ROQUE DALTON (San Salvador, El Salvador, 1935 – 1975). BIOGRAFIA. Poesia.

ROQUE DALTON (San Salvador, El Salvador, 1935 – 1975). BIOGRAFIA. Poesia.

ROQUE DALTON. BIOGRAFIA

Roque Dalton nació en San Salvador, capital de El Salvador, el 14 de mayo de 1935. Educado en un colegio jesuita, estudió luego jurisprudencia, ciencias sociales y antropología, en universidades de El Salvador, Chile y México. Con otros escritores de izquierda, fundó en 1956 el

Círculo Literario Universitario. En 1956, 1958 y 1959 obtuvo el Premio Centroamericano de Poesía, otorgado por la Universidad de El Salvador. Fue varias veces encarcelado en su país, por motivos políticos, e incluso condenado a muerte en 1960, pero la sentencia no se cumplió, gracias a que el dictador José María Lemus cayó sólo cuatro días antes de la fecha fijada para la ejecución. Más de una vez consiguió escapar de las prisiones, en alguna ocasión con la complicidad de un terremoto. Vivió como exiliado político, en distintas épocas, en Guatemala, México, Checoslovaquia y Cuba.

En 1969 obtuvo el Premio Casa de las Américas, en el género poesía, con

Taberna y otros Lugares, el más conocido y para la mayoría de los críticos el mejor de sus libros. Recorrió Vietnam y Corea. Enrolado en el Ejército Revolucionario del Pueblo, organización salvadoreña, regresó clandestinamente a su país, y el 10 de mayo de 1975, sólo cuatro días antes de cumplir 40 años, fue asesinado por una fracción ultraizquierdista de la misma organización a la que pertenecía. Tardíamente, el principal responsable del grupo que decidió su eliminación, Joaquín Villalobos, reconoció que la misma había sido un trágico error.

Ante su país pequeñísimo, que

Gabriela Mistral bautizó para siempre como el Pulgarcito de América, Roque tuvo una actitud de amor/odio (Víctor Casaus la califica de «relación amorosa y doliente») que impregna su poesía de una inagotable movilidad dialéctica. La idea básica de Roque es que en El Salvador (uno de los países de América donde los pobres son más pobres y que ha vivido siempre asediado por la violencia) existe una injusticia consolidada, y en sus versos va dejando incuestionables signos del estado de ánimo a que lo lleva esa comprobación: «Patria dispersa: caes / como una pastillita de veneno en mis horas. / ¿Quién eres tú, poblada de amos, / como la perra que se rasca junto a los mismos árboles / que mea?» y también: «¿A quién no tienes harto con tu diminutez?». Sin embargo, en el fondo de todo ese sarcasmo hay un imborrable trazo de amor. El poeta ridiculiza al falso país en que se ha convertido su país verdadero, pero sigue amando y añorando a este: «País mío vení / papaíto país a solas con tu sol / todo el frío del mundo me ha tocado a mí / y tú sudando amor amor amor».

Mario Benedetti

Hijo de un empresario estadounidense, Winall Dalton, y de la enfermera María García, Roque, periodista, ensayista, novelista, poeta y revolucionario, nació el 14 de mayo de 1935, en el barrio de San Miguelito, en San Salvador, ciudad capital del El Salvador. Su formación inicial la recibió con los jesuitas del Colegio Externado de San José. Más tarde estudiaría jurisprudencia, ciencias sociales y antropología en universidades de El Salvador, Chile y México. Con otros escritores de izquierda conformó el Círculo Literario Universitario en 1956, que se caracterizó por su fuerte e incuestionable compromiso con la lucha social. En esta línea, Roque participa desde muy joven en los movimientos revolucionarios clandestinos, lo cual lo convierte en un perseguido político de los distintos regímenes militares de su país. Es encarcelado varias veces en incluso sobrevivió a un par de sentencias a muerte. A partir de 1961, cuando gracias a un movimiento telúrico logra escapar de una de sus prisiones, se exilia y vive temporalmente en Guatemala, México, Checoslovaquia y Cuba.

En 1969, por su libro  Taberna y otros lugares, recibe el Premio Casa de las Américas, en el género de poesía. En 1973, después de una cirugía reconstructiva, regresa  clandestinamente a su país para enrolarse en el Ejército Revolucionario del Pueblo, del que una de sus facciones sería responsable de su terrible muerte: falsamente acusado por sus propios compañeros de ser agente infiltrado de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense ( CIA ), el 10 de mayo de 1975 es ejecutado (algunas versiones señalan que su cuerpo es abandonado en un reconocido matadero del gobierno represor y devorado por los perros).

La obra poética de Dalton incluye:

Mía junto a los pájaros , San Salvador (1957);  La ventana en el rostro , México (1961); El mar , La Habana (1962);  El turno del ofendido , La Habana (1962); Los testimonios , La Habana (1964);  Poemas, Antología,  San Salvador, (1968);  Los pequeños infiernos, Barcelona (1970).

Entre sus ensayos y narraciones se cuentan:  César Vallejo, La Habana (1963);  El intelectual y la sociedad (1969);  ¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha , La Habana (1970);  Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador (1972); Las historias prohibidas del Pulgarcito , México (1974).

Luego de su muerte se publicaron los siguientes libros:

 Pobrecito poeta que era yo  (novela), El libro rojo de Lenin (ensayo); también  Los hongos, Un libro levemente odioso, Contra ataque, Poemas Clandestinos (poesía).

La obra de Roque Dalton sigue de manera paralela  los caminos de su compromiso político, de la simple disertación teórica hasta la franca rebeldía de palabra y obra, pero sin caer en lo panfletario ni en lo solemne o lo dogmático, de ello se salva gracias al agudo sentido del humor que puebla sus escritos, así como una rigurosa preocupación formal y estética. La presencia de los grandes temas universales: el amor, la vida, la muerte, es siempre acompañada por la constante inquietud por su patria y la realidad, con las que establece una relación desgarradora, lo cual dota a sus poemas de un tono profundamente humano y le otorga la vigencia que hace de su poesía una constante en las letras latinoamericanas de todos los tiempos.

ROQUE DALTON

Poesía

Perdóname por haberte ayudado a comprender

Que no estás hecha sólo de palabras.

(1935-1975)

cultura 51 cultura 52

En nombre de quienes lavan ropa ajena

(y expulsan de la blancura la mugre ajena).

En nombre de quienes cuidan hijos ajenos

(y venden su fuerza de trabajo

en forma de amor maternal y humillaciones).

En nombre de quienes habitan en vivienda ajena

(que ya no es vientre amable sino una tumba o

cárcel).

En nombre de quienes comen mendrugos ajenos

(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).

En nombre de quienes viven en un país ajeno

(las casas y las fábricas y los comercios

y las calles y las ciudades y los pueblos

y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes

son siempre de otros

y por eso está allí la policía y la guardia

cuidándolos contra nosotros).

En nombre de quienes lo único que tienen

es hambre, explotación, enfermedades,

sed de justicia y de agua,

persecuciones, condenas,

soledad, abandono, opresión, muerte.

Yo acuso a la propiedad privada

de privarnos de todo.

Acta

ROQUE DALTON

Antología poética de Roque Dalton 1

(Prólogo al libro: Atado al Mar y Otros Poemas)

«Y así como el común de la gente tiene amigos médicos, aficionados a la magia o cantantes, yo tengo una buena cantidad de camaradas torturados y muertos.»

«Ironizar sobre el socialismo parece ser aquí, en Praga, un buen digestivo, pero te juro que en mi país primero hay que conseguirse la cena.»

«Lo importante fue que cuando regresé de Chile a El Salvador con los rudimentos de marxismo que llevaba, con las líneas generales que había podido captar en algunos libros mal leídos y sin ningún orden, pude descubrir mi país, un país desconocido, un país que nunca había visto: pude descubrir las contradicciones de clase, la miseria terrible, sus orígenes, etc…, que me dieron un panorama en el cual yo nunca, sinceramente, había caído en la cuenta.»

«El movimiento comunista internacional ha venido sopesando la gran mierda de Stalin.»

«La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella. Claro, se puede hacerla sin jugarse la vida, pero uno suponía que sólo en el campo enemigo.»

«Tengo miedo de dormir solo con ese libro de Trotski en la mesa de noche: es terrible como una lámpara, como un cubo de hielo en el espíritu del anciano resfriado.»

«El budismo Zen es una experiencia magnífica, siempre y cuando te lleve paulatinamente al terrorismo.»

«Toda la literatura del siglo pasado es literatura infantil; Dostoievsky es una especie de Walt Disney que solamente contó con un espejo: no lo puso en un camino sino, ante la boca abierta de quienes recién vomitaron su alma.»

«Desde el punto de vista político, lo verdaderamente relevante para mí fue confirmar que cuando uno toma una decisión sobre lo que va a hacer de su vida, ni la muerte es capaz de hacerlo dar marcha atrás. Y hay que ser rápido en las decisiones. ¿Que ahora nos toca morir? Bueno, hay muchísimos otros a nuestras espaldas. Cuando tú tomas esa decisión, nada que haga el enemigo podrá afectarte verdaderamente. Creo que inclusive es simple.»

«¿Para qué debe servir la poesía revolucionaria? ¿Para hacer poetas o para hacer la revolución?»

«No: yo no estoy con los chinos. Meter la podadora en el jardín de las flores abiertas no va conmigo. Tampoco lo de que el enemigo público

Antología poética de Roque Dalton 2

número uno sea la erección y que la paz sólo es magnífica en la cama. Qué tontos son: el enemigo público número uno.»

«En las temporadas inolvidables de 1962 y 1963 tuve el privilegio de compartir con el pueblo cubano el dramatismo y la grandeza de aquel momento, y aprendí alborozado que nuestros pequeños pueblos pueden ser capaces de un destino mundial extraordinario.»

«Y me llamarán el escrutado, el más apto para ser odiado.»

«Me quedan algunos meses de vida. Los elegidos de los dioses, seguimos estando a la izquierda del corazón. Debidamente condenados como herejes.»

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Año 0, núm. 6, julio, 2010

Roque Dalton

Mariela Loza Nieto

Roque Dalton García, nació en el barrio de San Miguelito, en San Salvador, capital de El Salvador, el 14 de mayo de 1935. Hijo natural del inmigrante estadounidense Winnall Dalton y de la enfermera salvadoreña María García Medrano.

Sus primeros años los pasó en casa de su madre, donde Santiago Díaz Medrano, primo de ella, lo apoyó en sus primeros pasos en la escritura y lectura.

En 1946 ingresó en el Colegio Externado de San José educándose con los jesuitas que ahí impartían cátedra, se graduó de ella con grado de bachiller en Ciencias y Letras en 1952.

En 1953 se trasladó a Santiago de Chile y estudió la carrera de Derecho en la Universidad Católica, sin embargo, en 1954 regresa a San Salvador y realiza estudios en la universidad estatal, donde se integra a la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU). Más adelante (1961), en México, también realizará estudios en universitarios.

En julio de 1955 la escritora hondureña Clementina Suárez funda “El rancho del artista”, espacio de tertulias celebradas en San Salvador, en las que Dalton participa activamente.

En 1956 funda, junto con el poeta guatemalteco exiliado en El Salvador, Otto René Castillo, el Círculo Literario Universitario. A la iniciativa se sumaron otros poetas como Manlio Argueta, Tirso Canales y José Roberto Cea. Este proyecto literario estuvo caracterizado desde sus inicios por un inquebrantable compromiso social, Dalton, no sólo publicó material poético, sino hizo planteamientos sobre el papel de los intelectuales en la transformación de la sociedad. Él no concebía una poesía alejada de los procesos históricos que vivía el poeta, procesos en los que debía comprometerse y participar activamente. El

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poema que se reproduce a continuación es muy representativo para entender su posición al respecto:

Como declaración de principios

Sea cual sea su calidad, su nivel, su finura, su capacidad creadora, su éxito, el poeta para la burguesía sólo puede ser:

Payaso

Sirviente

Enemigo

El payaso es un sirviente independiente, que nada maneja mejor que los límites de su propia libertad y que un día llegará a demostrarle al pueblo el argumento de que la burguesía “sí tiene sensibilidad”. El sirviente propiamente dicho puede tener librea de lacayo o de ministro o de representante cultural en el extranjero, o inclusive pijama de seda para entrar en la cama de la distinguidísima señora. El poeta enemigo es ante todo el poeta enemigo. El que reclama su pago, no en halagos ni en dólares, sino en persecuciones, cárceles, balazos. Y no sólo va a carecer de librea de frac y de trajes de noche, sino que se va a ir quedando cada día con menos cosas, hasta tener tan sólo un par de camisas remendadas pero limpias como la única poesía…

El poeta enemigo no puede ni pensar en realizar su tarea, de naturaleza tan compleja y requerida de tanto rigor, sin una confianza invencible y lúcida en la clase obrera y sin una participación directa en el combate.

Roque Dalton

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A la par que realizaba sus actividades en el Círculo Literario, también impulsó el surgimiento del Teatro Universitario, participando en la puesta en escena de la obra “La alondra” de Jean Anouillh, una obra basada en la vida de Juana de Arco. Asimismo, fue secretario de la primera comisión del Congreso Estudiantil Universitario e inició labores como redactor del primer noticiario televisivo de El Salvador: Teleperiódico.

En 1957 se realiza en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) el Festival Mundial de la Juventud y los estudiantes, participaron 131 países bajo el lema: “Por la Paz y la Amistad”, organizado por la Federación Mundial de la Juventud Democrática (FMJD) y la Unión Internacional de Estudiantes (UIE). Dalton viaja a Moscú para participar. Durante los trabajos del festival conoce a otros intelectuales como Carlos Fonseca, el revolucionario nicaragüense que fundó el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN); al poeta argentino Juan Gelman, al turco Nazim Hikmet y a Miguel Ángel Asturias, poeta guatemalteco que años después se haría acreedor al Premio Nobel, a quien, en 1969, manteniendo su compromiso crítico, recomendaría renunciar a la embajada de Guatemala en París, con las siguientes palabras:

“Pienso en un escritor a quien conocí cuando era relativamente honesto, aunque ya bastante viejo: Miguel Ángel Asturias. Ya

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que a esta altura no podría conseguir ni la juventud ni la absoluta honestidad, quisiera aconsejarle que renuncie a la embajada de Guatemala en París. Quizá así podría conservar por lo menos un poco del decoro que Sartre otorgó al premio más municipal de la tierra”.

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Luego de su participación tuvo serios problemas para regresar a su país, debido a la creciente campaña anticomunista. Durante su regreso fue interrogado en Lisboa, Barcelona, Caracas, Panamá y otras ciudades, incluida la suya.

Ese mismo año se afilia al Partido Comunista Salvadoreño (PCS) en el cual militará durante una década. Sin embargo, Dalton mantuvo intacta su posición acerca del papel de la poesía y su crítica aguda incluyó a su propio partido y a la poesía comprometida. El siguiente fragmento del análisis realizado por Luis Alvarenga es muestra clara de ello:

…Dalton está convencido de que «el comunista que trata de hacer la revolución con un mal poema objetivamente hace contrarrevolución». Es decir, la literatura revolucionaria no puede, a sus ojos, darse el lujo de la mediocridad. Para Dalton, un poeta, pero sobre todo, un poeta revolucionario, debe ser culto y conocedor de su oficio. A este respecto afirma en Poesía y militancia en América Latina, trabajo publicado por Casa de las Américas en 1963: «Hay que desterrar esa concepción falsa, mecánica y dañina según la cual el poeta comprometido con su pueblo y con su tiempo es un individuo iracundo o excesivamente dolido que se pasa la vida diciendo, sin más ni más, que la burguesía es asquerosa, que lo más bello del mundo es una asamblea sindical y que el socialismo es un jardín de rosas dóciles bajo un sol especialmente tierno». ¡Cuántas malas páginas en nombre de la Revolución pudimos haber evitado en El Salvador si este y otros planteamientos se hubieran conocido y discutido a fondo en el pasado! En otras palabras, Dalton está diciendo que la opción política del autor por sí sola no es garantía de la buena calidad de su obra. Ello no deja de lado el hecho de que Dalton busca su sentido ético dentro de una opción de izquierda.

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En 1958 participó en los Juegos Florales Agostinos de la Ciudad de San Salvador y obtuvo el segundo lugar por su compilación “Doce poemas”. En 1959 su extenso poema “El nuevo amor de siempre” obtiene el primer lugar en el Premio Centroamericano de Poesía del Torneo Anual Cultural patrocinado por la Asociación de Estudiantes de Derecho de la Universidad de El Salvador; obtendría el mismo premio en 1964 con “El hijo pródigo y otros poemas del retorno”.

A la par que realizaba su labor poética, se desempeñaba como periodista, ese mismo año viajó a Santiago de Chile a cubrir la reunión anual de la Organización de Estados Centroamericanos (OEA).

Su labor periodística la llevó también a la radio, en 1958 la radio YSKL da a conocer el programa “Mediodía”, dirigido por Oswaldo Escobar. En él

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Dalton y otros escritores como José Roberto Cea y Jorge Campos participaban como reporteros. El programa difundía el espacio cultural “Toro de espuma: antología de palabra”. Por el nivel de crítica tanto el espacio de información como el suplemento cultural fueron censurados por el régimen de José María Lemus.

Fue necesario que los propios locutores del programa, convocaran a una manifestación popular durante la última trasmisión del mismo, puesto que estaban en riesgo de ser capturados por la policía.

En octubre de 1959 participa junto con el poeta Roberto Armijo en el homenaje poético al X aniversario de la fundación de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador.

El 14 de diciembre de 1959 es capturado y llevado al Juzgado Quinto de lo Penal, acusado por el gobierno de José María Lemus, de ser uno de los dirigentes de los desórdenes callejeros ocurridos un día antes, el 13. El régimen no logra obtener pruebas contundentes para justificar la detención y Dalton es liberado luego de pagar una fianza, a las 12:30 horas del viernes 8 de enero de 1960.

Al salir de la cárcel, inicia dentro de la Asociación de Estudiantes de Derecho de la Universidad de El Salvador, una cruzada para dar asistencia gratuita a los presos sin recursos económicos. También participó como miembro de la acusación en contra del comandante policial Adán Torres Valencia y José Urías Orantes, quienes eran juzgados por asesinatos y torturas en contra de varias personas. Fueron condenados en julio de 1960.

El jueves 25 de agosto de 1960 es interceptado en las inmediaciones del Parque Infantil de Diversiones que se encuentra en la capital de El Salvador y encarcelado. Estuvo desaparecido varias semanas, incluso se rumoró que ya había sido asesinado y que su cadáver fue encontrado en un barranco con las orejas cercenadas. Sin embargo, luego de la incertidumbre, apareció una publicación el 14 de octubre, en la que se señalaba que Dalton había sido detenido el día 10 de ese mes, en la hacienda San Antonio, junto con su esposa, cuatro personas más a quienes señalaron como guardaespaldas y, aseguraba la publicación, habían sido encontrados con granadas de mano, “literatura comunista” (“Songoro cosongo”, de Nicolás Guillén) y dinamita.

Fue incomunicado en el cuartel central de la Policía Nacional, donde no fue registrado como preso, luego estuvo recluido en el llamado “callejón número nueve” de la Penitenciaria Central. Desde que fue detenido, sus captores lo amenazaban de muerte.

Dalton fue liberado tras la caída del régimen de Lemus, el miércoles 26 de octubre de 1960. Luego de su liberación rindió declaración en contra de sus captores en los tribunales de la capital salvadoreña. Además, aprovechó la sección editorial de El Diario de Hoy, para

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denunciar las condiciones carcelarias que vivió en el “callejón número nueve”, gracias a esa y otras denuncias, éste se demolió entre febrero y marzo del 61.

Tras su salida de prisión y dada la situación político-social desencadenada a partir del golpe realizado por el Directorio Cívico-Militar contra la Junta de Gobierno, Roque Dalton empieza una serie de viajes que lo llevaran a México, Guatemala, Cuba, Checoslovaquia, entre otros países.

En Cuba, trabajó como comentarista en Radio Habana y en la agencia de noticias Prensa Latina. Se relacionó con los artistas cubanos a partir de la Casa de las Américas y la Unión de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC).

En 1962, su poemario “El turno del ofendido” fue galardonado por la Casa de las Américas con una mención honorífica en el certamen continental; la producción literaria de Dalton siguió haciéndose presente en El Salvador, donde la revista Vida Universitaria, publicó su cuento escénico “El juicio del día”.

Regresó y vivió clandestinamente a San Salvador, a pesar de que sobre él pesaban amenazas de muerte, veladas y explícitas. Es hasta septiembre de 1964 cuando es capturado y recluido en el penal de Cojutepeque. El 3 de mayo de 1965 un sismo provoca el derrumbe de su celda y Dalton se fuga de prisión, librándose así de la condena al fusilamiento.

Ernesto Cardenal recordará así aquellos acontecimientos:

Roque Dalton una vez estuvo preso y lo iban a fusilar. Además iban a hacer creer al Partido que él era un informador y un agente de la CIA para que no lo consideraran como mártir. Esa noche, aunque él no tenía fe en Dios, oró, se arrodilló en su celda y oró. La «suerte loca» -decía él- hizo que esa noche hubiera un terremoto y se cayeran las paredes de la cárcel, y él se escapó. Cintio Vitier, Fina y yo nos reíamos de él diciéndole que nosotros dábamos otro nombre a lo que él llamaba «suerte loca», y él también se reía.

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Regresa a Cuba y se integra al Consejo de colaboradores de la revista Casa. En 1966 viaja a Praga, Checoslovaquia, donde inicia labores en el comité de redacción de la revista internacional “Problemas de la paz y el socialismo”. Ese mismo año, su poemario “Taberna y otros lugares” obtiene el primer premio en el certamen literario continental y anual de Casa de las Américas.

Es en Checoslovaquia donde conoce al obrero Miguel Mármol, quien se salvó el paredón de fusilamiento en 1932 en El Salvador, de esas entrevistas nacerá el libro con el testimonio de Mármol sobre los acontecimientos. En 1967 se reúne con su esposa y sus hijos: Antonio, Juan José y Jorge Vladimiro. Ese mismo año regresa a Cuba para asistir a la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).

Abandona Checoslovaquia para radicar nuevamente en Cuba, pero sigue realizando viajes periodísticos y políticos a Sudamérica, Europa, Rusia, Corea del Norte y Vietnam.

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En julio 1970 Dalton renuncia al consejo de colaboradores de Casa de las Américas. Dirigió para ello una carta al poeta Roberto Fernández Retamar:

“Estimado Roberto:

Por este medio te reitero mi decisión en el sentido de renunciar a mi calidad de miembro del Consejo de Colaboración de la revista Casa.

Quiero que sepas mi agradecimiento por haberme permitido colaborar en la labor que ha hecho de nuestra Revista una de las más importantes de América Latina y de la Revolución Latinoamericana.

Quiero asimismo insistir en mi fraternidad para ti, nunca desmentida, y en el deseo de que ambos, desde el nivel de nuestras particulares posibilidades, sigamos trabajando en la vida de la Revolución, inclusive uno en el nombre del otro.

Con el mismo abrazo: Roque.”

Se interesa en recibir entrenamiento militar para participar en el movimiento guerrillero de su país.

En 1973 es invitado por el gobierno de Salvador Allende a visitar Santiago de Chile. A finales de ese mismo año regresa a El Salvador de manera clandestina el 24 de diciembre de 1973, por la terminal aérea de Ilopango, ya con el alias de “Julio Deyfrus Marín” y una apariencia distinta, así se integra al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Durante los primeros días lo refugian en una casa de seguridad, ahí conoce a quien se convertiría en su compañera sentimental: Lil Milagros, una de las fundadoras de la organización guerrillera. “Llegué a la revolución por la vía de la poesía”, según la palabra de Dalton.

Para la paz

Roque Dalton

Será cuando la luna se despida del agua

con su corriente oculta de luz inenarrable.

Nos robaremos todos los fusiles,

apresuradamente.

No hay que matar al centinela, el pobre

sólo es función de un sueño colectivo

un uniforme repleto de suspiros

recordando el arado.

Dejémosle que beba ensimismado su luna y su granito.

Bastará con la sombra lanzándonos sus párpados

para llegar al punto.

Nos robaremos todos los fusiles,

irremisiblemente.

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Habrá que transportarlos con cuidado,

pero sin detenerse

y abandonarlos entre detonaciones

en las piedras del patio.

Fuera de ahí, ya sólo el viento.

Tendremos todos los fusiles

alborozadamente.

No importará la escarcha momentánea

dándose de pedradas con el sudor de nuestro sobresalto,

ni la dudosa relación de nuestro aliento

con la ancha niebla, millonaria en espacios:

caminaremos hasta los sembradíos

y enterraremos esperanzadamente

a todos los fusiles

para que una raíz de pólvora haga estallar en mariposas

sus tallos minerales

en una primavera futural y altiva

repleta de palomas.

En medio de luchas internas, Dalton es acusado de insubordinación y de ser agente cubano, en el proceso, se suma la acusación que le costaría la vida: ser agente de la CIA. Así, es capturado el 13 de abril de 1975 por órdenes de la dirigencia del Ejército Revolucionario del Pueblo, formado en ese entonces por Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos, Jorge Melendez y Vladimir Rogel.

Desde ese día y hasta la madrugada del 10 de mayo de 1975, día en que finalmente lo matan, Roque fue amenazado, injuriado, maltratado.

A pesar de que han pasado más de 35 años del asesinato, no se ha podido establecer con certeza como se realizó éste, ni dónde están los restos del poeta Roque Dalton.

Esas purgas fueron de las prácticas más infames contra los derechos humanos, que casi nadie se atrevió a denunciar mientras permaneció idealizada la izquierda militarista, vertical y autoritaria. Antes de morir, Roque –”Julio Dreyfuss” en las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)– se dedicó a escribir tratados humanitarios en prosa y poesía. Acusado de “bohemio” y “pequeño burgués”, “miembro de la Agencia Central de Inteligencia” (CIA) y “colaborar del enemigo”, fue cobarde e injustamente ejecutado hace treinta y cinco años junto a Alejandro Arteaga, conocido como “Pancho”. Dos de sus asesinos, hoy son parte ignominiosa del sistema contra el cual se enfrentaron.

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No se conocen los detalles de su asesinato, de acuerdo con el texto “Roque Dalton: un corazón aventurero” del salvadoreño Miguel Huezo Mixco, antes de darle el tiro que le arrancó la vida, fue salvajemente golpeado e insultado.

De acuerdo con un informe de la Misión de Observadores de las Naciones Unidas para El Salvador (ONUSAL), Dalton murió en una casa del barrio de Santa Anita y después, fue trasladado a Quezaltepeque donde fue semienterrado y abandonado, devorado por los animales.

Años antes de su muerte habría escrito: “Y me llamarán el escrutador. El más apto para ser odiado”.

Sobre su muerte Eduardo Galeano se expresaría así:

“Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el Gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto.

También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos.

Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza.

Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo”.

Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 9 ¿Quiénes lo asesinaron?

¿Quiénes lo asesinaron?

Joaquín Villalobos. Llegó a ser uno de los fundadores del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), convirtiéndose en uno de sus principales comandantes durante la cruenta guerra civil salvadoreña y quien en 1992 firmó en la ciudad de México los “Acuerdos de Paz”, entregándole a Carlos Salinas de Gortari, una pistola que le había regalado Fidel Castro. Para el año 2010, funge como asesor de “seguridad” en el derechista gobierno mexicano de Felipe Calderon.

Jorge Melendez. Actual director de Protección Civil del Ministerio de Gobernación en el gobierno del partido político en el que se convirtió el FMLN después de la guerra. Pocos días después del asesinato de Dalton, la dirigencia que lo ordenó emitió el siguiente comunicado: “el Ejército Revolucionario del Pueblo, E.R.P. acaba de salir victorioso de uno de los ataques más peligrosos que lanza la tiranía del imperialismo”. Melendez ha declarado que: “En ese proceso del ERP con mucho orgullo yo soy partícipe”.

Comunicado completo del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) tras asesinar a Roque Dalton:

COMUNICADO DEL EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO E.R.P.

El Ejército Revolucionario del Pueblo E.R.P. acaba de salir victorioso de una de los ataques más peligrosos que lanza la tiranía y el imperialismo. Los aparatos de policía secreta del país dirigidos por la C.I.A. (Agencia de Inteligencia del imperialismo Norteamericano) hicieron el intento de infiltrarse en nuestra organización revolucionaria con el propósito de destruirla y hacer caer a las masas populares en la frustración al ver una de sus organizaciones de vanguardia aniquilada por el enemigo.

No obstante, los revolucionarios salvadoreños ya dejamos atrás el tiempo en el que la policía secreta y la C.I.A. actuaban sin ser detectadas, asesinado a revolucionarios en crímenes que nunca fueron esclarecidos, y capturando a gente trabajadora y revolucionaria.

El Ejecito revolucionario del Pueblo logro detectar y contrarrestar la infiltración enemiga y por eso el enemigo ha reaccionado con los rastrillos, las Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 10

capturas, los bloqueos de carreteras con el objetivo de destruir a las organizaciones revolucionarias con los métodos convencionales, ya que sus métodos de infiltración fracasaron rotundamente.

El Ejercito Revolucionario del Pueblo fue objeto de infiltración enemiga por medio del salvadoreño Roque Dalton, quien militó durante algún tiempo en nuestra organización revolucionaria y quien estaba colaborando con los aparatos secretos del enemigo. La labor traidora que realizo Roque Dalton en el seno de nuestra organización costó a nuestra organización y a nuestro pueblo la vida de dos de sus mejores combatientes Armando y Mauricio y el fracaso de algunas acciones militares revolucionarias. Roque Dalton fue detectado, capturado y fusilado por las fuerzas del E.R.P. Existen innumerables pruebas de su labor traidora en el seno de nuestra organización.

Ante este éxito del E.R.P. contra la infiltración, el enemigo ha reaccionado rabiosamente con los rastrillos, los cercos, los bloqueos de carreteras y mas refinadamente tratando de confundir a los sectores populares, publicando volantes y difundiendo rumores a nombre del E.R.P. Hacemos un llamado a todos los sectores revolucionarios y progresistas a no dejarse confundir con estas medidas del enemigo.

El Ejercito Revolucionario del Pueblo E.R.P. siempre reconocerá públicamente las acciones militares que realice y sus comunicados tiene que ser suscritos por el Estado Mayor del E.R.P. o bien por el Partido de la Revolución Salvadoreña marxista-leninista (actualmente en formación).

La prueba por la que ha pasado nuestra organización ha sido dura, pero también ha consolidado y compactado a nuestras filas. La decisión inquebrantable de Vencer o Morir, que ya se ha manifestado en múltiples combates con el enemigo, se mantendrá hasta el triunfo de la Revolución Salvadoreña.

VENCER O MORIR

ESTADO MAYOR DEL EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO

E.R.P.

Esta fue la forma en la que justificaron el asesinato de Dalton, uno de los más brillantes poetas latinoamericanos, comprometido ética y políticamente con su clase, aquellos que eliminándolo físicamente pretendieron asesinarlo, no lograron aplacar la fuerza de su poesía, que, con sus propias palabras “no está sólo hecha de palabras”. La producción de Dalton fue fructífera, dejando una amplia herencia para la humanidad:

Poesía:

Dos puños por la tierra (1955 co-autor Otto René Castillo) Vengo desde la URSS amaneciendo (1957) Mía junto a los pájaros (1958) La ventana en el rostro (1961)

Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 11

El mar (1962) El turno del ofendido (1962) Los pequeños infiernos (1964) Los testimonios (1964) Los hongos (1973) Taberna y otros lugares (1969) El amor me cae más mal que la primavera (1973) Un libro levemente odioso (1988) Las historias prohibidas del pulgarcito (1974) Un libro rojo para Lenín (1986) Poemas clandestinos (1981) Ensayo: El Salvador (1963) México (1964) César Vallejo (1963) ¿Revolución en la revolución? y la crítica de derecha (1970) Testimonio y Novela: Miguel Mármol. Los sucesos de 1932 (1972) Pobrecito poeta que era yo… (1976)

PREMIOS

Premio Centroamericano de Poesía

Premio Casa de las Américas

Notas:

1. “Roque Dalton. Florilegio de Poesía”, Homenaje a 35 años de su asesinato, Molino de letras, revista literaria internacional, http://www.molinodeletras.net/florilegiodalton.html Consultado el 30 de junio de 2010.

2. Alvarenga, Luis, “Los ensayos juveniles de Roque Dalton”, La Ventana, Casa de las Américas, http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=505 Consultado el 30 de junio de 2010.

3.

Ibid

4.

Cardenal, Ernesto, “Roque estaba casado con la revolución”, El Ortiba, tomado de: http://www.elortiba.org/rdalton.html Consultado el 30 de junio de 2010.

5. Cuéllar Martínez, Benjamín, “Roque, los derechos humanos y sus violadores”, Los 75 mayos de Roque, Suplemento especial de Contrapunto, tomado de: http://roque75dalton.contrapunto.com.sv/index.php?option=com_content&view=article&id=12&Itemid=8 Consultado el 30 de junio de 2010.

Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 12

La luna abrazando los cerros

Mariela Loza Nieto

Con el corazón palpitando la indignación, a Roque Dalton

Y me llamarán el escrutador.

El más apto para ser odiado

Roque Dalton

El Salvador, mayo, 1975

Las ramas de los árboles crujían al compás del viento. Sombras de animales nocturnos empezaban a rondar entre la tupida arboleda. Caía la noche sobre la sencilla casa cobijada sólo por las piedras de la cañada. La luz tenue que irradiaba del cuarto parecía una luciérnaga solitaria en medio de aquella oscuridad cada vez más profunda.

Dentro, una vela agonizando iluminaba desde la rústica mesa de madera. Al fondo, los carbones todavía prendidos del fogón daban más luz y calor al cuarto.

Sobre la cama estaba Flor María, sudorosa, retorciéndose en medio de terribles dolores. La humedad había traspasado ya su falda, una mancha de líquido sanguinolento se extendía en la sábana justo debajo de su cadera.

Rutilia hablaba con Pedro en voz baja, parecía que no querían que ella se diera cuenta… y sin embargo, lo sabía.

–– Yo la veo muy mal…ya son muchas horas y nada…no es seguro que se pueda…

Flor María había salido en la mañana, dejó los frijoles puestos en la lumbre y fue lavar la ropa al río, se llevó también el cántaro para aprovechar el tiempo y traer de regreso el agua.

Habían pasado ya varias horas y con el caer de la noche todo se desmoronaba: ella sufriendo terribles dolores y Pedro llorando desesperado. Parecía que la desgracia los cercaba con brazos siniestros.

–– ¡Hazle la lucha, Rutilia! ¡Por nuestro Señor Jesucristo, hazle la lucha! –– dijo Pedro llorando con desconsuelo.

–– A ver…–– contestó Rutilia poco convencida, mientras atizaba leña en el fogón donde hervía una olla con agua –– ésta ya está…pero vas a tener que ir por más, se va a necesitar mucha…

El cántaro con el que traían agua estaba quebrado en la puerta. Pedro tomó una servilleta, la extendió sobre la mesita que acompañaba al fogón y vació la cubeta en la que Flor María tenía listo el nixtamal para las tortillas. Pocas cosas habían juntado en aquel cuarto que fueron tejiendo con palos, caña y adobe después del trabajo en el cafetal. Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 13

Rutilia advirtió:

–– ¡Cuidado con la Sihuanaba! No vaya a ser el colmo de tu mala suerte y tengamos que ir a sacarte muerto de la quebrada.

Pedro guardó silencio un momento, volvió la vista hacia la cama donde Flor María se retorcía y apretujaba las sábanas con los puños, la oscuridad se hacía cada vez más profunda. Entre el dolor que sentía, le lanzaba al corazón preocupaciones la noche, no tenía miedo de salir, sino de dejarla sola.

–– ¡Orita vuelvo, pues! –– dijo.

Al cruzar por la puerta vio los pedazos de tepalcate revueltos con las lágrimas y sangre de Flor María que seguían tirados en la entrada… el padre Alejandro les había hecho ese regalo. Para que lleves tu agua al jacal, le dijo a ella, luego le dio el abrazo.

Habían pasado ya tres años desde aquel día, pero el cántaro se conservaba casi igual, con sus flores de color anaranjado. Lo cuidaba mucho Flor María, en cuanto llegaba del manantial vaciaba el agua en las otras jícaras, secaba el cántaro y lo ponía en lo alto, solito, en la madera que Pedro puso para que sirviera de trastero.

Esa misma puerta la había cruzado por la mañana ella, desde hacía días tenía que salir más temprano porque había que dar mucha vuelta para llegar al río. Amarró las ropas en un solo bulto, agarró el cántaro y se fue por la vereda de atrás del jacal, en donde hacen boca de la arbolada los amates.

Cada vez le pesaba más el cuerpo, los pies apenas dando unos pasos se le hinchaban. Todos los días tenía que pasar por aquellas penas para traer un poco de agua. Y ahora más, que tenía que rodear casi toda la montaña.

Caminó con prisa, tenía que llegar antes que Pedro para alcanzar a hacer las tortillas. El sol subía hacia el cenit como acompañándole el andar. Iba con el corazón dándole a cada paso el vuelco… Ahora se debía tener más cuidado, Pedro se lo dijo.

El problema para ella es que ni siquiera podía correr, sus pies hinchados nomás la dejaban dar pasos lentos, aún Rutilia, que le duplicaba la edad, caminaba más rápido, en un mes parecía que se le habían sumado décadas a sus veintitrés años.

Llegó hasta el manantial con el alma en un hilo. Ese camino lo había recorrido miles de veces, desde niña lo conocía, pero ahora se cansaba más. El calor había arreciado, sudaba y sentía que le faltaba el aire.

Se sentó en una piedra, con la mano tomaba chorritos de agua y se la echaba en la cara, se destrenzó la larga cabellera negra, como pudo se agachó cerca de la corriente y la sumergió, respiró profundo como para llenarse del aliento que le faltaba. Así estuvo unos minutos. Metió los pies en el río, sintió el agua que le refrescaba en medio del intenso calor del medio día. Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 14

Deshizo el bulto de ropa, se acomodó como pudo y empezó a restregar cada tela contra la piedra áspera que le ayudaba a quitar el lodo que traían los pantalones de Pedro, verlos le trajo a la memoria aquellos terribles dolores, ese pantalón traía Pedro aquel día en que tanto le dolía el vientre, quedaron enlodados porque tuvo que irse por los caminos de bestias para llegar hasta el caserío en busca de Rutilia.

Volvió a mirar su vientre y luego alzó los ojos al cielo.

Fue tomando cada pieza de ropa y restregándolo y restregándolo en la piedra, volteando a su alrededor de cuando en cuando. Ellos andaban rondando. Pedro se lo dijo:

–– Cuídate pues, cuando andes por el monte…

Al regresar la mirada, la nostalgia la embargó: recordó los días en los que acompañaba a su madre, ahí estaba la roca grande en la que frotaban las pocas ropas que poseían y las untaban con las hierbas que hacen espuma. Casi la podía ver con su mechón suelto que se movía al ritmo en el que su cuerpo avanzaba y retrocedía.

Volvió a mirar a su alrededor, los pájaros trinaban al sol y el viento movía de un lado a otro los árboles más cercanos, parecía estar sola en medio del tupido boscaje. Recordó entonces las palabras que su madre, Doña Rosario, le había dicho:

–– Aunque parece que aquí nomás estamos tú y yo, no estamos solitas… cada vez que una como mujer se levanta a hacer la voluntad de Dios, la acompaña la estrella de la mañana que nos protege y nos cuida.

Flor María recordaba las palabras de su madre, pero ahora era más peligroso, se lo dijo Pedro… y ella también lo sabía.

Cuando terminó de lavar toda la ropa volvió a envolverla en un solo bulto, se la amarró a la espalda, la humedad le traspasaba la blusa, ese frescor le ayudaba a contrarrestar los efectos del sol que, a pesar de haber bajado, todavía sofocaba. Agarró el agua con su cántaro de flores anaranjadas, se lo acomodó sobre la cabeza y emprendió el regreso.

Esas veredas habían sido compañía en sus juegos y trabajos, casi podía mirarse a sí misma corriendo entre los árboles con los pies descalzos y los vestidos que le hacía su madre cuando todavía a sus ojos no se les apagaba la luz.

Pasó por la vereda en la que las ramas abrazadas por la tierra hacen escaleras. Recordó al padre Alejandro. Ahí lo había visto por primera vez con su pantalón descolorido de las rodillas y aquella sonrisa que le iluminaba la cara siempre.

Hace meses que no lo veían, algunas gentes decían que se había caído a un barranco; el esposo de Rutilia dijo que quizá se lo habían preso llevado los cuilios; otros, que se le había metido el diablo y se había ido con los guerrilleros que habían bajado de la montaña por esos tiempos.

Pedro y Flor María extrañaban el padre Alejandro, en las noches antes de acostarse hacían su oración y en ella pedían por él. El padre Alejandro era bueno con ellos. Sacó a Pedro de la Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 15

tomadera en la que andaba, y a ella le ponía su mano en la frente cada vez que le hacía una oración.

Así lo había hecho desde que era una niña, era la única visita que recibían y esperaban con gusto su madre y ella. Cuando lo veían venir por la vereda el corazón se les alegraba. Entonces no se sentían que estaban completamente solas, llegaba el padre y las acompañaba a comer y las acompañaba en el rezo.

Cuando Flor María se quedó sola, sólo él le dio consuelo. Su mamá murió de aquella tos que no la dejaba ya ni hacer una tortilla. Ella no supo ni qué hacer para prestarle auxilio. Nomás la vio con aquella desesperación y los dolores de pecho que no la dejaban vivir desde hacía meses. Ya ni rezar podía. El padre Alejandro y ella se acomodaban a los costados de su cama e imploraban mientras ella se retorcía de dolor.

La noche en que murió, sólo Flor María estaba para orar, nadie más. El padre Alejandro llegó a la mañana siguiente y se encontró con ella que no paraba de llorar abrazada al cuerpo de su madre.

Le ayudó a cobijarla en el petate, y luego se fue al caserío donde habló con los hombres para que hicieran la sepultura.

–– No siempre estaré aquí para darte un poco de consuelo –– dijo el padre Alejandro a Flor María –– Pero cuando esté lejos, mira fijamente a la luna, tu eres mujer, ella parió tu corazón, háblale, cuéntale de tus pesares… entonces estaré cerca, porque es la misma luna la que ilumina las tristezas y las alegrías del viento, es la misma luna la que acaricia los manantiales y el tiempo, la misma luna es la que abraza todos los cerros.

Luego le daba sus vueltas, ¿Cómo está la Flor que vive en la montaña?, le decía el padre Alejandro tiernamente, y le llevaba un rebozo, o se la llevaba a comer a la iglesia. Por eso ella pensaba: El padre Alejandro es bueno.

No sabían en sí desde cuándo había desaparecido. Dio misa en La Palma, la gente decía que había tomado el camino grande, todavía en la subida del cerro lo encontró Enrique, dijo que lo alcanzó a saludar y hasta le dio bendición… luego nadie supo nada.

Así, de regreso a su jacal, con el cántaro en la cabeza y las nostalgias recorriéndole la carne, iba caminando la vereda. Una pareja de torogoces cruzaron el camino y revoloteaban entre los árboles su idilio, ese vuelo la sacó de sus remembranzas.

Flor María bajó la mirada a pesar de que le gustaban las aves, de hecho, por eso evitó mirarlos fijamente… decía la gente que cuando una mujer en sus condiciones veía un pájaro, este moría irremediablemente.

Cruzó la boca de amates y bajó despacio el sendero que llegaba a su casa. A pocos metros de cruzar la puerta el vientre se le contrajo como nunca antes. El cántaro cayó al suelo. Se hizo tepalcates y sobre el piso de tierra se derramó el agua. Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 16

Pedro no estaba. Los dedos de Flor María se crispaban del dolor. El niño venía y nadie que llamara a la partera.

Como pudo fue arrastrándose hasta llegar a la cama. Desde ahí llamaba a Pedro a gritos. Él venía del monte. Desde los cafetales que estaban en medio de aquella cañada, escuchó el grito de Flor María, mezcla de alarido y angustia.

No estaba seguro, pero se cargó la leña con el mecapal y echo a correr entre los matorrales.

Flor María se retorcía del dolor. Semanas antes, Doña Rutilia, la partera, había advertido:

–– El niño viene con las piernitas pa’ delante…a ver si de aquí a fin de mes se acomoda…si no… pus no es seguro que te lo pueda nacer vivo…

Pedro corría con la leña en la espalda, trastabillaba por las veredas. Escuchaba los gritos cada vez más claros, cada vez más cerca. Quizá venía el niño en camino o quizá habían regresado los cuilios… ¡Tenía que llegar a su casa con Flor María!

Mientras daba cada paso iba rezando en silencio…

–– ¡Cuídamelos, Padrecito mío!

Con los pies casi descalzos, Pedro corría dando de saltos, algo estaba pasando y le preocupaba lo que ellos le habían advertido: si se enteraban de que él sabía algo y no se los había dicho, iban a regresar:

–– Mira hijoeputa… sabemos que por aquí anduvieron queriendo llevarse a más gentes para que los ayuden a sus pendejadas, en el caserío dicen que por este rumbo andaban…

Él no podía contestar, sentía la garganta apretada por el arma del soldado. Negaba moviendo la cabeza lo poco que se podía.

El soldado insistió:

–– Buena mujer la que tienes… y nosotros estamos muy solitos…si no quieres que te volvamos a visitar, en cuanto los veas nos vas a avisar…en la carretera grande vamos a hacer campamento, si los ves, luego luego vas y nos dices dónde están esos perros…

La Flor María se había espantado el día que los vieron llegar. Dos camiones se estacionaron en la orilla de la senda. Bajaron varios y se acercaron a donde Pedro cortaba la leña, apenas había amanecido. Los vio cuando lo aventaron contra el árbol y con el fusil le apretaban la garganta.

–– ¡Vete pa’llá! –– alcanzó a gritar Pedro –– ¡métete a la casa, orita llego!

Pedro no dijo nada. Quedó en silencio. Los militares no paraban de amenazar, y aunque parecía que él ponía atención a sus palabras su mente estaba fija a los soldados que rodeaban el maquilishuat que Flor María había sembrado desde que era niña en la que había sido la casa de su madre y de la que hoy quedaban solamente ruinas. Mientras más amenazaban los militares, más él fijaba la mirada en la puerta y rezaba para sus adentros: Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 17

–– ¡Que no crucen la puerta, madrecita! ¡Que no me toquen a mi Flor María!

Si los cuilios supieran que él les dio tortillas y frijoles a aquellas personas que habían llegado hasta su casa, seguramente lo habrían matado.

El militar volvió a decir a Pedro:

–– ¡Tienes buena mujer, ni te metas en problemas! Ya sabes, en cuanto veas gente rara que anda por el monte, nos avisas…

Soltaron a Pedro, no dijo nada. Los militares tomaron otra vez el camino y se fueron, se llevaron la única gallina que quedaba.

A Pedro le quedó una dolencia en la garganta que tardó en quitársele varios días.

En esos pensamientos andaba cuando alcanzó a ver su casa y volvió a escuchar los gritos de ella. No vio ningún soldado en los alrededores, eso lo tranquilizó un poco, pero no bajó el ritmo de su paso presuroso.

Llegó hasta la casa. Vio el cántaro roto casi en la puerta. Soltó la leña ahí nomás, ya no escuchaba los gritos de Flor María, entró y vio el fogón prendido con la olla de frijoles quemándose entre una humareda, de un manotazo lo retiró y los frijoles hechos carbón quedaron sobre el piso de tierra.

En la cama Flor María yacía como si no tuviera vida. Se acercó a ella, fue recorriéndola con las manos. Su cuerpo estaba caliente, le besaba las manos y la frente… de pronto otro retortijón y se le contrajo el vientre y las facciones indígenas de la cara.

–– ¡Vete pronto por la Rutilia, Pedro! ¡Vete pronto que viene el hijo… y yo siento que me muero!

Pedro salió de la casa. Tomó la senda que cruza el monte hacia el caserío que está tras la loma. No había mula en que llegar, todo sería a pie, con el regreso se harían varias horas. No podía arriesgarse a que en el camino grande los cuilios le quitaran tiempo: la Flor María y el crío se le morían. Prefirió tomar el camino que cruza la montaña por dentro.

En la casa se quedó temblorosa y sudando Flor María. Nada podía hacer sino rezar y esperar que llegara pronto la partera.

Después del anochecer Pedro cruzó la puerta con Rutilia. Lo primero que hizo ésta fue palparle el vientre.

–– No está bien acomodado, parece que viene al revés… va a estar difícil –– dijo mientras tomaba una olla de barro y vaciaba en ella el agua que tenían. Luego la acomodó en el fogón para que hirviera. Mientras el agua soltaba sus vapores Rutilia hacía las advertencias pertinentes a Pedro. Le pidió entonces que fuera por más agua.

En cuanto Pedro salió de la casa para traer más agua. Rutilia hizo una mezcla con hojas de varias hierbas y preparó con ellas un té que inmediatamente le dio a Flor María para que lo bebiera. Ella Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 18

le daba sorbos como podía, los dolores habían arreciado, Rutilia le puso en la boca una vara de árbol para que la mordiera y empezó a sobarle el vientre.

Pedro regresó con el agua poco después de la media noche, había tenido suerte, ni siquiera una mazacuata encontró en el camino. Flor María se alegró al verlo entrar, sentía que se moría y que no volvería siquiera a verlo.

–– Ponla a hervir y tráeme unos trapos bien limpios –– dijo Rutilia.

Pedro hizo lo que pedía. Buscó en el canasto una sábana limpia y la hizo tiras. Se las entregó a la partera y sus ojos en silencio preguntaron cómo estaba la situación. Rutilia negó con la cabeza.

–– Reza mucho –– dijo nuevamente Rutilia –– Recen mucho, recen…recen.

Pedro se acercó a su compañera y la tomó de la mano, Flor María recordó las palabras del Padre Alejandro: “mira fijamente a la luna, tu eres mujer, ella parió tu corazón, háblale, cuéntale de tus pesares… la misma luna es la que abraza todos los cerros”

Rutilia seguía sobándole con un ungüento, empezaba donde nacen los senos y llevaba sus manos hacia el bajo vientre. No se le aplacaba la preocupación en el rostro.

–– Pedro –– dijo Flor María –– abre la cortina de la ventana.

Pedro hizo lo que le pedía su compañera, la luz entró, ella apretó entre los dientes la vara de maquilishuat que traía en la boca y miró fijamente al cielo.

En medio ya de la madrugada de aquel día, 10 de mayo, se escucharon toques en la puerta. Los quejidos de Flor María los hacían apenas perceptibles. Luego fueron más fuertes. Pedro y Rutilia se miraron extrañados. De por sí, ellos no recibían visitas, era imposible que alguien llegara a su casa a esas horas.

Pedro abrió la puerta. Y encontró a una mujer y un hombre parados frente a él.

–– ¿Podemos pasar? Necesitamos ayuda –– dijo la mujer con voz suave y tranquila.

Pedro no supo qué contestar. Se hizo a un lado, lo sorpresivo de la situación lo dejó impávido.

Entraron el hombre y la mujer, detrás de ellos entraron cuatro personas más. Una de las mujeres iba herida en una pierna y dos hombres la ayudaban a caminar. Iban armados.

Rutilia se quedó estupefacta. Todos se miraron por unos instantes en silencio.

Flor María volvió a retorcerse de dolor, y un alarido rompió aquel silencio.

Los hombres acomodaron a la mujer herida en una silla, y uno de ellos apretó un torniquete provisional que le habían hecho.

La mujer que habló con Pedro se acercó a Flor María. Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 19

–– ¿Ya va a parir? –– preguntó a Rutilia.

Rutilia miró fijamente a la mujer, no comprendía quién era ella, ni cómo había llegado ahí, la estupefacción la dejó muda, no podía articular palabra.

–– ¿Ya va a parir? –– preguntó otra vez la mujer.

Rutilia guardó unos instantes silencio, luego contestó:

–– No creo que pueda nacer vivo, viene mal acomodado.

La mujer palpó el vientre de la parturienta y asintió.

Uno de los hombres, refiriéndose a la herida, se dirigió a Pedro:

–– ¿Podemos acostarla en esa esquina?

–– Sí –– contestó Pedro al tiempo que les daba un petate.

Flor María no dejaba de mirar la luna y de rezar y platicarle en silencio sus dolencias. De pronto lanzó un terrible alarido.

–– Se necesita una cesárea –– dijo la mujer, luego se dirigió a la herida que ya estaba recostada sobre el petate mientras uno de los hombres le mantenía la pierna elevada –– No hay mucha anestesia, quedaría muy poquita para ti… ¿te aguantas?

–– Sí –– respondió la muchacha que no pasaba de los 18 años.

–– Necesitamos ayudarle a salir al niño ¿me dejas? –– dijo a Pedro.

Pedro volvió la cara hacia Rutilia. Ella le contestó seca:

–– Yo no le puedo hacer nada… tú dirás…

Pedro miró al suelo, sus ojos recorrían los poros de aquel piso de tierra como si en ellos buscara la respuesta, alzó los ojos, miró fijamente a la mujer y preguntó:

–– Si le haces eso ¿se salvaría ella y mi hijo?

–– Puedo intentar que vivan los dos… si la dejas así se le va a morir el niño dentro y quizá ella muera también –– contestó la mujer.

Pedro quedó en silencio un momento, luego de unos instantes dijo llorando:

–– Entonces… ¡hazle el intento! Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 20

La mujer tomó su mochila y sacó un morralito en el que traía frascos, pastillas y unos cuchillos delgados, los acomodó sobre un trapo que tenía adentro doblado. Se untó alcohol en las manos, tomó uno de los frascos, abrió una jeringa y la llenó con el líquido, se dirigió a Rutilia:

–– ¿Tienen otras velas? Necesito mucha luz aquí…

Pedro sacó del trastero las cuatro velas que quedaban, acercó la mesita junto a la cama y ahí las acomodó y las prendió todas.

–– Tenemos que mantenerle las piernas lo más cercano que se pueda al pecho, y hay que agarrarla bien, no se debe mover mientras la inyecto –– dijo la mujer.

Rutilia hizo lo que le pidió, colocaron a Flor María en posición fetal y la mujer le inyectó el líquido en la espina dorsal.

Flor María que no quitaba la vista de la ventana, miraba como absorta la luna de aquella madrugada.

Luego la mujer ordenó a uno de los hombres:

–– Ve lavándole la herida a Martha… y manténganle el torniquete apretado y la pierna elevada…pásenme todos su botiquín.

Luego agregó:

–– Fíjate que no tenga la bala adentro, y si la tiene, hay que sacársela…

El hombre se quedó unos instantes inmóvil. La mujer volvió la vista hacia él, le dio uno de los cuchillos delgados y lo que quedó en el frasco del que había inyectado la mayoría del líquido a Flor María y repitió:

–– José, fíjate que no tenga la bala adentro, y si la tiene, sácasela… como nos enseñaron… yo no puedo hacer las dos cosas, esta mujer se nos va a morir si no la ayudamos pronto ¡tienes que apoyarme!

José se acercó a Martha, era la primera vez que se enfrentaba a una situación como aquella, sin embargo, no tenía opción.

Una nube cruzó el cielo y por instantes apagó la luz de luna que penetraba por los poros de la humilde casa. Flor María sintió una terrible contracción, sintió que se le escapaba la esperanza. Más rezó.

Las manos de José comenzaron a auscultar la herida de Martha, que apretó los puños y dientes tratando de soportar el dolor. No podía creer que estuviera en esa situación, si hubiese tenido más cuidado al aceitar el arma, ésta no se habría disparado. De no haber sido por ello, en esa madrugada habría llegado hasta San Salvador a reunirse con los demás. Molino de letras. Revista literaria internacional http://www.molinodeletras.net Página 21

Ahora estaba ahí, en la casa que les abrieron esas humildes personas, mirando a esa mujer retorcerse y llorar, como no había visto llorar jamás a nadie, y mirando con obsesión la luna.

José abrió la herida, el petate empezó a tomar la tonalidad roja de la sangre que le escurría por el muslo. Martha sintió que se le crispaban las venas, no supo por qué, de pronto, entre sus dolores miraba ella también la luna y una estrella que palpitaba acompañándola en medio de la profunda negrura.

Lejos estaba de imaginar que también donde a ella la esperaban, nerviosos ya por la tardanza, se estaba derramando sangre sobre un piso de tierra como el que a ella le brindaba refugio, la dirección del ERP dictaba la condena.

Con la “prueba” de su “culpabilidad confesa”, en un capítulo de su libro “Pobrecito poeta que era yo” se cargó el arma.

La condena estaba dictada: el poeta bebedor y reidor, el que se había salvado del fusilamiento, al que con cárcel y exilio le habían querido apagar los versos… el poeta era acusado de ser un traidor, un infiltrado enemigo.

“Agente de la CIA” fue la acusación final y se escucharon los disparos.

El cuerpo de Julio Dreyfus, como se hizo llamar al ingresar en el Ejército Revolucionario del Pueblo, cayó sobre el piso de tierra en aquella casa de Santa Anita en medio de un charco de sangre.

La luna abrazaba dos cerros al mismo tiempo, y su luz iluminaba una nueva contracción en el vientre, una pierna herida y un cuerpo inerte.

–– La misma luna para todos los cerros –– dijo en voz alta Flor María y apretó con los puños otra vez la sábana, y otra vez sudó sangre su entraña.

Y lloraba una mujer por un pedacito de su entraña que no acababa de nacer.

Y un pueblo gemía sus dolores de parto: habían asesinado a Roque Dalton.

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