestras ansias, y el cinturón del trópico, y el espíritu limpio. Traemos nuestro rasgo al perfil definitivo de América. ¡Eh, compañeros, aquí estamos! La ciudad nos espera con sus palacios, tenues como panales de abejas silvestres; sus calles están secas como los ríos cuando no llueve en la montaña, y sus casas nos miran con los ojos pávidos de las ventanas. Los hombres antiguos nos darán leche y miel y nos coronarán de hojas verdes. ¡Eh, compañeros, aquí estamos! Bajo el sol nuestra piel sudorosa reflejará los rostros húmedos de los vencidos, y en la noche, mientras los astros ardan en la punta de nuestra llamas, nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros. De West Indies, Ltd., 1934 “West Indies, Ltd.” (Fragmentos) WEST INDIES! Nueces de coco, tabaco y aguardiente. Este es un oscuro pueblo impotente, conservador y liberal, ganadero y azucarero, donde a veces corre mucho dinero, pero donde siempre se vive muy mal. El sol achicharra aquí todas las cosas, desde el cerebro hasta las rosas. Bajo el relampagueante traje de dril andamos todavía con taparabos: éste es un pueblo descendiente de esclavos y de aquella chusma incivil de aventureros agresivos y bravos, gente de variadísima calaña, que, en el nombre de España, cedió Colón a Indias con ademán gentil. “Balada de los dos abuelos” Sombras que sólo yo veo, me escoltan mis mis dos abuelos. Lanza con punta de hueso, tambor de cuero y madera: mi abuelo negro. Gorguera en el cuello ancho, gris armadura guerrera: mi abuelo blanco. Pie desnudo, torso pétreo los de mi negro; pupilas de vidrio antártico las de mi blanco! África de selvas húmedas y de gordos gongos sordos… –¡Me muero! (Dice mi abuelo negro.) Aguaprieta de caimanes, verdes mañanas de cocos… –¡Me canso! (Dice mi abuelo blanco.) Oh velas de amargo viento, galeón ardiendo en oro… –¡Me muero! (Dice mi abuelo negro.) ¡Oh costas de cuello virgen engañadas de abalorios…! –¡Me canso! (Dice mi abuelo blanco.) ¡Oh puro sol repujado, preso en el aro del trópico; oh luna redonda y limpia, sobre el sueño de los monos! ¡Qué de barcos, qué de barcos! ¡Qué de negros, qué de negros! ¡Qué largo fulgor de cañas! ¡Qué látigo el del negrero! Piedra de llanto y de sangre, venas y ojos entreabiertos, y madrugadas vacías, y atardeceres de ingenios, y una gran voz, fuerte voz, despedazando el silencio. ¡Qué de barcos, qué de barcos, qué de negros! Sombras que sólo yo veo, me escoltan mis dos abuelos. Don Federico me grita y Taita Facundo calla, los dos en la noche sueñan y andan, andan. Yo los junto. –¡Federico! ¡Facundo! Los dos se abrazan. Los dos suspiran. Los dos las fuertes cabezas alzan; los dos del mismo tamaño, bajo las estrellas altas; los dos del mismo tamaño, ansia negra y ansia blanca, los dos del mismo tamaño, gritan, sueñan, lloran, cantan. Sueñan, lloran, cantan. Lloran, cantan. ¡Cantan! “Pero que te pueda ver” Si es que me quieres matar, no esperes a que me duerma, pues no podré despertar. Muerto, ay, muerto y también dormido, no es ni morir ni soñar, ni es ni recuerdo ni olvido. Muerto, ay, muerto y también dormido. Mátame al amanecer, o de noche, si tú quieres; pero que te pueda ver la mano; pero que te pueda ver las uñas; pero que te pueda ver los ojos, pero que te pueda ver. “Iba yo por un camino” Iba yo por un camino, cuando con la Muerte di. -¡Amigo! -gritó la Muerte- pero no le respondí, pero no le respondí; miré no más a la Muerte, pero no le respondí. Llevaba yo un lirio blanco, cuando con la Muerte di. Me pidió el lirio la Muerte, pero no le respondí, pero no le respondí; miré no más a la Muerte, pero no le respondí. Ay, Muerte, si otra vez volviera a verte, iba a platicar contigo como un amigo: mi lirio, sobre tu pecho, como un amigo: mi beso, sobre tu mano, como un amigo; yo, detenido y sonriente, como un amigo. De Tengo, 1964 “Tengo” Cuando me veo y toco yo, Juan sin Nada no más ayer, y hoy Juan con Todo, y hoy con todo, vuelvo los ojos, miro, me veo y toco y me pregunto cómo ha podido ser. Tengo, vamos a ver, tengo el gusto de andar por mi pais, dueño de cuanto hay en él, mirando bien de cerca lo que antes no tuve ni podía tener. Zafra puede decir, monte puedo decir, ciudad puedo decir, ejército decir, ya míos para siempre y tuyos, nuestros, y un ancho resplandor de rayo, estrella, flor. Tengo, vamos a ver, tengo el gusto de ir yo, campesino, obrero, gente simple, tengo el gusto de ir (es un ejemplo) a un banco y hablar con el administrador, no en inglés, no en señor, sino decirle compañero como se dice en español. Tengo, vamos a ver, que siendo negro nadie me puede detener a la puerta de un dancing o de un bar. O bien en la carpeta de un hotel gritarme que no hay pieza, una mínima pieza y no una pieza colosal, una pequeña pieza donde yo pueda descansar. Tengo, vamos a ver, que no hay guardia rural que me agarre y me encierre en un cuartel, ni me arranque y me arroje de mi tierra al medio del camino real. Tengo que como tengo la tierra tengo el mar, no country, no jailáij, no tenis y no yacht, sino de playa en playa y ola en ola, gigante azul, abierto democrático: en fin, el mar. Tengo, vamos a ver, que ya aprendí a leer, a contar, tengo que ya aprendí a escribir y a pensar y a reir. Tengo que ya tengo donde trabajar y ganar lo que me tengo que comer. Tengo, vamos a ver, tengo lo que tenía que tener. De Motivos de son, 1930 “Mulata” Ya yo me enteré, mulata, mulata, ya sé que dise que yo tengo la narise como nudo de cobbata. Y fíjate bien que tú no ere tan adelantá, poqque tu boca e bien grande, y tu pasa, colorá Tanto tren con tu cueppo, tanto tren; tanto tren con tu boca, tanto tren; tanto tren con tu sojo, tanto tren. Si tú supiera, mulata, la veddá; ¡que yo con mi negra tengo, y no te quiero pa na! “Si tú supieras” ¡Ay negra si tu supiera! Anoche te bi pasá y no quise que me biera. A é tú le hará como a mí, que cuando no tube plata te corrite de bachata, sin acoddadte de mí. Sóngoro cosongo, songo bé; sóngoro cosongo de mamey; sóngoro, la negra baila bien; sóngoro de uno sóngoro de tre. Aé, bengan a be; aé, bamo pa be, bengan, sóngoro cosongo, sóngoro cosongo de mamey. “Chévere” Chévere del navajazo, se vuelve él mismo navaja: pica tajadas de luna, mas la luna se le acaba; pica tajadas de canto mas el canto se le acaba; pica tajadas de sombra, mas la sombra se le acaba, y entonces pica que pica carne de su negra mala. “Canción del Bongó” Esta es la canción del bongó: –Aquí el que más fino sea responde, si llamo yo. Unos dicen: Ahora mismo, otros dicen: Allá voy. Pero mi repique bronco, pero mi profunda voz, convoca al negro y al blanco que bailan el mismo son, cueripardos o almiprietos más de sangre que de sol, pues quien por fuera no es noche, por dentro ya oscureció. Aquí el que más fino sea responde, si llamo yo! En esta tierra, mulata. “El abuelo ” Esta mujer angélica de ojos septentrionales, que vive atenta al ritmo de su sangre europea, ignora que en lo hondo de ese ritmo golpea un negro el parche duro de roncos atabales. Bajo la línea escueta de su nariz aguda, la boca, en fino trazo, traza una raya breve, y no hay cuervo que manche la solitaria nieve de su carne, que fulge temblorosa y desnuda. ¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas; boga en el agua viva que allá dentro te fluye, y ve pasando lirios, nelumbios, lotos, rosas; que ya verás, inquieta, junto a la fresca orilla la dulce sombra oscura del abuelo que huye, el que rizó para siempre tu cabeza amarilla. De España, poema en cuatro angustias y una esperanza, 1937 “Angustia tercera” Y mis huesos marchando en tus soldados La muerte disfrazada va de fraile. Con mi camisa trópico ceñida, pegada de sudor, mato mi baile, y corro tras la muerte por tu vida. Las dos sangres de ti que en mi se juntan, vuelven a ti, pues que de ti vinieron, y por tus llagas fúlgidas preguntan. Secos veré a los hombres que te hirieron. Contra cetro y corona y manto y sable, pueblo, contra sotana, y yo contigo, y con mi voz para que el pecho te hable. Yo, tu amigo, mi amigo; yo, tu amigo. En las montañas grises; por las sendas Rojas; por los caminos desbocados, mi piel, en tiras para hacerte vendas, y mis huesos marchando en tus soldados. De El son entero, 1947 “Guitarra” Tendida en la madrugada, la firme guitarra espera: voz de profunda madera desesperada. Su clamorosa cintura, en la que el pueblo suspira, preñada de son, estira la carne dura. Arde la guitarra sola, mientras la luna se acaba; arde libre de su esclava bata de cola. Dejó al borracho en su coche, dejó el cabaret sombrío, donde se muere de frío, noche tras noche, y alzó la cabeza fina, universal y cubana, sin opio, ni mariguana, ni cocaína. ¡Venga la guitarra vieja, nueva otra vez al castigo con que la espera el amigo, que no la deja! Alta siempre, no caída, traiga su risa y su llanto, clave las uñas de amianto sobre la vida. Cógela tú, guitarrero, límpiale de alcol la boca, y en esa guitarra, toca tu son entero. El son del querer maduro, tu son entero; el del abierto futuro, tu son entero; el del pie por sobre el muro, tu son entero… Cógela tú, guitarrero, límpiale de alcol la boca, y en esa guitarra, toca tu son entero. “Palma sola ” La palma que está en el patio nació sola; creció sin que yo la viera, creció sola; bajo la luna y el sol, vive sola. Con su largo cuerpo fijo, palma sola; sola en el patio sellado, siempre sola, guardián del atardecer, sueña sola. La palma sola soñando, palma sola, que va libre por el viento, libre y sola, suelta de raíz y tierra, suelta y sola; cazadora de las nubes, palma sola, palma sola, palma. De Elegías, 1948-1958 “El apellido ” I Desde la escuela y aun antes… Desde el alba, cuando apenas era una brizna yo de sueño y llanto, desde entonces, me dijeron mi nombre. Un santo y seña para poder hablar con las estrellas. Tú te llamas, te llamarás… Y luego me entregaron esto que veis escrito en mi tarjeta, esto que pongo al pie de mis poemas: las trece letras que llevo a cuestas por la calle, que siempre van conmigo a todas partes. ¿Es mi nombre, estáis ciertos? ¿Ya conocéis mi sangre navegable, mi geografía llena de oscuros montes, de hondos y amargos valles que no están en los mapas? ¿Acaso visitásteis mis abismos, mis galerías subterráneas con grandes piedras húmedas, islas sobresaliendo en negras charcas y donde un puro chorro siento de antiguas aguas caer desde mi alto corazón con fresco y hondo estrépito en un lugar lleno de ardientes árboles, monos equilibristas, loros legisladores y culebras? ¿Toda mi piel (debí decir), toda mi piel viene de aquella estatua de mármol español? ¿También mi voz de espanto, el duro grito de mi garganta? ¿Vienen de allá todos mis huesos? ¿Mis raíces y las raíces de mis raíces y además estas ramas oscuras movidas por los sueños y estas flores abiertas en mi frente y esta savia que amarga mi corteza? ¿Estáis seguros? ¿No hay nada más que eso que habéis escrito, que eso que habéis sellado con un sello de cólera? (¡Oh, debí haber preguntado!) Y bien, ahora os pregunto: ¿No veis estos tambores en mis ojos? ¿No veis estos tambores tensos y golpeados con dos lágrimas secas ¿No tengo acaso un abuelo nocturno con una gran marca negra (más negra todavía que la piel), una gran marca hecha de un latigazo? ¿No tengo pues un abuelo mandinga, congo, dahomeyano? ¿Cómo se llama? ¡Oh, sí, decídmelo! ¿Andrés? ¿Francisco? ¿Amable? ¿Cómo decís Andrés en congo? ¿Cómo habéis dicho siempre Francisco en dahomeyano? En mandinga, ¿cómo se dice Amable? ¿O no? ¿Eran, pues, otros nombres? ¡El apellido, entonces! ¿Sabéis mi otro apellido, el que me viene de aquella tierra enorme, el apellido sangriento y capturado, que pasó sobre el mar entre cadenas, que pasó entre cadenas sobre el mar? ¡Ah, no podéis recordarlo! Lo habéis disuelto en tinta inmemorial. Lo habéis robado a un pobre negro indefenso. Lo habéis escondido, creyendo que iba a bajar los ojos yo de la vergüenza. ¡Gracias! ¡Os lo agradezco! ¡Gentiles gentes, thank you! Merci! Merci bien! Merci beaucoup! Pero no… ¿Podéis creerlo? No. Yo estoy limpio. Brilla mi voz como un metal recién pulido. Mirad mi escudo: tiene un baobab, tiene un rinoceronte y una lanza. Yo soy también el nieto, biznieto, tataranieto de un esclavo. (Que se avergüence el amo.) ¿Seré Yelofe? ¿Nicolás Yelofe acaso? ¿O Nicolás Bakongo? ¿Tal vez Guillén Banguila? ¿O Kumbá? ¿Quizás Guillén Kumbá? ¿O Kongué? ¿Pudiera ser Guillén Kongué? ¡Oh, quién lo sabe! ¡Qué enigma entre las aguas! II Siento la noche inmensa gravitar sobre profundas bestias, sobre inocentes almas castigadas; pero también sobre voces en punta, que despojan al cielo de sus soles, los más duros, para condecorar la sangre combatiente. De algún país ardiente, perforado por la gran flecha ecuatorial, sé que vendrán lejanos primos, remota angustia mía disparada en el viento; sé que vendrán pedazos de mis venas, sangre remota mía, con duro pie aplastando las hierbas asustadas; sé que vendrán hombres de vidas verdes, remota selva mía, con su dolor abierto en cruz y el pecho rojo en llamas. Sin conocernos nos reconoceremos en el hambre, en la tuberculosis y en la sífilis, en el sudor comprado en bolsa negra, en los fragmentos de cadenas adheridos todavía en la piel; sin conocernos nos reconoceremos en los ojos cargados de sueños y hasta en los insultos como piedras que nos escupen cada día los cuadrumanos de la tinta y el papel. ¿Qué ha de importar entonces (¡qué ha de importar ahora!) ¡ay! mi pequeño nombre de trece letras blancas? ¿Ni el mandinga, bantú, yoruba, dahomeyano nombre del triste abuelo ahogado en tinta de notario? ¿Qué importa, amigos puros? ¡Oh, sí, puros amigos, venid a ver mi nombre! Mi nombre interminable, hecho de interminables nombres; el nombre mío, ajeno, libre y mío, ajeno y vuestro, ajeno y libre como el aire. De Cantos para soldados y sones para turistas, 19 “Sigue el son” …Y este es Luis, el caramelero; y este es Carlos, el isleño, y aquel negro se llama Pedro Martínez, y aquel otro, Norberto Soto, y aquella negra de más allá, Petra Sardá. Todos viven en un cuarto seguramente porque sale más barato. ¡Qué gente, qué gente tan consecuente! TODOS A CORO –Con lo que un turista traga nada más que en aguardiente, cualquiera un cuarto se paga! SIGUE EL SON …Y la que tose, señores, sobre esa cama, se llama Juana: tuberculosis en tercer grado, de un constipado muy mal cuidado. La muy idiota pasaba el día sin un bocado. ¡Qué bobería! ¡Tanta comida que se ha botado! TODOS A CORO –Con lo que un yanqui ha gastado no más que en comprar botellas, se hubiera Juana curado! TERMINA EL SOL –Turistas, quédense aquí, que voy a hacerlos gozar; turistas, quédense aquí, que voy a hacerlos gozar, cantándoles sones, sones, que no se pueden bailar. “Presentación de José Ramón Cantaliso” José Ramón Cantaliso, canta liso! Canta liso José Ramón. Duro espinazo insumiso: por eso es que canta liso José Ramón Cantaliso, José Ramón. En bares, bachas, bachatas, a los turistas a gatas y a los nativos también, a todos, el son preciso, José Ramón Cantaliso les canta liso, muy liso, para que lo entiendan bien. Voz de cancerosa entraña; humo de solar y caña, que es nube prieta después; son de guitarra madura, cuya cuerda ronca y dura no se enreda en la cintura, ni prende fuego en los pies. Otros, con lengua chillona, cantarán La Chambelona, pero no José Ramón: José Ramón no es santero: ni hace de Papá Montero, ni pregona El Manisero, ni está borracho de ron. Él sabe que no hay trabajo; que el pobre se pudre abajo, y que tras tanto luchar, el que no perdió el resuello, o tiene en la frente un sello, o está con el agua al cuello, sin poderlo remediar. Por eso, de fiesta en fiesta, con su guitarra protesta, que es su corazón también; y a todos, el son preciso, José Ramón Cantaliso les canta liso, muy liso, para que lo entiendan bien. “Bonsal” Bonsal llegó en el viento. Este Bonsal es el Embajador. Animal ojiazul, peliplúmbeo, de color rojicarne, que habla un inglés letal. (¿Cómo se dice? ¿Bónsal? Oh, señor, es igual). Sonrisas. Las sonrisas arden como divisas. Saludos. Los saludos son suaves gestos mudos. Promesas. Las promesas anuncian largas mesas. Y el águila imperial. Y el dólar y el dolor. Y el mundo occidental. Bonsal. Este Bonsal es el Embajador. ¿Qué quiere? Que Fidel hable un poco con él. Que la gente medite, no que proteste o grite. Que el campesino aquiete su rifle y su machete. Que vaya cada cual a refrescar su ardor con agua mineral. Bonsal. Este Bonsal es el Embajador. Cuba por fin en calma. No Martí, no Maceo. Washington es mejor. ¿El general? ¡Oh, no, la capital! Y continuar así, como quiere Bonsal, que es el Embajador. Noche. Ni un resplandor. Sopor. Guardia Rural. ¿De acuerdo? –No, señor. De Poemas de amor, 1964 “Un poema de amor” No sé. Lo ignoro. Desconozco todo el tiempo que anduve sin encontrarla nuevamente. ¿Tal vez un siglo? Acaso. Acaso un poco menos: noventa y nueve años. ¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma un tiempo enorme, enorme, enorme. Al fin, como una rosa súbita, repentina campánula temblando, la noticia. Saber de pronto que iba a verla otra vez, que la tendría cerca, tangible, real, como en los sueños. ¡Qué explosión contenida! ¡Qué trueno sordo rodándome en las venas, estallando allá arriba bajo mi sangre, en una nocturna tempestad! ¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera de saludarnos, de manera que nadie comprendiera que ésa es nuestra propia manera? Un roce apenas, un contacto eléctrico, un apretón conspirativo, una mirada, un palpitar del corazón gritando, aullando con silenciosa voz. Después (ya lo sabéis desde los quince años) ese aletear de las palabras presas, palabras de ojos bajos, penitenciales, entre testigos enemigos. Todavía un amor de «lo amo» de «usted», de «bien quisiera pero es imposible»…De «no podemos, no, piénselo usted mejor»… Es un amor así, es un amor de abismo en primavera, cortés, cordial, feliz, fatal. La despedida, luego, genérica, en el turbión de los amigos. Verla partir y amarla como nunca; seguirla con los ojos, y ya sin ojos seguir viéndola lejos, allá lejos, y aun seguirla más lejos todavía, hecha de noche, de mordedura, beso, insomnio, veneno, éxtasis, convulsión, suspiro, sangre, muerte… Hecha de esa sustancia conocida con que amasamos una estrella. Valoraciones

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s