JOSE MARTI. ABDALA. TEATRO

JOSE MARTI. ABDALA. TEATRO

ABDALA

Escrito expresamente para la patria

 

1

 

La Patria Libre. Semanario democrático-cosmopolita.

Habana, 23 de enero de 1869.

Imp. y Lib. El Iris, Obispo 20 y 22.

Personajes

Espirta, madre de Abdala.

Elmira, hermana de Abdala.

Abdala.

Un senador.

Consejeros, soldados, etc.

La escena pasa en «NUBIA».

 

2

Escena primera

Abdala,

3 un senador y consejeros.

4

 

Noble caudillo: a nuestro pueblo llega

Feroz conquistador: necio amenaza

Si a su fuerza y poder le resistimos

En polvo convertir nuestras murallas:

Fiero pinta a su ejército

5

que monta

Nobles corceles de la raza arábiga;

 

Inmensa gente al opresor auxilia,

 

Y tan alto es el número de lanzas

 

Que el enemigo cuenta, que a su vista

 

La fuerza tiembla y el valor se espanta:

 

Tantas sus tiendas son, noble caudillo,

 

 

 

6

 

Que a la llanura llegan inmediata,

Y del rudo opresor ¡oh Abdala ilustre!

Es tanta la fiereza y arrogancia

Que envió un emisario reclamando

Rindiese fuego y aire, tierra y agua!

Pues decidle al tirano que en la Nubia

Hay un héroe por veinte de sus lanzas:

Que del aire se atreva a hacerse dueño:

Que el fuego a los hogares hace falta:

Que la tierra la compre con su sangre:

Que el agua ha de mezclarse con sus lágrimas.

Guerrero ilustre: calma tu entusiasmo!

 

7

 

Del extraño a la impúdica arrogancia

Diole el pueblo el laurel que merecían

Tan necia presunción y audacia tanta;

 

8

 

Mas hoy no son sus bárbaras ofensas

Muestras de orgullo y simples amenazas:

Ya detiene a los nubios en el campo!

Ya en nuestras puertas nos coloca guardias!

¿Qué dices, Senador?

—Te digo ¡oh, jefe

Del ejército nubio! que las lanzas

Deben brillar, al aire desenvuelta

La sagrada bandera de la patria!—

Te digo que es preciso que la Nubia

Del opresor la lengua arranque osada,

Y la llanura con su sangre bañe

Y luche Nubia cual luchaba Esparta!—

Vengo en tus manos a dejar la empresa

De vengar las cobardes amenazas

Del bárbaro tirano que así llega

A despojar de vida nuestras almas!—

Vengo a rogar al esforzado nubio

 

9

 

Que a la batalla con el pueblo parta

Acepto, Senador. Alma de bronce

Tuviera si tu ruego no aceptara.

Que me sigan espero los valientes

Nobles caudillos que el valor realza,

Y si insulta a los libres un tirano

Veremos en el campo de batalla!

En la Nubia nacidos, por la Nubia

Morir sabremos: hijos de la patria,

 

10

 

Por ella moriremos,

11

y el suspiro

Que de mis labios postrimero salga

 

Para Nubia será, que para Nubia

 

Nuestra fuerza y valor fueron creadas.

 

 

 

12

 

Decid al pueblo que con él al campo

Cuando se ordene emprenderé la marcha;

Y decid al tirano que se apreste,—

Que prepare su gente,—y que a sus

lanzas

13

 

Brillo dé y esplendor. Más fuertes brillan

Robustas y valientes nuestras almas!

Feliz mil veces ¡oh valiente joven!

El pueblo que es tu patria!

—Viva Abdala!—

(Se van el senador y consejeros.)

Escena segunda

Abdala.

¡Por fin potente mi robusto brazo

Puede blandir la ruda cimitarra,

Y mi noble corcel volar ya puede

Ligero entre el fragor de la batalla!

 

14

 

Por fin mi frente se ornará de gloria!

Seré quien libre a mi angustiada patria,

Y quien le arranque al opresor el pueblo

Que empieza a destrozar entre sus garras!

Y el vil tirano que amenaza a Nubia

Perdón y vida implorará a mis plantas!

Y la gente cobarde que lo ayuda

A nuestro esfuerzo gemirá espantada!

Y en el cieno hundirá la altiva frente

Y en cieno vil enfangará su alma!

Y la llanura en que su campo extiende

Será testigo mudo de su infamia!

Y el opresor se humillará ante el libre!

Y el oprimido vengará su mancha!

Conquistador infame, ya la hora

De tu muerte sonó: ni la amenaza,

Ni el esfuerzo y valor de tus guerreros

Será muro bastante a nuestra audacia.

Siempre el esclavo sacudió su yugo,—

Y en el pecho del dueño hundió su clava

El siervo libre: siente la postrera

Hora de destrucción que audaz te aguarda,

Y teme que en tu pecho no se hunda

Del libre nubio

la tajante lanza!—

15

 

Ya me parece que rugir los veo

Cual fiero tigre que a su presa asalta.

Ya los miro correr: a nuestras filas

Dirigen ya su presurosa marcha:

Ya luchan con furor: la sangre corre

Por el llano a torrentes: con el ansia

Voraz del opresor, hambrientos vuelven

A hundir en sus costados nuestras lanzas

Y a doblegar el arrogante cuello

Al tajo de las rudas cimitarras:

Cansados ya, vencidos—cual furiosas

Panteras del desierto que se lanzan

A la presa que vence, y se fatigan,

Y rugen y se esfuerzan y derraman

La enrojecida sangre, y combatiendo

Terribles ayes de dolor exhalan,—

Así los enemigos furibundos,

A nuestras filas bárbaros se lanzan,

Y luchan,—corren,—retroceden,—vuelan,—

Inertes caen,—gimiendo se levantan,—

A otro encuentro se aprestan,—y perecen!—

Ya sus cobardes huestes destrozadas

Huyen por la llanura:—¡oh! ¡cuánto el gozo

Da fuerza y robustez y vida a mi alma!—

¡Cuál crece mi valor!—¡cómo en mis venas

Arde la sangre!—¡cómo me arrebata

Este invencible ardor!—¡cuánto deseo

A la lucha partir!—

Escena tercera

Entran guerreros

 

.—Guerreros y Abdala.

¡Salud, Abdala!—

 

¡Salud, nobles guerreros!

 

Ya la hora

 

De la lucha sonó: la gente aguarda

 

Por su noble caudillo: los corceles

 

Ligeros corren por la extensa plaza:

 

Arde en los pechos el valor, y bulle

 

En el alma del pueblo la esperanza:

 

Si vences, noble jefe, el pueblo nubio

 

Coronas y laureles te prepara,—

 

Y si mueres luchando, te concede

 

La corona del mártir de la patria!—

 

Revelan los semblantes la alegría:

 

Brillan al sol las fulgurantes armas,—

 

Y el deseo de luchar en las facciones

 

La grandeza, el valor sublimes graban!—

 

Ni laurel ni coronas necesita

 

Quien respira valor. Pues amenazan

 

A Nubia libre, y un tirano quiere

 

Rendirla a su dominio vil esclava,

 

Corramos a la lucha y nuestra sangre

 

Pruebe al conquistador que la derraman

 

Pechos que son altares de la Nubia,

 

Brazos que son sus fuertes y murallas!

 

¡A la guerra,

 

16

valientes! Del tirano

La sangre corra,

 

 

17

y a su empresa osada

De muros sirvan los robustos pechos

 

Y sea su sangre fuego a nuestra audacia!—

 

A la guerra! a la guerra!

 

 

18

Sea el aplauso

Del vil conquistador que nos ataca,

 

El son tremendo que al batirlo suenen

 

Nuestras rudas y audaces cimitarras!

 

Nunca desmienta su grandeza Nubia!

 

A la guerra corred! a la batalla!

 

 

 

19

 

Y de escudo te sirva ¡oh patria mía!

 

20

 

El bélico valor de nuestras almas!—

(Hacen ademán de partir.)

Escena cuarta

Entra Espirta

 

.—Espirta y dichos.

¿Adónde vas? Espera!

 

¡Oh madre mía!

 

Nada puedo esperar.

 

¡Detente Abdala!

 

¿Yo detenerme, madre?

 

21

¿No contemplas

El ejército ansioso que me aguarda?

 

¿No ves que de mi brazo espera Nubia

 

La libertad que un bárbaro amenaza?

 

¿No ves cómo se aprestan los guerreros?

 

¿No miras cómo brillan nuestras lanzas?

 

Detenerme no puedo, ¡oh, madre mía!

 

¡Al campo voy a defender mi patria!

 

¡Tu madre soy!

 

¡Soy nubio! El pueblo entero

 

Por defender su libertad me aguarda:

 

Un pueblo extraño nuestras tierras huella:

 

Con vil esclavitud nos amenaza;

 

Audaz nos muestra sus potentes picas,

 

Y nos manda el honor y Dios nos manda

 

Por la patria morir, antes que verla

 

Del bárbaro opresor cobarde esclava!

 

Pues si exige el honor que al campo vueles,

 

Tu madre hoy que te detengas manda!

 

Un rayo sólo detener pudiera

 

El esfuerzo y valor del noble Abdala!

 

¡A la guerra corred, nobles guerreros,

 

Que con vosotros el caudillo marcha!

 

 

(Se van los guerreros.)

Escena quinta

Espirta y Abdala.

Perdona ¡oh madre! que de ti me aleje

Para partir al campo. ¡Oh! estas lágrimas

Testigos son de mi ansiedad terrible,

Y el huracán que ruge en mis entrañas.

(

Espirta llora.

)

No llores tú, que a mi dolor ¡oh madre!

 

Estas ardientes lágrimas le bastan!

 

El ¡ay! del moribundo,

 

 

22

ni el crujido

Ni el choque rudo de las fuertes armas,

 

 

 

23

 

No el llanto asoman a mis tristes ojos,

Ni a mi valiente corazón espantan!

Tal vez sin vida a mis hogares vuelva,

U oculto entre el fragor de la batalla

De la sangre y furor víctima sea.

Nada me importa. Si supiera Abdala

Que con su sangre se salvaba Nubia

De las terribles extranjeras garras,

Esa veste que llevas, madre mía,

 

24

 

Con gotas de mi sangre la manchara!

Sólo tiemblo por ti: y aunque mi llanto

No muestro a los guerreros de mi patria,

 

25

 

Ve cómo corre por mi faz, oh madre!

Ve cuál por mis mejillas se derrama!

¿Y tanto amor a este rincón de tierra?

¿Acaso él te protegió en tu infancia?

¿Acaso amante te llevó en su seno?

¿Acaso él fue quien engendró tu audacia

Y tu fuerza? Responde! ¿O fue tu madre?

¿Fue la Nubia?

 

26

 

El amor, madre, a la patria

No es el amor ridículo a la tierra,

Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;

Es el odio invencible a quien la oprime,

Es el rencor eterno a quien la ataca;—

Y tal amor despierta en nuestro pecho

El mundo de recuerdos que nos llama

A la vida otra vez, cuando la sangre

Herida brota con angustia el alma;—

La imagen del amor que nos consuela

Y las memorias plácidas que guarda!

¿Y es más grande ese amor que el que despierta

En tu pecho tu madre?

¿Acaso crees

 

27

 

Que hay algo más sublime que la patria?

¿Y aunque sublime fuera, acaso debes

 

28

 

Por ella abandonarme? a la batalla

 

29

 

Así correr veloz? Así olvidarte

De la que el ser te dio? ¿Y eso lo manda

La patria? Di! ¿Tampoco te conmueven

La sangre ni la muerte que te aguardan?

Quien a su patria defender ansía

Ni en sangre ni en obstáculos repara!

Del tirano desprecia la soberbia;

En su pecho se estrella la amenaza;

Y si el cielo bastara a su deseo

Al mismo cielo con valor llegara!

¿No te quedas por fin? ¿Y me abandonas?

No! madre, no! Yo parto a la batalla!

Al fin te vas?… te vas?… ¡Oh, hijo querido!

(Se arrodilla.)

A tu madre infeliz mira a tus plantas!

Mi llanto mira que angustioso corre!

De amargura y dolor tus pies empapa!

Detente ¡oh hijo mío!

Levanta ¡oh madre!

Por mi amor… por tu vida… no… no partas!

¿Que no parta decís cuando me espera

La Nubia toda? Oh! no! cuando me aguarda

Con terrible inquietud a nuestras puertas

Un pueblo ansioso de lavar su mancha?

¡Un rayo sólo detener pudiera

El esfuerzo y valor del noble Abdala!

Y una madre infeliz que te suplica,

 

(Con altivez.)

 

Que moja con lágrimas tus plantas,

No es un rayo de amor que te detiene?

No es un rayo de dolor que te anonada?

Cuántos tormentos!… cuán terrible angustia!

Mi madre llora… Nubia me reclama…

Hijo soy… nací nubio… ya no dudo,

Adiós! Yo marcho a defender mi patria!

 

(Se va.)

 

Escena sexta

Espirta

Partió!… partió!… Tal vez ensangrentado,

 

30

 

Lleno de heridas, a mis pies lo traigan;

Con angustia y dolor mi nombre invoque;

Y mezcle con las mías sus tristes lágrimas,

Y mi mejilla con la suya roce

Sin vida, sin color, inerte, helada!

¡Y detener no puedo el raudo llanto

Que de mis ojos brota; a mi garganta

Se agolpan los sollozos,

31

y mi vista

Nublan de espanto y de terror mis lágrimas!

 

Mas ¿por qué he de llorar? ¿Tan poco esfuerzo

 

Nos dio Nubia al nacer? ¿así acobardan

 

A sus hijos las madres?

 

 

32

¿así lloran

Cuando a Nubia un infame nos arranca?

 

¿Así lamentan su fortuna y gloria?

 

¿Así desprecian el laurel? ¿Tiranas,

 

Quieren ahogar en el amor de madre

 

El amor a la patria? Oh! no! derraman

 

Sus lágrimas ardientes, y se quejan

 

Porque sus hijos a morir se marchan!

 

Porque si nubias son, también son madres!

 

Porque al rudo clamor de la batalla

 

Oyen mezclarse el ¡ay! que lanza el hijo

 

Al sentir desgarradas sus entrañas!

 

Porque comprenden que en la lucha nunca

 

Sus hogares recuerdan, y se lanzan

 

Audaces en los brazos de la muerte

 

Que a una madre infeliz los arrebata!

 

 

Escena séptima

Espirta y Elmira

Madre! ¿llorando vos?

¿De qué te asombras?

A la lucha partió mi noble Abdala.

Y al partir a la lucha un hijo amado

¿Qué heroína, qué madre no llorara!

La madre del valor, la patriota!

Oh! mojan vuestra faz recientes lágrimas,

Y rebosa el dolor en vuestros ojos,

Cobarde llanto vuestro seno baña!

¡Madre nubia no es la que así llora

Si vuela su hijo a socorrer la patria!

A Abdala adoro: mi cariño ciego

Es límite al amor de las hermanas,

 

33

 

Y en sus robustas manos, madre mía,

Le coloqué al partir la cimitarra,

Le dije adiós, y le besé en la frente!

Y ¡vos lloráis, cuando luchando Abdala

De noble gloria y de esplendor se cubre,

Y el bélico laurel le orna de fama!

¡Oh madre! ¿no escucháis ya cómo suenan

Al rudo choque las templadas armas?

Las voces no escucháis? ¿El son sublime

De la trompa no oís en la batalla?

¿Y no oís el fragor? ¡Con cuánto gozo

Esta humillante veste no trocara

Por el lustroso arnés de los guerreros,

Por un noble corcel, por una lanza!

¿Y también como Abdala, por la guerra

A tu hogar y tu madre abandonaras?

Y a morir en el campo audaz partieras?

También, madre, también! que las desgracias

De la patria infeliz lloran y sienten

Las piedras que deshacen nuestras plantas!

¿Y vos lloráis aún? ¿Pues de la trompa

El grato son no oís que mueve el alma?

¿No lo escucháis, ¡oh madre?

34

¿A vos no llega

El sublime fragor de la batalla?

 

 

(Se oye tocar a la puerta.)

Pero… ¿qué ruido es este repentino,

Madre, que escucho a nuestra puerta?

(Lanzándose hacia la puerta.)

 

¡Abdala!

(Deteniéndola.)

Callad, oh madre! Acaso algún herido

A nuestro hogar desesperado llama.

A su socorro vamos, madre mía.

(Se dirigen a la puerta.)

¿Quién toca a nuestra puerta?

Abrid!

Escena octava

Entran guerreros trayendo en brazos a Abdala herido.

Dichos, Abdala.

(Espantadas.)

 

¡Abdala!

(Los guerreros conducen a Abdala al medio del escenario.)

Abdala, sí, que moribundo vuelve

A arrojarse rendido a vuestras plantas,

Para partir después donde no puede

Blandir el hierro, ni empuñar la lanza—

Vengo a exhalar en vuestros brazos, madre,

 

35

 

Mis últimos suspiros, y mi alma!—

Morir! morir cuando la Nubia lucha;

Cuando la noble sangre se derrama

De mis hermanos, madre; cuando espera

De nuestras fuerzas libertad la patria!

Oh, madre, no lloréis! Volad cual vuelan

Nobles matronas del valor en alas

A gritar en el campo a los guerreros:

«Luchad! luchad, oh nubios! esperanza!»

¿ue no llore me dices? ¿ tu vida

Alguna vez me pagarála patria?—La vida de los nobles, madre mí,

Es luchar y morir por acatarla

Y es preciso, con su propio acero

Rasgarse por salvarla las entrañs!

Mas… me siento morir: en mi agoní

(A todos)

 

No vengáis a turbar mi triste calma.

Silencio!… quiero oír… Oh! me parece

 

Que la enemiga hueste derrotada

 

Huye por la llanura… oíd!… silencio!

 

Ya los miro correr… a los cobardes

 

Los valientes guerreros se abalanzan…

 

Nubia venció muero feliz: la muerte

 

Poco me importa, pues logrésalvarla…

 

Oh! quédulce es morir, cuando se muere

 

Luchando audaz por defender la patria!

 

Cae en los brazos de los guerreros.

FIN

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